Una Europa en declive en un mundo turbulento

Un mundo turbulento

¿Un capitalismo global en crisis?

El sistema económico dominante en el mundo, y, por tanto, en Europa y la UE, es, desde hace muchos años, el sistema capitalista, aunque ahora vivimos tiempos de grandes cambios socioeconómicos, que no hubiéramos imaginado hace algunos años. Hay autores que afirman que se observan síntomas de desplome del sistema. Sin embargo, nosotros consideramos que no se trata tanto de indicios de colapso del sistema sino que estamos ante el derrumbe de un determinado modelo de producción, al que denominamos la globalización neoliberal. Lo que supone una crisis muy grave para el sistema capitalista pero que posiblemente podrá superar, sin que esta recuperación signifique una mejora para las clases populares1. Por otra parte, la mayoría de la sociedad no está cuestionando el núcleo del sistema. Aunque cada vez son más numerosas las minorías que se plantean si este sistema es válido, el tema no está en la discusión social mayoritaria, pese al malestar que ocasiona. Se puede afirmar que el capitalismo en su esencia no está en crisis y su legitimidad sólo es cuestionada por minorías, aunque sean crecientes.

Un contexto de intensa y creciente competencia mundial

Históricamente, las decisiones económicas que determinaban la marcha de la economía mundial las tomaban los capitales de los países centrales, apoyados por sus respectivos estados. Pero, desde la crisis de los setenta, con el auge de los capitales petroleros, y ahora con los países emergentes, surgen nuevos capitales que pretenden un lugar en el espacio económico y en las decisiones del capitalismo mundial y van cambiando la conformación del mismo. Aunque todos estos capitales, están, en mayor o menor grado, atravesados por capitales que provienen de otros países, siendo difícil adscribirles una “nacionalidad” determinada, en la mayoría de circunstancias se les considera vinculados a países específicos2. A los capitales de los grandes países industriales de la postguerra – Estados Unidos, Alemania (con los países del Mercado Común), y Japón- y sus grandes empresas transnacionales, hay que añadir la competencia de los capitales de algunos países asiáticos que se industrializaron (los llamados tigres asiáticos) y los muy pujantes capitales financieros de los países petroleros. Más adelante entrarán en liza Brasil, Rusia, China, India -los BRIC- además de Sudáfrica. Todo ello está suponiendo grandes cambios en la expansión de las actividades de las grandes empresas y las consiguientes políticas de los estados.

Los capitales globales de los países centrales se encuentran, por tanto, inmersos en una intensa competencia, cada vez mayor con los demás capitales significativos mundiales, lo que les produce abundantes sobresaltos y graves dificultades; aunque no hay que olvidar que todavía tienen mucho poder. Esta aguda y creciente competencia entre los principales estados y áreas económicas del mundo es uno de los elementos que más definen la situación actual del mundo.

La UE en la economía global3

En 1957 surge la Comunidad Económica Europa (CEE), popularmente conocida como el Mercado Común, convertido hoy en UE. Ya desde el final de la II Guerra Mundial con el poder de Estados Unidos, y más tarde, con el de Japón, los capitales y países de Europa occidental tenían que enfrentarse a una mayor competencia. Precisamente las necesidades de éstos capitales fueron uno de los motivos más importantes para el establecimiento de la CEE. En la década de los ochenta, comienza a hacerse sentir la competencia de los países del sureste asiático, en los noventa, aumenta la competencia global, y en la actualidad hay una fuerte presencia de los países emergentes A lo largo de este período, la situación competitiva europea se va deteriorando. La UE parece caminar hacia el declive4.

Otros elementos inciden, también, en las dificultades actuales de la UE. Entre ellos se pueden destacar:

  • La crisis económica de 2008 que afectó fuertemente a la UE, no sólo por la transferencia de la crisis de Estados Unidos, sino porque la propia política de la UE desde los ochenta había seguido una senda de liberalización económica y en especial financiera, que facilitó el establecimiento de la crisis en el continente.
  • La supremacía del capital financiero sobre los capitales productivos que se manifestó en esta crisis, que conlleva que la transformación de los espacios económico/políticos esté en buena parte conformada por los poderosos intereses financieros5. No en balde, “de acuerdo con los datos del Banco de Pagos Internacionales, la cantidad de dinero ficticio, creado financieramente, supera más de diez veces el número de bienes y servicios que se pueden comprar en este mundo. [Además], este dinero financiero crece de manera exponencial.”6 Con todo ello, aumenta la especulación financiera, colapsa el crédito, en particular del crédito industrial, que opera como un instrumento de destrucción selectiva, y se abandonan los estímulos financieros como política a escala global.
  • La diferencia de necesidades entre los distintos países de la UE para su desarrollo particular. Hay que diferenciar claramente dos grupos de economías. Por un lado, los países centrales, del Norte de la UE (países nórdicos, Alemania, Holanda, Bélgica, Austria), que son más ricos y tienen una gran potencia productiva cuya única salida es la creciente exportación fuera de la propia UE. Son grandes exportadores, con excedentes financieros en sus balanzas de pagos. Y por otro, los países periféricos, del Sur y del Este, con capacidades productivas muy secundarias respecto a los primeros y fuertemente endeudados.
  • La deuda. Entre otras diferencias, en las últimas décadas los bancos de los países del Norte de la UE han prestado dinero a los del Sur, y ahora les exigen que paguen sus deudas, primordialmente privadas, que los países endeudados no pueden pagar. Iremos viendo las consecuencias de esta situación.
  • Al estar dividida en múltiples estados a menudo se produce la contraposición entre los intereses económicos de los distintos capitales así como los de las élites políticas de los diversos países y sus diferencias ideológicas, lo que supone también fricciones y contradicciones en la gestión de la Comunidad, lo que supone también costes adicionales en su gestión.
  • La ventaja tecnológica que algunos países de la UE disfrutaron en otras épocas ha quedado muy mermada, con muy pocas excepciones, lo que lleva a que los países exportadores europeos tengan dificultades para mantener sus mercados y su producción industrial en un entorno de competencia creciente.
  • La tecnología sigue avanzando, pero la producción avanza muy poco, lo que conduce a la fuerte disminución del empleo.
  • La fuerte competencia lleva a la guerra de divisas entre Estados Unidos. Japón, la UE, China- y a políticas proteccionistas.
  • Existe la tradición de una “Europa social” que hace más cara y más difícil la gestión de la fuerza de trabajo.

En este contexto, cada vez es más necesario e importante el papel del Estado para las actividades de los capitales bancarios, las grandes empresas y las respectivas elites nacionales. Los grandes profetas del neoliberalismo que predicaban la no intervención exigen ahora los rescates, aunque sin reconocer que han abandonado la ortodoxia del mercado. El neoliberalismo no les sirve para controlar el riesgo. Los estados nacionales, y las instituciones públicas internacionales rescatan a los poderosos, mientras hunden el resto del mundo, haciendo bueno el argumento de Marx y Engels que afirmaban “el gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”.7 Es también en la necesidad del apoyo público para mantenerse y desarrollarse que los capitales europeos avanzaran en la formación de la UE desde su origen.

