Los criterios fundamentales

Definiendo lo que entendemos por sociedad alternativa

El tema de las alternativas es bastante complicado y se puede prestar a confusión. Por ello, para poder entrar a fondo en el mismo es necesario precisar antes el marco de estudio, por lo que vamos a intentar definir con la mayor precisión los conceptos de alternativas y la Alternativa.

La palabra alternativapuede transmitir dos ideas distintas:primera, una manera de hacer las cosas que ya existen de forma diferente a lo anterior, otra opción de hacer lo mismo – consumo alternativo, banca alternativa, fiscalidad alternativa, etc., etc.,- o también puede designar algo totalmente diferente de otra cosa que ya existía antes.

En esta segunda acepción, a menudo se utiliza para describir una sociedad distinta de la actual- la Alternativa– , sin precisar cómo o en cuanto diferente de aquella. Tenemos aquí, por tanto, un primer elemento de confusión: la palabra tiene usos distintos, puede utilizarse para describir cada uno de una multitud de elementos, de formas de hacer diferentes que se refieren a aspectos parciales, o puede referirse a un sistema totalmente distinto cuando se hace referencia a una sociedad alternativa.

Es fundamental tener claras las diferencias entre estos dos usos de la palabra alternativa para no caer en confusión. No es lo mismo una propuesta, un medio, un instrumento alternativo para resolver un problema específico, que una sociedad alternativa que tiene por objetivo subvertir la existente.

Así, por ejemplo, una organización concreta, un partido, un sindicato, una ONG, una cooperativa o un grupo armado, no son para nosotros una alternativa sino diversos sujetos. De la misma forma habríamos de considerar otros planteamientos como la tasa Tobin, el comercio justo, nuevas regulaciones financieras, una reducción de la jornada laboral, la banca ética, etc. en todo caso como valiosos instrumentos alternativos que se supone abren posibilidades hacia la transformación social, pero no constituyen una sociedad alternativa. Pueden servir para mejorar parcialmente la sociedad actual e incluso si se utilizan bajo determinadas premisas puedan servir como parte del proceso de transformación, pero son sólo instrumentos de cambio. Asimismo, sin ninguna duda existen también múltiples políticas públicas alternativas a las que se realizan en un momento determinado –fiscales, monetarias, industriales, sociales, etc.-, pero ellas no cuestionan la base sobre la que se estructura el sistema social actual, el capitalismo. Es necesario aclarar este embrollo.

Por tanto, en este Informe, nos referiremos a una sociedad alternativa, o a la Alternativa, cuando tratemos del conjunto del sistema. No utilizaremos la palabra alternativa/s para referirnos a los sujetos, medios, instrumentos, o procedimientos parciales meramente distintos a los habituales, aspectos a los que nos referiremos más adelante.

Para nosotros, el capitalismo en el que vivimos supone básicamente una sociedad injusta y depredadora, que ha fracasado socialmente, ha hecho colapsar la idea de democracia y se ha manifestado inviable ecológicamente. Por tanto no se puede resolver con medidas parciales, con instrumentos paliativos y de reforma que aligeren las injusticias y desigualdades que engendra la dinámica de acumulación propia del capitalismo, con intentos de racionalizarla o humanizarla1. Pretender una sociedad alternativa significa que el sistema por el que se organiza actualmente la sociedad no es satisfactorio y ha fracasado y se busca la transformación total de la sociedad actual.

Cuando utilizamos aquí la palabra Alternativa, o sociedad alternativa nos referimos a una sociedad totalmente distinta a la del capitalismo en el que vivimos. Un modelo de sociedad que en tanto que alternativo, modifica radicalmente, a fondo, los elementos centrales de la sociedad que se pretende transformar. Por ahora podemos considerar como alternativa un modelo de organización social distinto del capitalismo, el que expresa la idea de construir una sociedad ideal, en algún lugar, que en algún momento del devenir de la historia sea posible. En una palabra la Utopía, siempre inalcanzable, pero a la que aspiramos, que constituye el objetivo, que nos orienta en el caminar y la lucha del día a día, materializando el cambio en nuestra realidad social cotidiana. Según esta definición tomada de Tomas Moro, para nosotros, en el siglo XXI, una sociedad alternativa sería un modelo de sociedad que va en contra y es capaz de desintegrar el sistema capitalista y construir otra sociedad justa y armoniosa entre las personas y respetuosa del medio natural, por lo que una sociedad alternativa sólo puede ser una sociedad no capitalista

