La financiarización de la UE y su impacto en los países europeos

Informe 08: la estrategia del capital

 

Recuadro 3. Algunos agentes importantes en finanzas e instituciones financieras que operan en Europa

Instituciones financieras: Deutsche Bank, BNP, Paribas, Societé General, Credit suisse, Dresdner Bank, Goldman Sachs, Citigroup, UBS, Bank of America, HSBC, Banco Santander.

Inversores institucionales:
Fondos de alto riesgo: LTCM, Quantum, JP Morgan Chase, Bridgewater, etc; Fondos de pensiones como Calpers, Government Pension Investment Fund, ABP, NPS; aseguradoras como AXA, AIG, Allianz, NetLife, Lloyd”s;

Fondos de inversión: los gestionados por Fidelity, Vanguard, American Funds y BlackRock. (Todos estos entes financieros constituyen lo que es conocido como Shadow banking o sistema bancario en la sombra).

Paraísos fiscales: Luxemburgo, Isla de Guernsey, de Jersey, Gibraltar (partes del Reino Unido), Mónaco, Liechtenstein, Andorra … y los que operan fuera de Europa: Islas Caiman, Bermudas, Delaware (Estados Unidos),…

Otros: Agencias de evaluación- Fitch, Standard and Poor”s y Moody”s.

Otros:
Prensa especializada: The Economist, The Financial times,…
Think tanks o Centros de investigación, análisis y asesoramiento.
Lobbys o grupos de presión: European Financial Services Roundtable (EFR)- ; la IASB, la International Accounting Standards Board,…
Instituciones reguladoras: Comité de Basilea
Países que les cobijan: Reino Unido (City), Suiza, Luxemburgo, Liechtenstein, Alemania, Holanda, Francia.

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Se estima que en el mundo existen entre dos o tres mil agentes institucionales independientes que operan regularmente, pero de los cuales sólo unos veinte a treinta actúan como líderes: son los que arrastran al mercado. Dichas instituciones, reunidas, poseen o pueden poseer en un momento dado 7 u 8 billones de dólares para dedicarlos a la compra y venta diaria de moneda Extranjera. Los tres primeros Fondos de Pensiones Norteamericanos —ellos solos—Fidelity, Investments, Vanguard Group y Capital Reseach Management— controlan 500.000 millones de dólares.
Se percibe con facilidad que todos esos entes, que reúnen grandes capitales, actúan muy activamente en Europa dando lugar a la expansión y globalización existente en la actualidad. Disponen de un enorme poder que determinará en gran parte lo que sucede en la economía europea y tiene también una fuerte incidencia en la economía mundial.

Hay, además, una relación muy estrecha entre estos actores privados y los actores públicos. De muy diversas maneras los agentes privados ejercen presión y captación de los agentes públicos para que allanen el camino a los primeros mediante regulaciones (o desregulaciones) que les faciliten sus objetivos.

Del ámbito público

En este espacio, hay que distinguir:

  • Las instituciones públicas internacionales que influyen en la estructura y las normas financieras de todos los países del continente. Entre ellas el FMI, el Banco Mundial, el Consejo de Estabilidad Financiera (G-20). Se trata de instituciones globales que establecen recomendaciones sobre regulación y política financiera y que siempre muestran un sesgo en defensa de los intereses de los acreedores y la banca.
  • Las instituciones públicas de los estados, donde en el ámbito financiero encontramos los distintos bancos centrales nacionales, que ejercen de supervisores, a pesar de haber cedido competencias al BCE.
  • Especialmente, las instituciones públicas de la propia UE, que inciden fuertemente en la actuación del espacio financiero y económico europeo y los países que lo conforman.
  • En este Informe nos centraremos en estas últimas por ser las que nos parecen más importantes para los objetivos del mismo.

En este Informe nos centraremos en estas últimas por ser las que nos parecen más importantes para los objetivos del mismo.

