Producción

La producción como eje central de la organización social

El sistema de producción es el eje central de cualquier sistema económico, es el que produce los bienes necesarios para sobrevivir, define las relaciones sociales básicas entre las personas y los grupos, la composición de las clases sociales, es la base de la distribución de la renta y la riqueza y conforma las condiciones de vida. Además, el sistema de producción esta estrechamente ligado al tema de la propiedad que para nosotros es la piedra de toque fundamental para definir un sistema alternativo. Por todo ello, aunque debido a la correlación de fuerzas existente en la actualidad, la realización efectiva de un sistema de producción distinto completo probablemente esté muy lejos en el tiempo, no puede existir un debate sobre las alternativas sin incluir por lo menos algunas reflexiones sobre el sistema de producción, ya que ‘no se trata sólo de una redistribución de la riqueza sino de crearla de una manera diferente’1 Aunque en diversas partes del trabajo presentamos los elementos básicos de una forma diferente de producir, y entre ellos cómo enfocamos los elementos de producción, dada la importancia central del tema nos parece preciso destacar aquí algunos de sus aspectos esenciales, aún sin pretensión de presentar un sistema de producción alternativo completo y detallado.

Dentro del gran apartado de la organización de la producción se pueden distinguir dos niveles distintos:

  1. La organización del conjunto del sistema productivo
  2. La organización de las empresas en sí mismas

Es evidente que los dos niveles están estrechamente relacionados y que cada uno de ellos depende de cómo se organiza el otro, por lo que ninguno de los dos se puede ignorar del todo y cualquier proyecto de sistema productivo ha de articular ambos niveles.

En el Capítulo 5 de este Informe recogemos ‘Algunas propuestas contemporáneas’, y todas ellas hacen referencia a como organizar un sistema general de producción, por lo que nos parece que no es necesario que lo volvamos a desarrollar aquí. Además, plantear ahora un modelo completo de producción implica suponer que ya se dispone del poder necesario para llevar a cabo un sistema conjunto alternativo de producción, cuando en realidad estamos tan lejos de ello que no necesitamos demasiado detalle, sino saber que existen muchos modelos elaborados a este nivel. Por esto sólo prestaremos una breve atención al nivel I.

Tiene más interés explorar el nivel II, en qué forma se pueden organizar las empresas para avanzar desde donde estamos hacia un sistema de producción social en lugar de un sistema de producción de mercado. Y esto requiere pensar en como transformar el sistema productivo de abajo hacia arriba desde el nivel de la empresa, gradualmente, no refiriéndonos a un sistema alternativo ideal sino a lo que se pueda intentar hacer aquí y ahora.

De un sistema de producción a nivel general al ámbito empresarial

En esta parte se van a incluir sólo aquellos aspectos del nivel general que tienen una incidencia en la organización de la empresa, dado que el resto sobre el sistema productivo en general ya se ha señalado que está incluido el Capítulo 5. Además, una parte significativa de este apartado proviene de la obra de Devine allí comentada, completando y ampliando así lo que en la misma se señala respecto a la producción2.

La autogestión: Se parte que la propiedad de las empresas no puede ser propiedad privada. La propiedad de todas las empresas tiene que ser propiedad social, que es prestada en usufructo a los trabajadores de las empresas en activo durante el periodo que trabajen. Los trabajadores de una empresa no son propietarios de la misma, ya que la propiedad privada (aunque sea colectiva) constituye siempre un obstáculo insuperable para el empleo por la sociedad de los medios de producción en interés de toda la sociedad. (D, 20)

Al no existir la propiedad privada no existen capitalistas y trabajadores, sino son personas que colaboran en un proyecto común. Por tanto, tampoco existirá el capital. No hay que confundir el capital, como una relación social, como el medio de obtener un beneficio en la producción, que es el que en este caso dejará de existir, con la liquidez/el dinero necesario para la operación de la empresa que constituye sólo un medio de producción más, igual que una maquina o las materias primas, que habrá de ‘obtenerse’ de las instituciones financieras del sistema sólo como un medio de producción.

Todos los participantes en una empresa tienen dos funciones: una función social y directiva, de toma de decisiones, y una función técnica por el trabajo concreto que realizan. La primera tiene que ser realizada por el conjunto de los participantes, con absoluta igualdad de decisión entre ellos, en fórmulas conocidas bajo la denominación de autogestión. La función técnica dependerá de la cualificación del trabajador y su capacidad para cubrir una determinada tarea, pero sin dejar que las decisiones sean dominadas por los ‘expertos’.

(…) en el tema de las botas, yo me refiero a la autoridad del zapatero; en relación con las casas, canales o líneas férreas, yo consulto al arquitecto o ingeniero. … Pero yo no permito que ni el zapatero, ni el arquitecto, ni el científico impongan autoridad alguna sobre mí. Yo los escucho libremente y otorgo mérito a su inteligencia, a su carácter, a su sabiduría, reservándome siempre el derecho irrenunciable a la crítica y a la censura… no reconozco a ninguna autoridad como infalible, aún en cuestiones especiales .3

La autogestión, además, ha de realizarse por medio del sistema de autogestión ampliada. Este es un concepto clave para el planteamiento de las empresas alternativas y es necesario tenerlo muy en cuenta. Según Devine:

‘ El principio básico de la autogestión o del autogobierno es que las decisiones en relación con cualquier actividad y la responsabilidad de su implementación deben estar en manos de los afectados por ellas; [y, al mismo tiempo], ‘la autogestión en las empresas debe incluir a todos los afectados más allá de los propios trabajadores. En el caso de las empresas económicas, el grupo pertinente tiene que ser más amplio que el que trabaja en dicha empresa…la gestión debe realizarse no sólo por los trabajadores sino también con los representantes de las comunidades territoriales donde la empresa está ubicada (localidad, comarca), más representantes de los consumidores4. Desde el momento en que se reconoce que otras personas más allá de los trabajadores de dicha empresa tienen interés en sus actividades, ya no se puede afirmar, en general, que la autogestión debe hacerse exclusivamente con los trabajadores de dicha empresa.

La empresa alternativa debe entender que no es sólo de sus trabajadores sino de la comunidad y la sociedad en la que está inmersa y darles lugar a que se expresen sus intereses con igualdad en la organización y gestión de la misma. Para que las empresas caminen hacia el establecimiento de sistemas verdaderamente alternativos es preciso que avancen por la ruta de considerar la propiedad social y no solamente como propiedad del colectivo formado por sus trabajadores. No se trata de producir sólo para beneficio de los trabajadores sino de establecer sistemas de producción para el conjunto de la sociedad’.

‘Se ha de reconocer que la riqueza que se crea no es solamente fruto de su trabajo colectivo sino también indirectamente de toda la sociedad, e incluso de las generaciones anteriores’5.

La planificación: Además, para que esta autogestión sea verdaderamente social, debe estar integrada en el marco de una economía planificada:

‘Para que exista un verdadero control social, la autogestión en las empresas debe ser ejercida dentro de un marco global que resulta de la toma de decisiones en forma social, a nivel de la sociedad o del sistema como un todo y esto debe ser expresado luego en un plan donde se deciden socialmente las prioridades de la producción y no a través de los mercados, ya que ‘Siempre habrá decisiones que deberán ser tomadas centralmente, a nivel de la sociedad como un todo, aún cuando hayamos logrado descentralizar todo lo que sea posible descentralizar.(D, 22, cursivas añadidas)

Tiene que existir un organismo de planificación que dependa de la organización social, pero es fundamental que se gestione con la más amplia representación y capacidad operativa de las instancias sociales de base. Ha de ser una planificación de abajo-arribadonde se asegure la comunicación y capacidad de incidencia de las comunidades de base (territoriales y profesionales) en los entes decisivos de orden superior.

La planificación habrá de llevarse a cabo a nivel local, desde la autogestión, con los recursos disponibles a ese nivel dentro del marco de una planificación del conjunto, para ir ascendiendo a niveles cada vez más concentrados hasta llegar a las decisiones centrales que, a su vez, determinan en parte los recursos de que disponen los niveles de orden más descentralizado.

La planificación no es contradictoria con la autogestión por los trabajadores de sus unidades de producción y distribución: mientras que la decisión de transformar una planta automotriz en una que produce autobuses y tranvías es tomada por la sociedad como un todo mediante el plan, la organización interna y el funcionamiento de la planta estarán democráticamente manejados por sus propios trabajadores.