“El postcapitalismo es, en primer lugar, un anticapitalismo. Como tal, no confía en que el capitalismo sea capaz de satisfacer las necesidades básicas de todas las personas y, al mismo tiempo, preservar las condiciones biofísicas de supervivencia de la especie humana sobre la Tierra; por eso mismo quiere sustituirlo por otro modo de producción más justo, democrático y sostenible antes de que se recrudezca la guerra por los recursos cada vez más escasos entre clases sociales y entre pueblos, en un mundo cada día más inhóspito para nuestra especie debido a la crisis socioecológica. Pero en segundo lugar, el postcapitalismo implica también la convicción de que resulta factible una economía no capitalista, que garantice un nivel aceptable de bienestar para todos los seres humanos presentes y para las generaciones futuras”2

Por definición nunca llegaremos a esta sociedad ideal, pero podemos ir avanzando hacia la misma. Los pasos, incluso modestos, dados con el objetivo de avanzar hacia la sociedad alternativa, pueden suponer aproximaciones graduales a la misma, de modo que en el propio proceso de lucha y de cambio se van gestando las prácticas que han de modelar una sociedad de carácter, valores y naturaleza alternativa. La Utopia nos orienta, marca el camino, puede ayudarnos a visualizar la siempre inacabada tarea de transformación social, como una matriz de cambio, en que la Utopía es el objetivo remoto y último hacia el que dirigirnos.

Bajo estas premisas elaboramos este Informe 9, ‘Reflexionando sobre las alternativas’.

De la diversidad de proyectos al proceso de transformación

Sólo referirnos al tema de la sociedad alternativano nos dice nada de cómo avanzar hacia la misma, del proceso que se ha de emprender para acometer la transformación. Para abordar el tema de forma precisa y clara es fundamental presentar un método que nos permita clasificar los diversos componentes que intervienen en el complejo debate de las alternativas. Por ello, a continuación vamos a intentar definir con la mayor precisión de la que somos capaces los conceptos básicos indispensables para tratar el tema de las alternativas tal como lo planteamos en TAIFA.

Es evidente que la transformación de la sociedad no es un acto que se realiza en un momento dado o de un día para el siguiente, sino un proceso permanente y doble, de resistencia al capitalismo y de construcción de una sociedad diferente, que, sin embargo, ha de iniciarse en el interior de los órdenes sociales vigentes. Aunque la sociedad hacia la que queremos avanzar tiene que ser no capitalista, ahora nos encontramos en el fondo de un capitalismo maduro desde el que tenemos que comenzar a actuar. La transición al capitalismo nació en el seno del feudalismo y la alternativa al capitalismo sólo puede nacer en el seno de éste. La percepción del desastre que supone el capitalismo, la convicción de que en el capitalismo es imposible una sociedad justa y armónica, la consciencia de que se quiere trabajar por un cambio y no por suavizar el sistema, son aspectos imprescindibles y esenciales para evolucionar dentro de esta línea transformadora. De aquí que para un autor como Zizek3 la Utopia no es un sueño, una ilusión o un producto de la imaginación, sino un impulso que surge de la necesidad de supervivencia ante una situación sin salida; nos vemos obligados a pensar en la Utopia ante la imposibilidad de hallar soluciones para los problemas dentro de las coordenadas existentes, ante la convicción de que la peor opción es continuar con lo que existe. Por tanto, se ha de hacer de la Utopia un espacio fuera de la lógica del capital, pero no hay otra vía que iniciarse en el seno del capitalismo existente. Por ello, muchas actuaciones transformadoras serán, en sí mismas, contradictorias, porque vivimos en el capitalismo y casi cualquier cosa que se proponga hunde sus raíces en el mismo y, según la orientación que se le de, pueden ser transformadoras o integradoras.

La utopía: Cuando la alternativa se presenta como un sistema diferente se la descalifica inmediatamente como utópica. No es válida porque los poderes fácticos no permitirán que se lleve a cabo… Pero entonces, ¿para que queremos tener una alternativa?. Mucho más todavía cuando se ponen en cuestión los elementos esenciales de la sociedad capitalista. A menudo se piden alternativas pero para que nada cambie sustancialmente. Y se ha de decir claro y fuerte que no es esto lo que pretendemos. Que estas alternativas, en todo caso, no son las nuestras. Nosotros nos proponemos avanzar hacia un sistema radicalmente distinto del capitalismo. Nos proponemos avanzar hacia la utopía4.

Explorar las formas, los caminos concretos en que se pueda avanzar hacia la deseada sociedad alternativa es una necesidad fundamental en este momento de nuestras sociedades. ¿Cómo trabajar desde aquí y ahora en cuestiones que surjan desde la base, respondan a los problemas actuales y que, al mismo tiempo, sean genuinamente alternativas?