La vinculación capital-estado en la era de la financiarización permite y facilita la corrupción y la convierte en parte integrante del sistema. Tanto como fraude en las obligaciones fiscales como connivencia entre los capitales más poderosos y los aparatos políticos, de paso desarrollando intensamente mecanismos como los conocidos como “puertas giratorias” (directivos del capital que se convierten en políticos y políticos que pasan a ser directivos del capital).

Mientras tanto, desde los ochenta, los sindicatos y los partidos progresistas se han debilitado enormemente, colaboran con el poder y se asiste a una profunda inanición de las izquierdas.

Con la crisis de 2008 y todos estos elementos las dificultades se acumulan y “Europa deviene el epicentro de la crisis del capitalismo globalizado. Una crisis profunda y multiforme, convulsa, previsiblemente prolongada y de incierto desenlace: crisis económica, social, ecológica, político-institucional, crisis de civilización… El sueño de un espacio compartido de derechos y progreso vuela en pedazos, dinamitado por la voracidad de los mercados financieros”.8 Avanza el declive europeo.

El capital europeo reacciona

Los capitales europeos dominantes trataron, y tratan, de mejorar su situación. La UE, en su intento de mantenerse como una vanguardia del capitalismo global desde el ámbito europeo, ya desde la década de los ochenta había adoptado con entusiasmo las estrategias económicas neoliberales: libertad para la actuación de los capitales y fuerte apoyo de las políticas de los estados para las mismas9. Algunos de los países centrales, y especialmente Alemania, habían logrado implantar políticas de austeridad que suponían el deterioro salarial y de las condiciones de trabajo, e intentaba que las políticas de los demás estados miembros fueran en dicha dirección. La UE intensificó dicha estrategia aprovechando la crisis. Asimismo dirigió su expansión internacional a la consolidación de los principios del neoliberalismo en toda la extensión de sus relaciones económicas internacionales.

Al mismo tiempo la UE se expandía, primero hacia el Sur, luego, liquidado el socialismo real, al Este. La competitividad de los países del Sur, siempre incierta, se fue debilitando y estos países se fueron convirtiendo cada vez más en compradores de los productos de los del Norte. Más adelante en este capítulo se explica cómo esto fue posible. En el Este encontraron, a su vez, mercados para sus productos (incluyendo su tecnología), mano de obra bien formada y cada vez más barata, ámbitos de inversión favorables, demanda para sus capitales financieros.

En la crisis de 2008, los acreedores europeos plantean la necesidad de que los países endeudados paguen la deuda (aspecto reforzado porque son los grandes bancos europeos los principales acreedores), lo que fuerza a éstos a pedir ayudas financieras a la UE. Para concederla, las UE va a exigirles que implanten duros programas de austeridad, la destrucción del estado del bienestar para intentar (y lograr) desprenderse de la Europa social existente, y el debilitamiento de la democracia, disminuyendo así el nivel de vida de las clases populares. Lo que no estimula sino que frena la producción, y se detiene el crecimiento. Es decir, la presión de los países del centro para que se paguen las deudas provoca la destrucción de las instalaciones productivas y disminuye la producción, y, por tanto, genera la imposibilidad de pagar de los países endeudados. Las “reformas” laborales exigidas han destrozado los derechos laborales y salariales de los trabajadores Se destruye el estado del bienestar para intentar (y lograr) desprenderse de la Europa social existente, y el debilitamiento de la democracia. Disminuye así el nivel de vida de las clases populares. La deuda, no sólo genera cambios económicos, sino que tiene también implicaciones sobre la reconfiguración del poder político. Una poderosa clase económica poseedora de grandes masas de capital utiliza el viejo mecanismo de deuda para esclavizar sectores y países enteros, como un mecanismo del poder y de reorganización de derechos sobre la apropiación del excedente social. Queda claro el elemento coercitivo que contienen estas directrices cuando las ayudas que se concedieron para el rescate bancario (100.000 millones de euros) se supeditaron al cumplimiento del pacto fiscal.

Los sumos sacerdotes de la economía siguen expresando, de forma más o menos sofisticada y, por ello, camuflada, la única receta que repiten desde hace siglos: para superar la crisis, para volver a crecer, debemos desposeer a los débiles de todo derecho, incrementar la explotación del trabajo y rescatar a los poderosos, pero la realidad, cada día con más contundencia, demuestra que esa vieja medicina está destruyendo el mundo tal y como lo conocimos.

Los rescates de la Troika a las economías en quiebra son verdaderos mecanismos de destrucción de sectores productivos y sometimiento en Grecia, Portugal, Irlanda, Estado español y Chipre, y algo menos en Italia, en favor de la recomposición del capital. La periferia europea se ve expulsada de sus aspiraciones y sueños de ser miembros del llamado primer mundo. A pesar de que las instituciones nos están contando que, gracias a los “deberes” que han hecho estos gobiernos, se está reactivando la economía, lo cierto es que la austeridad está hundiendo los sistemas productivos. La UE no ha tenido como objetivo nunca la convergencia de los países, ni la mejora de las clases populares, sino la reestructuración de los capitales europeos para mejorar su competitividad y sus beneficios. En este informe mostraremos el impacto que esto ha tenido en el Estado español.

Los resultados

Las estrategias seguidas por los capitales en Europa junto con las políticas que éstos impulsan en los diversos países a través de la Troika y los gobiernos de los estados, no han resuelto los problemas económicos más acuciantes de la Unión, y menos todavía los de los países más vulnerables. Las medidas que se toman no pueden resolver el fondo de los problemas existentes y, además, generan contradicciones difíciles de resolver: los países del Norte, del núcleo central, no es que crezcan mucho, pero no presentan un cuadro muy negativo; sin embargo, los países de la periferia Sur y Este siguen inmersos en una profunda crisis y no parece que nada en la dinámica europea les va a sacar de la misma (véase el gráfico 1).

No es el crecimiento el único elemento que no se resuelve, sino que se pueden observar otras muchas contradicciones que impiden la solución de los problemas de fondo de la economía europea: Entre ellas:

  • Dentro de los países centrales, del Norte de la UE, se produce un enfrentamiento muy importante entre las empresas que exportan y las que producen para la demanda interna. Como exportadores, para mantener sus mercados, su producción industrial y la ganancia de sus potentes sectores, en un entorno de competencia creciente y bajos crecimientos, necesitan aumentar la explotación de sus trabajadores y sus poblaciones. Pero, las medidas de fomento de la exportación basadas sobre todo en los recortes salariales y sociales disminuye la demanda de las empresas cuyos productos están dirigidos al mercado interno.
  • Las medidas que favorecen la balanza comercial, mejoran los beneficios y nivel de vida de unos pocos pero perjudican a la mayoría de la población que se gana la vida con su trabajo y a las empresas que producen para ellos ya que se deteriora el consumo interno para sus productos.
  • Los grandes bloques económicos para ser más competitivos y exportar más, están intentando devaluar su moneda por medio de inyecciones de liquidez en sus economías, dando lugar a una acentuada guerra de divisas que empobrece a los países y perjudica a los importadores aunque favorezca a los exportadores. Además, los países establecen cada vez más medidas proteccionistas, más o menos disfrazadas, que dificultan todavía más las exportaciones. Hay una fuerte incoherencia en el propio sistema en que a todos los países se les impulse a exportar más, pues tendrán que existir algunos países que sean importadores netos, pero son cada vez son menos numerosos. Todo ello dificulta las exportaciones del conjunto de la UE y aumenta la competencia entre los países de gran competitividad (Alemania, Austria, países del Norte) y los que tienen grandes dificultades para lograrla (en particular la periferia Sur), acentuando el carácter dual de la economía de la Comunidad. Además, la devaluación de las divisas desvaloriza los activos financieros de sus élites económicas (se deprecian al devaluarse la moneda), y deteriora sus sistemas bancarios, ya en dificultades por los impagos de los países del Sur y ponen en riesgo el valor real de sus patrimonios.
  • El capitalismo actual es sobreproductivo, produce demasiado para la demanda existente y, por ello, no puede obtener los beneficios que necesita. No necesita producir más, sino que, al contrario, necesita destruir parte del capital instalado y producir menos cantidades10, procediendo así a una destrucción selectiva del capital y disminuyendo de paso la utilización de recursos naturales. Por supuesto, con la tecnología actual, esto supone una disminución permanente del empleo. Pero, al mismo tiempo, el capitalismo necesita de una producción y realización de plusvalías reales en el medio y largo plazo como base de la acumulación de riqueza no ficticia, esta “austeridad” en la economía real no puede tener como objetivo el hundimiento total del capitalismo productivo. ¿Cómo resolver esta contradicción?
  • Se argumenta que se están intentando salidas que se apoyan en la formación de los trabajadores y la investigación (I+D+i). Pero es una falsa salida para un capitalismo que ya es sobreproductivo y no resolverá sus problemas produciendo todavía más.
  • Los estados, cada vez más necesarios para la recuperación -es casi imposible encontrar sectores productivos que no recurran fuertemente a las ayudas públicas- se encuentran cada vez con más dificultades, entre unos capitales que les exigen la baja tributación y los gastos crecientes para poder sostener la actividad productiva y el mínimo de legitimación social y los recursos de que disponen. Tienen también que responder por una deuda privada de la que, por diversas formas, se hace responsable al erario público. Las deudas públicas crecen y cada vez es más difícil pagar siquiera los intereses de la deuda, cuanto más siquiera plantearse el satisfacer la misma
  • A pesar de todas las medidas tomadas, muchos e importantes bancos e instituciones financieras siguen en situaciones muy vulnerables y requieren apoyos del sector público para poder mantenerse; con la excepción de a algunas grandes empresas, no se conceden créditos ni a las demás empresas ni a las familias, la demanda interna es muy escasa, la actividad económica sigue bajo mínimos y las nuevas iniciativas de inversión o empresariales de cierta entidad inexistentes, excepto para los denominados “emprendedores” y “trabajadores autónomos que han de poner en riesgo sus ahorros para ver si logran sobrevivir.

Es obvio concluir que las estrategias actuales del capital global, y las consiguientes políticas, no sólo no resuelven los problemas económicos, sino que, sobre todo, causan un grave deterioro a la situación de las poblaciones de los distintos países. Y es precisamente la UE uno de los ámbitos más importantes de articulación de estas estrategias. Proporciona una coyuntura única y favorable para las fuerzas conservadoras en la historia de la lucha de clases11 las cuales han decidido aprovechar el poder que les brindan las circunstancias actuales, ya no para legitimarse, como en el último siglo, sino para continuar subyugando a la clase trabajadora. Han pensado que es el momento de imponer nuevas reglas, de “refundar el capitalismo” (Sarkozy) según sus propias reglas, que les refuerzan y les permiten obtener más beneficios. A lo largo de este trabajo veremos las consecuencias de las mismas en el Estado español.

La UE, un proyecto del capital

El establecimiento de la UE

La UE, establecida en 1957 por el Tratado de Roma con el nombre de la Comunicad Económica Europea (CEE) por los seis países más importantes del occidente europeo, es desde sus orígenes una organización orientada a impulsar los intereses del capital en Europa. Aunque el discurso oficial señalaba la necesidad de la unión para no volver a recaer en las guerras que habían asolado Europa durante la primera mitad del siglo XX, el objetivo principal era el de su reconstrucción material y el de reestructurar y volver a hacer competitivos los capitales en la parte occidental del continente (el Este estaba vinculado a la Unión Soviética) después de la destrucción de la II Guerra Mundial.12 Y no sólo de los europeos pues fue una iniciativa estimulada por Estados Unidos. Además, hay que contar con la amenaza que presentaba la URSS pues era el inicio de la guerra fría.

Desde el principio, la Comunidad Económica Europea, que reducía aranceles al comercio de mercancías y facilitaba las inversiones de capital entre los países miembros, trataba de crear un mercado supraestatal que potenciara las empresas europeas dotándolas del tamaño suficiente para poder competir con las grandes empresas transnacionales extranjeras. Como apunta Wener Bonefeld, “de hecho, el Tratado de Roma tiene poco, por no decir nada, de lo que comúnmente se denomina Keynesianismo o de lo que se asocia con lo autodenominado Fordismo. La característica definidora del Tratado corresponde a lo que hoy llamamos neoliberalismo. La integración europea corresponde a un intento de aislar el “mercado libre” de las aspiraciones de la clase trabajadora, contrarrestando respuestas expansionistas a la lucha de clases a través de un compromiso supranacional europeo al liberalismo de mercado que funciona como un mecanismo de ajuste económico en los estados miembro.”13 En este sentido la CEE fue un éxito y en Europa en los años siguientes se produjo un gran crecimiento económico. La CEE tenía por objetivo prioritario avanzar los intereses del capital. Y sigue teniendo el mismo objetivo ahora.

Las primeras etapas (años sesenta y setenta del siglo XX) estuvieron dedicadas a organizar la CEE, a diseñar sus instituciones -en el gráfico 2, se muestra la estructura de la dirección de la Comunidad- y a debatir si la Comunidad tenía que ser más centralizada o descentralizada. Se establecieron también algunas ayudas limitadas para los países más pobres -los Fondos Estructurales-. En los setenta se amplió con Inglaterra, Irlanda y Dinamarca14 y en 1981 con Grecia. Este último país fue aceptado más por razones geopolíticas que por su potencialidad económica. En este periodo, los distintos países que formaban el CEE seguían políticas económicas diferentes si así lo consideraban oportuno.

