La segunda contradicción del capitalismo: los planteamientos de James O’Connor, un pionero en el tema

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Vertedero de residuos electrónicos en Ghana
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La Vanguardia

Mucho se ha escrito sobre el tema de marxismo y naturaleza desde los trabajos de O’Connor en los años setenta. Algunos lectores podrían considerar que las interpretaciones por él proporcionadas han sido superadas por autores posteriores. No obstante, incluimos aquí un resumen de sus ideas en parte porque consideramos que todavía mantienen algunos aspectos de interés y, sobre todo por el carácter pionero que tuvieron sus planteamientos.

Introducción

James O’Connor parte de que Marx no desarrolló la idea de que puede existir una contradicción del capitalismo que conduzca a una teoría ‘ecológica’ de la crisis y la transformación social, y va a tratar de desarrollarla él. ‘Marx y Engels fueron eminencias teóricas del caos social provocado por el desarrollo capitalista, pero ninguno de ellos ubicó la destrucción ecológica en el centro de su teoría de la acumulación capitalista y el cambio socioeconómico’ (O’Connor 2001, 155). Va a tratar de elaborar una teoría ‘marxista ecológica’ de la contradicción entre las relaciones de producción capitalistas (las que nosotros hemos estudiado hasta ahora), las fuerzas productivas y las condiciones de producción (que es lo que él va añadir).

"El problema teórico consiste en encontrar las conexiones internas entre la acumulación capitalista, la crisis económica y la crisis ecológica" (O ́Connor 2001, 213)

Es importante tener en cuenta que O’Connor escribe en los años setenta del siglo XX, tratando principalmente de explicar la crisis de entonces, lo que tendrá una incidencia significativa en su planteamiento. Así mismo, intenta también, incorporar en su esquema los movimientos sociales que él percibe entonces. Como explicar las crisis, teniendo en cuenta la ecología, es una de sus preocupaciones principales.

Planteamiento básico

Para O’Connor ‘la naturaleza es un socio activo de la vida material de la especie humana y, por consiguiente, de su historia y de la evolución de la conciencia humana…Por lo tanto, el materialismo histórico tiene que extenderse hacia fuera, en el sentido de que la historia natural, tanto de la ‘primera’ como de la ‘segunda’ naturaleza puede influir en la historia humana y viceversa, de acuerdo con el marco temporal y las circunstancias’ (O’Connor 2001, 22)

‘La ‘ecología humana’ es la rama del conocimiento que se ocupa de la interacción de los seres humanos con su ambiente’ (O’Connor, 2001,43) …la interfaz entre la historia y la naturaleza (o la sociedad y el ambiente), es la actividad material (definida en su sentido más amplio) de los seres humanos.( O’Connor 2001,44)

Para entender lo que dice O’Connor hay que distinguir entre lo que él llama: relaciones de producción y las condiciones de producción, y tener en cuenta lo que considera la primera contradicción y la segunda contradicción.

La primera contradicción, la contradicción interior del capitalismo para O’Connor, es lo que nosotros entendemos como problemas tradicionales del capitalismo y se basa en las relaciones de producción (capital-trabajo). Considera, por tanto, que las crisis en el capitalismo son crisis de realización, basadas en la demanda. Esta primera contradicción del capitalismo o crisis de ‘realización’ o ‘crisis de demanda’ plantea que el intento de los capitales individuales de defender o incrementar sus ganancias termina por producir, como efecto no deseado, una reducción de las demandas de consumo.

Para O’Connor, si bien este tipo de pensamiento económico sigue siendo válido en nuestros días, es, y siempre ha sido unilateral y limitado. Porque tal pensamiento presupone un abastecimiento ilimitado de lo que Marx llamó ‘condiciones de producción’

Por lo tanto, O’Connor introduce una segunda contradicción basada en ‘las condiciones de producción’. Según O’Connor, las condiciones de producción para Marx son tres:

  • ‘la fuerza de trabajo humana’ (o, ‘las condiciones personales de producción)
  • el ambiente (o lo que Marx llamó ‘las condiciones naturales o externas de producción’)
  • la infraestructura urbana (el espacio) (las condiciones generales comunitarias de producción’

El capitalismo sostenible requeriría que las tres condiciones estuvieran disponibles en el momento y en el lugar correctos, así como en las cantidades, la calidad y los precios ficticios correctos.

En la actualidad las “condiciones físicas externas” se analizan en términos de la viabilidad de los ecosistemas;…la “fuerza de trabajo” se discute en términos del bienestar físico y mental de los trabajadores ;… ‘las condiciones comunales’ se analizan en términos del ‘capital social’, la infraestructura…En los conceptos de ‘condiciones físicas externas’, “fuerza de trabajo” y “condiciones comunales” están implícitos los conceptos de espacio y de “ambiente social”. De esta manera incluimos como una condición de producción el “espacio urbano” (“naturaleza urbana capitalizada”) y otras formas de espacio que estructuran –y son estructuradas por– la relación entre la gente y el “ambiente”, Lo cual, a su vez, ayuda a producir ambientes sociales. En pocas palabras, las condiciones de producción incluyen la materialidad…. capitalizada o convertida en mercancías, excluyendo la producción, distribución y cambio de las mercancías mismas, estrictamente definidas (que esto serían las relaciones de producción) (O’Connor 2001, 196)

‘La definición que da Lojkine de las condiciones generales es la más amplia: aquellos factores tan importantes como para constituir otras ‘condiciones necesarias’ para la reproducción general de la formación capitalista desarrollada. Son … los medios de consumo colectivo…los medios de circulación material (es decir los medios de comunicación y de transporte)…y la concentración espacial de los medios de producción. …Esta conceptualización es tal vez la más coherente, ya que incluye la organización del espacio en general y del espacio urbano en particular. (O’Connor 2001,177)

El concepto de ‘condiciones de producción’ tiene que ser subjetivizado e historizado, es decir, tratado de modos menos deterministas de los que empleo Marx y de los que suelen usar los marxistas.