Informe 08: la estrategia del capital

Recuadro 4. El vicepresidente del Parlamento europeo señala:

“La Eurocamara es poderosa: podemos despertar a Schäuble (ministro de finanzas alemán) de madrugada para que haga concesiones… pero otra lectura es posible; según las fuentes consultadas, Schäuble no recibió una llamada de madrugada sino dos: exigió cambiar detalles técnicos del texto final y no dio su visto bueno hasta que cambio lo que quería. Queda claro quién manda en la Unión. (El País 21.3.14: Europa apuntala la Unión bancaria). Esta anécdota surgió en el proceso de aprobación del MUR, la noche del 19 de marzo de 2014.

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El resultado de todas estas “modificaciones” es que la relación entre la crisis bancaria y la deuda soberana está lejos de haberse roto. Un país que se vea sometido a una crisis financiera se verá siempre obligado a aumentar su deuda pública pidiendo ayuda al MEDE y obligado a someterse a un plan de ajuste. Asimismo, la fragmentación bancaria entre países puede aumentar en lugar de reducirse.

Pero los poderosos de la Unión (Alemania, pero también Holanda, Austria, Finlandia), están contentos porque no tendrán que responsabilizarse de los problemas de otros países a quienes no se recatan en considerar como perezosos, poco responsables, derrochadores. Esto parece que es a lo más que la Unión Europa actual puede llegar respecto a los aspectos financieros.

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Gráfico 3. Una copia de las gestiones necesarias para aprobar el MUR, que está todavía en discusión en marzo 2014

EUGreens

[aesop_chapter title="La política financiera en el Estado español " bgtype="img" full="on" img="

Hemos tratado de describir las principales políticas de la UE respecto a las finanzas, nos corresponde ahora comentar acerca de las políticas del Estado español y la relación entre ambas.

Aunque al comienzo de la crisis en 2007 los gobernantes del país consideraron que el sistema financiero español era sólido, ya que no había comprado grandes cantidades de hipotecas basura (subprime) de Estados Unidos1 pronto, sin embargo tuvieron que reconocer que el sistema financiero español se encontraba con un grave problema debido a sus propias hipotecas basura. Al congelarse el crédito en las finanzas globales, convirtiendo en imposible el crédito externo, el sistema financiero español se vio enfrentado a graves problemas propios, congeló totalmente el crédito y comenzó a exigir la devolución de los que estaban pendientes.

No hubo la menor duda por parte del Gobierno sobre que había que hacer y se optó por “salvar el sistema financiero” a cualquier coste2. En 2008 se creó la FAAF (Fondo para la Adquisición de Activos financieros) dotado con 50.000 millones de euros, aumentó la cuantía de los avales del Fondo de Garantía de Depósitos hasta 100.00 euros por persona y banco3, se instituyeron avales (el sector público paga si no lo hacen quienes deben) hasta 100.000 millones de euros, como primeras medidas. Apoyos que no exigían contrapartida ninguna a los entes financieros privados.

No bastaron estas ayudas, el crédito se congeló totalmente causando múltiples problemas a las empresas y a las familias -recordemos que la economía estaba funcionando “bien” a base del crédito abundante y barato-, importantes constructores y promotores inmobiliarios quebraron, dejaron de comprarse viviendas, y hubo de establecerse el FROB -Fondo de Reestructuración Ordenada Bancario- para rescatar bancos y cajas. El FROB se inició con un capital proporcionado por el sector público de 9.000 millones de euros, pero con autorización para endeudarse en los mercados hasta 99.000 millones.