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Gráfico 2. La estructura institucional de la UE
Gráfico 2. La estructura institucional de la UE

En 1979 tuvieron lugar las primeras elecciones al Parlamento Europeo. Es el órgano que debería coronar el diseño institucional, pues es la única elegida directamente por las poblaciones de los países miembros, vinculada directamente a la voluntad democrática de la ciudadanía europea. Pero ¿qué papel juega el Parlamento Europeo? Los parlamentarios son elegidos en medio de un enorme desinterés de las poblaciones europeas que se manifiesta en altísimos porcentajes de abstención, con unos candidatos que pertenecen a partidos que determinan quienes serán aquellos mediante listas cerradas, dando a menudo la impresión de que se trata de proporcionar exilios dorados por servicios prestados al partido, cuando no de alejar a algunos personajes incómodos. ¿Cómo se forman los grupos por ideologías en el mismo? ¿Qué control tiene la ciudadanía frente a sus decisiones? El Parlamento Europeo tiene muy poco poder de decisión. Aunque en cada reforma institucional dicen que van a dotarlo de más poder, éste continúa siendo muy limitado. Es una institución que principalmente sirve para legitimar, por lo menos retóricamente, el diseño europeo. El poder real reside en el Consejo de la UE que ejerce de último poder decisor de la Unión y la Comisión Europea -nombrada por consenso por los gobiernos de los países miembros- que ejerce de poder ejecutivo de la Unión.

En las crisis, la primera reacción de la UE es dejar que los países se arreglen por sí mismos. Así, durante la crisis de los setenta se debilitó el interés de los países en la integración en la UE -”que cada palo aguante su vela”- y tuvo una vida muy lánguida hasta los ochenta, en que inició una importante reacción… de mano del capital privado.

En 1983 se fundó la ERT (Unión de Industriales Europeos, por sus siglas en inglés) que, desde entonces, hacen “recomendaciones” a la UE sobre cuál debería ser el curso a seguir. Recomendaciones que la Unión sigue fielmente15. La importancia de los intereses del capital se acentúa y marcará todavía con más fuerza desde entonces las orientaciones de la política económica de lo que pasó a llamarse Comunidad Europea (CE).

Una de las primeras y muy importantes recomendaciones de la ERT fue el establecimiento del Acta Única en 1986 que supuso la eliminación de todas las trabas a la movilidad de capitales, mercancías y personas (aunque éstas con algunas restricciones) entre los países miembro. Lo que suponía la aceptación de las medidas que entonces propugnaba el neoliberalismo, que ascendía de la mano de Thatcher en Inglaterra y Reagan en Estados Unidos, y que a lo largo de los ochenta fue adoptado en la mayoría de los países del mundo occidental. Tampoco se puede ignorar que en 1989 cayó la URSS y todos los países del Este sujetos al “socialismo real”, lo que facilitó la adopción del neoliberalismo en occidente. Desde la década de los ochenta la UE adoptó con entusiasmo el neoliberalismo como orientación esencial de su política económica y estimuló su implantación en los países miembros.

En 1986, el Estado español y Portugal, acabadas ya las dictaduras existentes hasta entonces, fueron aceptadas como miembros de la CEE. El Estado español se convirtió con entusiasmo en un nuevo miembro de la CEE, ya que, pobre y sumida en la dictadura franquista, Europa se había percibido siempre como la tierra de la democracia y la riqueza.

En 1995 se integraron Suecia, Finlandia y Austria y, tras la unificación alemana, en 2004 se integraron en la UE diez nuevos países de Europa, que habían pertenecido a la Europa del Este. Y algo más tarde dos y gradualmente otros tres más, de forma que actualmente la UE está formada por 28 países con economías muy diversas. Esta última integración de los países del Este fue sorprendente, pues dichos países presentaban economías muy diferentes y considerablemente más pobres que las occidentales, pero a Alemania y Austria les interesaba mucho su integración para poder utilizarlas como campo de expansión de sus capitales.

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Ampliación de la CE-UE
Recuadro 1. Ampliación de la CE-UE.

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La geopolítica de la UE desde los noventa

Desde su origen, este largo proceso de integración económica ha estado protagonizado por tensiones geopolíticas en ocasiones contradictorias. Al principio, existía el temor a una Alemania excesivamente fuerte, temor evidente después de la experiencia histórica de la primera mitad del siglo XX. Pero al mismo tiempo, ya se ha señalado que las élites europeas necesitaban su impulso industrial y financiero si querían competir en condiciones de igualdad con Estados Unidos y Japón.

La importancia de Alemania toma especial relevancia después de la caída del muro de Berlín, la unificación alemana y la desaparición del bloque soviético con la posterior capitalización y privatización de las economías de planificación estatal. No transcurrieron muchos años (1990-2004) y la UE integro en su seno a la mayoría de las estas últimas.

La ampliación al Este puso en bandeja al resto de potencias europeas centrales, una doble oportunidad. Por un lado, embridar dentro del marco institucional europeo el potencial económico alemán. Por otro lado, y más importante, llevar a cabo lo que Alemania había conseguido con la anexión de la RDA y el acceso a un cuantioso ejército de reserva prácticamente inagotable: imponer la disciplina salarial y limitar la capacidad negociadora de los sindicatos. En el caso francés, los sindicatos y la izquierda política estaban aguantando con cierta solidez la aplicación de la agenda neoliberal. No olvidemos que, en medio de un contexto desfavorable se consiguió, a pesar de sus limitaciones, la jornada de 35 horas -en el año 2000-, muestra de la superioridad sindical respecto a los países de su entorno.16 En el Reino Unido, Thatcher había desmantelado el Estado de bienestar y destruido, prácticamente, los sindicatos. En Alemania, además de lo ya apuntado, se impuso el “teorema de Schmidt” -en honor al ministro de economía, por cierto, socialdemócrata- según el cual los descensos salariales eran favorables a la creación de ocupación pues, en el largo plazo, teóricamente, unos mayores beneficios empresariales supondrían inversión futura.

El proyecto de la Unión Económica y Monetaria (UEM) también ha servido a Francia para apuntalar su importante sector financiero. Al mismo tiempo, los grupos industriales y financieros alemanes necesitaban de la integración económica y monetaria para consolidar un mercado periférico europeo, primeramente, al Sur del continente, y, posteriormente, al este de Europa, para dar salida a su producción exportadora. La UE ha sido la vía para encarrilar el poder político y económico del capital alemán mientras se convertía en la mejor manera de hegemonizar su sector financiero e industrial, hasta el punto de llegar a controlar la política económica en el seno de la UEM e influir en el desarrollo del modelo productivo de la periferia europea dependiente. Es también importante mencionar, a pesar de no poder entrar en detalles, el papel jugado por Alemania para asegurarse la zona de influencia de los Balcanes y la antigua Yugoslavia como satélite económico con una participación más o menos directa en el conflicto bélico de los años 90.