Para que se desarrolle plenamente la democracia económica se requiere la existencia de una democracia política, de un proceso de planificación económica y es también fundamental la participación de los trabajadores en la toma de decisiones en sus lugares de trabajo y en las empresas.

Es obvio que se habrán de explorar nuevas formas de planificación para hacer compatibles la planificación social de la economía con la máxima autogestión y autonomía de la actividad empresarial. Lo que implica que probablemente la planificación no consistirá en una planificación física detallada sino en la determinación de las principales magnitudes económicas y la asignación de recursos para la inversión, dejando muchos aspectos abiertos a los intercambios entre las empresas productivas.

Los medios de producción (suelo, edificios, gran maquinaria, dinero necesario para inversiones o necesario para el funcionamiento cotidiano de la empresa, tecnología) no pueden ser propiedad de nadie más que del cuerpo social.

Ya se ha señalado que no puede existir capital actuando para obtener beneficios. Los medios monetarios líquidos o los fondos para la inversión son sólo otros medios de producción, que se habrán de obtener socialmente. El capital, por tanto, ni existe ni tiene derechos en cuanto a tal capital.

En el marco de la planificación, habrá de existir un organismo que ostente la gestión social de los medios de producción fijos para asignarlos y proporcionarlos a las empresas que los necesiten para su utilización. Lo llamaremos ente inversor. De éste se desprenderían las distintas asignaciones según una cadena de peticiones de las empresas existentes y de quienes quieren montar nuevas empresas al organismo planificador.Los medios de producción variables (materias primas, energía, tecnología,…) probablemente podrán intercambiarse entre empresas con asignación de ‘nudo uso’ para ser utilizados en el proceso de producción6.

Las empresas podrían pedir créditos de operación a los entes financieros para ampliarse o montar nuevas empresas. Estos entes financieros, en estrecho contacto con el ente general de asignación de recursos tendrían que ser muy estrictos en la evaluación económica y de los objetivos de las iniciativas para las que se solicitan estos créditos.

Este sistema de asignación de recursos permitiría al sistema estar abierto a mejoras tecnológicas y nuevas iniciativas. Y estimularía la competencia entre empresas distintas produciendo los mismos productos.

No hay que olvidar que la tecnología no es neutra; al final, el tipo de tecnología que escojamos para el desarrollo y la forma en que se realizará el trabajo cambiará radicalmente si el desarrollo humano llega a ser el objetivo primordial.

Para evitar que la planificación se convierta en un proceso burocratizado habría que procurar que las transacciones económicas entre empresas se hicieran en lo máximo posible a través de un mercado ‘libre’ –es decir a través de la oferta y la demanda sin asignación previa por el plan- entre las empresas productoras y usuarias así como los consumidores finales. Pero esto dependería de la importancia relativa de las empresas para la economía. Probablemente las empresas más importantes para el conjunto de la economía estarían más sometidas a los dictados de la planificación, mientras que la mayoría de las demás empresas podrían recurrir más a intercambios empresariales directos. Ello sólo puede ser posible porque se elimina el objetivo del beneficio empresarial y si los intercambios se realizan por razones operativas y no por la búsqueda del beneficio. Dando por sentado, sin embargo, que la distribución referente a los satisfactores de las necesidades básicas así como el resto de decisiones distributivas que se consideren estratégicas para el funcionamiento de la sociedad deberán quedar bajo los criterios decididos por la comunidad.

La organización de las empresas

Los objetivos. En este esquema, el objetivo de las empresas no puede ser el obtener un beneficio, ni para los trabajadores de la empresa ni para la sociedad. El objetivo concreto de la empresa es múltiple:

  1. obtener los productos necesarios para la satisfacción de las necesidades de la población, y si es posible de sus deseos (esto último subordinado a los demás objetivos sociales)
  2. obtener unos excedentes económicos que permitan el desarrollo económico y social del conjunto de la sociedad
  3. proporcionar unos ingresos a los trabajadores del país que estén dispuestos a trabajar por ello por encima de los de la renta básica7

Las empresas podrán y sería útil que obtuvieran un excedente en sus actividades que sería propiedad social dedicado a los objetivos que se establezcan por la planificación.. El excedente no pertenece a la empresa que lo genera sino al conjunto de la sociedad, aunque es posible que una parte limitada del mismo pudiera quedar en las empresas para incentivos del personal y mejora de la eficiencia.

Las formas organizativas empresariales: Sin propiedad privada, las empresas sólo pueden estar organizadas en torno a:

  • la pequeña producción individual (autónomos, pequeña producción mercantil) donde una persona realiza el proceso productivo con medios de producción que le son facilitados en usufructo por el fondo social. La producción individual para el intercambio debe ser permitida pero sin la asalarización de otras personas. En el momento que una producción individual en origen necesite más trabajadores tiene que pasar al régimen general de empresa.
  • la producción en pequeños o medianos grupos de personas (PYME), por medio de sistemas autogestionados, también sobre la base del usufructo de los medios de producción obtenidos del fondo social. Estas empresas podrían ser establecidas por grupos relativamente reducidos de personas que tengan la iniciativa de crearlas, siempre dentro de las orientaciones señaladas por la planificación, recurriendo al crédito social o a fondos del ente inversor. En ningún caso el capital sería propiedad de la empresa o de sus trabajadores (incluso aunque lo hubieran puesto ellos) sino de usufructo del capital social.
  • pero con la tecnología moderna, una gran parte de la producción de bienes y servicios básicos se realiza mediante la gran empresa con producción masiva y muchos trabajadores. Es la forma mayoritaria del sistema productivo y no parece posible ni deseable renunciar a ellas en el futuro, aunque la descentralización se pueda considerar adecuada en ciertos casos. Este tipo de grandes empresas debido a su importancia en la economía del país, así como a los grandes recursos económicos que requieren, probablemente tendrán que ser establecidas desde los entes planificadores. Es muy probable que sigan constituyendo el eje central del sistema productivo del país formando parte sustancial de su tejido económico, pero la diferencia con las empresas actuales es que habrán de ser de propiedad social, sin ánimo de lucro y autogestionadas de forma amplia en su operación cotidiana. No es posible ignorar la importancia de las grandes empresas en cualquier sociedad moderna y que las mismas son parte de los elementos cruciales de la organización productiva de cualquier sociedad alternativa.

Se produce, además, la articulación de distintas modalidades de empresas: grandes con medianas, pequeñas y autónomos.

Hay una cierta contradicción entre los que quieren potenciar formas de producción descentralizadas y locales y aquellos que consideran que hay que aprovechar toda la potencialidad de la ciencia moderna para trabajar todos menos y distribuir mejor el producto. Contradicción que habrá de resolverse mediante los debates sociales y dependerá también del tipo de empresa. Es posible que haya que combinar grandes empresas para producir medios de producción y algunos productos básicos de consumo masivo, con empresas más descentralizadas de ámbito local, comarcal o regional, para el consumo final.

En todos los casos, incluidas las grandes empresas, se deberá seguir una organización interna de relaciones sociales, participativa, igualitaria, no jerárquica y totalmente democrática, a lo largo de las líneas de autogestión ampliada señalada más arriba. La gestión cotidiana podrá estar en manos de un grupo reducido de personas elegidas para ello por el total del colectivo, que cumplirán su función sólo durante un tiempo limitado y si hubiera reelección también habría de ser por periodos limitados.

Los productos obtenidos no serán propiedad definitiva de la empresa productora, sino que dispondrán de ellos en usufructo con el objeto de intercambiarlos. El dinero percibido por los mismos tendrá la consideración de un elemento más del proceso y en ningún caso si refleja un excedente puede ser considerado como beneficio.

La provisión de los bienes de consumo social o colectivo debe regirse por la planificación, así como la financiación de los mismos. En cuanto al consumo individual los consumidores podrán elegir entre las mercancías existentes (no serán distribuidas por racionamiento o por asignación establecida, más que en caso de escasez inevitable). Todas las personas deberán disponer de los bienes que se consideran necesarios, cuyo importe deberá cubrir holgadamente la Renta Básica, y los bienes deseables se producirán según los mecanismos de planificación social procurando satisfacer el máximo de opciones individuales de los consumidores.

