Una Europa en declive en un mundo turbulento

¿Un sistema capitalista en crisis?

euroEl sistema capitalista ha llegado a ocupar prácticamente todos los espacios de la sociedad. Está sometido a grandes turbulencias, pero no parece que asistamos a su derrumbe sino a una crisis muy grave. Se puede afirmar que socialmente el capitalismo en su esencia no está en crisis y que su legitimidad sólo es cuestionada por minorías, aunque sean crecientes.

Un contexto de intenso crecimiento de la competencia mundial

La crisis europeaYa desde el final de la II Guerra Mundial los capitales y los Estados de Europa occidental tenían que enfrentarse a una creciente competencia internacional. Precisamente las necesidades de reestructurar los capitales a escala europea para hacer frente a la competencia global fueron uno de los motivos más importantes para el establecimiento en 1957 de lo que años después se acabaría convirtiendo en la actual UE. Esta competencia aumenta desde la crisis de los setenta del siglo XX, con los tigres asiáticos, los capitales petroleros, y ahora con los países llamados emergentes. Surgen nuevos capitales que pretenden un lugar en el espacio económico y en las decisiones del capitalismo mundial y van cambiando la conformación del mismo. Los capitales globales de los países denominados centrales se encuentran inmersos en una acentuada competencia con los demás capitales mundiales, lo que les produce abundantes sobresaltos y graves dificultades; aunque no hay que olvidar que todavía tienen mucho poder. Esta aguda y creciente competencia entre los principales Estados y áreas económicas del mundo es uno de los elementos que más definen la situación actual del mundo.

La Unión Europea en la economía global

En este contexto, cada vez es más necesario e importante el papel del apoyo público como rescatador de los capitales bancarios, las grandes empresas y las respectivas élites nacionales. Al internacionalizarse los capitales, la necesidad de este apoyo público les llevará a la formación de instituciones públicas supranacionales. Aquí está una de las razones más importantes de la UE desde su origen.

Entre los grandes capitales globales, los capitales europeos experimentan dificultades crecientes y ven desaparecer su antigua hegemonía. Con la crisis de 2008 las dificultades se acumulan y el declive europeo se agrava. “Europa deviene el epicentro de la crisis del capitalismo globalizado. Una crisis profunda y multiforme, convulsa, previsiblemente prolongada y de incierto desenlace: crisis económica, social, ecológica, político-institucional, crisis de civilización… El sueño de un espacio compartido de derechos y progreso vuela en pedazos, dinamitado por la voracidad de los mercados financieros”. (S. Dahan, Sadocapitalismo, p, 9).

El capital europeo reacciona

Los capitales europeos dominantes tratan de mejorar su situación adoptando en los años ochenta con entusiasmo las estrategias económicas neoliberales. Después, expandiéndose, primero hacia el Sur, luego al Este. La competitividad de los países del sur, siempre incierta, se fue debilitando y estos países se fueron convirtiendo cada vez más en compradores de los productos de los del norte. Compras financiadas por los préstamos del capital financiero del norte. La pertenencia al euro amplia los límites a la tendencia estructural al endeudamiento de los países del Sur.

El origen de la UE es el apoyo a la internacionalización y reestructuración del capital europeo, que reacciona frente la pérdida de hegemonía y la creciente competencia.

En la crisis de 2008, los acreedores europeos plantean la necesidad de que los países endeudados paguen la deuda –aspecto reforzado porque son los grandes bancos europeos los principales acreedores–, lo que fuerza a éstos a pedir ayudas financieras a la UE. Para concederla, la UE va a exigirles que implanten duros programas de austeridad, la destrucción del Estado del bienestar para intentar (y lograr) desprenderse de la Europa social existente, y el debilitamiento de la democracia, disminuyendo así el nivel de vida de las clases populares. Queda claro el elemento coercitivo que contienen estas directrices cuando las ayudas que se concedieron para el rescate bancario –100.000 millones de euros– se supeditaron al cumplimiento del pacto fiscal.