Hacia la Moneda Única

Con la eliminación de las fronteras para los capitales, las mercancías y las personas por el Acta Única era necesario avanzar hacia la unificación de las monedas. Los grandes negocios europeos no quieren la incertidumbre, el riesgo y el coste que suponen las variaciones monetarias y prefieren no tener que considerar varias (doce al principio) monedas distintas. Por tanto, la otra etapa de envergadura en la marcha de la ya UE fue el establecimiento de la moneda única: el euro. Desde 1992 con el Tratado de Maastricht, se iniciaron los trámites y las políticas conducentes al establecimiento de la moneda única en los países centrales de la CEE

En este proceso, la adopción del euro ha constituido un hándicap para los países periféricos, en particular para el Estado español. Como todos los países de la UE tienen la misma moneda (el euro), los dirigentes de los países periféricos creían -o hacían ver que creían- que los déficits exteriores podían seguir ilimitadamente (se puede pensar que optaban deliberadamente por no querer percibir el grave problema que estos déficits externos anunciaban). El euro facilitaba que no apareciese con toda claridad el límite del déficit exterior del país,17 lo que permitía aumentar la deuda privada. La existencia del euro permitió que las grandes empresas y las instituciones financieras de los países de la periferia Sur de la UE -entre ellos el Estado español- se endeudaran muy fuertemente, particularmente con los principales bancos de Alemania, Francia, Gran Bretaña y menos con los de Estados Unidos, a los que les venía muy bien prestar su abundante liquidez

Como complemento al proyecto de moneda única se estableció en junio de 1998 el Banco Central Europeo (BCE). En el capítulo 3 “La financiarización de la Unión Europea y su impacto en los países europeos”, nos referimos más ampliamente a la moneda única y al BCE y su papel en la UE y al mismo remitimos al lector.

La conformación económica de la periferia de la UE18: el caso español

Históricamente, siempre han existido en Europa países potentes y ricos y países más pobres. Y la UE no ha cambiado esta situación. Europa siempre ha consistido en un potente centro industrial19 y una periferia en bastantes aspectos subordinada a aquel. El Estado español persistentemente se ha contado entre los segundos.

La especialización industrial de las economías de la periferia europea se ha basado principalmente en mantener la competitividad debido a costes bajos, principalmente costes laborales, lo que supone procesos productivos de bajo valor añadido, tecnología de segundo nivel, mucho peso del trabajo no cualificado y permisividad laboral y ambiental. Este ha sido el modelo de industrialización del Estado español.

El Acta Única facilitó que países como el Estado español se convirtiesen en buenos mercados para los productos de los países centrales de la Unión. Con ella desaparecieron un importante número de pequeñas industrias y el tejido productivo del país, ya debilitado por la crisis de los setenta, fue adoptando una estructura dual: unas pocas grandes empresas modernas y muchas pequeñas empresas tradicionales luchando por mantener la competitividad.

Ya se ha señalado más arriba que el Tratado de Maastricht (1992) y sus duras condiciones junto con la fuerte voluntad del Gobierno español de estar en el primer grupo de países del euro, llevo a un severo programa de ajuste en la primera parte de los noventa. En el ámbito de la producción la industria del automóvil y el turismo se expandieron, pero la competitividad no avanzaba. Ya entonces se desarrolló un fuerte déficit externo que sólo se pudo resolver con cuatro devaluaciones en dos años (1992-94). Actuación que sabemos no se puede repetir con el euro.

Los problemas de la competitividad en Europa no se resuelven. La integración europea durante las últimas décadas ha tenido lugar en un contexto de globalización del capital con importantes cambios en la redistribución internacional y global de la producción y la competitividad del trabajo que ha perjudicado a la periferia Sur de la UE, mientras que el proceso inverso tenía lugar en unos países centrales cada vez más competitivos. En el capítulo 4 “El impacto de a UE en la industria española” se explica con detalle esta evolución y su lectura es imprescindible para la comprensión de este trabajo.

Brevemente, actualmente el modelo de relaciones comerciales en la eurozona presenta unos países periféricos que demandan abundantes productos manufacturados en el exterior, principalmente a los países centrales de la eurozona, que se benefician de satisfacer esta demanda y obtienen sustanciales excedentes en sus cuentas externas. Ambas dinámicas están relacionadas inversamente, en el sentido que los déficits de los periféricos constituyen una parte importante de la demanda y de los excedentes de los centrales. Gradualmente, el espacio económico de la UE ha ido cambiando de una situación donde la periferia, que constituía la industria precaria de Europa, se ha convertido en lugares que han asegurado una abundante demanda a los países centrales.

¿Cómo podían financiar estas compras? Porque los bancos de los países del Norte prestaban sus excedentes financieros a los países de la periferia proporcionándoles los créditos necesarios para comprar sus productos. La deuda externa de los países periféricos de Europa, ha sido financiada principalmente por instituciones financieras privadas de los países centrales, que disponían de los excedentes que acabamos de señalar. Así, en la eurozona confluyen, y se diferencian de forma creciente, unos países periféricos con deudas externas cada vez mayores y países centrales acreedores de los primeros, especialmente Alemania (y Francia en menor proporción) cuyas instituciones privadas financieras les proporcionaron los créditos necesarios.

De este modo, se establecía un círculo aparentemente beneficioso para todos: los bancos de los países centrales proporcionaban los créditos a los países periféricos, realizando así un buen negocio que les convenía mucho, para que éstos pudieran comprar los productos de los primeros. No parece que nadie preveía las consecuencias que tendría esta deuda.

De este modo, el Estado español, antes de la crisis, tenía una de las deudas externas más altas del mundo en relación con su PIB -en 2006 y 2007 el déficit por cuenta corriente era del 9 y 10% del PIB respectivamente, y en valor absoluto sólo le superaba Estados Unidos-. A causa de la crisis este déficit fue disminuyendo al 6% en 2009 y 4,7% en 2010, y al principio de 2014 la balanza comercial del país presenta incluso un pequeño excedente.20

En este proceso, la adopción del euro ha constituido un hándicap para los países periféricos, en particular para el Estado español. Como todos los países de la UE tienen la misma moneda (el euro), los dirigentes de los países periféricos creían -o hacían ver que creían- que los déficits exteriores podían seguir ilimitadamente (se puede pensar que optaban deliberadamente por no querer percibir el grave problema que estos déficits externos anunciaban). El euro facilitaba que no apareciese con toda claridad el límite del déficit exterior del país21, lo que permitía aumentar la deuda privada. La existencia del euro permitió que las grandes empresas y las instituciones financieras de los países de la periferia Sur de la UE -entre ellos el Estado español- se endeudaran muy fuertemente, particularmente con los principales bancos de Alemania, Francia, Gran Bretaña y menos con los de Estados Unidos, a los que les venía muy bien prestar su abundante liquidez.

Sin menospreciar el declive competitivo intrínseco de las economías periféricas, el euro les ha permitido mantener durante muchos años déficits externos muy altos sin que nadie en el ámbito de la alta toma de decisiones (económicas y políticas) se preocupase por el inviable nivel de la deuda externa, en países que no tenían la posibilidad de devaluar y un BCE que seguía una política orientada a los intereses de los países centrales de la eurozona. Este endeudamiento facilitó un periodo de supuesta prosperidad y desde el año 2000 parecía que todo iba bien en la UE, disimulando los pies de barro del crecimiento económico de los países periféricos y los desequilibrios de la eurozona.

