Las consecuencias de la Europa del capital

A lo largo de los capítulos de este Informe se han ido anticipando muchas de las consecuencias que la actuación de la UE está suponiendo para las economías y el bienestar de las poblaciones que pertenecen a la misma. Aún a riesgo de cierta repetición, recopilamos aquí brevemente los elementos primordiales de índole general (los específicos de cada capítulo están integrados en los mismos) que hemos mencionado para unificar lo que se considera que son las consecuencias principales de la pertenencia a la UE de los países miembros de la periferia Sur.

Se ha mencionado repetidamente que la pertenencia a la UE y las medidas tomadas bajo su égida:

  • No han resuelto los problemas esenciales de las economías periféricas, sino que los han agudizado.
  • En particular desde los años ochenta y especialmente desde la crisis del 2007, han conducido al deterioro de las condiciones de trabajo y de vida de la mayoría de las poblaciones.

Respecto a la economía

Las estrategias seguidas por los capitales en Europa junto con las políticas que éstos impulsan en los diversos países a través de la Troika y los gobiernos de los estados, no han resuelto los problemas económicos más acuciantes de la Unión, y menos todavía los de los países más vulnerables (ver Introducción). Llevamos casi seis años de crisis, billones de dólares, de euros y de otras monedas nacionales han sido expoliados de la economía real y entregados a poderosos agentes como sacrificios a los dioses para apaciguar el terror de la crisis.

Los programas de austeridad y ajuste y la presión de los países del centro para que se paguen las deudas, disminuyen los ingresos de la mayoría de la población, lo que conduce a disminuir la demanda. Por lo tanto, no se estimula sino que se frena la producción, y se detiene el crecimiento Lo que provoca la disminución de la producción (ver gráfico 18) y la destrucción de las instalaciones productivas, generando la imposibilidad de pagar de los países endeudados. A pesar de la aclamación por las élites del inicio de la recuperación, las cifras que se presentan señalan a muy poco más que al estancamiento. La deuda pública que estaba en torno al 60% del PIB en 2007 alcanza en 2013 casi el 100% del mismo, y ya se han visto las cifras del déficit público y las dificultades para su disminución dentro de los límites exigidos por la UE.

El estancamiento de una gran parte de la economía de los países de la UE se ha convertido en disminución del PIB en el caso de los países de la periferia, en particular en el Estado español. Tras un significativo aumento de las exportaciones, el saldo de la balanza comercial vuelve a deteriorarse en los últimos meses y aunque la política monetaria del BCE ha logrado que disminuya sustancialmente la prima de riesgo, aparece ahora el riesgo de una deflación1 que puede afectar todavía más gravemente a la demanda. No se recupera el crédito, especialmente para las PYME y, menos todavía para las economías familiares; hay mucho dinero para el sistema financiero pero apenas se dedican fondos a salvar el sistema productivo, las pequeñas y medianas empresas, los hospitales, las escuelas o las viviendas. Con los recortes, la investigación disminuye, lo que no favorece la innovación, y los aumentos de productividad se deben a la brutal disminución de plantillas. En el capítulo 4 “El impacto de la UE en la industria española” se han señalado las graves consecuencias que la incorporación a la UE en los ochenta y los sucesivos programas de ajuste implantados después han tenido para el sistema productivo, en particular los programas de ajuste desde 2010. La dinámica económica y la política económica del país favorece a las grandes empresas, con lo que la estructura productiva del país es cada día más dual, con unas pocas grandes corporaciones con éxito y acentuadas dificultades para mantenerse de las pequeñas empresas, que cierran a millares. Afortunadamente el turismo se sostiene, pero es un sector de alta inestabilidad, sobre todo si algún día se resuelven los problemas de los países del sur del Mediterráneo. El panorama de la economía del Estado español no presenta un paisaje de solidez y estabilidad.