La segunda contradicción plantea que los intentos de los capitales individuales de defender o restaurar sus ganancias recortando o externalizando sus costes, producen, como un efecto no deseado, la reducción de la ’productividad’ de las condiciones de producción, lo cual, a su vez eleva los costes promedios. Los costos pueden aumentar para los capitales individuales en cuestión, para otros capitales o para el capital en su conjunto. (O’Connor 2000, 26). Es decir es una crisis económica que surge del lado de los costos, de la oferta.

La capitalización de las condiciones de producción en general, y de la naturaleza y el ambiente en particular, tienden a elevar el costo del capital y reducir su flexibilidad. Como se ha señalado existen dos razones para esto. Primero, una razón sistemática que consiste en que los capitales individuales tienen pocos incentivos –o no tienen ningún incentivo– para utilizar las condiciones de producción de manera sostenible, sobre todo cuando se enfrentan a malos tiempos económicos creados por el propio capital y dejan degradar las condiciones de producción, lo que implica un aumento de los costos. Segundo, y debido precisamente a esta primera razón, los movimientos de trabajadores, de ambientalistas1 y otros movimientos sociales desafían el control del capital sobre la fuerza de trabajo, el ambiente y lo urbano‘(O’Connor, 2000,25). Las actividades de resistencia de los trabajadores aumentan los costos.

La segunda contradicción [consiste en] la reducción de las ‘ganancias marginales’ basada en ‘las condiciones de producción’, generada por la contradicción entre el capital y la naturaleza (y otras condiciones de producción) asociada a los efectos económicos adversos para el capital que surgen del ambiente y otros movimientos sociales.

“Nadie ha calculado los ingresos totales requeridos para compensar la condiciones de producción menoscabadas o perdidas y o para restaurarlas y desarrollar sustitutos (y mucho menos cuánto de esos “costos” recae realmente en el capital). Es concebible que el gasto total asignado a proteger o restaurar las condiciones de producción pueda ascender a la mitad o más del producto social total de todos los gastos inmediatamente improductivos desde el punto de vista del capital en expansión. ¿Es posible vincular estos gastos improductivos (y los que se prevén para el futuro) con el vasto sistema actual de crédito y deuda en todo el mundo? ¿Con el crecimiento del capital ficticio? ¿Con la crisis fiscal del estado? ¿Con la internacionalización de la producción? La teoría marxista tradicional de la crisis interpreta las estructuras de crédito/ deuda como resultado de la sobreproducción del capital. Un enfoque marxista ecológico podría interpretar también los mismos fenómenos como resultado de la subproducción del capital y del uso improductivo del capital producido. Estas tendencias ¿se refuerzan o se cancelan mutuamente? Sin prejuzgar la respuesta, es evidente que esta cuestión requiere una elaboración teórica” (O’Connor 2001,201 y 202)

Los límites del crecimiento no se presentan en primera instancia como el resultado de la escasez absoluta de la fuerza de trabajo, materias primas, agua y aire limpios, espacio urbano y demás, sino como el resultado del alto costo de alguno de estos tres elementos o de todos ellos.

Y basa todo su planteamiento marxista-ecológico en esta segunda contradicción. Afirmando explícitamente frente a quienes afirman que los conflictos sobre las condiciones de producción no son conflictos de clase (por ejemplo Offe) que ‘los asuntos relativos a las condiciones de producción son asuntos de clase (y también algo más que asuntos de clase).

Es importante destacar que las condiciones de producción no son producidas de acuerdo con las leyes del mercado (ni la reproducción de las personas, ni las materias primas base, ni las infraestructuras2. Son elementos que no son producidos como mercancías de acuerdo con las leyes del mercado (ley del valor) pero son tratadas como si fueran mercancías. (Se trata de bienes ficticios con precios ficticios). Aunque O’Connor considera que si son proporcionadas por el Estado, son actividades no rentables desempeñadas fuera de los circuitos del capital, en las formaciones sociales capitalistas esta segunda naturaleza es mercantilizada y valorizada al mismo tiempo en que está siendo degradada. ‘Como las condiciones de producción no se producen como mercancías de acuerdo con la ley del valor, normalmente el Estado influye o regula el acceso, el uso y la salida de los mercados de trabajo, tierra, materias primas y otros… tiene que haber una intervención independiente o ‘relativamente autónoma’ que ponga a disposición del capital, en las cantidades y calidades deseadas, y en los momentos y lugares adecuados, la fuerza de trabajo humana, la naturaleza, la infraestructura y el espacio. En síntesis, una condición general de la producción capitalista es la existencia políticamente garantizada de la fuerza de trabajo, la infraestructura y el espacio urbanos y las condiciones ambientales. (O’Connor 2001, 158, 181, 182)