En ciertas etapas históricas, especialmente las que corresponden a los periodos de la sociedad industrial, cuando se plantearon deseos de transformación social, se recurrió a la formación de partidos y sindicatos como agentes principales de la misma. Se consideraba que un partido, o una alianza de partidos y sindicatos deberían encabezar el intento de transformación y el objetivo de todos estos agentes era lograrla de acuerdo con sus directrices, en general constituidas por una estrategia unitaria de lo que se pretendía. Han sido muchísimos y muy variados los proyectos y así mismo las discrepancias en el seno de las fuerzas transformadoras (de las izquierdas en un lenguaje más convencional) acerca de las estrategias adecuadas que debían seguirse para lograr el cambio y, también, acerca del diseño de la sociedad alternativa anhelada5. Tal sentido unitario y las discrepancias en torno al mismo han dado lugar incluso a crueles luchas entre las fuerzas y los agentes transformadores que, en muchos casos todavía se reproducen aunque los partidos y sindicatos mayoritarios constituyen ya agentes muy debilitados del cambio social.

Todavía actualmente a menudo se considera que la falta de una visión compartida sobre como ha de ser una sociedad alternativa limita la creación de una oposición social mayoritaria al sistema vigente y que la no existencia de este movimiento anticapitalista más o menos compacto, obstaculiza la capacidad de reconocernos como una clase transformadora y el avance hacia la sociedad alternativa. Este pensamiento nos parece que está en la base de muchas peticiones de que se proporcione ‘una alternativa’. Casi siempre hasta hace muy poco tiempo, se consideraba que la alternativa, cualquier alternativa al sistema capitalista actual, debía partir de disponer de un sistema previo, de un diseño completamente elaborado, compacto y coherente al que asociarse y por el que luchar. Es una de las formas más habituales en las que se visualiza la necesidad de una alternativa y a la que generalmente se hace referencia6.

La visión que presentamos aquí supone un planteamiento muy distinto. Consideramos que no es por falta de planes teóricos alternativos que se mantiene el capitalismo y que en la actualidad, una sociedad alternativa necesita mucho más que un plan teórico previo. La transformación social no puede consistir en la implementación de un plan elaborado previamente, desde fuera, como si fuese un mapa de carreteras ni siquiera como el diseño de una catedral. No puede consistir en un diseño unitario que quienes alcanzan el poder construyen de un golpe e imponen al resto de la sociedad. La idea de un diseño previo de la alternativa puede ser útil como una orientación general a largo plazo, pero no es necesaria como instrumento inmediato de acción, ya que ello supone entenderla como algo que se puede elaborar desde fuera del cuerpo social, como algún programa que unas cuantas personas pueden elaborar o producir.

Nos parece que en las sociedades occidentales al inicio del siglo XXI y en las condiciones en las que vivimos en este periodo, la concepción de una alternativa ha de ser mucho más dinámica, flexible y amplia. Que para avanzar hacia una sociedad alternativa es imprescindible diseñar, inventar, ensayar y explorar nuevas formas de expresión política y social que habrán de consistir en un largo proceso de cambio permanente, de abajo hacia arriba, en el que se vayan integrando las personas y colectivos que realmente deseen una sociedad no capitalista. Y que se impone la transformación, no sólo trabajando por una sociedad alternativa sino también en los procedimientos para avanzar hacia ella. De hecho, en una genuina sociedad alternativa, el proceso de transformación no se acabaría nunca. Pero éste no seria un elemento externo, diseñado desde fuera, sino el resultado de un proceso de cambio social permanente.

Nuestra idea de cómo avanzar en las condiciones actuales hacia la sociedad alternativa consiste en que consideramos que cada grupo social que tiene voluntad de trabajar para la transformación tiene también una idea, más o menos precisa, de cómo querría que fuera una sociedad alternativa. Ello supone que cada colectivo con sus proyectos transformadores debería ir actuando según su análisis, su perspectiva política, y su método particular trabajando según tal proyecto para avanzar hacia la sociedad alternativa. Es decir, tiene un proyecto de transformación por el que quiere avanzar hacia su utopía.

Evidentemente existen muchos proyectos pues existen muchos sujetos, con análisis e instrumentos diversos que inician distintos procesos de transformación que pueden converger o no con los que otros plantean. Cada grupo, a medida que vaya progresando en su proyecto habría de intentar establecer relaciones, enlaces y conexiones con otros grupos afines, de forma de aprovechar al máximo las sinergias que puedan producirse. Coordinándose con otros grupos en los objetivos esenciales pero en la diversidad de orientaciones. Una amplia expansión de estos procesos, de modo que el trabajo colectivo de los numerosos grupos sociales que pretenden el cambio se coordine y articule, podría dar lugar a cotas crecientes de influencia en la sociedad, hasta que eventualmente vayan creciendo, desarrollándose y consolidándose nuevas formas de hacer social que supongan gérmenes de la nueva sociedad deseada. Cada colectivo transformador podría así trabajar según su visión particular, según su proyecto, mantener su identidad y los rasgos principales del mismo y, al mismo tiempo, ir conquistando conjuntamente cada vez mayor incidencia y espacio en la sociedad. Se trata de ser capaces de trabajar unidos y coordinados en los objetivos esenciales, en unos pocos puntos fundamentales comunes, pero en la diversidad de orientaciones, proyectos, métodos y actuaciones, progresando así por medio de un amplio proceso plural y al mismo tiempo común hacia la transformación social, que sería el resultado de un proceso conjunto de cambio social permanente que integraría los deseos de muchos colectivos hasta representar la mayoría de la sociedad. En el gráfico 1 intentamos expresar muy esquemáticamente esta idea.