Ni siquiera esto fue suficiente y las Cajas de Ahorros, que eran quienes se habían comprometido más con el sector inmobiliario, principalmente con los constructores y promotores inmobiliarios, pero también con las hipotecas familiares comenzaron a tener problemas muy onerosos. Para intentar resolverlos, se produjo un proceso de concentración de las cajas, fusionándose varias en una nueva y mayor para ver si las que todavía eran solventes permitían evitar la quiebra de las más comprometidas. , Hay que decir que decir este proceso se realizó de forma muy precipitada, evitando todo debate público, con una agrupación de las Cajas de lo más arbitraria y, sobre todo, con un mecanismo muy complicado que convirtió en bancos la casi totalidad de las Cajas (menos dos muy pequeñas). En realidad puede afirmarse que lo que en realidad se produjo fue un proceso de privatización de las Cajas de Ahorros, debido a su débil situación económica y a la acusación de la subordinación de los aspectos económicos de las mismas a elementos de la política regional4. De un rápido plumazo se eliminaron más de cuarenta Cajas, sin intentar siquiera salvaguardar algunos de sus elementos más positivos5. El sistema financiero español se concentró mucho más y en la actualidad apenas quedan cinco grandes bancos en operación (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell y Popular). Es sorprendente como la propaganda acerca de los problemas financieros y directivos de las cajas tuvieron su impacto en la población, de forma que esta vasta operación de privatización de la mitad del sistema financiero español a favor de la gran banca ni siquiera se puso en cuestión por la opinión pública.

La concentración de Cajas, como se anticipaba, no dio buen resultado y en consecuencia el Gobierno se vio obligado a acudir de nuevo al rescate de algunas de las más importantes. Entre ellas destacan el desastre de Bankia, y aunque de volumen menor el de Catalunya Caixa y el de Nova Caixa Galicia que tuvieron que ser nacionalizadas para evitar su hundimiento.

Para poder cubrir las necesidades de estas operaciones el Gobierno del estado tuvo que pedir ayuda a la UE que le concedió la línea de crédito que ya se ha señalado más arriba. Del apoyo del crédito para la recapitalización financiera que el gobierno español obtuvo de los fondos europeos, “solamente” se han utilizado 41.000 millones de los que el Estado es totalmente responsable (intereses y devolución). Millones dedicados a recapitalizar los nuevos bancos en quiebra técnica surgidos de la privatización fallida de las Cajas de Ahorros (Bankia, Catalunya Caixa y Nova Caixa Galicia). En diciembre de 2013 se señaló formalmente que se había terminado el rescate, pero es difícil saber que quiere realmente decir esto.

Aunque ya, en mayo de 2010, la UE había forzado condiciones específicas en la política económica española, este rescate parcial le permitió imponer con más fuerza sus exigencias (ver capítulo 6 “La orientación neoliberal de la política económica”) y reforzar la condicionalidad a la que va asociada la ayuda financiera de la Unión. La reforma constitucionalidad, comentada anteriormente, y otras muchas imposiciones han sido aceptadas por el gobierno casi con gratitud, ya que han servido de arma política y electoral al justificar sus acciones dirigidas a beneficiar la elite financiera, políticamente influyente, con el ya sobado “no hay alternativa”, al que ahora se le añade el “Europa lo exige”.

Lo que se ha dado en llamar “rescate” de la banca española, o “línea de crédito”, como eufemísticamente lo definía el gobierno, no es más que la imposición al Estado de un aval a la banca española. Lo que los bancos no devolverán a la banca europea lo deberá asumir el Estado. La intervención de la UE “prestando” los 100.000 millones de euros tiene como primera condición el compromiso de que el Estado responderá en caso de imposibilidad de retorno de los bancos españoles. Prestar dinero a entidades en bancarrota únicamente sirve para tapar provisionalmente la profunda e irremediable herida inmobiliaria y descapitalización, mientras se hace frente a los pagos a muy corto plazo. Como si con una tirita se quisiera frenar una hemorragia que exige intervención quirúrgica. En total, el montante de los avales otorgados por el Tesoro español a las entidades financieras y a la SAREB ascendía a más de 101.409 millones de euros a principios de 2014.