Los organismos del estado no pueden funcionar legítimamente en forma abierta de acuerdo con los intereses del capital o de fracciones capitalistas, y deben hacerlo en nombre del ‘interés general’ o el bienestar (si son proporcionadas por el Estado, son actividades no rentables desempeñadas fuera de los circuitos del capital).( O’Connor 2001, 189). En cualquier versión de la segunda contradicción del capitalismo, el valor de uso debe tener más o menos la misma importancia que el valor de cambio. (O’Connor 2001, 161)

Precisamente porque no se producen y reproducen de manera capitalista, aunque son compradas y vendidas y utilizadas como si lo fuesen, las condiciones de oferta (cantidad y calidad, lugar y tiempo) tienen que ser reguladas por el estado o por capitales que actúan como si fuesen el estado. Si bien la capitalización de la naturaleza implica la penetración creciente del capital en las condiciones de producción (por ejemplo árboles producidos en plantaciones, especies alteradas genéticamente, servicios postales privados, educación en cuotas, etc.), el estado se ubica (o media) entre el capital y la naturaleza, con el resultado inmediato de que se politizan las condiciones de la producción capitalista. Esto significa que el hecho de que estén o no disponibles para el capital –en las cantidades y calidades necesarias, y en los momentos y lugares adecuados– las materias primas, las capacidades laborales necesarias, las configuraciones espaciales e infraestructurales útiles dependen del poder político del capital, del poder de los movimientos sociales que cuestionan determinadas formas capitalistas de condiciones de producción (ejemplo las luchas por la tierra como medio de producción y como medio consumo), de las estructuras estatales que median u ocultan los conflictos acerca de la definición y el uso de las condiciones de producción. (O’Connor 2001, 200-201)

Para este autor, el punto de partida de una teoría marxista ecológica de la crisis económica y la transición al socialismo es la contradicción entre las relaciones de producción capitalistas (y las fuerzas productivas), por un lado, y las condiciones de producción capitalista, o “relaciones y fuerzas de reproducción social capitalistas”, por el otro.

La premisa de este argumento (tal como ocurre con el argumento de la actual interpretación del marxismo tradicional) es que cualquier conjunto dado de tecnologías y relaciones de trabajo de las condiciones de producción es consistente con más de un conjunto de relaciones sociales de reproducción de esas condiciones, y que cualquier conjunto dado de estas relaciones sociales es consistente con más de un conjunto de tecnologías y relaciones de trabajo de las condiciones de producción. (O’Connor, 2001, 206)

¿Cuál es la relación entre la primera y la segunda contradicción del capitalismo? ¿Combinan o cancelan sus respectivos efectos sobre los beneficios?

La primera contradicción afecta al capital desde el lado de la demanda. Cuando los capitales individuales bajan los costos con el fin de defender o restaurar los beneficios, el efecto involuntario es reducir la demanda de mercancías en el mercado y, de esta manera, hacer descender los beneficios realizados. La segunda contradicción golpea desde el lado del costo. Afirma que cuando los capitales individuales bajan sus costos –por ejemplo cuando externalizan costos en condiciones de producción (la naturaleza, la fuerza de trabajo o lo urbano)– con el objetivo de defender o restaurar los beneficios, el efecto no previsto es elevar 1os costos de otros capitales (y, en el caso extremo, del capital en su conjunto), reduciendo así los beneficios producidos. La primera contradicción se manifiesta en su forma pura como crisis de realización, la segunda contradicción como crisis de liquidez. En el primer caso no hay problema para producir plusvalor, y por esa razón hay un problema para realizar valor y plusvalor. En el segundo no hay problema para realizar valor y por esa razón hay problema para producir plusvalor.

La causa básica de la segunda contradicción es la apropiación y el uso económicamente autodestructivos, por parte del capital, de la fuerza de trabajo, la infraestructura y el espacio urbano, y la naturaleza externa o ambiente … “autodestructivos” porque los costos· de salud y educación, transporte urbano y rentas domésticas y comerciales, así como los costos para extraer de la naturaleza los elementos del capital, se elevarán cuando los costos privados se conviertan en “costos sociales”. En esta visión el capital y el estado, hoy, pueden interpretarse como totalmente confundidos frente a la nueva forma de regulación que pueda proporcionar un marco de referencia coherente para la futura acumulación capitalista. Los capitales individuales siguen reduciendo los costos de todas las maneras imaginables; al hacerlo tienden, sin darse cuenta, a elevar los costos del capital en su conjunto, poniendo al mismo tiempo en peligro sus propios mercados, como nos lleva a creer la primera contradicción. Hoy el capital se enfrenta tanto a costos en aumento como a una débil demanda del mercado, es decir, tanto con la primera como con la segunda contradicción.

¿Cuál es la solución a esta crisis de costos tanto desde el punto de vista de los capitales individuales como del capital en su conjunto? El peor caso es cuando los capitales individuales recortan aún más los costos, intensificando a un tiempo la primera y segunda contradicciones. Este resultado no es la única posibilidad.