Este sistema ‘de consumo libre’ plantea el problema de cómo se elige el ‘quéproducir’ (los consumidores pueden preferir bienes de lujo en lugar de productos básicos para todos); idealmente una empresa de un sistema alternativo debería tener como objetivo producir algunos bienes de interés para la mayoría de la población, dirigidos a satisfacer sus necesidades básicas, más que a producir mercancías superfluas, elitistas o de lujo. Pero es un problema que queda pendiente y que puede depender mucho de la distribución más o menos igualitaria de la renta. Si la distribución es muy igualitaria, la diversidad de opciones de consumo no será disparatada. También la relación de precios puede orientar la producción. Si fuera necesario habrían de actuar los organismos planificadores.

Los salarios y las relaciones laborales. En el Capítulo 2 ya se ha comentado la distinción entre la distribución y el consumo colectivo y el individual. Respecto a la distribución individual, el sistema alternativo tendría como eje fundamental de distribución una renta básica para todos (a estudiar como hacer para las familias, los niños, etc). Y sobre esta renta universal se habría de fijar el sistema de salarios para los que trabajan, que constituirían un importe adicional sobre aquella y tienen como función esencial el proporcionar una motivación para el trabajo concreto. Al disponer de la renta básica los salarios podrían ser relativamente reducidos. Aquí surge un problema interesante: ¿Qué es mejor? ¿Permitir que la gente tome su decisión sobre si trabajar o no (lo que supondría una renta básica bastante alta) o estimular el trabajo (con una renta básica baja, siempre que cubra las necesidades básicas, y salarios más altos)? Si se quiere estimular la producción hay que poner salarios altos y RB baja. Se pueden utilizar los salarios para estimular la producción de ciertos productos y no de otros (por ejemplo, pagar más, dentro de ciertos límites, a los trabajadores en sanidad que a los que producen automóviles). Esto no debe sorprender pues ya pasa ahora en que unos trabajadores en ciertos sectores ganan más que otros.

Los salarios dentro de la empresa tienen que tener pocas diferencias (la diferencia que se justifica por distintas responsabilidades tiene su recompensa en el tipo de trabajo que se hace). Además al tener todos la renta básica las diferencias tienen que ser reducidas.

Si como incentivos a la actividad de cada empresa se estableciese que la empresa se puede quedar con un porcentaje del excedente o del producto, por ejemplo, este tendría que ser relativamente bajo para que no genere diferencias importantes entre trabajadores de distintas empresas. Además, hay que tener en cuenta que quienes trabajan en servicios sociales en principio no pueden generar excedente por lo que habría que ver como resolver este tema.

Para que todo esto fuera aceptado más fácilmente sería necesario establecer escalas similares de salarios a nivel de toda la economía, siempre sólo por encima de la RB. Dado que la desigualdad social está aumentando actualmente en todos los países, en las primeras etapas debería existir también una renta máxima, que evitara las enormes diferencias de ingresos que ahora existen.

Otros aspectos importantes de la vida laboral como la duración de la jornada y las condiciones de trabajo y otros muchos elementos de las actividades laborales cotidianas

se tienen que establecer mediante la autogestión en el marco de las condiciones de la planificación. Pero se ha de tener en cuenta que una jornada de trabajo reducida es un bien importante tanto para la vida personal de los trabajadores como para su bienestar y sus posibilidades de participar en las actividades sociales como ciudadanos.

Devine señala que debieran existir sindicatos en la empresa para asegurar el buen trato de los trabajadores. Es un aspecto importante: a pesar de todas las situaciones de autogestión pueden existir momentos o situaciones en que los trabajadores o grupos de ellos pueden no estar de acuerdo con las decisiones de sus directivos empresariales. Por tanto deben existir sindicatos o algún otro sistema que proteja a los trabajadores en sus puestos de trabajo frente a los órganos de dirección.

Avanzando hacia empresas no capitalistas

Empresas de nueva creación. Los principios recogidos en este apartado, y otros que se tomen del Capítulo 2. deben orientar la creación de empresas no capitalistas. A menudo, debido al rechazo que suscitan las empresas actuales, los anticapitalistas ni siquiera consideramos la conveniencia de plantearnos la creación de empresas. Pero si queremos avanzar hacia otra sociedad es esencial y crucial encontrar otra forma de producir, por lo que los ensayos que se hagan en la dirección que vamos recogiendo aquí, pueden ser parte de la tarea transformadora tanto como otros intentos transformadores en otros ámbitos.

Si desde la base de la sociedad se va avanzando hacia la creación de empresas con una firme voluntad anticapitalista, se van estableciendo ámbitos de autonomía que suponen islas de organización social distinta, permitiendo la creación de ‘espacios libres’, germen de un sistema alternativo que, aunque sean sólo aproximaciones parciales, puedan constituir elementos significativos de avance en el proceso de transformación. La multiplicación de las prácticas de economía solidaria demuestran que otra economía más justa, democrática y sostenible es posible, inspirando modelos económicos alternativos.

La tarea no es sencilla. Porqué teniendo en cuenta donde estamos ahora es casi imposible ignorar los muchos elementos del capitalismo que se mezclan en la creación de las empresas alternativas y que son difíciles de evitar. Por otra parte, las dificultades de sobrevivencia de estas empresas reales que intentan ser distintas pueden llevarles a tomar decisiones que les alejan de los objetivos ideales, desviándose de los objetivos fundamentales, y estos posibilismos pueden eliminar la validez del ensayo.

En las circunstancias actuales, para poder crear empresas desde la base, parece que la posibilidad más realista es comenzar por crear cooperativas de pocos miembros, autogestionadas, con unos fondos sociales y una estructura de decisión totalmente igualitaria y una voluntad de abrir la cooperativa en tanto en cuanto sea posible a la participación de miembros de la comunidad poblacional (pueblo o barrio) donde esté instalada (el embrión de la autogestión ampliada).

Las cooperativas.Las cooperativas son asociaciones autónomas de personas que se han unido de forma voluntaria para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales en común mediante una empresa de propiedad conjunta y de gestión democrática, según la definición de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI). En las cooperativas, el elemento organizador de la actividad ya no es el capital, sino el trabajo. El cooperativismo se basa en dos grandes reglas: la regla de decisión democrática (1 persona = 1 voto) y la regla de distribución no vinculada al capital social, en la medida que los beneficios se distribuyen en función de la participación de cada socio o socia en la actividad cooperativa, en vez de hacerlo según el capital aportado8.

A medida que la cooperativa se consolide se habrá de ir estudiando y explorando como ir integrándola en redes de producción y consumo alternativas. Se habrán de tener en cuenta constantemente los criterios de actuación que se presentan en el Capítulo 2 de este Informe, de forma de ir aproximando de forma creciente la realidad social existente a los criterios que allí se contemplan. No es necesario añadir que si se pueden diseñar otras fórmulas de propiedad social que lleven en la misma dirección, serán bienvenidas. Asimismo, es importante tener en cuenta que no se parte de un vacío histórico. Siempre han existido empresas distintas a las empresas capitalistas que pueden servir de base para iniciar nuevas experiencias. En el Recuadro siguiente se recogen algunos intentos de interés.

Breve bosquejo histórico de formas alternativas modernas de producción

‘Por lo menos deberíamos referirnos a las propuestas que han sido prominentes en este debate y que han jugado un papel más influyente en las luchas revolucionarias y en general en las luchas por el poder.

A través del siglo XIX y hasta la primera guerra mundial (1914-1918) surgieron varias propuestas en Europa. Estas iban desde la idea, ambigua pero ampliamente conocida de Saint-Simon de ‘una sociedad de productores’ e incluían las ‘cooperativas’ propuestas por Owen y el falansterio de Fourier, la nacionalización de todos los recursos productivos propuesta por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, la comunidad tipo obschina, propuesta por los narodnikis o populistas rusos, la revolución de la ‘Comuna’ de Paris de 1871 (que fue adoptada por Marx, corrigiendo radicalmente sus propuestas previas del Manifiesto), la ‘Comuna’ del movimiento anarquista y los ‘consejos obreros’ por algunos grupos minoritarios en el socialismo europeo, especialmente en los Países Bajos.