Al final del siglo XX la ciudadanía de las periferias, y por supuesto, la del Estado español, se sentía europea, y orgullosa de serlo. No obstante, excepto para los agricultores, no vinieron muchas mejoras a la población desde la UE. En el caso del Estado español se ha hecho mucha propaganda respecto a que el país ha sido un receptor neto de fondos europeos del 1% del PIB cada año (1,5% en los años de los Fondos de Cohesión) desde su ingreso en la CE hasta 2013 cuando el Estado español comienza a ser un contribuyente neto a la Unión, pero se ha comentado mucho menos el precio de la desindustrialización y la austeridad que la UE ha supuesto, así como la inexistencia de políticas en la UE para mejorar la estructura productiva o el estado social de los países miembros22. Aparentemente convencidos que el mercado es el mejor instrumento para el desarrollo económico la UE nunca ha tenido programas para equilibrar o mejorar el núcleo de la capacidad productiva de los países miembros o asistir en el cumplimiento de los derechos sociales. Al contrario, los apoyos públicos a las empresas están prohibidos y las políticas sociales son responsabilidad de cada Estado. Las políticas de la Unión han llevado al desarrollo de las partes centrales de la misma y al endeudamiento de las periferias. A pesar de ello, la mayoría de la población y especialmente los dirigentes económicos y políticos siempre se expresan como si el ser miembros de la UE estuviera lleno de ventajas.

El impacto de la crisis de 2007

En 2007-2008 estalló la crisis actual. Iniciada en Estados Unidos se expandió rápidamente a la UE, donde sus políticas neoliberales y su ambición de expansión financiera habían seguido un rumbo que facilitó su difusión. Todos los países de la UE experimentaron la crisis. Al principio de la misma, la UE siguiendo su actitud de la crisis de los setenta, no quiso saber gran cosa de la crisis y consideraba que cada país tenía que resolver sus propios problemas. Además, la crisis permitió que el Fondo Monetario Internacional (FMI) que hasta entonces había permanecido alejado de la UE pudiera ejercer un papel más activo sobre todo en los países endeudados.

En este periodo, (véase apartado Deuda en el Capítulo 3) los gobiernos de los países más endeudados -Grecia, Estado español, Portugal, Irlanda y algo más tarde Italia- tuvieron que ayudar a sus sistemas financieros y grandes empresas, por lo que incurrieron en importantes deudas públicas. Además, por medio de diversos mecanismos, se hizo a los Estados responsables de la deuda privada. Con lo que los déficits públicos y el importe de la deuda crecieron muy fuertemente y los mercados privados a los que tenían que recurrir no estaban dispuestos a seguir prestando a estos países o imponían un tipo de interés que no podían abordar. Tanto, que a fines de 2009 se temió que la deuda de estos países afectase al euro.

¿Qué había hecho la UE para ayudar a los países con dificultades? La UE a través del BCE podría haber comprado deuda pública de los Estados endeudados, facilitando su compra y rebajando así los tipos de interés, o podría avalar a los Estados en dificultades23, o, ampliar los límites del Pacto de Estabilidad24. Pero, sabemos que según el estatuto del BCE este tipo de ayudas no pueden realizarse, ni hubo signo alguno de intentar resolver estos problemas, todo lo contrario. La UE decidió tomar cartas en el asunto, pero no porque le preocupase la población de estos países, sino porque dichas deudas podían afectar al euro, evento que los países más ricos no estaban dispuestos a permitir. Además, los grandes bancos europeos acreedores querían cobrar los intereses y los principales de las deudas.

Al decidirse a encarar el problema de la deuda, la UE inició una etapa de acusado activismo normativo, con una secuencia de iniciativas -”The six pack” (El paquete de seis), el “double pack”, el Pacto Fiscal y otras- consistentes esencialmente en medidas que se han ido solapando y a veces contradiciendo, que se han ido adoptando desde la crisis de la deuda a finales de 2009 pero que sólo tienen como línea directiva: profundizar en los programas de ajuste.

Antes de iniciar el análisis de esta nueva etapa nos referiremos muy, muy brevemente a algunos aspectos que abordan las estrategias de la UE a medio y largo plazo que recogemos en el recuadro 2.


 

Recuadro 2. Las estrategias (fallidas) a más largo plazo

Entre los elementos de la elaboración reciente del entramado económico europeo merece la pena mencionar algunos documentos que pretenden orientar la evolución a largo plazo de la Unión. El primero es anterior a la crisis- la Estrategia de Lisboa (EL), aprobada el año 2000- , viene después el fracasado intento de Constitución de 2004 y su renovación con el Tratado de Lisboa aprobado en 2009, para concluir con el documento Europa 2020 aprobado el año 2010. Resumimos muy, muy brevemente, sus contenidos fundamentales.

La Estrategia de Lisboa (2000) tuvo como objetivo, por lo menos retórico, conseguir antes del año 2010 “la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de un crecimiento económico duradero acompañado de una mejora cuantitativa y cualitativa del empleo y una mejor cohesión social25”. La gestión hacia la “economía del conocimiento” se concentró en la liberalización y privatización de las grandes empresas públicas y los sectores denominados estratégicos, como la energía, los transportes, las infraestructuras y las telecomunicaciones; más la flexibilización del mercado de trabajo, que pretendidamente debería favorecer la movilidad laboral en este proceso de transición y quedó convertida en una burda (des)regulación para abaratar el coste del trabajo y aumentar la precariedad laboral. La crisis de 2008 dio al traste incluso con esta retórica, y ya se percibe a lo largo de este trabajo que la UE dista bastante de haberse convertido en “la economía del conocimiento más competitiva del mundo”. Sin embargo, la Estrategia de Lisboa sirvió para intensificar el carácter neoliberal de la UE, aumentando la desregulación, privatización y deterioro del mercado laboral.

Se quisieron consolidar todos los cambios de este carácter realizados durante la década de los noventa mediante el establecimiento de una Constitución Europea. En 2004 se produjo el proyecto de Constitución de la UE, que fue rechazada en referéndum por Francia y Holanda. Sin embargo, resurgió como Tratado de Lisboa en 2007, cuya “aprobación” en 2009 se logró por una voluntad política descarada de la Unión, que ignoró incluso la democracia formal, pues no sólo se evitó refrendarlo en todos los países excepto en Irlanda que estaba por ley obligado al mismo, sino que en este país, que la rechazó en primer lugar, se repitió el referéndum para lograr su “aceptación”. Este Tratado, que ha supuesto la aprobación de facto de lo que recogía la Constitución Europea, también dota a la UE de mayores competencias jurídicas para firmar acuerdos internacionales a nivel comunitario y hace avanzar el proceso de integración política pues vincula a todos los países miembros a documentos como la Carta de Derechos Fundamentales de la UE.