Nos dicen que se empieza a recuperar la economía, y por ello entienden que la actividad económica empiece a crecer un poco, muy poco, tras años de fuerte declive. Es posible que se dé esta “recuperación” para las grandes empresas y los bancos que mejoran sus tasas de beneficio, pero esto sucede precisamente por la degradación de la situación de la población. ¿Qué quiere decir “recuperación” entonces?

Respecto a la situación de la mayoría de la población

Son ya ampliamente conocidas la desigualdad, la pobreza y el paro que este sistema y estas políticas han generado en el mundo entero, pero sobre todo, en los países del Sur de Europa. Vivimos el salvamento inimaginable de un sector financiero en quiebra que fue llevado a cabo con fondos públicos y bendecido desde las estructuras económicas imperantes, donde no se duda en cambiar las reglas del juego anteriormente establecidas para vestir de legalidad el más grande expolio de la historia.

La situación para los trabajadores del mundo no ha hecho más que empeorar. En el Capítulo Un duro golpe para el trabajo se tratan en detalle estos aspectos. Los sumos sacerdotes de la secta económica siguen expresando la única receta que repiten desde hace siglos: pera superar la crisis, para volver a crecer, debemos desposeer a los débiles de todo derecho, incrementar la explotación del trabajo y rescatar a los poderos pero la realidad, cada día con más contundencia, demuestra que esa vieja medicina está destruyendo el mundo tal y como lo conocimos. Cada vez son más colectivos, grupos, familias, empresas que viendo las consecuencias de las políticas económicas sobre su actividad vital están más plenamente convencidos que las élites que nos dirigen no son capaces de sacarnos del abismo en el que nos encontramos.

Respecto a los trabajadores, podría decirse que caminamos hacia el modelo de zonas francas, implantadas en los países con economías muy pobres – ninguna regulación de entrada en la contratación de mano de obra (temporalidad total, salarios bajas y decrecientes, eliminación del salario mínimo); ninguna regulación durante el tiempo de trabajo (jornada ilimitada, libre flexibilidad/movilidad, sin antigüedad, sin aportaciones a la SS, sin representatividad sindical ni derecho de huelga, condiciones de trabajo y ambientales decididas por la empresa, etc.); y sin ninguna regulación de salida (despido libre y gratuito, anulación del contrato obligatorio de empleo) etc., – y el 1% de la población acapara la mayoría de los recursos y se recortan los ingresos del 99%. La mayoría de lo que son derechos sociales se están convirtiendo en actividades productivo-mercantiles sujetas exclusivamente al mecanismo de mercado: la sanidad, la asistencia social, la cultura y la educación públicas ya hace tiempo que se han convertido en bienes mercantiles que rinden beneficio monetario e ideológico al sistema. Por tanto, quién tenga poder adquisitivo sobre vivirá, y quien no contribuirá a reducir la esperanza de vida. Por no mencionar los 25 millones de parados y los 125 u 80 millones de pobres que se contabilizan en la UE2, en la que una parte sustancial de su fuerza de trabajo ya va camino del desguace. Como ya señalaban Marx/Engels en 1848, se trata de volver a imponer a los trabajadores que lo “que cobren no sea más que el valor de los medios de subsistencia indispensable para vivir y perpetuar su linaje”3 En este proceso de transmutación del capitalismo, decía un trabajador español que “ya solo me queda robar para comer”.4

Asistimos al desmantelamiento total de la universalidad de los bienes que disfrutaba la población con el estado del bienestar. Este es precisamente el ámbito preferente en el que los recortes presupuestarios se están concentrando con mayor dureza para la población. La mayoría de lo que son derechos sociales se están convirtiendo en actividades productivo-mercantiles sujetas exclusivamente al mecanismo de mercado: la sanidad, la asistencia social, la cultura y la educación públicas ya hace tiempo que se han convertido en bienes mercantiles que rinden beneficio monetario e ideológico al sistema. Es el ámbito donde lo público ha de dar paso a lo privado; la acción social del Estado ha de diluirse a favor de la actividad del mercado que proporcione beneficios. Por tanto, quién tenga poder adquisitivo sobrevivirá, y quien no disponga de medios verá disminuida su esperanza de vida. Las contingencias humanas previsibles, como la pobreza,5 la enfermedad, el analfabetismo, el desamparo social, ya no aparecen como derechos, sino que se han convertido en mercancías y quienes no puedan comprarlas quedan sujetos a las relaciones asistenciales que puedan organizarse en y desde las asociaciones caritativas del sector privado.

