La presión fiscal

La presión fiscal viene definida por el total de impuestos (directos e indirectos) que recauda el sector público en un país en relación con la actividad económica anual del mismo (PIB). Es un elemento clave para valorar el peso de los impuestos en un país y también para hacer un análisis comparativo por países.

Hay que tener en cuenta también, la estructura del sistema impositivo. En los impuestos directos se incluyen los impuestos sobre la renta, de carácter progresivo, y los de Sociedades, de carácter proporcional, que obviamente tienen un distinto impacto sobre los agentes pasivos y la distribución de la renta. Asimismo, en el cómputo de la presión fiscal se incluyen las cotizaciones sociales, que aunque se pueden clasificar como un impuesto directo, porque se computan sobre las nóminas de los trabajadores, son también proporcionales; lo que hace que las cotizaciones sociales sean un impuesto regresivo sobre los salarios, a diferencia del IRPF, sometido a una escala progresiva sobre los ingresos totales. Incluir todo bajo la misma rúbrica de “impuestos directos” puede conducir a confusión, cuando no a engaño, ya que popularmente se considera que los impuestos directos son progresivos. No sólo importa cuánto se paga de impuestos, sino también quién los paga. Creemos que sería más útil distinguir la presión fiscal propiamente impositiva —impuestos del Estado, las CC.AA. y los Ayuntamientos, de las cotizaciones de la Seguridad Social, llamando al peso de los tributos propiamente impositivos presión fiscal, y al conjunto de éstos más las cotizaciones de la Seguridad Social presión fiscal agregada. Procuramos hacerlo así en este INFORME siempre que sea posible, pero en la mayoría de ocasiones los datos se proporcionan sólo agregados para ambos conceptos.

El Cuadro 3 nos ofrece una panorámica de la estructura tributaria, la presión fiscal en España desde 1998 al 2004 y su comparación con la media de la UE15.

Cuadro 3. La presión fiscal en España y la UE
Cuadro 3. La presión fiscal en España y la UE (% del PIB, 2003)

Todos los datos señalan como la presión fiscal en España es significativamente inferior a la media de la UE a lo largo de todo el periodo, con una diferencia entre 6 y 8 puntos.

Y el Cuadro 4 nos permite ver las diferencias entre los diversos países no sólo en la presión fiscal sino entre los tipos impositivos de los principales impuestos. Además, puede observarse que la distancia es mucho mayor con los países más desarrollados de la Unión, que tienen una presión fiscal muy superior.

Cuadro 4. Presión fiscal agregada y otros tipos en la UE15
Cuadro 4. Presión fiscal agregada y otros tipos en la UE15.

Si en vez de analizar la presión fiscal respecto al PIB se observa la aportación fiscal en términos absolutos, la diferencia es todavía mayor, debido, claro está, a los diferentes niveles de riqueza. En 2002, los ingresos del conjunto de las administraciones pœblicas suponían una media de 5.752 dólares por habitante, menos de una tercera parte del máximo de los países de la OCDE, representado por Noruega y sólo por encima de Grecia y Portugal. La aportación per capita en Estados Unidos o Japón rondaba alrededor de los 9.500 dólares en la misma fecha.

Todas estas cifras indican el amplio margen que para aumentar los impuestos existe en el país.

¿Cuánta presión fiscal ha de tener un país?

Desde una visión crítica, hay que decir que la presión fiscal ha de ser alta. En las sociedades en que no se pagan impuestos, son las clases trabajadoras las que sufren esta deficiencia, ya que los bienes públicos que ha de financiar y gestionar el Estado no serán posbles sin estas recaudaciones tributarias. Son precisamente los países europeos con mayor presión fiscal agregada los que mejor Estado del bienestar ofrecen a sus poblaciones. Los ciudadanos de los países nórdicos, que son los que mayor presión fiscal soportan, son los que mejores prestaciones sociales disfrutan. En cambio, los ciudadanos de países como EE.UU y Japón, con tasas de presión fiscal muy bajas (alrededor del 25% en 2002) en relación con los países europeos, apenas cuentan con pensiones y servicios públicos de la calidad y la abundancia de los países nórdicos. En EE UU, la asistencia sanitaria es prácticamente privada, y la que se ofrece con carácter público, deja mucho que desear. De todos modos, hay que añadir que la fuerza de los grandes poderes económicos, justificándose en las ideas neoliberales, esta llevando a una reducción de la imposición personal en todos los países, y a un aumento de las cotizaciones sociales.