Es de interés mencionar también el documento “Europa 2020, Una estrategia para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador” que, aprobado en 2010 con una florida retórica, tiene el objetivo explícito de una Europa que se quiere “intrépida y ambiciosa” y la prioridad a corto plazo de “salir con éxito de la crisis” añadiendo, sin embargo, el mirar más allá del mismo para “demostrar que Europa es capaz de alcanzar un crecimiento inclusivo, sostenible e inteligente, de encontrar el modo de crear nuevos puestos de trabajo y de ofrecer una orientación a nuestras sociedades”. Y se propone cinco objetivos cuantificables representativos de las tres prioridades de crecimiento inteligente, sostenible e integrador: el empleo, la investigación y la innovación, el cambio climático y la energía, la educación y la lucha contra la pobreza.26

De una lectura del documento, sin embargo, se percibe que los instrumentos que se aplicarán a estos objetivos son los mismos de la política económica actual de la Unión, por lo que es muy difícil ser optimistas acerca de las posibilidades que el mismo plantea y parece más probable que siga el triste sino de inoperatividad de la Estrategia de Lisboa mencionada más arriba. Sin embargo, no se puede ignorar otra parte del documento: “Europa 2020 se basará en dos pilares: el enfoque temático ya señalado, que combina prioridades y objetivos principales; e informes nacionales, que ayudarán a los Estados miembros a desarrollar sus estrategias para volver a un crecimiento y unas finanzas públicas sostenibles. En la UE se adoptarán directrices integradas para cubrir el ámbito de aplicación de las prioridades y objetivos de la UE. Y se harán recomendaciones específicas a los Estados miembros, pudiendo emitirse “advertencias” políticas en caso de respuesta. La presentación de informes sobre Europa 2020 y la evaluación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento se llevarán a cabo simultáneamente, aunque manteniendo dichos instrumentos por separado y la integridad del Pacto”. Es decir, se refuerza la incidencia de la UE en las políticas de los países miembros y se denunciarán las respuestas inadecuadas. Ya no se conforman con que sus políticas sirvan de poco, sino que la Comisión -que es quien emite este documento- está dispuesta a exigir a los Estados miembros que sigan fielmente sus instrucciones.

Cuantificación de objetivos en Europa 2020:

  • El 75 % de la población de entre 20 y 64 años debería estar empleada.
  • El 3 % del PIB de la UE debería ser invertido en I+D.
  • Debería alcanzarse el objetivo «20/20/20» en materia de clima y energía (incluido un incremento al 30 % de la reducción de emisiones si se dan las condiciones para ello).
  • El porcentaje de abandono escolar debería ser inferior al 10 % y al menos el 40 % de la generación más joven debería tener estudios superiores completos.
  • El riesgo de pobreza debería amenazar a 20 millones de personas menos.

 Las exigencias de la UE a los Estados miembros endeudados

Se acaba de señalar que desde 2010 la UE, junto con el FMI y el BCE, (la Troika) pasaron a ejercer un papel activo en las políticas de los países endeudados. Primero con Grecia, poco después con Irlanda, Estado español y Portugal y algo más tarde con Italia. A cambio de la ayuda financiera que estos países necesitaban ineludiblemente y la UE aportaba, han exigido e impuesto a estos países drásticas condiciones con el argumento de que tenían que disminuir el déficit y la deuda, a toda costa. Este es el objetivo principal. Todo lo demás tiene que subordinarse a ello. Las medidas exigidas suponen la implantación del sistema neoliberal en toda su dureza (ver capítulo 6 “La orientación neoliberal de la política económica”).

Como consecuencia de estas imposiciones la política económica de los gobiernos de estos países se endureció mucho respecto a todos los trabajadores y las clases populares, incluyendo en estas también a las clases medias, a todos los que se ganan la vida con su trabajo. Pero hay que añadir que los gobiernos no se han resistido a las mismas, en parte porque era difícil hacerlo, pues la situación era complicada, pero también porque ya llevaban años aplicando medidas de índole neoliberal27, de modo que era la misma medicina si bien en dosis más acentuadas.

La política económica exigida por la UE a los países endeudados desde 2010 ha consistido en una combinación muy extraña y bastante absurda: por un lado prestan ayuda financiera a los gobiernos principalmente para resolver los problemas de los sistemas financieros, lo que va de frente contra toda la teoría neoliberal de no intervención que dicen sustentar. Por otro lado exigen a los países que legislen y fuercen las medidas que van contra las clases populares en las que se reconoce un endurecimiento incluso de las recetas más neoliberales, pero con estas exigencias imponen a los estados un intervencionismo potentísimo que retóricamente dicen rechazar. ¡Es la cuadratura del círculo al revés!

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Angela Merkel

Reuters

De paso intentan con fuerza debilitar y enflaquecer la democracia. No sólo en la UE, donde es ampliamente aceptado que presenta “graves carencias democráticas” pues sus directivos ni son elegidos por las poblaciones ni están sometidos a ningún tipo de control popular, sino que cada vez es más frecuente que los dirigentes de instituciones estatales clave estén alejados del control real y efectivo de las poblaciones. Pensemos en los abundantes grupos de presión (lobbys) que ejercen en Bruselas, los casos de “puertas giratorias”28 que se dan continuamente, los escandalosos y dramáticos casos de corrupción que permanecen impunes, por no mencionar la “comprensión” que muestran acerca del fraude fiscal, etc. Pero lo más grave es la aceptación explicita que es “Bruselas y la Troika”, instituciones de muy, muy limitada raigambre democrática, quienes dictan las políticas que hay que seguir sin ningún derecho de las poblaciones que las sufren de ponerlas en cuestión. A veces parece increíble que se acepte con tal facilidad esta situación. Según un alto ejecutivo europeo “…el mundo es muy pequeño, unas veinte, treinta o cincuenta personas de todo el mundo impulsan la industria o el sector en el que interactúo. [Es decir, la idea que manifiesta este ejecutivo] es que los ciudadanos vayan aceptando que hay un poder no democrático pero eficazmente tecnocrático que gobierna por encima del gallinero parlamentario, todas las instituciones de la democracia permanecen vivas y las utilizamos, pero la energía del sistema político y la capacidad de innovación se han desplazado hacia otras esferas”.29

Las medidas y sus consecuencias son conocidas y se recogen en el capítulo 6 “La orientación neoliberal de la política económica”, así que no entraremos aquí en su análisis. Sólo señalar que no han resuelto ninguno de los problemas importantes ni de la economía ni de la población de los países. Vivimos unos tiempos de grandes cambios socioeconómicos, y en ellos sufrimos la etapa del rescate de los poderosos por parte de la UE y los Estados. Los déficits disminuyen poco y la deuda pública aumenta considerablemente, la actividad económica disminuye, el empleo cae brutalmente y el paro se dispara, las condiciones laborales se deterioran intensamente, los salarios caen permanentemente. Los derechos sociales de las poblaciones que constituyen la esencia del denominado Estado del Bienestar se están recortando contundentemente. Las clases medias ven deteriorarse decisivamente su situación, la desigualdad crece y la pobreza aumenta sin cesar. Se está asistiendo a un grave retroceso en las condiciones de vida de la población. Se limita fuertemente la débil democracia existente. No parece que la UE ofrece muchos atractivos a la mayoría de las poblaciones europeas y, sobre todo, a las de la periferia Sur. El declive europeo se acentúa, especialmente en los países de la periferia Sur.