Diversidad de proyectos hacia una sociedad alternativa
Gráfico 1: Diversidad de proyectos hacia una sociedad alternativa

Este planteamiento múltiple evita la rigidez de planteamientos unitarios, cada proyecto puede ir avanzando por sí mismo y será el intercambio de ideas y proyectos lo que consolidará las opciones preferidas por la sociedad e irá conformando la sociedad deseada. Claro que tendrán que existir algunos trazos muy fundamentales de acuerdo entre todos los agentes que luchan por otra sociedad, pero estos habrán de ser pocos y muy generales. Los hemos recogido en el Capítulo 2. De esta forma el trabajo, la lucha por el avance hacia otra sociedad, permitirá ir construyendo otra sociedad en una democracia real, según los cambiantes intereses de las poblaciones. Habrá una sociedad alternativa a la que dirigirse pero el camino hacia la misma consistirá en un proceso dinámico, que dentro de unos elementos esenciales en los que se está de acuerdo, expresará y tratará de cumplir las necesidades y los deseos de las poblaciones de forma diversificada según los grupos existentes y cambiante según las condiciones materiales y sociales del devenir futuro.

En este esquema se parte de los proyectos de los grupos de abajo hacia arriba, de modo que las diferencias que en otros tiempos han causado tantos divisiones y problemas en los intentos transformadores constituyan ahora el punto de partida, y será el trabajo transformador desde la base el que conduzca a construir espacios hegemónicos.Lo que significa que siempre y cuando sus prácticas transgredan la sociedad capitalista, el trabajo desde la base forma ya parte de la construcción de la alternativa futura. No esperemos a que nos construyan una alternativa, tratemos ya de construirla.

Nos encontramos, por tanto, con el objetivo de una sociedad alternativa, hacia la que se pretende avanzar por medio de un considerable número de proyectos distintos, propuestos por colectivos diferentes que en una igualdad real y coordinación voluntaria se irán vinculando entre sí, a través de contactos, acuerdos y negociaciones múltiples, conformando distintos procesos sociales de cambio todos ellos orientados a la transformación de la sociedad actual en otra más justa y armónica. Un movimiento continuo y permanente, un conjunto extraordinariamente dinámico que habría de permitir la ampliación de la conciencia colectiva y la consolidación del proceso de acumulación de fuerzas con la perspectiva de transformar la sociedad. Combinando la teoría social crítica y la praxis política.

La sociedad alternativa anhelada será la composición que resulte de la evolución de múltiples proyectos sociales que en su origen fueron proyectos independientes pero se han ido consolidando gradualmente en un proyecto común, con muy amplios espacios para las diferencias entre ellos, con la excepción de unos muy pocos elementos comunes. El sueño de la sociedad alternativa, la Utopía, constituye el horizonte que nos orienta en el camino y la lucha del día al día, materializando el cambio en nuestra realidad social cotidiana. Estos hechos nos conectan el futuro con el presente, el sueño con la realidad. Sabemos que para cada grupo existe un horizonte distinto, incluso podríamos decir que para cada grupo existe una utopía que presenta algunas divergencias con la utopía de los demás grupos. Esto en ningún caso debe suponer un factor limitante, al contrario la riqueza del proceso se nutrirá de la posibilidad de refundir, reconstruir las distintas utopías en un proceso constituyente donde la cotidianeidad de la transformación, con sus aciertos y errores, hará renacer permanentemente el horizonte utópico al que se pretende llegar. En la medida que el trabajo, las reflexiones y las prácticas compartidas se reproduzcan potenciaran un marco de acuerdo cada vez más amplio facilitando que progresivamente la utopía se convierta en un horizonte compartido por más grupos.

Con esta concepción, ya no es necesaria una visión previa homogénea, unitaria, completa y cerrada de la alternativa. La alternativa se irá construyendo en la vida cotidiana, en la lucha diaria por una sociedad diferente, en las diferentes formas y modalidades en que la deseemos y sea posible. En el propio proceso de hacer posible un mundo diferente. Articulando los diversos deseos y realidades. Es en la praxis donde podemos construir las alternativas reales y se habrán de conjugar, ensayar, explorar, hacer y deshacer, restaurar y renovar, los múltiples deseos de las personas que soñamos con una sociedad que permita el máximo desarrollo del ser humano, que en su diversidad, necesariamente, abraza diversas facetas y se concreta en distintas opciones. No se necesita estrictamente una alternativa, sino que desde la base se han de ir construyendo proyectos diferentes y múltiples, y que su relación armónica constituirá la sociedad del futuro. Sólo así se irán construyendo alternativas dignas de la sociedad que deseamos.