Se deteriora la democracia. El presunto matrimonio entre la democracia y el mercado que iba a suponer el fin de la historia se hace imposible en momentos de necesidad de recomponer el sistema con niveles mucho más bajos de producción, porque la situación de la población se deteriora y ésta trata de evitarlo. Por ello, los mecanismos de represión legal y policial crecen y se endurecen. Ahora se permiten referéndums para imponer gobiernos no votados y cambios exprés de constituciones. El mercado no tolera la democracia. Los cauces de la política se debilitan y se convierten en tecnocracias y burocracias que se apoyan en la connivencia con el poder económico.

Bolaños que recoge las palabras pronunciadas por un alto directivo de una gran empresa multinacional, señala: “el mundo es muy pequeño. [Encuentro que sólo] unas veinte, treinta o cincuenta personas de todo el mundo impulsan la industria o el sector en el que interactúo. [Es decir, la idea que manifiesta este ejecutivo] es que los ciudadanos vayan aceptando que hay un poder no democrático pero eficazmente tecnocrático que gobierna por encima del gallinero parlamentario: todas las instituciones de la democracia permanecen vivas y las utilizamos. Pero la energía del sistema político y la capacidad de innovación se han desplazado hacia otras esferas”.6 Diríamos que el poder financiero-económico ejercido por el capitalismo a nivel planetario ya está diluyendo incluso el débil poder político ejercido desde las instituciones convencionales que existen a nivel de Estado-nación y las instituciones públicas internacionales. Sylvianne Dahan opina que la ciudadanía europea asiste atónita cuando constata como “las instituciones representativas, parlamentos y gobiernos, no son sino teatros de sombras. La democracia política ha sido literalmente secuestrada por los consejos de administración de poderosos bancos y multinacionales. En medio de una desestabilización creciente, precipitando países enteros a la ruina y ahondando en todos las desigualdades sociales, Europa ve resurgir sus viejos demonios”.7

¿Todas estas transformaciones, están llevando a un cambio en las ideologías, en la manera de percibir la sociedad? No se percibe con toda claridad, pues si bien las ideologías neoliberales con sus viejos elementos de análisis no son capaces de explicar satisfactoriamente los recortes, los rescates y la gran depresión existente, tampoco se utilizan ideas alternativas o aparecen con claridad y fuerza ideas nuevas. El capitalismo que al comienzo de la crisis parecía que iba a perder toda su legitimación teórica y política, sigue sin embargo pujante y manteniendo la misma justificación ideológica que antes de una crisis que, sin embargo, ha supuesto una transformación muy significativa de su modo de operación anterior. A pesar del severo golpe que el capitalismo financiero y el neoliberalismo en general han sufrido y de cómo se han desacreditado seriamente en la reciente crisis, ni han colapsado ni han sido derrotados como resultado de dichos acontecimientos.

Incluso el entorno ideológico dominante (que siempre refleja los valores de la clase dominante) ha conseguido que hasta las organizaciones de izquierda consideren que el empleo asalariado y la explotación que encierra sea un valor en sí mismo, un valor a reivindicar con uñas y dientes “tanto P. Lafargue como O. Wilde se hubieran sentido horrorizados de haberse dado cuenta que, pasado cierto tiempo, el trabajo manual mismo se convertiría en ideología de los partidos socialistas y comunistas, [como de los sindicatos] que se dedicaron [y aún se dedican] a glorificarlo en lugar de abolirlo”.8 Asimismo, parece que, como máximo, sólo se aspira a la vuelta al pasado reciente (2006) y a un capitalismo humanitario y verde, cuando no hacia un sistema asistencialista mínimo. Al mismo tiempo, ahora, cuando el sistema no es capaz de mantener el empleo, el estado del bienestar, el consumo y el crédito que servía como justificación, en la población reaparecen los miedo atávicos: el temor a la represión y el miedo al futuro, lo que está conduciendo a partes de la población a refugiarse en los valores de orientación fascista.