La continuidad de los serios problemas para los demás entes financieros a causa de la magnitud de la cartera de obras y préstamos para viviendas fallidos pesaban muy fuertemente en unos balances de la solidez de cuyos activos de dudaba mucho6. El 11 de mayo de 2012 se aprobaba el Real Decreto-ley sobre saneamiento y venta de los activos inmobiliarios del sector financiero, la segunda reforma financiera en tres meses, la cuarta en los últimos tres años, por la cual el Gobierno ha establecido la “Sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria”, SAREB (o banco malo) que recoge los activos inmobiliarios y terrenos de dudoso valor de los bancos y lo que fueron cajas de ahorros. El propio Banco de España calculaba que estos podrían ascender a 184.000 millones de euros, ¡un 18% del PIB! La SAREB es otro ejemplo de la potente ayuda que el sector público está proporcionando al saneamiento del sector financiero mientras recorta fuertemente la financiación de la política social.

En noviembre de 2013, el Gobierno volvió a ayudar a la banca con los llamados “créditos fiscales”. Lo que en definitiva esto supone un aval de 31 millones de euros que se ha concedido con el beneplácito de la UE y del FMI7. En total, el montante de los avales otorgados por el Tesoro español a las entidades financieras y a la SAREB ascendía a más de 101.409 millones de euros a principios de 2014.

Una cosa tienen en común todas las políticas aplicadas en el ámbito financiero: no han servido de nada, más que para reestructurar el capital financiero del país, permitiendo eliminar más de cuarenta instituciones más débiles y conduciendo a una intensa concentración del capital y, al mismo tiempo, permitir que los gigantes que sobreviven recuperen sus beneficios. En 2013 las tres grandes entidades financieras del país han reportado aumentos en sus beneficios que respecto a 2012 van por encima del 33% para el BBVA, y a más del doble del año anterior para el Santander y CaixaBank. Hasta Bankia reporta millones de beneficios. Después de todo, el enorme esfuerzo que se está exigiendo de la población española, para rescatar el sistema financiero, parece que está dando buenos resultados… ¡para los financieros¡ Mientras tanto el crédito sigue congelado, especialmente para las pequeñas empresas y las familias, lo que dificulta muy fuertemente el que pueda iniciarse una recuperación, por modesta que sea, en la economía española8.

No es posible dejar de preguntarse si todas las operaciones de “rescate” que han tenido lugar no son, simple y llanamente, maniobras para garantizar que la banca europea acabe cobrando, a cualquier precio los préstamos concedidos a la banca española. Los bancos españoles en 2010 debían a los bancos alemanes, franceses y británicos, más de 250.000 millones de euros, aunque la deuda actual es considerablemente menor (se les ha pagado y han ido abandonando el país transfiriendo sus deudas a otras instituciones) todavía es sustancial y requiere de la capacidad de liquidarla de los bancos españoles.

[aesop_chapter title="El debate sobre el euro" bgtype="img" full="on" img="

Está bastante claro que la existencia del sistema financiero europeo actual, basado en la moneda única -el euro- y todo el entramado institucional que se ha establecido en su entorno, no sólo no han resuelto los problemas económicos de la Unión ni los de los países miembros, sino que, como veremos en los capítulos 6 “La orientación neoliberal de la política económica” y 7 “Las consecuencias de la Europa del capital”, han contribuido muy significativamente a deteriorar las condiciones de vida de las poblaciones especialmente de los países más endeudados. Por ello, autores de diversos ámbitos presentan distintas posibilidades de política económica alternativa frente a los programas de austeridad impuestos por la Troika, pero una revisión amplia de este debate puede ser inacabable y alejada de nuestros objetivos. No obstante, en los ambientes más críticos de la periferia Sur de la Unión se cuestiona con fuerza el euro como proyecto político-económico y surge el debate sobre si abandonarlo sería una solución adecuada a los problemas que el mismo parece haber generado. Debido a la importancia que ha alcanzado este debate, creemos que es necesario integrar brevemente las líneas elementales del mismo en este trabajo.