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 Primera y segunda contradicciones del capitalismo. Diagrama de Yaacov Garb, basado en O’Connor, “Capitalism, nature, socialism: A theoretical introduction”, Capitalism, Nature, Socialism, 1.
Primera y segunda contradicciones del capitalismo. Diagrama de Yaacov Garb, basado en O’Connor, “Capitalism, nature, socialism: A theoretical introduction”, Capitalism, Nature, Socialism, 1.

Yaacov Garb, basado en O’Connor, “Capitalism, nature, socialism: A theoretical introduction”, Capitalism, Nature, Socialism, 1.

‘La mejor solución para el capital en su conjunto (no para la sociedad ni siquiera para la naturaleza) consiste en estructurar las condiciones de producción de manera de incrementar su ‘productividad’…Puesto que el estado produce o regula el acceso a estas condiciones, los procesos de estructuración suelen ser organizados y/o regulados por el Estado’ (O’Connor, 2000, 28)

Una de las soluciones del capitalismo al tema del aumento de los costos es abandonar ‘el circuito general del capital – esto es, el largo y tedioso proceso de producir bienesy encuentra la manera de involucrarse en aventuras especulativas de todo tipo (compra de tierras, bolsas de valores, mercados de bonos y otros mercados financieros)’ (O’Connor, 2000,24) Es decir, impulsar y ampliar la financiarización.

Consecuencias

Premisa: ‘Cuando los seres humanos nos apropiamos de ‘recursos’ del ambiente para la producción material cambiamos ese ambiente: ninguna especie, incluida la nuestra, puede usar su ambiente sin modificarlo’ (O’Connor 2000, 43). Y también ‘mientras los seres humanos transforman la naturaleza por medio del trabajo, la naturaleza a su vez, cambia y se transforma a sí misma; es decir que en la producción hay un desarrollo combinado de fuerzas de origen humano y natural’. (O’Connor 2000, 58)

Y, ‘El capital no se limita a apropiarse de la naturaleza para convertirla en mercancías que funcionan como elementos del capital constante y el variable. Se trata más bien de un mundo en el que el capital rehace a la naturaleza y sus productos biológica y físicamente (y política e ideológicamente) a su propia imagen y semejanza. Una naturaleza precapitalista o semicapitalista es transformada en una naturaleza específicamente capitalista’. (Cursivas añadidas). (O’Connor, 2001, 16)

Visto de esta manera, en algún momento del futuro la naturaleza se tornará irreconocible como tal o como la percibe la mayoría de las personas… el proyecto capitalista de rehacer la naturaleza –aún en su infancia– es también un proyecto encaminado a rehacer la ciencia y la tecnología a imagen del capital.

En determinados momentos de este proceso, incluso la infraestructura y el espacio urbano se tornan escasos, lo que eleva los costos de congestión, la renta del suelo y los costos derivados de la contaminación.

Para poder resolver el aumento de los costos de las condiciones de producción sería necesario destinar enormes sumas de dinero a estructurar la producción de manera que restauren o incrementen ‘su productividad’ y logren así disminuir los costos del capital…De aquí que las posibilidades de solución a la segunda crisis del capital sean remotas. Por ello, apoderarse de la ciencia y sus objetivos y aplicaciones de investigación es un intento de solución por el capital a los colapsos tecno-ecológicos; aunque es muy probable que esto suponga una nueva contradicción en el futuro como sucede en el caso de los organismos genéticamente modificados (OGM)

Es posible que en momentos de crisis los capitales traten de restaurar las ganancias mediante una transferencia de mayores costos al ambiente, la tierra y las comunidades…de hecho existe una amplia evidencia de que, especialmente las corporaciones transnacionales han practicado este tipo de estrategia…Existe una guerra entre el capital y los grupos ambientales, una guerra en que estos movimientos pudieran tener el efecto (intencional o no) de salvar al capital de sí mismo a la larga, al forzarlo a encarar al corto plazo los efectos negativos de la transferencia de costos. ‘Así como el capital arruina sus propios mercados cuanto mayor es la producción de plusvalor, arruina también sus propios beneficios producidos cuanto mayor es la producción de plusvalor basada en la apropiación destructiva de la naturaleza en sentido amplio’. (O’Connor 2001, 209)

Por otra parte, existe la posibilidad –muy improbable– que una verdadera depresión económica ofrezca la oportunidad de un programa general de recuperación ambiental. Da un ejemplo de 1930s en los Estados Unidos. Pero ya dice que le parece muy poco probable… La próxima depresión podría empeorar todavía más las condiciones ecológicas o podría ofrecer la oportunidad para vastas transformaciones positivas en el consumo individual y social. En última instancia todo depende del equilibrio de fuerzas políticas y de las visiones de aquellos que desean transformar nuestras relaciones con la naturaleza, y, por tanto, las relaciones materiales que mantenemos unos con otros, en breve, de los objetivos políticos del movimiento ambiental, de los trabajadores, de las mujeres y de otros movimientos sociales3. Lo que pase dependerá de la lucha política. Concluye señalando que ‘el capitalismo sostenible’ es un problema político. Es decir, que está fuertemente influido por la correlación de fuerzas.

Movimientos de resistencia

Para O’Connor los movimientos sociales con sus exigencias son uno de los factores esenciales que aumentan los costos de las condiciones de producción. Para él, existe una suerte de guerra en marcha entre el capital y los movimientos ambientales, una guerra en la que estos movimientos podrían tener el efecto (intencional o no) de salvar al capital de sí mismo a la larga, al forzarlo a encarar los efectos negativos a corto plazo de la transferencia de costos.