De estos, hasta muy recientemente fue la nacionalización de la economía propuesta en el Manifiesto Comunista de 1848 la que ha disfrutado de mayor aplicación. El movimiento socialdemócrata europeo9 y especialmente los llamados Bolcheviques lo adoptaron como específico del socialismo a pesar de las propuestas posteriores hechas por el propio Marx sobre la base de la Comuna de Paris. Cuando los bolcheviques tomaron el poder en Rusia en 1917, la idea se llevó a la práctica por primera vez. Durante la Guerra Civil española (1936-1939), grupos importantes de la sociedad española (anarquistas. NT), aunque en abierto conflicto con los defensores de la economía regida por el estado (comunistas. NT), intentaron establecer ‘comunas’ o ‘consejos’ como la forma central de organización para una nueva sociedad. La mayoría de estos experimentos tuvieron lugar en Cataluña y Aragón, pero la derrota de las fuerzas republicanas acabó con ellas. Después de la segunda guerra mundial, Rusia impuso las ‘economías estatales’ en el total del ‘bloque socialista’, tanto dentro como fuera de Europa. Desde entonces, dada la hegemonía del movimiento comunista que se basaba en el prestigio y el poder político de la Unión Soviética, este modelo también ganó legitimación intelectual, marginando otras propuestas, particularmente aquellas asociadas con el ‘Socialismo utópico’, ‘Consejos’, Populismo ruso’ y ‘Anarquismo’ que fueron interpretados según las perspectivas bolcheviques y estalinistas. De esta forma, el rico y complejo debate de los anti-capitalistas y revolucionarios europeos se eliminó y la idea que el socialismo y las economías estatalizadas eran conceptos teórica y políticamente intercambiables se hizo norma para casi todo el siglo XX, hasta que el poder de la Unión Soviética y el ‘bloque socialista’ europeo se desintegraron en 1989.

Sólo el cooperativismo sobrevivió a la tormenta, aunque al coste de fuertes distorsiones: en Europa se refugió en el movimiento que mantuvo el nombre de social-democracia, y fuera de Europa en algunas corrientes nacionalistas-democráticas que se oponían a las alianzas oligárquicas-imperialistas de Asia y Latín América. Dado que finalmente todos estos grupos se redujeron a luchar para reformar el sistema capitalista para aliviar la explotación de los trabajadores y ayudar a manejar la relación entre capital y trabajo en los países donde tenían cierta fuerza en los gobiernos, el cooperativismo se vinculó a la concepción y práctica de estas reformas. De esta forma el cooperativismo permaneció dentro del debate y la práctica política, como un sector marginal de la economía capitalista. En un sentido, Marx tenía razón cuando señalaba que las cooperativas no constituían una alternativa al capitalismo en sí mismas, pero que podían jugar un papel importante ayudando a los trabajadores a educarse a sí mismos en preparación para retomar el control de su trabajo y luchando contra el despotismo del capitalismo…

…Dos nuevos proyectos se presentaron después de la segunda guerra mundial. Durante la ocupación de Palestina, la corriente socialista del sionismo organizó un tipo de comunas que llamaron ‘kibbutz’ en los territorios que ocupaban. Para muchos, los kibbutzim fueron una de las experiencias más interesantes y más próximas a la visión de una sociedad socialista democrática. Pero los kibbutzim pronto fueron forzados a doblegarse a las necesidades del capitalismo y del nuevo estado de Israel, a las contingencias de la resistencia Palestina, así como a las luchas internas entre los sectores autoritarios y liberales del propio estado de Israel. Actualmente, aunque no completamente eliminados, se han alejado más y más de su proyecto original. El otro proyecto tuvo lugar en Yugoslavia, con Tito y la Liga comunista yugoslava, después de su ruptura con la Unión Sovietica y Stalin. Este proyecto que suponía la ‘autogestión’ de la producción surgió como una alternativa a la economía estatalizada del modelo soviético. Aunque estaba también bajo el control burocrático del estado, se presentaba como la base para un socialismo democrático en contraste con el despotismo de Stalin. Esta experiencia no sobrevivió a la desintegración de Yugoslavia.’ (hasta aquí Quijano).

Otros autores nos señalan que los intentos de establecer empresas alternativas menos centralizadas son antiguos –las cooperativas son instituciones del siglo XIX10 pero si nos queremos fijar en experiencias más recientes hay que referirse a los ensayos iniciados tras los acontecimientos de 1968-69 en Francia y en Italia que ponían en cuestión el carácter de los modelos centralizados e intentaba nuevos modelos. ‘Pero a partir de los años 1980, la situación económica sufrió un gran cambio: los colectivos, surgidos de la crisis económica ocuparon la escena… De ahí la multiplicación de los intentos de los trabajadores por convertir las empresas en cooperativas y poder salvar las empresas que los asalariados consideraban viables, incluso si éstas no satisfacían las exigencias del mercado internacional de capitales.

Tras la renovación de la ideología alternativa, el cooperativismo de trabajo se vio profundamente afectado por otra oleada de cooperativas, fruto esta vez no de la elección, sino de la necesidad. En Italia, pese a la falta de precisión de las estadísticas, pueden cifrarse en un millar las empresas que los trabajadores recuperaron entre 1975 y 1985, en su mayoría en el norte del país, pertenecientes a los sectores textil, de artes gráficas, de pequeña maquinaria, de madera y de transporte, con una plantilla media de entre 30 y 100 asalariados. En España, las recuperaciones tuvieron lugar no sólo en forma de cooperativas, sino también de sociedades laborales; su número no se conoce con exactitud, pero como mínimo fueron unas 1.300, lo que representa 50.000 empleos. En Francia, entre 1978 y 1983, periodo de expansión sin igual del movimiento, las recuperaciones representaron entre el 37 y el 61%, según el año, del conjunto de los nuevos empleos cooperativos. Estos son los países más afectados por este fenómeno. En el Reino Unido, Alemania y Dinamarca, las recuperaciones tuvieron una importancia bastante menor: en 1986, su número en cada uno de estos países era de 90, 13 y 14, respectivamente’

Otro modelo viene de los países del Norte de Europa: ‘En los países escandinavos, las nuevas organizaciones actuaron de forma diferente a las asociaciones tradicionales. Desmarcándose de un enfoque político y cultural hegemónico en los años 1970, en los 80 propusieron “nuevas formas organizativas y nuevas soluciones a los problemas sociales locales”. Entre estas empresas figuraban las organizaciones llamadas de “promotores de proyectos” en Dinamarca, apoyadas por los poderes públicos a fin de reforzar que ciudadanos voluntarios asumieran responsabilidades en las políticas sociales. En Suecia, los colectivos feministas abrieron centros de acogida y de asesoramiento para mujeres maltratadas, lo que condujo a que más de la mitad de los municipios organizasen actividades públicas de ayuda a la mujer. En la misma década de 1980, los padres iniciaron nuevas modalidades de cuidado de los niños porque, en su opinión, el servicio público no cubría todas sus necesidades, ni cuantitativa ni cualitativamente, a causa de la estandarización del funcionamiento de las guarderías …La “cooperativización” de los servicios sociales fue ante todo la respuesta para aumentar el papel de los usuarios, como fue el caso de los padres en la organización del cuidado de sus hijos, y se admitió bajo la presión de las restricciones financieras que pesaban sobre el sector público11. Es evidente que en los países del norte las nuevas formas organizativa correspondían más a la voluntad de ampliar la provisión de servicios sociales que a una preocupación por explorar nuevos modelos de producción.Tomado en su mayor parte de A. Quijano12 y completado con una breve referencia del libro de J. García y Laville.

La transformación de empresas existentes. Asimismo se pueden considerar las posibilidades de convertir las empresas capitalistas existentes con ánimo de lucro en empresas transformadas que no buscan el beneficio. Debido a las crisis económicas los capitalistas cierran empresas dejando en la calle a los trabajadores. Actualmente es frecuente que en esa situación la discusión entre empresas y trabajadores resida en el importe de la indemnización que se puede lograr. Pero los trabajadores podrían también optar por otra estrategia, es decir, hacerse cargo de la empresa que se quiere liquidar, sin aceptar sus deudas ni pagar nada a cambio, y tratar de continuar con la actividad productiva. Es decir ocupar la empresa que el empresario pretende liquidar y hacerse cargo de ella. Quizá si los empresarios supieran que las empresas que ellos cerraran iban a dar lugar a una empresa gestionada por los trabajadores no las cerrarían tan fácilmente.

Es posible que en muchos casos esta salida sea inviable debido a que la empresa no tiene mercado, pero en otras ocasiones es una posibilidad que no hay que descartar. Exigiendo de los poderes públicos que les proporcione facilidades –el crédito, moratoria de impuestos, asesoramiento técnico, etc.- que ayuden en esta tarea. Las empresas así ocupadas se deberían organizar por la autogestión ampliada de acuerdo con las líneas que hemos señalado más arriba. Constituirían importantes ensayos de sistemas alternativos.