¿Puede ser el abandono del euro una solución que resuelva los problemas que aquejan a las clases populares? Dos aspectos previos:

  • Es verdad que el euro se estableció de forma deficiente, sin tener en cuenta lo que podía suceder en unas circunstancias de crisis como las actuales, ni considerar suficientemente las diferencias entre las economías de los países que se integraban en la moneda única y que hay abundantes errores de concepción y se están produciendo problemas muy graves,
  • El abandono del euro es una vía propugnada por bastantes economistas críticos serios, por lo que no se trata de descalificarla superficialmente, ni mucho menos, sino de tratarla con respeto. Es posible que sea una salida ante la muy difícil situación en la que nos encontramos. Y hay que afirmar que no pertenecer al euro puede ser más o menos difícil y costoso, pero que es factible vivir sin el euro, como lo muestra el hecho que hay muchos países que no están en el euro como los 10 de la UE que no forman parte de la eurozona.

Uno de los principales argumentos en que se basan estos economistas y que presentan como una de las mayores ventajas de la salida es que los estados recuperarían la capacidad de devaluar la moneda, y, por lo tanto, podríamos vender nuestros productos más baratos en el exterior. El mítico mensaje de que “seríamos más competitivos”. ¿Basta esto para resolver los graves problemas en los que estamos sumidos?

En primer lugar no es seguro que vender más barato suponga automáticamente vender más. Depende de la demanda de los otros países, y frente a ello poco podemos hacer desde el exterior. La competitividad del sector productivo no depende sólo de la variable precio Puede no aumentar aunque baje el precio, porque sean otros los elementos relevantes para la competencia (calidad del producto, sistema de post-venta, diseño, etc.), y, además, depende de los precios de los competidores, que pueden ser tan bajos que una disminución de nuestros precios no altere la demanda. El economista Joaquín Arriola9 ha comparado el efecto del tipo de cambio en las exportaciones en las últimas décadas para concluir que la relación y el efecto de las devaluaciones en las exportaciones es menor para la economía española.

Por otra parte, no hay que olvidar que una devaluación supone encarecer nuestras importaciones, y por el momento, y a pesar de la crisis, casi siempre son mayores que las exportaciones. Lo que hace que la subida de precios que la devaluación supondría puede incluso perjudicar nuestra balanza externa, dado que nuestra demanda para los productos que importamos (petróleo, materias primas, tecnología) es difícil de disminuir, pues los necesitamos para el funcionamiento básico de nuestra economía. Además, ¿Cuánto tendrían que mejorar nuestras exportaciones para resolver estos problemas? No parece una idea muy realista.

El retorno a una moneda propia que no tuviera las garantías de una moneda internacional como el euro, situaría la economía bajo las amenazas de los especuladores financieros que podrían apostar contra ella con más beligerancia. Defenderse de los ataques especulativos requeriría que el ámbito financiero estuviera fuertemente intervenido y una coordinación internacional que parece muy difícil de lograr vista la correlación actual de fuerzas. Además, la amenaza de la devaluación sistemática podría generar peligrosos episodios inflacionistas.

Asimismo, una moneda devaluada dificultaría todavía más el retorno de la deuda exterior, dado que ésta seguiría nominada en euros, lo que supone que una salida del euro de carácter progresista tendría que venir inevitablemente acompañada de una auditoria de la deuda para decidir qué se pagaría y cómo, priorizando el crecimiento y el mantenimiento de los servicios sociales. Es muy posible que no se pueda contemplar la salida del euro sin que previamente se produzca un repudio o suspensión, por lo menos de una parte de la deuda, o de una reestructuración de la misma10.

Pero seguramente el elemento más importante que supondría la salida de estas instituciones sería el profundo trastorno económico-político a que conduciría respecto a los mercados financieros globales -¿cómo se podría financiar por lo menos el periodo transitorio (importaciones indispensables, deuda, tecnología, gasto social) hasta consolidar una situación estable? Aunque haya algunas experiencias de repudio de la deuda que podrían asemejarse a este hecho (Islandia, Ecuador) y sus problemas han sido resueltos, puede suponer un proceso muy complicado. No es lo mismo haber renunciado a formar parte de la UE o del euro en su día, que salir ahora, después de que las estructuras económicas, sociales y políticas han sido profundamente modeladas por las instituciones europeas.