Según él los movimientos sociales necesitan combinarse en una sola y poderosa fuerza democrática (añade un potente pie de página sobre la necesidad de la unidad, aun reconociendo la importancia actual de la diversidad, porque teme que la diversidad requiere tiempo y considera que no hay tiempo)…lo que sugiere la necesidad de tres estrategias generales relacionadas entre sí:

  • la primera consiste en el desarrollo consciente de una esfera pública común, alianzas no tácticas temporales sino estratégicas,
  • segundo, consiste en el desarrollo consciente de alternativas económicas y ecológicas dentro de esta esfera pública,
  • tercera, organizar luchas para democratizar los centros de trabajo y la administración del estado de modo que puedan situarse dentro del cascarón de la democracia liberal contenidos sustantivos de tipo ecológico progresivo.

‘Puede ocurrir que en el proceso tradicional de ‘construcción socialista’ se le esté cediendo el paso a un nuevo proceso de ‘reconstrucción socialista’, la reconstrucción de la relación entre los seres humanos y las condiciones de producción incluyendo el ambiente social’ (O’Connor 2001, 207). O ́Connor es muy optimista respecto al papel que pueden tener los movimientos sociales (principalmente los ecologistas) en forzar al capital a ser más social. Pero al mismo tiempo percibe que eso puede ‘salvar’ al capital de sí mismo, pues no sería tan destructivo.

¿Es posible el capitalismo sostenible? (O’Connor, 2000)4

O’Connor se pregunta si ‘Es posible el capitalismo sostenible’ y considera que la ambigüedad del concepto de capitalismo sostenible y de la palabra ‘Sostenibilidad’ puede significar cualquier cosa que uno desee. Sostenibilidad es ante todo una cuestión ideológica y política antes que un problema ecológico y económico.

De todas formas, su respuesta a la pregunta anterior es: No, y a la larga, probablemente no. Si bien las perspectivas para alguna clase de ‘socialismo ecológico’ no son buenas, las de un ‘capitalismo sostenible’ pueden ser aun más remotas. Y ello a pesar de la reciente avalancha sobre ‘productos verdes’, ‘consumo verde’, ‘agricultura de bajos insumos’ y demás. En las abundantes actuaciones por atraer capitales se desdeñan los requisitos del medio ambiente, con lo que se dejan de atender las necesidades ecológicas en nombre del ‘crecimiento económico’.

Una economía capitalista basada en lo que Marx llamaba ‘reproducción simple’ y lo que muchos verdes llaman ‘mantenimiento’, y nuevas corrientes de pensamiento asocian con el decrecimiento es una imposibilidad total. El capitalismo requiere ganancias y una tasa positiva de ganancias requiere crecimiento.

Una economía sostenible presupone un sistema político y económico global con capacidad para identificar y regular la primera contradicción. Una especie de keynesianismo global. Pero como esto está muy lejos de suceder… las perspectivas de una regulación global, organizada en un verdadero espíritu de cooperación, resultan hoy tan pobres que equivalen a cero.

Existe una brecha entre los discursos verdes y capitalistas, enfrentados en un diálogo de sordos. Para los verdes reformistas, el problema consiste en como rehacer el capital en términos adecuados a la sensibilidad de la naturaleza. Sin embargo, para las corporaciones, el problema consiste en como rehacer la naturaleza –sostenibilidad– de manera consistente con la rentabilidad y la acumulación de capital, ‘rehacer la naturaleza’ significa mayor acceso al medio natural como fuente y como vertedero.

Para el capital la sostenibilidad supone ganancias sostenidas lo que presupone la planificación a largo plazo de la explotación y el uso de los recursos renovables y no renovables y de los ‘bienes comunales globales’…Hay una correlación inversa entre la sostenibilidad ecológica y la rentabilidad a corto plazo.

En este modelo, cualquier persona o situación que interfiera con las ganancias, la nueva inversión y la expansión de los mercados amenaza la sostenibilidad del sistema al crear el riesgo de una crisis económica de consecuencias desconocidas e incalculables.

La lógica del capital en expansión es ecológica, urbana y antisocial. La combinación de las tres lógicas resulta contradictoria en lo que hace al desarrollo de soluciones políticas a la crisis de las condiciones de producción. De aquí que las posibilidades de una ‘solución capitalista’ a la segunda contradicción sean remotas.

La crítica de J. Bellamy Foster a O ‘Connor

J. Bellamy Foster5 se ha convertido en uno de los autores más importantes que intenta estudiar la validez del marxismo para interpretar el problema ecológico. Evalúa la interpretación del pionero O’Connor partiendo de que este considera que ‘una de las limitaciones de la ecología de Marx es que Marx no teorizó la ‘fractura metabólica’ como momento importante en las tendencias a la crisis del capitalismo. Que nunca considero la posibilidad de que la degradación ecológica pudiera amenazar con una crisis económica de un tipo particular, a saber: la subproducción del capital debido a los impedimentos de las condiciones naturales de producción. Y que Marx no desarrolló una teoría de cómo el aumento de los gastos ecológicos contribuía a disminuir la rentabilidad y a la crisis de acumulación. Por ello concluye O ́Connor, Marx no acierta a formular el marco conceptual que este autor llama de ‘marxismo ecológico’, basado en la segunda contradicción fundamentada en las ‘condiciones de producción’.