¿Para qué sirven, entonces, todas las medidas tomadas, todo el sufrimiento que ellas causan? No para resolver los problemas que afectan a la población y mucho menos para mejorar su situación, sino que tienen un objetivo claro: dominar todavía más a las clases subordinadas, hacer que los grandes capitales globales puedan reestructurar sus empresas, cerrar las que les conviene, disminuir sus costes y mejorar sus beneficios. Una vez más a quienes nos ganamos la vida con el trabajo nos fuerzan a aceptar el deterioro serio de nuestros derechos y nuestro nivel de vida, para que los capitales se decidan a operar. En una palabra, que el principal objetivo de la la UE y las políticas que exige implantar, es el de contribuir a mejorar la suerte del capital que opera en su territorio y el que pertenece a los capitalistas que operan en el mundo. De alguna manera, la nueva conformación del espacio europeo que busca el capitalismo no está muy alejado de pretender un resultado similar a lo ocurrido con la reforma parlamentaria de 1831 en Inglaterra: “abaratar todas las materias primas, y principalmente, todos los medios de subsistencia de la clase obrera, reducir el precio de coste de las materias primas y mantener los salarios a un bajo nivel, cuando no reducirlos aún más”.9

La situación actual de los países más vulnerables de la Unión muestra a un número cada vez mayor de personas la profunda irracionalidad y destructiva dinámica del capitalismo que cada vez más forma las reglas del desarrollo económico y social de los países de la UE, tanto impuestas por las autoridades centrales de la Unión, como por los respectivos gobiernos que comparten su enfoque.

Es resumen, una UE en una Europa en decadencia, que por el gran poder económico todavía presente de sus capitales, y una larga historia de dominación, se mantiene como una de las puntas de lanza del capitalismo en el mundo. Para lograrlo tiene que deteriorar gravemente la situación de sus clases populares Sólo sí se puede entender la UE y sus políticas.

No nos dejemos engañar una vez más con argumentos falsos. La UE no es una institución dedicada al bienestar de la población europea, sino a legitimar una dinámica de operación/estructuración del capital en el ámbito europeo. Que siempre ha tratado de justificarse al menor coste posible, pero que en esta etapa de tanta audacia y exigencia de los capitales, muestra con más brutalidad su carácter real. Tanto si se desea reformarla para que se oriente en otro sentido, como si se opta por ignorarla y trabajar por su transformación radical, por lo menos tenemos que conocer cuál es la verdadera naturaleza de la UE y su dinámica, para tomar una decisión informada. La UE ¿para qué sirve?, ¿para quién?

  1. ¡Quién lo había de decir después de que durante tantos años el problema principal era luchar contra la inflación! []
  2. Un 17% de la población o más, según el criterio que se aplique. Comisión Europea, La pobreza y la inclusión social. []
  3. Karl Marx y Friedrich. Engels, El Manifiesto comunista, p. 45. Trabajo citado. []
  4. Comisión Europea, La pobreza y la inclusión social. []
  5. La tasa de riesgo de pobreza aumentó en los tres últimos años. Ver Apéndice. La pobreza en varias zonas del planeta. Según datos de Eurostat, a finales de 2010 había más de 82 millones de pobres en la Unión Europea. []
  6. Antonio Baños Boncompain. Trabajo citado, pp. 122-126. []
  7. Sylviane Dahan. Trabajo citado. Pp. 9-10. []
  8. Owen Hatherly. ¿Por qué trabajamos tanto en el siglo XXI? []
  9. Friedrich Engels, Prefacio a la edición alemana de 1892 de La situación de la clase obrera en Inglaterra. []