Muchos de quienes plantean la salida del euro como una medida imprescindible para combatir la crisis, sin embargo, no se fijan sólo en las posibilidades de devaluación, sino que consideran la salida del euro como el inicio de una serie de reestructuraciones de la economía y de la sociedad. Piensan que tener una moneda estatal permitiría una política económica autóctona sin las limitaciones férreas que nos imponen los programas de ajuste. Por ejemplo, el economista Costas Lapatvisas, entre otros, considera la salida del euro como la primera medida que haría falta adoptar para iniciar una verdadera salida de la crisis. Añade que romper con el euro debería ser también una fractura con los intereses de clase de las oligarquías nacionales. Para él “la salida progresista del euro podría dar lugar a un cambio social y económico que transformara la sociedad en interés de los trabajadores. Para tal fin, la salida tendría también que adoptar un amplio programa que incluya, como mínimo, el control y la propiedad pública de las instituciones financieras, el control de los flujos de capital, la distribución de la renta y la riqueza, una política industrial que protegiera al trabajo y asegurara el crecimiento y una reestructuración total del estado en una dirección democrática. En el fondo, consistiría en un programa transitorio para una economía encaminada a la supremacía del trabajo.”11 También que salir del euro implica el repudio de la deuda externa, puesto que si la deuda tuviéramos que pagarla en euros la situación sería totalmente inviable. Contempla el cambio necesario en el sistema fiscal para alcanzar los objetivos que señala. El autor explicita que la salida del euro no puede, sin embargo, consistir en una autarquía del país, los países necesitan continuar con el comercio internacional, obtener las materias primas que necesitan (sobre todo el petróleo), capital extranjero y tecnología.

De nuevo surgen las dudas. Porque vivimos en un mundo globalizado y, no lo olvidemos, de un capitalismo feroz. Y los países económicamente débiles y endeudados, como los del Sur europeo, y por supuesto, el Estado español, tienen muy poca autonomía. Tanto frente a los mercados, a los que habría que recurrir para la financiación necesaria, como frente a las grandes empresas que dominan nuestra economía, como frente a los organismos internacionales, sobre todo el Fondo Monetario Internacional y OCDE que se han atribuido la capacidad de controlar las economías mundiales. ¿Qué diferencias supondría en el control al que estaríamos sometidos si nuestras condiciones de base, en el mejor de los casos, necesitarían mucho tiempo para cambiar? Aquí es donde se puede pensar que la salida del euro es una ilusión. En el mundo de un capitalismo agresivo y global, ¿Qué capacidad tiene la economía del Estado español para tomar una ruta autónoma? Ya en 1959, con el Pacto de Estabilidad, el Estado español estuvo sometida al ajuste dictado por el FMI, y lo mismo en 1977 cuando el Pacto de la Moncloa, y en otras ocasiones. Además, no todos los que propugnan la salida del euro incluyen con ello la salida de la UE, con lo que la situación aparece todavía más complicada. ¿Es el euro o es la UE quien nos causa los problemas?

Además, si la hipotética salida del euro fuese dirigida por fuerzas conservadoras, y ahora mismo lo son los legisladores en todos los Estados miembros, los costes de la devaluación serían trasladados a las clases populares de la misma forma en que se está haciendo bajo las exigencias de la Troika.

Por ello, al plantearse la salida del euro y/o de la UE hay que tener en cuenta muchos de estos elementos y evaluar los medios para su resolución, sino que no se puede plantear superficialmente o como banderín de enganche para otros objetivos12. La salida de estas instituciones supondría un tsunami de grandes consecuencias por lo menos por un periodo bastante largo, y la población, si la desea, debe saber que implica y estar dispuesta a pagar el precio que ello supone. Al mismo tiempo no se puede ignorar, que quizá fuera de estas instituciones, fuese más fácil avanzar hacia un tipo de sociedad, distinta, más justa y equilibrada. En una palabra, que hay que valorar con gran atención, detalle y cuidado lo que suponen las distintas opciones en un mundo global. Una vez valoradas, es necesario tener el coraje de sostener lo que suponga la opción adoptada.