En cierto modo podría considerarse que es todo el conjunto lo que viene a constituir una dinámica alternativa, formada por el proceso continuo de la sociedad en el que intervienen distintos grupos, movimientos sociales, organizaciones etc, cada uno de ellos planteando distintos proyectos de intervención. Si cada uno de ellos tiene éxito en lo que plantea, de forma progresiva iremos avanzando en el proceso de transformación, constituyendo la senda por la que se ha de avanzar en todo momento para lograr otra sociedad. Un proceso de transformación que nunca llegará a su fin pues es perfectible y siempre habrá nuevos ámbitos que transformar y nuevas propuestas que plantear para la mejora colectiva.

Sujetos, instrumentos y procesos de trasformación

Elaborado el concepto de proyectos que pueden constituir los embriones de la sociedad alternativa, para avanzar hacia la concreción de la misma necesitamos considerar quienes la llevarán a cabo, quienes serán sus agentes, con que instrumentos y a través de que procesos.

En este marco, es todo el conjunto de sujetos, instrumentos y procesos lo que constituiría una estrategia de cambio, resultante de los proyectos de los distintos colectivos. La actuación de diferentes grupos sociales, (los sujetos), con sus instrumentos y sus proyectos, a través de un proceso de transformación continuado y permanente llevado a cabo en términos de igualdad, irá construyendo una sociedad en consonancia con las necesidades y deseos del ser humano. Toda la complejidad que supone la transformación social, a partir de la discusión e intervención social con los distintos instrumentos propuestos, deviene en lo que pudiéramos considerar el proceso de transformación y el conjunto de personas identificadas en el trabajo por una sociedad alternativa e implicadas en su consecución práctica, serán los sujetos del cambio. La confluencia de estos diversos proyectos irá conformando la sociedad alternativa del futuro. El proceso mismo de lucha y transformación y la sociedad alternativa están integrados dialécticamente, y el avance del primero constituye el desarrollo de la segunda.

¿Adónde cree que va en la actualidad el marxismo como proyecto político? No creo que Marx haya tenido nunca un proyecto político, por así decirlo. Políticamente hablando, el programa específico de Marx era que la clase trabajadora se formara como un cuerpo consciente de clase y actuara políticamente para adquirir poder. Fuera de eso, Marx de manera muy deliberada fue vago en razón de su aversión hacia las cosas utópicas. Paradójicamente, yo diría incluso que a los nuevos partidos se les permitía improvisar, hacer lo que pudieran sin instrucciones efectivas. Lo que Marx había escrito equivalía apenas un poco más que a las ideas estilo Cláusula IV sobre la propiedad privada, en ninguna parte cercano siquiera a brindar una orientación a los partidos o ministerios. Mi opinión es que el principal modelo que los socialistas y los comunistas del siglo XX tuvieron en mente fueron las economías de guerra dirigidas por el Estado de la Primera Guerra Mundial, que no eran particularmente socialistas pero que sí aportaban alguna suerte de orientación acerca de cómo podía llegar a funcionar la socialización7.

Los sujetos del cambio para nosotros los constituyen aquellas personas, grupos o colectivos que de manera consciente y voluntaria se plantean participar en la reflexión teórica y en la praxis para la transformación social. Los sujetos transformadores, a través de diversos mecanismos de investigación, reflexión y análisis de la realidad y su evolución imaginan y proponen los instrumentos de transformación que serían las herramientas teóricas y/o prácticas de naturaleza colectiva que según estos sujetos serían las más adecuadas para el cambio social y tratan de llevarlos a la práctica junto con otras personas y grupos sociales. Asimismo, una de sus tareas fundamentales se basa en conseguir las máximas sinergias entre los distintos sujetos con tal de poder enlazar con proyectos más ricos y profundos desde su naturaleza transformadora.