  1. Al referirnos en este trabajo a clases populares integramos a ellas a todas aquellas personas que se ganan su vida fundamentalmente con su trabajo. Por supuesto integra a las clases medias. []
  2. Dando lugar a importantes debates teóricos acerca de la relación capital-estados en los que no podemos entrar aquí. []
  3. Es necesario diferenciar claramente entre Europa -el continente- por la Unión Europea -ahora formada por 28 países- y la zona euro -formada por los 18 países más industrializados-. Con frecuencia se utilizan indistintamente los diversos nombres cuando responden a realidades muy diferenciadas. Para la evolución de la UE véase más adelante. []
  4. Los capitales de los países emergentes arrancan con fuerza en la economía mundial, con una mano de obra muy barata, muy bajos costes sociales, muchos recursos naturales y muy poca resistencia social. Son muy competitivos en el escenario mundial pues la tecnología se transmite con mucha facilidad por lo que apoyan su crecimiento en las exportaciones. Pero, además, por poco que mejore la situación económica interna de su población, tienen una gran reserva de demanda potencial, pues casi todo ellos tienen una alta población. Sin embargo, los demás países periféricos siguen inmersos en la pobreza y su demanda proviene sólo de las clases muy altas por lo que es muy reducida y se satisface con importaciones. Pero con la globalización, la comunicación y el transporte moderno, los países periféricos más pobres son, como lo fueron siempre en la historia, reservas activas de recursos naturales y, sobre todo, de mano de obra a precios irrisorios. La deslocalización y la subcontratación integran todas las partes de la economía global favoreciendo a los grandes capitales globales. []
  5. Poderes que tienen rostro, pero que la propiedad que ejercen sobre los medios de comunicación, hace que los periodistas los oculten. Kathy Ryan dice que “los poderes económicos sin rostro gobiernan nuestras vidas”. La Vanguardia, 31 octubre del 2012. []
  6. “El dinero total ficticio era de 707 billones de dólares, mientras que el PIB del planeta era de 63 billones en junio del 2011”, pp. 117. Antonio Baños Boncompain, Posteconomía. Hacia un capitalismo feudal. Los libros del lince, 2012. []
  7. Karl Marx y Friedrich Engels, El manifiesto comunista, p. 41. Fundación Estudios Socialistas F Engels, 1997. []
  8. Sylviane Dahan. Sadocapitalismo, p, 9. En Richard Poulin y Patrick Vassot. Sexo, capitalismo y crítica del valor. Dones D’Enllaç, 2012. []
  9. Nunca ha sido verdad que los poderes económicos querían que el sector público no interviniese en la economía. Lo que pretendía, y pretenden, es que el sector público haga la política que a ellos les conviene. []
  10. Por supuesto esto no es lo mismo que lo que necesitan las poblaciones que pueden necesitar más mercancías o bien otro tipo de mercancías o que éstas se distribuyan mejor, aunque, para el bienestar de la población, muchas de las que se producen actualmente podrían disminuir e incluso desaparecer. []
  11. “La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”. Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto comunista, p. 39. Fundación de Estudios Socialistas Federico Engels, 1997. []
  12. A medida que el capitalismo se hace más transnacional el Estado nacional no es suficiente como estructura política de apoyo a los capitales, por lo que se tienen que ir generando instituciones que abarquen ámbitos territoriales de alcance mayor que los Estados nacionales. Desde 1944, los espacios internacionales completarán el poder de los Estados nacionales para el mantenimiento del sistema. Como parte de esta dinámica se fundó la Unión Europea. []
  13. Werner Bonefeld, Werner, European Integration: the Market, the Political and Class página 118. Capital&Class, 2003. []
  14. 18 País este último que ha estado entrando y saliendo del proceso de integración europea desde entonces. []
  15. Aunque en 1958 se había creado la UNICE (Confederación de industriales y patronos de Europa), está no fue muy activa y fue la ERT la que desde su fundación ha incidido más en la política de la UE. []
  16. Mientras se escriben estas líneas nos enteramos que el Tribunal Constitucional portugués ha rechazado el recurso presentado contra la ley que decreta la eliminación de la jornada de 35 horas semanales para los trabajadores de la función pública, los cuales volverán al régimen de 40 horas sin modificación salarial. Es muy probable que la jornada de 35 horas también acabe siendo víctima de las políticas de ajuste aplicadas en Francia. Lo que no han logrado las élites empresariales en la época de bonanza económica de los años 2000, destruir la fortaleza negociadora de los sindicatos franceses y del sector público -rara avis en medio de la Europa del euro- lo llevaran a término en el contexto actual de crisis y ajuste neoliberal. []
  17. Un país no puede tener un déficit externo muy alto pues su moneda y su economía se resentirían. Pero con el euro, los países económicamente más débiles que tenían un déficit alto creían que con esta moneda fuerte su déficit podía ser mucho mayor y prestaron menos atención a su déficit externo. []
  18. En este apartado se reproducen ideas tomadas del artículo: The (deep) crisis of the Spanish economy, escrito por algunos miembros del Seminario Taifa. []
  19. En este trabajo nos concentraremos en el carácter industrial de la UE, que es el primordial y no trataremos el aspecto agrario. []
  20. En parte porque faltos de demanda interna y con unos salarios decrecientes los empresarios han tenido que aumentar sus esfuerzos para exportar, pero también debido a la fuerte disminución de las importaciones. []
  21. Un país no puede tener un déficit externo muy alto pues su moneda y su economía se resentirían. Pero con el euro, los países económicamente más débiles que tenían un déficit alto creían que con esta moneda fuerte su déficit podía ser mucho mayor y prestaron menos atención a su déficit externo. []
  22. Hasta la segunda mitad de los noventa, los fondos estructurales (Fondo Social, Regional y el desarrollo de parte de la política agraria europea (PAC) eran sólo una muy pequeña parte de un de por sí pequeño presupuesto de la UE. La proporción de estos Fondos aumentó a fines de los noventa a un tercio del presupuesto de la UE, pero este presupuesto es raquítico y no sólo no ha aumentado sino que ha disminuido en los últimos años. Además, estos Fondos estaban directamente dirigidos a la agricultura y el desarrollo regional, un poco como “asistencia social a la agricultura y las regiones más pobres”, mientras que el Fondo Social estaba dedicado a financiar los cursos de formación (muchos de ellos falsos) que organizaban los sindicatos y asociaciones de empresarios para sus trabajadores. []
  23. Tal como están las leyes ahora no están permitidas este tipo de ayudas. Pero las leyes pueden cambiarse cuando hace falta, como ha sucedido muchas veces en la Unión. []
  24. Ante la imposibilidad de que los países endeudados cumpliesen estos límites los ha modificado, pero siempre estableciendo exigencias para cada año y bajo el estricto control de las políticas que los estados hayan de realizar. []
  25. Conclusiones de la presidencia. Consejo Europeo de Lisboa, 23 y 24 de marzo de 2000. []
  26. Todas las citas de este párrafo provienen del documento señalado. []
  27. Los esquemas de política económica de los gobiernos de los Estados endeudados forman parte del mismo modelo neoliberal que los de la Troika. Debido a ello los gobiernos no rechazan las políticas sino que a veces incluso las aceptan con gusto pues justifican la línea del gobierno respectivo. []
  28. Sistema por el que los altos cargos de las empresas transnacionales y los políticos en los lugares más altos de las instituciones alternan sus empleos, de forma que cuando salen de una empresa pasan a la política y desde la política acceden a altos cargos empresariales. []
  29. Antonio Baños Boncompain, Posteconomía. Hacia un capitalismo feudal, pp. 122-126, Los libros del lince, 2012. []