A nuestro entender, el programa que Lapatvisas y otros que lo presentan como “salir del euro”13 es mucho más que salir del euro. En realidad consiste en todo un programa de política económica totalmente opuesto al actual de la UE, que abarca la mayoría de aspectos de la sociedad. Podría considerarse como una actualización y refundación del programa socialdemócrata tradicional en su versión más progresista. No se trata por tanto de “salir del euro” sino de lograr una reversión completa de las políticas actuales. Y ello requiere un poder político que en estos momentos las clases populares distamos, desgraciadamente, mucho de tener.

Hay que mencionar aquí, algo que, siendo evidente, parece haberse olvidado en este debate y es que la viabilidad de las medidas señaladas es poco más que papel mojado si no se cuenta con un apoyo popular importante. La austeridad impuesta por los poderes económicos y los gobiernos está siendo una amarga realidad, en parte porque no se enfrenta a resistencias sociales suficientemente amplias como para cuestionar la salida capitalista de la crisis y lograr movilizaciones populares capaces de detener el “austericidio” y, al mismo tiempo, cambiar el signo político de los parlamentos y gobiernos europeos. Tanto la salida del euro como la transformación de la UE y la dirección que tome ésta, dependerá de la correlación de fuerzas y del poder político real de un movimiento popular masivo favorable a una línea transformadora.

Por eso parece extraño, e incluso bastante ingenuo, creer que se puede invertir el orden de relación: que primero se pueda optar -desde arriba, tecnocráticamente- por una medida supuestamente transformadora como salir del euro y que después vendrán rodadas el resto de las transformaciones, prácticamente por inercia desde este polo contrahegemónico sin el cual, parece imposible defender los avances logrados, como si este proceso en toda su complejidad, no dependiera de la praxis social y política.

En el contexto actual, constatando la facilidad con que las élites hacen recaer todos los ajustes sobre la clase trabajadora, salir o no salir del euro, nos parece un debate secundario en el que no se puede influir realmente si no se logra la fuerza política necesaria y que puede conducir a disipar el debate y la actuación cívica y política lejos de los problemas más acuciantes e inmediatos. ¿Qué caso nos hacen ahora a lo que digamos? No se discute que es importante dotarse de análisis y proyectos de futuro que permitan entender la realidad y proponer como actuar política y socialmente, pero constatamos lo que nos parece una tendencia excesiva a gastar energías en este debate. Mientras discutimos sobre el euro, la especulación, la prima de riesgo, los avariciosos banqueros, las balanzas fiscales, etc., -elementos secundarios a las placas tectónicas del sistema-, perdemos de vista la centralidad del conflicto entre los capitalistas y los trabajadores y las trabajadoras. ¿De qué sirve discutir si saldríamos o no del euro si no se tiene ningún poder político, no ya para tomar tal decisión, o que quienes la toman atiendan a la opinión popular, sino para defender las conquistas sociales y redistribuir los dolorosos efectos del ajuste entre la población más rica?

En definitiva, salir del euro es un tema muy complicado y no está claro que fuera a resolver nuestros problemas fundamentales. Estamos prisioneros de un capitalismo global, absurdo, injusto, irracional, que en esta crisis nos está obligando a rebajar brutalmente nuestro nivel de vida para que los grandes capitales mundiales puedan seguir manteniendo el sistema y ganando mucho dinero. Suponiendo, que ya es mucho suponer, que se saliera del euro, ¿permitirá establecer una sociedad distinta, justa y sostenible, o, en el mejor de los casos, facilitaría algunas medidas de política económica que permitirían una pequeña recuperación temporal de nuestra economía? Parece más probable esta segunda línea de desarrollo. Entonces, ¿no es más interesante y útil, trabajar por reforzar, expandir y ahondar el poder popular que gastar innumerables energías en este debate? ¿No le convendrá al poder tenernos entretenidos en estos temas, en lugar de que nos esforcemos en reforzar nuestra capacidad de transformación actuando desde la base?