En las condiciones actuales lo que ha sido considerado tradicionalmente como sujeto de cambio, la clase obrera, ha cambiado muy sustancialmente. Su composición, condiciones y mentalidades han variado muy significativamente. No obstante, aún reconociendo tales cambios, mantenemos la vigencia de la necesidad de la lucha de clases entre poseedores y desposeídos, dominantes y dominados. Pero, debido a los profundos y amplios cambios que ha experimentado la sociedad, es necesario expandir este concepto: más allá de su estricta posición en el proceso productivo consideramos que en la actualidad, los sujetos del cambio deben identificarse por su implicación en la dinámica de lucha por la transformación social. Su papel como tales depende en realidad de la asunción de conciencia colectiva de pertenencia a la clase desposeída. Debido a ello el sujeto de cambio actual debería incluir a todas aquellas personas afectadas por el despliegue de la lógica de acumulación del capitalismo. No sólo en el ámbito económico sino también en las relaciones con el medio, las relaciones de género, los movimientos por la autodeterminación, etc. Más allá de su estricta posición en el proceso productivo debe ser su implicación en la dinámica de lucha por la transformación social la que nos lleve a identificar la composición del sujeto de cambio.

Ya se ha señalado que los grupos sociales que desean la transformación de la sociedad generalmente disponen de un proyecto, que puede estar más o menos formalizado, que plasma tanto los objetivos que se desean alcanzar como las herramientas, los métodos, las vías por las que se proponen avanzar hacia el mismo. Es posible, también que algunos grupos asuman los proyectos de otros grupos, aun manteniendo algunos caracteres diferenciadores o que se llegue a acuerdos entre grupos generando un proyecto común.

En cuanto a los procesos, según informa el diccionario de la Real Academia Española (RAE), este concepto describe la acción de avanzar o ir para adelante, al paso del tiempo y al conjunto de etapas sucesivas advertidas en un fenómeno natural o necesarias para concretar una operación artificial. La palabra proceso implica siempre, también, un aspecto evolutivo, dinámico, de transformación continua, a raíz de modificaciones desarrolladas en sucesivos momentos del tiempo.

Se considera como instrumento a cualquier objeto u elemento que se usa como medio para arribar a un fin. Es un medio o recurso, para intentar lograr lo que se desea conseguir. Es una pieza que, por sí misma o combinada con otras, sirve para intentar obtener un determinado objeto u objetivo. En nuestro contexto son instrumentos todas aquellas actuaciones y medidas que se puedan llevar a cabo independientes o en combinación con otras, para ir avanzando hacia el objetivo de una sociedad alternativa.

Los instrumentos para intentar lograr una sociedad diferente son innumerables, desde la organización en colectivos particulares, hasta los foros mundiales, pasando por las cooperativas, las reformas fiscales, la okupación, etc., etc, etc., en una palabra todo aquello que pueda ayudar a avanzar hacia una sociedad alternativa son herramientas para el cambio8.

Respecto a los instrumentos, es fundamental no incurrir en contradicciones entre la sociedad a la que queremos llegar y los instrumentos que vamos a utilizar para ello. Para poder aceptar o rechazar cualquier instrumento, éste ha de ser congruente con la sociedad que se pretende. No se pueden utilizar instrumentos que no estén en la misma línea que los objetivos que se pretenden conseguir. La sociedad de llegada delimita en gran parte el camino que se puede seguir. Lo que se haga en el trabajo transformador cotidiano ahora tiene que estar en línea con lo que pretendemos lograr, tiene que darse la coherencia entre los instrumentos a utilizar y los objetivos finales que se pretenden alcanzar. Por ejemplo, es obvio que no sería válido establecer sistemas de actuación muy jerarquizados si se desea una sociedad horizontal e igualitaria.

Los instrumentos son muchos y muy variados. Algunos van más directamente contra el sistema, tratan de establecer nuevas formas de actuar y vivir –podríamos llamarlos instrumentos fuertes-, son claramente los mas transformadoras, pero ni son fáciles de generar, ni de llevar a cabo. Existen instrumentos y actividades fuertes legales, pero también bastantes de ellos son considerados ilegales – el capitalismo está bien protegido por las leyes vigentes- y por ello exigen un nivel de compromiso y heroicidad que es difícil asumir9. Por ejemplo, la ocupación de viviendas o edificios vacíos, o la ocupación de fábricas cuando sus propietarios están dispuestos a cerrarlas o venderlas en términos muy desfavorables para las plantillas, la gestión colectiva de las empresas, se encuentran muy frecuentemente con las fuerzas policiales y sus contundentes medios de disuasión. Parece claro que este tipo de instrumentos y actividades, en general abiertamente anticapitalistas, son actuaciones transformadoras y es muy necesario que se expandan.