La degradación de dichas condiciones de producción genera un aumento de los costes para el capitalismo y reduce los beneficios por el lado de los costes (o de la oferta); de ahí la segunda contradicción del capitalismo. Que sería ahora la contradicción dominante, y constituye una barrera externa al sistema, más importante para las crisis que la barrera interna o las contradicciones de clase.

Para O’Connor la primera contradicción es ‘respondida’ por los movimientos de clase, mientras que la segunda es ‘respondida’ por los movimientos sociales’ actuales. Para él hay como tres grupos de movimientos que responden a las tres condiciones de producción: feminismo (a la del cuerpo), ecologismo (a la de la naturaleza) y movimientos urbanos (espacio y deterioro de los movimientos generales de producción)6.

Una de las críticas más fuertes de Bellamy es que O’Connor plantea su ‘marxismo ecológico’ como parte de la explicación de las crisis del capitalismo, que integrará lo que él llama ‘las condiciones de producción’ como uno de los elementos clave para explicar las crisis. Bellamy considera que los aspectos de la naturaleza requieren una explicación más profunda, más amplia, que la parcial de las crisis. Si según los partidarios de la interpretación basada en la segunda contradicción, ‘los análisis del papel de las crisis ecológicas, dentro de las crisis del capitalismo quedaron subdesarrollados’, Bellamy afirma que no hay razón para que una aproximación marxista a los problemas ecológicos deba conducir a una teoría de las crisis en el capitalismo, y que eso conduce a un cierto economicismo y funcionalismo. Y tampoco comparte la idea de que una vez que el daño ecológico se transforma en una crisis del capitalismo, ello supone que se pone en marcha un mecanismo de retroalimentación que presupone que la crisis económica derivada de causas ecológicas es una oportunidad para la izquierda que permite forjar una alianza entre un movimiento obrero basado en la clase y en los nuevos movimientos sociales.
La postura de Bellamy, por el contrario, es que no existe tal movimiento de retroalimentación, por lo menos para el capitalismo como un todo. Opina que no se debería subestimar la capacidad del capitalismo para acumular en medio de la destrucción ecológica más flagrante, de sacar provecho de la degradación medio ambiental (por ejemplo, por medio del desarrollo de la industria de gestión de residuos) y continuar la destrucción de la tierra hasta un punto sin retorno tanto para la sociedad humana como para la mayoría de especies vivas. En otras palabras, que la lógica del capitalismo lleva a que los peligros de que se de un agravamiento del problema ecológico son cada vez más serios porque el sistema no cuenta con un mecanismo regulador interno ni externo que le obligue a reorganizarse. Bellamy sostiene que no hay ninguna certeza que los aspectos de las condiciones de producción vayan a aumentar los costes de las condiciones de producción y reducir los márgenes de beneficio forzando al capital a reformarse. El considera que la acumulación puede continuar en medio del desastre ecológico. Y lo mismo para la contaminación.

Todo ello sugiere, para este autor, que una postura centrada en las condiciones de producción y en la ‘segunda contradicción’ del capitalismo tiende a minimizar las dimensiones reales de la crisis ecológica e incluso del impacto del capitalismo en el medio ambiente, al tratar de encorsetarlo todo dentro de una teoría específica de la crisis económica. Para él es la primera contradicción (explotación del trabajo y dificultades, por tanto de realización) lo que constituye la base de las crisis del capitalismo.

RECUADRO 2. J. Bellamy Foster ante J. O’Connor

“Una dificultad adicional de la idea de una ‘segunda contradicción’ del capitalismo –como forma de definir el marxismo ecológico– es que nos obliga a adoptar una perspectiva económica dualista de la que resulta difícil escapar una vez que se ha entrado. Habría dos contradicciones del capitalismo (ambas tendentes a la crisis económica): una interna, que emana principalmente de la lucha de clases, y otra externa, que deriva de la socavación de las condiciones de producción. Estas generan, a su vez, dos tipos de movimientos sociales: los movimientos de clase tradicionales derivados de la primera contradicción y los nuevos movimientos sociales derivados de la segunda contradicción. Naturalmente, esto sugeriría una alianza entre los dos tipos de movimientos basada en la fuerza combinada de las dos contradicciones. Sin embargo, como la ‘segunda contradicción’ es la actualmente dominante, y los nuevos movimientos sociales están por lo tanto más vivos que el movimiento de clase, este tiende a tener un papel subordinado en esa estrategia y en ese análisis. El marxismo ecológico, entendido de ese modo, es un enfoque que contempla claramente la lucha de clases basada en las relaciones de producción como algo de segundo rango. Este tipo de argumento divide el movimiento de manera artificial (añade así, un nuevo estrato teóríco a las divisiones ya existentes) y reduce el alcance de las esperanzas. Como ha dicho Kovel, representante de este punto de vista, en su libro The Enemy of Nature: ‘no existe un agente privilegiado de la transformación ecosocialista’ (la revuelta de clase no es necesariamente la clave’.