En el estado español existen también las sociedades laborales, que son sociedades anónimas (SAL) o de responsabilidad limitada cuyo capital social es propiedad mayoritaria de los trabajadores con contrato indefinido y a tiempo completo, pero ninguno puede poseer más de un tercio de las acciones o de las participaciones, a fin de garantizar el equilibrio de poderes.A diferencia de las cooperativas, no son sociedades de personas, sino de capital: el consejo de administración se constituye a través del voto proporcional a la participación en el capital (1 acción o 1 participación equivalen a 1 voto). Esta formula es menos satisfactoria socialmente que la de las empresas ocupadas pero podría ser un paso en dicha dirección.

En la crisis de los setenta en el Estado español se transformaron bastantes empresas de esta forma con variados arreglos con sus propietarios (en algunos casos éstos incluso continuaban siendo propietarios de una parte de la empresa)13 . Esta fórmula ha servido principalmente para que los trabajadores pudieran mantener empresas que se iban a cerrar, naciendo contra corriente de la ortodoxia imperante: para los economistas convencionales se trataba de empresas que tenían que cerrar; mientras que para algunos sindicalistas los trabajadores no debían hacer de empresarios, etc.

Pocas de ellas tuvieron éxito pues las condiciones en las que se dejaban en manos de los trabajadores eran tan difíciles que era muy difícil sobrevivir. Muchos trabajadores, después de haber trabajado y luchado mucho se encontraban que habían perdido la indemnización que en la mayoría de casos habían dedicado a la empresa, y que estaban en la calle porque no tenían más remedio que cerrar la empresa. Es una situación frecuente que no se debe olvidar. Las actividades alternativas en el capitalismo se enfrentan a muchas dificultades. Pero ello no debe ser obstáculo para contemplar esta posibilidad en algunas ocasiones si existen las condiciones para ello, ya que algunas experiencias de empresas ocupadas han tenido éxito y han sobrevivido en circunstancias muy difíciles. A diferencia de la crisis de los setenta, en la crisis actual el número de iniciativas laborales de este tipo es mínimo. No sabemos si es porque los empresarios no están dispuestos a ceder las empresas en dificultades a los trabajadores o porque las dificultades económicas son mayores o porque los trabajadores han sido llevados a la convicción de que no es posible sobrevivir con esta fórmula, o porque los trabajadores ni siquiera contemplan estas posibilidades.

Podríamos también mencionar otra posibilidad que, aunque actualmente parece más difícil de lograr desde la base, no debería descartarse totalmente: es la expropiación legal de las empresas que pudiera producirse por múltiples circunstancias: deudas14, fraude económico y fiscal, superexplotación de los trabajadores, etc. La correlación de fuerzas no conduce en esta dirección pero las clases populares y los trabajadores debiéramos tener en cuenta que son posibilidades existentes y se puede trabajar para conseguirlas.

Las formas de organización más frecuentes son las cooperativas y a mucha distancia de éstas las sociedades anónimas laborales o empresas recuperadas. Se pueden mencionar también, todavía a más distancia, algunas mutualidades o mutuas15, las redes de trueque, grupos de personas o entidades que intercambian de manera estable productos, servicios y/o conocimientos sin emplear la moneda-, y en algunos países las denominadas microeconomías comunitarias (ecoaldeas) que consisten en comunidades de vida rural, que gozan de una cierta autosuficiencia económica, y sus reglas de distribución y consumo, están regidas por criterios inequívocamente colectivos, democráticos y sociales.

Existen también las asociaciones, pero éstas en muy pocas ocasiones tienen una naturaleza de empresa productiva. Además, las que tienen objetivos sociales generalmente están dedicadas a tareas asistenciales y muchas de ellas no están organizadas de forma igualitaria.

No incluimos las fundaciones dentro de las formas de economía social porque la mayoría de ellas no están organizadas democráticamente y porque en muchos casos son iniciativas perversas, consistentes en meras formas jurídicas para disminuir la aportación fiscal de las empresas o personas que las impulsan.

La economía social

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‘Desde la década de 1980 han cobrado fuerza por todo el mundo una infinidad de formas económicas que intentan satisfacer las principales necesidades de las clases populares (alimentación, salud, vivienda, trabajo…), siguiendo lógicas que no son las propias ni de las empresas capitalistas ni de las empresas estatales, sino que están basadas en los valores de la cooperación, la igualdad y la autogestión. … Dichas organizaciones se encuentran esparcidas por todos los rincones del planeta, con lo cual pertenecen a realidades sociales y culturales muy distintas’.

‘Podemos definir la economía solidaria como el conjunto de prácticas económicas, es decir, de actos de producción, comercialización, consumo y crédito que persiguen la satisfacción de necesidades en vez del lucro y que se rigen por los valores de cooperación, solidaridad, democracia, igualdad y sostenibilidad. Jurídicamente pueden formalizarse en muy distintos tipos’17

Son amplias y atractivas las oportunidades que presentan estas ideas. Sin embargo, es también necesario precisar los diversos enfoques que puede presentar ‘la economía social’ porque en la sociedad capitalista actual se dan a menudo casos de perversión del concepto: existen empresas que utilizan la denominación de economía social porque puede aportarles beneficios diversos, pero que son capitalistas en toda su actuación aunque jurídicamente ostenten otra denominación. Son ‘empresas sociales’ fraudulentas y hay que tener cuidado de no confundirlas con los intentos genuinos de transformación.

‘Grosso modo, existen tres formas de mirar la economía social o solidaria: el enfoque neoliberal, el socialdemócrata y el postcapitalista. El enfoque neoliberal considera la economía solidaria una especie de subeconomía paliativa, en donde los inadaptados al mercado recuperan su empleabilidad convirtiéndose en empresarios de ellos mismos a la espera de que la mano invisible, una vez liberada de las rigideces impuestas por el Estado intervencionista, vuelva a proporcionarles un trabajo asalariado en las empresas capitalistas, las únicas eficientes. Ahora bien, cuando la economía solidaria adquiere más fuerza, entonces los neoliberales claman al cielo y exigen a los administraciones que recorten las ayudas al sector o que supriman los apoyos fiscales, tal como pretende actualmente la Comisión Europea respecto a las cooperativas.

Desde un punto de vista socialdemócrata, la economía solidaria ha de ser un aliado del Estado para corregir las desigualdades que ocasiona el sector privado capitalista, algo así como los daños colaterales producidos en su díscola carrera por generar riqueza para la sociedad. A la economía solidaria se le confía reabsorber parte del desempleo provocado por el primer sector y, ante las estrecheces presupuestarias del Estado, posibilitar el mantenimiento de los servicios sociales cubriéndolos a un coste inferior al de prestarlos a través de la administración.

Existe un tercer enfoque, al que personalmente me adscribo, que podríamos denominar postcapitalista, y es éste sobre todo el que se plantea la pregunta con la que empezábamos este apartado: ¿Puede contribuir la economía solidaria a edificar un sistema económico distinto al capitalismo, que sea más justo, democrático y sostenible? 18

Es evidente que para TAIFA las empresas de economía social establecidas bajo el enfoque neoliberal son dañinas para el cuerpo social, las socialdemócratas son también negativas, ya que en general se crean para sustituir la provisión de servicios sociales por parte del Estado, que, sin embargo, son derechos que hay que exigir. Se habría de luchar contra estos dos enfoques. Solamente las empresas de economía social del tercer enfoque son las que merecen algún interés.

En conjunto, serán las empresas de producción social regidas en el marco de la planificación y en régimen de autogestión ampliada -las grandes empresas originadas desde el ente planificador y las más pequeñas originadas por las iniciativas populares-, las empresas ocupadas/recuperadas y las empresas de economía social, principalmente las cooperativas, organizadas y gestionadas según los aspectos que hemos señalado, las empresas que formarán el sistema productivo de cualquier sociedad que se pretende genuinamente alternativa. A continuación vamos a repasar brevemente sus limitaciones y sus potencialidades.