Por otra parte, otros instrumentos y actividades, más frecuentes y abundantes, tienen un carácter más dudoso porque aunque se pueden utilizar contra el sistema, pueden también servir para consolidar y legitimar el capitalismo – por ello los consideramos instrumentos débiles– . A menudo estos instrumentos van dirigidos a hacer ver a la ciudadanía que el capitalismo es mejorable y que algo puede hacerse para humanizarlo. Entre ellos no queda más remedio que incluir los derechos del estado del bienestar, las mejoras salariales y laborales, las regulaciones financieras, las reformas fiscales, etc. etc. Es preciso comentar acerca del carácter ambiguo de las luchas por estos elementos. A veces, los esfuerzos por mantener y ampliar estos elementos pueden tener un carácter transformador, fuerte, si se consideran como constitutivos de derechos sociales inalienables, pero en ciertos contextos, frecuentes en la situación actual, son instrumentos que refuerzan la legitimación del sistema. Por ello es necesario tener claro su carácter equivoco y plantearse en cada momento la necesidad de desvelar la verdadera naturaleza de este tipo de instrumentos. Instrumentos débiles más claros todavía pueden ser la mayoría de las políticas dedicadas a paliar las consecuencias del paro, la pobreza, la marginación, así como una muy amplia variedad de ONGs dedicadas a proyectos que en ningún momento cuestionan la estructura de poder del país, ni el sistema social vigente.

Al intentar actuar en contra de esta sociedad para superarla, ya se ha señalado que muy a menudo, como estamos inmersos en el capitalismo, casi todo lo que se pueda hacer lleva incorporado en sí mismo las características de este sistema. El capitalismo es extraordinariamente hábil para integrar en su seno todo aquello que lo pudiera poner en peligro, con lo que a menudo nos encontramos que muchas actuaciones iniciadas contra el capitalismo pueden terminar cooperando a reforzar el mismo. Con frecuencia, ‘los efectos políticos prácticos que se desprenden de la actividad de innumerables colectivos, ong´s y movimientos sociales diversos son neutralizados y/o reabsorbidos, capitalizados, por las fuerzas políticas institucionales. Y dentro de éstas, el juego está diseñado para que el status quo sea prácticamente inamovible, minimizando y erosionando toda tendencia hacia un verdadero cambio. Nos encontramos con un fenómeno paradójico: tenemos amplios colectivos que si bien subjetivamente pretenden ser ciudadanos activos y socialmente responsables, objetivamente quedan recluidos en el patético papel de agentes mas o menos útiles para otros’10. Por ejemplo, la pobreza de mucha gente, generada por el cruel sistema capitalista, puede llevar a personas de buena voluntad a establecer sistemas de ayuda, que servirán principalmente para permitir que esa pobreza no sea puesta en cuestión y, por tanto, se perpetúe. Las cooperativas, establecidas en muchos casos como fórmulas de producción alternativas a unas empresas capitalistas que se rechazan, que plantean y experimenta la transformación de las relaciones sociales del proceso productivo partiendo de proponer y combinar en la práctica una serie de valores concretos que consideran adecuados para construir una sociedad diferente, pueden no representar siempre actividades alternativas, sino convertirse en eficientes entes de producción en los que los trabajadores son no sólo explotados sino incluso autoexplotados ya que hay que sacar a flote la cooperativa.

¿Cómo lograr actuar sin caer en las redes de ser en definitiva funcionales al sistema? ¿Cómo trabajar contra el sistema sin convertirse a la vez en reformistas del mismo que pueden conducir a que éste sea aceptado con más facilidad?

Es prácticamente imposible decir teóricamente qué es conducente a una alternativa total y qué no. Sólo la práctica y la reflexión continua sobre ello nos permitirá intentar que el rumbo no sea reformista. Así, una nacionalización de algún banco simplemente para salvarlo de la quiebra, sin introducir ningún otro elemento en ello, puede ser un instrumento débil, mientras que una potente reforma fiscal que afecte a los más ricos, puede ser un pujante instrumento de transformación. Asimismo, defender las pensiones públicas puede ser muy reformista, pero puede también ser un avance en un proceso transformador si se pretende que ello sirva para crear conciencia de los límites y absurdos del capitalismo y que aprendamos a trabajar por su superación.

De todo este cúmulo y variedad de planteamientos, unos estarán más próximos a buscar una transformación, otros más al reformismo, pero todos ellos podrían ser válidos, en mayor o menor grado, si, como hemos señalado más arriba, buscan como objetivo final la transformación y tratan de que se lleven a cabo según los criterios que debe cubrir una sociedad genuinamente alternativa. Los más reformistas supondrá un proceso más lento y limitado, los más radicales podrán avanzar más deprisa.

En todo caso la adopción de los distintos instrumentos dependerá de la evaluación que cada colectivo haga de las garantías de transformación que cada instrumento conlleva, de acuerdo con las posibilidades de poder desarrollarlo en cada caso. Así pues, quizás un determinado grupo puede estar muy convencido de la necesidad de optar por instrumentos fuertes, no obstante el nivel de conciencia social de la población, sus posibilidades económicas o materiales para dotarse de los elementos necesarios para desarrollar los instrumentos les hagan decantarse por iniciar el desarrollo de instrumentos más débiles, con al voluntad de radicalizar progresivamente sus planteamientos.