Con o sin euro nuestra situación es muy difícil. Es el capitalismo global el que constituye el problema, más que la moneda única. Con o sin euro tenemos problemas graves de una economía débil y depauperada, de un sistema productivo desarbolado totalmente con muy pocas excepciones positivas, la población está exhausta con tanto paro, disminución de salarios, precariedad laboral, pérdida de los derechos sociales, y un muy largo etcétera. Es de temer que salir del euro no facilitará mucho la solución a estos problemas. Aunque ya se ha señalado que es posible que tengan razón quienes propugnan dicha vía, porque también es difícil imaginarse soluciones a los problemas dentro del euro. En cualquier caso, en la actuación inmediata no parece el tema clave, y mucho menos para que constituya el debate crucial entre las fuerzas que deseamos otra sociedad. Se necesita un cambio radical para avanzar hacia una sociedad más satisfactoria. Por esto a plazo medio parece más práctico y eficiente, plantearse la necesidad de salir del capitalismo, de que ese cambio radical necesario y difícil vaya dirigido a transformar el sistema económico en el que vivimos. No es tanto un problema de moneda sino del sistema.

  1. Además, en los primeros ochenta había tenido lugar una fuerte crisis bancaria que había costado más de 1.500 millones de pesetas al erario público para sanear el sistema financiero, y se consideraba que desde entonces este estaba regulado y gozaba de buena salud. []
  2. Salvar el sistema financiero era necesario en aquel momento, lo que sucede es que ello no es lo mismo que “salvar a sus propietarios” -pues hay distintas maneras de salvar al sistema financiero-, sin embargo, esto es lo que han hecho los gobiernos del Estado español desde la crisis. []
  3. El Estado garantiza a quienes tienen depósitos en un banco o caja el mantenimiento de los mismos hasta cierto volumen. Hasta entonces, los depósitos bancarios estaban garantizados hasta los 20.000 euros; el considerable aumento en su volumen sólo puede interpretarse como una garantía a los más ricos de que sus fondos no corrían peligro, porque ¿Cuántas personas que se ganan la vida con su trabajo tienen más de 100.000 euros de depósitos en sus cuentas corrientes? []
  4. Aspecto que en algunas de ellas ha quedado ampliamente documentado después, pero que en otras no había causado tantos problemas. []
  5. Se habló mucho de salvaguardar la obra social, que después de todo no era tan importante, pero incluso esta ha quedado al albur de la voluntad futura de “fundaciones” bastante opacas. Sin embargo, se hizo caso omiso de la importancia de la contribución de la aportación de las Cajas a las economías locales y regionales. []
  6. El resultado de las auditorías “externas” para evaluarlos tampoco es una garantía fiable por la dificultad de valorar unos activos en un mercado, el inmobiliario, que prácticamente no existe. []
  7. El FMI forzó al Banco de España a obligar a los bancos a limitar la distribución de dividendos al 25% de los beneficios en 2013 y 2014. Sin la intervención del FMI esta cláusula se habría quedado en una simple recomendación del Banco de España []
  8. Aunque hay que tener muy en cuenta que la recuperación no llegará cuando se recupere el crédito, sino cuando se haya destruido suficiente capital y se hayan reducido los costes laborales para que las inversiones vuelvan a ser rentables. []
  9. Joaquín Arriola, ¿Salir del euro?, 21/04/2012. []
  10. Para una breve presentación de la crisis de la deuda, Informe 8 La estrategia del capital, de Taifa. Para conocer la propuesta de auditoría y repudio de la deuda, se pueden consultar los trabajos de la Plataforma Auditoria Ciudadana de la Deuda. []
  11. Costas Lapavitsas Crisis en la Eurozona p. 274. Capitán Swing, 2013. []
  12. A veces da la impresión de que se plantea como un punto atractivo para hacer que las poblaciones se movilicen. []
  13. En el Estado español los economistas Pedro Montes, Juan Francisco Martín Seco, Alberto Montero y otros plantean el tema en términos aproximados. []

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