En el Recuadro 2, recogemos literalmente la propia percepción de Bellamy de la posición de O ́Connor, que sintetizando la posición de este señala:

Mi intención aquí no es negar la relevancia de la teoría misma de la ‘segunda contradicción’, ni cuestionar el hecho de que haya iluminado importantes aspectos del problema de la ecología en el capitalismo. Hay ciertamente crisis concretas que pueden plantearse con éxito desde esa perspectiva. Tampoco quisiera negar a James O’Connor su enorme contribución al socialismo ecológico. Mi intención es más bien argumentar, que existe el peligro de que desarrollemos un análisis marxista del problema ecológico que resulte demasiado economicista, demasiado limitado, demasiado funcionalista y demasiado inclinado al dualismo económico –y por supuesto, demasiado poco dialéctico– que nos impediría explorar la contradicción ecológica del capitalismo en toda su dimensión.

Hoy en día, la crisis ecológica tiene mucha más importancia en nuestra concepción de la revuelta anticapìtalista, hasta un grado que Marx ni vio, ni podía percibir. Pero nuestra visión global de los rasgos ecológicos de una revolución socialista apenas si es más radical que las previsiones del propio Marx con su idea de resolver las relaciones antagónicas entre campo y ciudad y su intento de superar la fractura metabólica a través de una producción sostenible basada en una sociedad comunitaria de productores libres asociados.

‘En el caso de la degradación ecológica, estamos tratando con un problema del capitalismo (y no sólo del capitalismo) de primer orden, no de segundo orden. La degradación ecológica, como el imperialismo, es tan esencial al capitalismo como la búsqueda misma de beneficios (que en buena medida depende de dicha degradación). El problema medioambiental tampoco debe contemplarse sólo a través del prisma económico, en el sentido de creer que su importancia deriva en la medida en la que genera crisis económicas en el capitalismo. Como señaló Rosa Luxemburg, los cantos de los pajaros estaban muriendo, no porque fueran parte directa del capitalismo o de sus condiciones de producción, sino simplemente porque su hábitat estaba siendo destruido por el proceso de expansión ilimitada del sistema. De modo correcto, Luxemburg no conecto este fenómeno con la crisis económica, aunque esto no la freno a la hora de quejarse de la destrucción de lo que ella llamaba ‘las pequeñas criaturas indefensas’

En un intento de evaluación de las respectivas posiciones, podría decirse:

‘Uno de los temas que genera la controversia O’Connor-Bellamy es que el primero, que escribe basándose en la crisis de los setenta, concentra su análisis ecológico intentado que este explique la crisis de dicha época, mientras que Bellamy considera que no hay porque limitar el tratamiento de la naturaleza a su impacto en y por las crisis económicas, sino que es un tema más amplio. O’Connor situa todo el ‘marxismo ecológico’ en el marco de las crisis económicas y esto es demasiado reductor. El marxismo ecológico debe abarcar todo el análisis de la sociedad –como explica Bellamy– y no sólo en la génesis de las crisis.’

O’Connor considera que las dificultades en ‘las condiciones de reproducción’ pueden conducir a las crisis, pero Bellamy interpreta que esto no es necesariamente así: Pone el ejemplo de la pérdida de la fertilidad del suelo después de 1840 y como a pesar de ello pudo continuar la acumulación. Además, señala que a Marx no era esto lo que le preocupaba sino la regulación racional del metabolismo de la sociedad humana y la naturaleza (a través del trabajo humano)7 ‘Esa era para él la cuestión central de la sociedad comunista, sociedad que debía tener una nueva relación con la naturaleza’. Se podría decir que Marx se preocupa por lo que pasa en el trabajo y en las relaciones entre este y la naturaleza (metabolismo), pero que no se preocupó tanto de lo que mientras tanto le pasaba a la naturaleza (es decir, como ésta es degradada por el capitalismo). Mientras que a los ecologistas actuales les preocupa más lo que le pasa a la naturaleza (muchas veces sin plantearse que es el capitalismo lo que lo causa) que lo que les pasa a las personas en el capitalismo.

Por otra parte, O’Connor da una gran importancia a los movimientos sociales como limitación a la reproducción capitalista, mientras que Bellamy tiene una visión del agente del cambio más tradicional en el marxismo–la clase trabajadora– y no le convence la ampliación que O’Connor hace de los posibles agentes del cambio. Ya sería muy deseable que fuese así, pero tememos que, aunque tanto por la primera como por la segunda contradicción (más especialmente en esta) las fuerzas de los agentes sociales (movimientos fruto de las dos contradicciones) contra los capitales pueden aumentar los costes del capital y así generar crisis, hasta ahora, estas han sido ampliamente superadas por el capitalismo a lo largo de la historia.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que O’Connor es uno de los primeros autores en el ámbito crítico estadounidense en introducir un tema de gran actualidad desde hace algunos años, como es el del carácter del agente transformador de la sociedad, ampliando el concepto estricto de la clase obrera como tal ante los cambios que está experimentando el mercado de trabajo y la estructura social. Debate que se mantiene y está dando lugar a una amplísima controversia que merece, por lo menos, llamar la atención seriamente sobre la misma y tener en cuenta que O ́Connor fue uno de los primeros autores en introducirlos en sus consideraciones teóricas, mientras que Bellamy parece más orientado a mantenerse en la explicación tradicional.