Recopilando

En nuestro contexto, por tanto, el proceso de cambio o transformación supone la puesta en práctica de los instrumentos y las actuaciones por los sujetos de transformación en el marco de cada proyecto. Los sujetos, los instrumentos y las acciones se confrontan y vinculan con la realidad concreta a través del proceso de transformación y es por medio de está dinámica práctica como se validan o no, tanto los sujetos como los instrumentos y actuaciones propuestos. Ya se ha señalado que los diversos agentes, grupos o colectivos, muy probablemente tendrán proyectos y herramientas distintos y darán lugar a procesos de cambio diferentes. Por ejemplo, desde la economía social se plantea un proceso de transformación que tiene como objetivo una sociedad diferente. Pero ese proceso es distinto al que se plantea desde la okupación o el que se plantea desde los distintos partidos comunistas o los ecologistas. Incluso pueden existir alternativas anticapitalistas que apuesten por procesos más o menos antagónicos. Por ejemplo la desobediencia civil versus la acción directa. ¿Quien puede decidir cuál es el correcto? Cada cual se identificará con el que considere oportuno y desde ahí deberá analizar si es posible encontrar marcos de actuación conjuntos.

Aunque los distintos proyectos con diversos procesos de transformación habrían de intentar encontrar sus puntos en común para aglutinar fuerzas, nunca se trataría de definir por anticipado la necesidad de encajar a todos en el mismo proceso. Los distintos proyectos con diferentes procesos de transformación habrán de aspirar a agrupar sus planteamientos similares para reforzarse, pero nunca definir ex ante la necesidad de encajar a todos en el mismo proceso. Puede también ser útil profundizar en los debates en base a los argumentos y experiencias de distintas personas y colectivos con el objetivo de ir definiendo estrategias y paradigmas comunes (más allá de las ‘banderas’ de cada uno) que permitan que los instrumentos, herramientas y acciones coordinadas sean más eficientes y transformadoras. Esto lleva también, a tener que considerar muy en serio la indispensable necesidad de cuales han de ser los mínimos comunes que han de constituir las bases sobre las que establecer las alianzas. La aproximación entre proyectos, la suma de fuerzas cooperando para objetivos similares, dará lugar a un proceso social de trabajo conjunto cada vez más amplio, para ir acometiendo más y más tareas de transformación. De hecho, todo el trabajo político y social que ya se está efectuando no deja de ser ya parte del gran proceso de transformación necesario.

  1. Pero no porque no se desee racionalizarla o humanizarla, sino porque consideramos que ello no es posible dentro del capitalismo. []
  2. J. Garcia, La economía solidaria: sustento y esperanza. P.3  []
  3. Lenin hoy: la actualización de Slavoj Zizek. Marco Antonio Esteban sobre la obra “A propósito de Lenin: Política y subjetividad en el capitalismo tardío.” Slavoj Zizek 2004 []
  4. M. Etxezarreta. En ‘Emergéncias’ Nº. 2, septiembre 200, p.48 []
  5. Los partidos y sindicatos son construcciones sociales que en determinados momentos históricos han jugado un importante papel en unos casos para cambiar radicalmente la sociedad –Rusia y Cuba, por ejemplo- y en otros muchos países para lograr sociedades capitalistas más equilibradas, en general a través de los partidos socialdemócratas y los sindicatos correspondientes. La validez histórica de estas instituciones nos parece positiva. Pero las sociedades han cambiado tan profundamente que parece necesario adecuar la percepción de la sociedad y los medios para su transformación a las nuevas circunstancias, además aceleradamente cambiantes. []
  6. Una gran parte de esta percepción de lo que es una alternativa es muy posible que sea debida a la historia del siglo XX, ya que la crítica al sistema capitalista desde el socialismo y el comunismo dio lugar, sobre todo con la construcción de la Unión Soviética a una visión de un sistema alternativo al capitalismo previamente elaborado que lo sustituía. []
  7. Entrevista a E. Hosbawm por Tristam Junt, del The Guardian 26.12.2010  []
  8. Ya hemos señalado en la Introducción que en muchas ocasiones a estos instrumentos se les denomina ‘alternativas’, lo que en nuestra opinión conduce a confundir su naturaleza y papel en el proceso de transformación. Una cosa es la alternativa y otra los instrumentos que utilizamos para avanzar hacia ella. []
  9. Claro que se puede señalar que intentar transformar el sistema capitalista sin ser seriamente penalizados por ello es una quimera. La lucha por destruir este sistema e implantar otro en su lugar no puede menos que estar cargado de sufrimiento, pero quizá el plantearlo de entrada puede hacer que importantes agentes activos lo rechacen y es necesaria una aproximación más gradual, sobre todo al principio. []
  10. Correo electrónico anónimo: Moviments socials Vs. poder politic: Innocents o idiotes? []