La potencialidad y limitaciones de estas empresas19

Potencialidades: A pesar de que una acusación frecuente a las empresas sin ánimo de lucro es que son menos productivas y rentables que las empresas capitalistas, no esta probado que sea así, ni mucho menos. Diversas investigaciones muestran que no son sólo válidas desde el punto de vista social que aquí nos interesa, sino que tienen tantas posibilidades económicas para su sobrevivencia, por lo menos, como las empresas similares con criterios de mercado20, que son mucho más propicias a las consideraciones ecológicas, y sobre todo son, y podrían ser todavía más, mucho más respetuosas y justas con las personas que trabajan en ellas

Quienes propugnan el establecimiento de cooperativas les ven otros muchos aspectos positivos: ‘Las empresas de la economía solidaria, pueden mejorar las condiciones de vida de las personas … Además, enseñan y difunden los valores de democracia, igualdad, trabajo emancipado, responsabilidad y solidaridad; aumentan la cohesión social creando comunidad, ydemuestran que otra economía más justa, democrática y sostenible es posible21

Además, consideran que: ‘…muchas prácticas del sector, en concreto las que han cristalizado en organizaciones empresariales, podrían constituir el embrión de la futura economía postcapitalista…, las empresas del sector funcionan como un laboratorio riquísimo donde ensayar respuestas a los problemas que la nueva economía deberá resolver: …, la mera existencia de empresas democráticas y sociales se convierte en un buen escaparate del tipo de economía que anhelamos: nos abre la mente a imaginar que es posible otra economía, lo que ayuda a reconstruir la voluntad de las mayorías en favor de la transformación social…, la economía solidaria es fuente de inspiración para todos aquellos que investigan cómo reformar el capitalismo para “civilizarlo”22 o bien cómo substituirlo por otro modo de producción mejor’ 23

No hay que ignorar que empresas alternativas suponen también planteamientos alternativos a los estrictos criterios de mercado. Casi siempre se hace referencia a las empresas como si lo único que importara es que sean más competitivas que las demás, cuando es mucho más importante que se amplíen los ámbitos donde establezcan sistemas de trabajo y remuneración justos y produzcan mercancías mas adecuadas para cubrir las necesidades de la población24.

Limitaciones: Tampoco es posible ignorar que se encuentran a menudo con bastantes dificultades para su desarrollo. No podemos olvidar que las empresas alternativas, en principio, trabajan contracorriente y muy a menudo con pocos medios económicos, lo que dificulta su operación y todavía más su expansión:

‘A nuestro juicio, las flaquezas más relevantes son de seis clases. La primera son los déficits de gestión.25 La segunda, las conductas no cooperativas de una parte de sus miembros, como el individualismo. La tercera, la estrechez económica: capital propio exiguo, mayores dificultades para encontrar financiación que las empresas capitalistas y, en algunos campos de actividad, excesiva dependencia financiera de las administraciones públicas. La cuarta, la baja autoestima y la escasa conciencia de constituir una alternativa económico-empresarial26. La quinta, el escaso conocimiento que tiene la sociedad del sector. Y la sexta, la poca integración económica y sociopolítica del sector’27.

A estas debilidades propias es preciso sumar la creciente dificultad de competir con el extraordinario poder económico de las grandes empresas capitalistas y las transnacionales así como el poder político de las mismas que les facilita el que los mercados sean regulados a su conveniencia.

Es necesario mencionar también algunos problemas serios causados por su propio desarrollo: A. Quijano28 observaba que el individualismo en estas organizaciones populares era arrollador. Según este autor, coexistían en su seno las lógicas del capital y las de la reciprocidad, lo que les proporciona una especificidad innegable, pero insuficiente para hablar, tal como hacía Coraggio, de una economía del trabajo que se opondría a la economía del capital.

A menudo se cita la ampliamente conocida experiencia de las cooperativas de Mondragón29 como prueba de su éxito; pero precisamente en ella se pueden observar muchos de los problemas que plantean las cooperativas de producción. Hay que señalar, que frente a sus innegables logros económicos esta experiencia es una de las que muestra mejor los grandes problemas, las importantes deficiencias e incluso la perversión del concepto que pueden presentar las cooperativas y otras empresas alternativas, especialmente si crecen mucho. MCC se ha convertido en un importante consorcio económico que actúa de forma idéntica a una gran empresa capitalista . La participación real de los trabajadores en los asuntos cooperativos es escasa y la opinión del cooperativista sólo es tenida en cuenta esporádicamente, sea en las elecciones, sea en la asamblea anual, y desde esta última se reproducen año tras año los estamentos directivos sin grandes dificultades. Se retrocede al autoritarismo laboral y a las relaciones patrón-empleados debido a la convicción de muchos trabajadores que por ser cooperativistas no deben poner en peligro las relaciones internas en la empresa, lo que les lleva a ser asalariados más dóciles y subordinados que en muchas empresas capitalistas. Además, cada vez hay un mayor porcentaje de trabajadores asalariados que trabajan para los cooperativistas lo que lleva a debilitar e incluso a que desaparezca la solidaridad con otros trabajadores y sus reivindicaciones ya que no se consideran asalariados como ellos sino propietarios, pertenecientes a otra clase social. Todo esto, de paso, refuerza la productividad de la empresa debido al mayor interés de los trabajadores y a la ausencia de conflicto social abierto30. Por otra parte, el nacimiento de una capa tecnocrática, concentrada sobre todo en las medianas y grandes empresas de la economía solidaria, arrastra consigo un aumento de la desigualdad retributiva y de ‘tecnificación’ y burocratización de la toma de decisiones.

Y lo mismo sucede en otras cooperativas que se han convertido en grandes empresas cuya única diferencia con las capitalistas es su situación jurídica y la mayor adscripción de los cooperativistas a la empresa sin plantearse si esta cumple con los objetivos de origen, interesados principalmente porque la cooperativa mantenga los puestos de trabajo y los salarios de los cooperativistas.

Otro peligro de las cooperativas, si bien en otra dirección, sobre todo de las más pequeñas que pugnan por sobrevivir, es el de la autoexploración: la idea de sus trabajadores de que son propietarios les lleva a aceptar largas horas de trabajo y sacrificar muchos de sus derechos como trabajadores, bien porque sus recursos son muy escasos y no tienen otro remedio que actuar así, bien porque están convencidos de que todo ello es válido con tal de sacar adelante su iniciativa. Es peligroso crear un mercado de trabajo con menos derechos de los trabajadores asalariados, aunque sea una situación voluntaria, pues puede acabar por deteriorar los derechos de toda una comunidad.

Para los trabajadores de las cooperativas, muy a menudo, el mantenimiento de su empleo, su empresa y su propiedad se convierte en el objetivo exclusivo de su actividad y de su pertenencia a la cooperativa, sin que importe ni la organización interna de la misma ni su actuación en el mundo capitalista del que pasan a constituir una parte. Mucho menos todavía las consideran como embriones de una sociedad alternativa. Las cooperativas, si no viven permanentemente una revisión critica de su desarrollo, pueden convertirse en un magnifico sistema de gestión de empresas capitalistas31. “Cada vez es más difícil diferenciar una cooperativa de una sociedad anónima. Estructura financiera, gestión y administración se parecen mucho. Hay un peligro real de perder el carácter, la esencia misma de las cooperativas”32.

Ello no debe necesariamente ser obstáculo a la creación de cooperativas, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de ellas son experiencias mucho más modestas, formadas por pocos socios, que las grandes cooperativas a las que nos referimos, pero es necesario que la propia estructura de las cooperativas establezca un proceso de autocrítica y alerta permanente a las dificultades y desvíos sociales internos que pueden generarse en la marcha diaria de las mismas y en su proceso de crecimiento.

Es preciso, también, que no se utilicen las cooperativas para erosionar o debilitar el sistema salarial. Con frecuencia se utiliza la fórmula cooperativa o de SAL para multiplicar las microempresas que dependen de otras estructuras (casi siempre capitalistas) con el único objetivo de eliminar la relación salarial, que es la real, y sustituirla por una relación comercial que es sólo aparente (como sucede con muchos trabajadores ‘autónomos’). Es obvio que en todas estas variantes cualquier forma de empresa ‘social’ no sería tal, ya que no cumpliría realmente los principios esenciales que corresponden a las mismas.

‘De alguna manera el reto consiste en pasar de una democracia representativa cada vez más anquilosada, limitada a la asistencia a una asamblea general anual para aprobar las propuestas de la dirección, a una democracia participativa, en que el poder se dispersa por toda la organización, lo que constituye la mejor forma de movilizar las energías de todos sus miembros y ponerlas al servicio de las finalidades comunes’ 33

Empresas alternativas y matriz general de orientación. Para TAIFA la forma más adecuada de realizar una evaluación del carácter transformador o no de las empresas alternativas consiste en analizar hasta donde las experiencias concretas o los proyectos específicos se van aproximando a cumplir los criterios básicos de transformación que nos están sirviendo de brújula y matriz general de orientación y que señalamos en el tantas veces repetido Capítulo 2.