Nos parece que la segunda contradicción nos ayuda a ver aquellas fuerzas que determinan cambios y adaptaciones en la dinámica del capital, como un factor complementario al análisis tradicional marxista basado únicamente en la primera contradicción. Incluso a nivel didáctico, cabe contemplarlo de esta manera y no tanto como un factor determinante y explicativo de la crisis, puesto que no nos explica la paralización de la reproducción del sistema (que no otra cosa es una crisis), sino como éste se adapta para sobreponerse a estas contradicciones. Al menos la historia no se ha pronunciado en este sentido, lo que no significa que pueda resultarlo en el futuro.

Ambas contradicciones, no son suficientemente fuertes como para generar los elementos sociales (fuerzas de los agentes sociales) y económicos (aumentos de costes, subconsumo, sobreproducción…) para transformar el sistema por sí mismo. La diferencia entre ambas es que la primera contradicción genera crisis a las que el capitalismo se adapta para posponer sus contradicciones, mientras que la segunda parece que no llega a provocar crisis importantes en el capitalismo a nivel general, (aunque puede causarla en ciertos sectores productivos específicos), si bien es posible que los ecologistas le concedan una mayor incidencia capaz de causar crisis. No obstante, sí que causa adaptaciones y reestructuraciones las cuales no se entenderían de la misma manera sin el análisis de la segunda contradicción. Parece que, por lo menos hasta ahora y en las economías capitalistas desarrolladas la primera contradicción es más importante, al menos a nivel de intensidad de la crisis, si bien es posible que los ecologistas concedan una mayor incidencia capaz de causar crisis a la segunda contradicción. ¿Hasta qué punto la segunda contradicción puede generar una crisis de primera intensidad? Independientemente de la respuesta a esta pregunta, si se utiliza como un elemento complementario y adicional al marxismo tradicional, el planteamiento de O’Connor de la ‘segunda contradicción’ parece que puede ayuda a entender parcialmente la naturaleza de la degradación ecológica y de la economía causada por esta.

Podría decirse que a nivel teórico parece que en lugar de basarse en las dos contradicciones de O’Connor, resulta más fructífero situar la fractura metabólica como el marco general de estudio del tratamiento del marxismo respecto a la naturaleza. No obstante, el planteamiento en términos de dos contradicciones de O’Connor, pasando por alto su casi exclusivo interés en centrar en la crisis su explicación, pueden enriquecer la interpretación de la naturaleza puesto que de la primera contradicción, la de las relaciones de producción, nace también de la separación del hombre versus la naturaleza y por lo tanto respecto a una parte de las condiciones de producción que O’Connor contempla.

Creemos que la aportación de O’Connor, y más teniendo en cuenta el tiempo en que fue realizada (fines de los setenta-ochenta), a pesar de sus limitaciones es digna de consideración, si bien parece que se puede concluir con Bellamy que: ‘La fuerza esencial del análisis marxista nunca ha consistido básicamente en una teoría de la crisis económica, ni siquiera en su análisis de la lucha de clases como tal, sino que esta se encuentra en un nivel mucho más profundo: en su concepción materialista de la historia, tanto de la humana como de la natural, entendida de la única manera posible, es decir como un proceso dialéctico e ilimitadamente contingente”

Bibliografía

  1. La evolución de la disciplina de la Economía desde los setenta ha llevado a distinguir entre los ‘ambientalistas’, mayoritariamente aquellos que analizan el problema del medio ambiente recurriendo a la Economía convencional, y los ‘ecologistas’, que tratan de establecer una aproximación más crítica el medio ambiente. En este artículo, entendemos que cuando O’Connor se refiere a los ambientalistas trata de los que hoy llamaríamos y se consideran a sí mismos como ‘ecologistas’. []
  2. Actualmente una gran parte de las infraestructuras, que antes eran producidas por el sector público, sí se pueden considerar producidas de acuerdo con las leyes del mercado, debido a las privatizaciones y a la expansión del ámbito privado en la producción de infraestructuras. []
  3. Lo que para él era ‘la próxima depresión’ se ha materializado en la crisis del 2007. Desgraciadamente constatamos que, a pesar de repetidas Cumbres Internacionales, no ha aportado vastas transformaciones positivas para el ambiente, sino que este continua degradándose. []
  4. O’Connor tiene un artículo entero de este nombre, recogido en la bibliografia, pero en el mismo hay muchos aspectos que han sido ya recogidos en el resumen anterior, por lo que aquí nos referimos sólo al punto que se refiere a la sostenibilidad del capitalismo. Todas las citas corresponden a dicho capítulo. []
  5. J. Bellamy Foster, Capitalismo y ecología: la naturaleza de la contradicción. Monthly Review, Vol. 54, No. 4, sept.2002 []
  6. O ‘Connor, por razones obvia, no considera los movimientos sociales que se han desarrollado a partir de 2011, sino aquellos que se hacían sentir como emergentes entonces, sobre todo en Estados Unidos. []
  7. Porque lo que le preocupa a Marx era desvelar lo que sucedía con el trabajo en el capitalismo, no con la naturaleza. Aunque Marx veía el desastre que el capitalismo causaba en la sociedad al separar la ciudad y el campo y lo citaba repetidamente, su interés no estaba en lo que pasaba en la naturaleza, que en su sistema queda como una caja negra en la que no pretendió entrar. []