Según tales criterios, las empresas alternativas de producción que hemos señalado aquí cumplen con nuestro primer y principal criterio: no a la propiedad privada. Sin embargo, no basta con que estas empresas sean propiedad del colectivo que las constituye, sino que idealmente tendrían que ser propiedad de la comunidad en la que se desarrollan, lo que no es sencillo partiendo de la sociedad capitalista actual en la que se inician. Pero se habrá de intentar aproximarse a ello avanzando hacia sistemas de autogestión ampliada, constituyendo fondos sociales que beneficien a la sociedad y no sólo a sus trabajadores, y teniendo en cuenta permanentemente en sus decisiones la necesidad de un enfoque más amplio que el estricto bienestar del colectivo que las constituye en origen.

Las empresas alternativas, excepto aquellas que provengan de los entes de planificación, han de iniciarse desde la base social; es decir, han de ser fruto de las iniciativas de cualquier grupo de personas y organizarse de forma que su gestión sea participativa y no jerárquica en líneas autogestionarias y tratando de avanzar hacia la autogestión ampliada. Han de tener un sistema de toma de decisiones y de ejercicio del poder igualitario, lo que en nuestro contexto supone que cada persona tenga la misma capacidad de decisión independientemente de su función social o técnica. Habitualmente esta condición se cumple en los estatutos de las empresas de economía social pero es más dudoso su cumplimiento en la práctica, donde a menudo se establece una fuerte jerarquía basada en las funciones técnicas y sociales que se ejercen. Es necesario mantenerse permanentemente vigilantespara que la dinámica empresarial no genere situaciones que faciliten la diferenciación real entre los participantes en una empresa alternativa con el argumento de que es más eficiente. La eficiencia ha de buscarse, y lograrse, dentro de los parámetros que la diferencian de las empresas capitalistas y no servir de justificante para adoptar criterios que se aproximen a éstas.

Así mismo, la distribución de los frutos de la actividad empresarial ha de ser lo más igualitaria posible, sin que de lugar a grandes diferencias salariales. Y puede ser útil establecer remuneraciones totales máximas para evitar grandes desfases entre los participantes de una empresa. Ya hemos mencionado más arriba que es importante que los excedentes empresariales no se limiten a remunerar a los trabajadores directos sino que extiendan su ámbito de aplicación a colectivos más amplios para ir avanzando hacia la autogestión ampliada.

‘Las empresas alternativas habrán de procurar también estimular el establecimiento de cooperación entre ellas a través de redes sociales. Las iniciativas de la economía social necesitan cooperar entre sí para consolidarse y desarrollarse en medio de unos mercados cada vez mayores y más desregulados, … siendo también conveniente desarrollar los mercados sociales, como una red de redes cuyos nodos serían las empresas solidarias y los consumidores y ahorradores responsables (personas, entidades, empresas e instituciones) y cuyos flujos serían los intercambios regulares de bienes y servicios en un territorio determinado, que permitieran cubrir una parte significativa de las necesidades de los nodos, desconectándose parcialmente de la economía capitalista34.

Si las experiencias concretas van avanzando seriamente en las direcciones que señalamos supondrá también que los valores de la colectividad que las lleva a cabo se habrán ido transformando y progresando hacia la potenciación del bien común, considerando la empresa alternativa no sólo como una iniciativa productiva sino parte integrante de un proyecto de transformación de toda la sociedad.

Es decir, los criterios que nos sirven debrújula para la transformación social, nos ayudan también como matriz general de orientación para el tipo de nuevas empresas que se pueden y se deberían establecer.

El papel del sector público en las empresas alternativas.

Finalmente, hay que mencionar, también, la relación entre la economía social y el sector público en todos sus ámbitos. En varios aspectos distintos:

  1. por una parte, estamos viviendo etapas en que el neoliberalismo postula que la intervención del estado en la economía engendra rigideces perjudiciales a la misma y que, por lo mismo, debe ser reemplazada por un sector privado.35. Y muchos estados están poniendo en práctica medidas muy importantes en esta dirección36. En estos casos estaríamos muy próximos a sustituir los derechos sociales que debe cubrir el Estado por el sector privado, incluso considerándose ‘sin animo de lucro’ como muchas ONGs. Se habría de tener mucho cuidado que al intentar cubrir las necesidades de grupos concretos no se debilite la lucha por los derechos públicos universales. El discurso a favor de las empresas alternativas no debe servir como alegato para adelgazar el papel del Estado en sus aspectos positivos. A ello hay que añadir los importantes daños que en la actualidad está suponiendo la legislación laboral para los derechos salariales y laborales de los trabajadores (las reformas laborales sucesivas), contra la que es imprescindible luchar.
  2. por el contrario, el Estado no puede ser ajeno a la actividad de las empresas alternativas, en el sentido que se le debe exigir una actuación positiva para estimular las mismas y facilitar su operación. En las economías actuales, y por mucho que la teoría neoliberal diga lo contrario, el Estado ejerce una importante influencia en la vida económica y favorece a las empresas. Por tanto, las empresas alternativas deben exigir, por lo menos, las mismas condiciones favorables que cualquier otra empresa capitalista. Tanto respecto a los aspectos legislativos y sociales, como apoyos económicos. De hecho, la mayoría de políticas públicas influyen por activa o por pasiva en el sector, favoreciéndolo o marginándolo.

Asimismo, en el periodo de crisis en que nos encontramos sumidos resulta particularmente importante que las administraciones públicas expropien empresas fraudulentas y den todo tipo de facilidades a los trabajadores para que recuperen empresas en crisis o las que el empresario desea liquidar por el motivo que sea (deslocalización, jubilación…), y las conviertan en cooperativas o sociedades laborales.

A modo de resumen

Las empresas alternativas de producción que estamos describiendo aquí, tienen potencialidad para constituir embriones de una economía alternativa si se establecen, operan y mantienen según los elementos esenciales que se han comentado; si se aseguran que en su misma estructura existen los aspectos imprescindibles de una autocrítica, revisión y renovación permanente, por ser conscientes de los potentes incentivos que existen para que sean desviadas de su proyecto original y convertidas en empresas capitalistas de éxito. Requieren, como todos los aspectos de una alternativa, de una exigencia continua consigo mismas. Pero si todo eso se lleva a cabo parece que podrían, también, desde aquí y ahora, ser fórmulas adecuadas para ensayar formas distintas de organización social que cooperasen grandemente al proceso de avance hacia una economía y sociedad alternativa.

En una lectura ligera puede parecer que no son opciones muy radicales. Pero, además de que pueden serlo, insistimos en que nos concentramos en aquello que puede ser posible, partiendo de la situación actual. Y aunque desearíamos un sistema de producción totalmente alternativo, actualmente no existe la correlación de fuerzas para hacer propuestas que supongan cambios más transformadores. A pesar de ello, pensamos que si logramos avanzar en los múltiples frentes que hemos señalado aquí –desde las grandes empresas a las cooperativas pasando por la okupación y, en algunos casos, por la expropiación de empresas- se habrá avanzado mucho en la consecución de un sistema alternativo genuinamente diferente que facilite la consecución de una sociedad alternativa.

Acabamos citando una vez más el artículo de Jordi García y Laville que nos ha servido tan ampliamente en este trabajo:

‘Es importante no confundir el deseo con la realidad. No hay experiencias puras de economía solidaria; en mayor o menor medida todas son un híbrido entre las relaciones económicas capitalistas –las socialmente dominantes – y las no capitalistas, y en todo momento corren el riesgo de transfigurarse, de hecho o de derecho, en empresas convencionales’ Pero al mismo tiempo afirman: ‘La economía solidaria, en su doble vertiente de sector socioeconómico y de movimiento social, todavía es minoritaria. Pero, hoy por hoy, ya está aportando dos cosas muy importantes: sustento y esperanza. Sustento en la medida que millones de personas en el mundo tienen un trabajo digno, pueden acceder a créditos y abastecerse de productos de primera necesidad a bajo precio gracias a las empresas solidarias. Eso ya era así antes de esta crisis, y sigue siéndolo ahora.

Pero además de sustento, la economía solidaria proporciona esperanza. Con su quehacer diario, está transmitiendo a la sociedad la esperanza de que hay alternativas a la economía capitalista, de que otra economía más justa, democrática y sostenible, no sólo es necesaria, sino que es posible, tan posible que, embrionariamente, ya existe’37

  1. C. Piñeiro Harnecker. L´altra economia que necessitem. Agenda Latinoamericana 2013.p. 228 []
  2. Una gran parte de todo este apartado está basado en la obra de P. Devine: (Democracy and Economic Planning: The Political Economy of a Self-governing Society. Polity Press, 1988. Traducción al castellano y Síntesis por M. Harnecker y C. Piñeiro. Democracia y Planificación económica. Democracia y Planificación Económica: La Economía Política de una Sociedad Autogobernada). Las citas se indican en el texto con mención de D y las páginas.  []
  3. D. 58 citando a Bakunin. Cursivas añadidas  []
  4. Es posible que debido a la lejanía social y geográfica de los proveedores y consumidores está última parte no pueda realizarse, pero en tales casos, sus intereses habrán de tenerse también en cuenta. Quizá haya que distinguir entre los productos de consumo próximos –que haya asociaciones de consumidores- y productos de consumidores lejanos o de medios de producción, donde la demanda hace del papel de ‘consumidores’. Son problemas que se habrán de resolver en las prácticas del futuro. (Pie de página añadido por TAIFA) []
  5. y 4. C. Piñeiro Harnecker. L´altra economia que necessitem. Agenda Latinoamericana 2013.p. 228  []
  6. Por nudo uso se indica que las empresas podrán ‘comprar’ directamente estos medios de otras empresas sin que medie el ente de gestión de los medios de producción  []
  7. Mas adelante en este capítulo se explica el papel de la RB en la distribución del producto  []
  8. En muchas cooperativas actuales la distribución del excedente se hace en función de la remuneración (el salario) que ha percibido el cooperativista, como indicador de su aportación al cuerpo social. Este sistema aumenta la desigualdad de la distribución entre los socios, pues quien percibe un salario mayor obtiene también una parte mayor del excedente empresarial. García y Laville, p.82 []
  9. Nota de la traductora: No se refiere a lo que hoy conocemos como socialdemocracia, sino que esta era la denominación de los primeros socialistas europeos. []
  10. Lo que se suele considerar como la primera cooperativa: La Sociedad de Principios Equitativos de Rochdale(Inglaterra) es de 1844 y la Alianza Cooperativa Internacional que testifica de la extensión del movimiento cooperativo es de 1895. []
  11. García y Laville, Ibidem, p. 16 []
  12. A. Quijano: Alternative production Systems? En B de Sousa Santes. Another production is possible?. Bayond the capitalista canon. Verso.2006 []
  13. Los países sudamericanos especialmente Argentina constituyeron el epicentro de las “empresas recuperadas”. Tales empresas se consideraban como una herramienta para crear empleo y para, simultáneamente, revitalizar la participación obrera. Además, estas asociaciones populares crearon talleres laborales, organizaciones de parados que buscaban empleo colectivamente, asociaciones de servicios colectivos en los ámbitos de la salud y de la cultura, y otros muchos aspectos. En América del Sur fueron indisociables de una reminiscencia de la acción autogestionaria. []
  14. En la crisis financiera actual se hubieran podido justificar y aprovechar la expropiación de bastantes entidades financieras, por ejemplo. []
  15. Son entidades sin ánimo de lucro que ejercen una actividad aseguradora de carácter voluntario. Estas mutuas provienen de las antiguas sociedades de socorro mutuo obreras. En el Estado español jugaron un papel muy importante en la provisión de servicios de salud antes que se desarrollara el sistema de la Seguridad Social. Actualmente, sin embargo, la falta de provisión de derechos sociales por el sector público, esta llevando a que se establezcan ‘mutuas’ privadas que los proporcionen, pero convertidas en empresas con ánimo de lucro, organizadas de forma estrictamente capitalista que no tienen nada de empresas alternativas y no deben ser consideradas como tales. La toma de la iniciativa de la ciudadanía no debe equipararse, o ser causada por la deserción del Estado []
  16. Para esta parte del trabajo recogemos amplia información del trabajo de Jordi García contenido en su ensayo La economía solidaria: sustento y esperanza y del libro del mismo autor con J.L. Laville Economía solidaria y Crisis capitalista, trabajos ambos que recomendamos vivamente para este tema. Las citas del artículo se señalan como Garcia, p. N y las del libro García y Laville, p. N. García y Laville, p.74 []
  17. García p.1 []
  18. García y Laville p.97 []
  19. Aunque muchos de estos comentarios se refieren a las empresas cooperativas consideramos que muchas de las empresas alternativas presentan características muy similares, por lo que las unimos en un mismo tratamiento. []
  20. Véase García y Laville p. 94 para una evaluación detallada. []
  21. García y Laville, p.93 []
  22. Precisamente su capacidad (ficticia) para creer que se puede regenerar el capitalismo es, en la opinión de TAIFA, uno de los aspectos negativos de estas empresas. []
  23. García, p.6. []
  24. No se nos oculta que en el mundo capitalista en el que vivimos a las empresas no les queda más remedio que actuar teniendo en cuenta la competitividad, pero ello no quiere decir que no sea posible tener en cuenta también otras consideraciones. Además, si se amplían las redes alternativas de suministros-producción-consumo tendrían más capacidad para integrar otros elementos. []
  25. Además, a menudo cuando se intenta subsanarlos lo hacen recurriendo a criterios y técnicos que introducen los elementos capitalistas en las cooperativas, lo que les hace perder, no sólo su ideario original, sino también aquellos elementos más importantes en su organización interna: participación y cooperación. []
  26. Es necesario que las empresas alternativas no se consideren a sí mismas como iniciativas correspondientes a grupos marginados, generando “subempleos”, sino que se autoconsideren componentes de una economía “normal”, parte del tejido productivo del país. La economía solidaria se debe considerar como formas de explorar una nueva forma de organización social y no sólo como respuesta a las dificultades económicas de las empresas o de creación o mantenimiento del empleo en épocas de crisis. []
  27. García y Lavilla 93 []
  28. A. Quijano: Alternative production Systems? En B de Sousa Santes. Another production is possible?. Beyond the capitalista canon. Verso.2006 []
  29. Donde cinco personas crearon Fagor Electrodomésticos S.Coop. para fabricar estufas y cocinas de petróleo, y ha pasado a erigirse en un imperio económico que, a finales de 2007, estaba formado por 260 empresas (entre cooperativas y filiales que no lo son), donde trabajaban más de 103.000 personas. MCC es el primer grupo empresarial vasco y el séptimo del Estado español, y está organizado en tres grupos sectoriales: el financiero, el industrial y el de distribución, además de las áreas de formación y de I D. (García y Laville, p. 106) []
  30. En las pocas instancias que ese conflicto se ha manifestado abiertamente, la represión ha sido acusada y muy dura con los trabajadores implicados. []
  31. José María Ormaechea, ex-presidente del Consejo General de MCC, probablemente teniendo a este grupo cooperativo en la cabeza, aventuraba el siguiente pronóstico: “La globalización, el ensanchamiento de la empresa por motivos exclusivos de hegemonía en el mercado y de la mejora de las economías de empresa… concluirá indiferenciando [las cooperativas] de las sociedades anónimas, que son las únicas que, por la transmisibilidad del capital y su fungibilidad, ejercen su soberanía sin trabas.”16 []
  32. Hagen Henry, jefe de la división de cooperativas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), []
  33. García p. 8 []
  34. García y Laville, p. 108 []
  35. Es difícil sostener esto cuando a causa de la crisis los poderes económicos están exigiendo al Estado que resuelva la situación por medio de su ayuda, pero sin embargo, se sigue sosteniendo con fuerza respecto a los derechos sociales, mostrando de paso que con gran frecuencia la lógica y la coherencia no son elementos importantes cuando están en juego poderosos intereses económicos. []
  36. Quizá el que destaca entre ellos sea el Reino Unido donde el Sr. Cameron, su primer ministro, está llevando a cabo una política de este carácter bajo el slogan de ‘la gran sociedad’ donde se propugna que los particulares se unan para cubrir sus necesidades sociales, con una cierta financiación del estado. Pero también la privatización de la sanidad, la educación y los servicios sociales en el estado español van en esta dirección, y es de temer que veremos nuevas iniciativas con la misma tendencia. []
  37. .García p. 15 []