Introducción

Una vez que el obrero ha sufrido la explotación del fabricante y ha recibido su salario en metálico, se convierte en víctima de otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etcétera. K. Marx y F. Engels, El Manifiesto comunista

En la primera década del siglo XXI el capitalismo experimentó una de sus grandes crisis. La intensidad y amplitud geográfica de la misma está siendo mayor que en épocas anteriores debido al gran crecimiento económico que la precedió y a la extensión de la globalización a nuevas áreas geográficas de producción.

Igual que en las anteriores crisis, los mecanismos de acumulación de capital y el mantenimiento del poder sistémico quedan afectados por la destrucción económica que supone la crisis y por la imposibilidad de las élites de mantener la cohesión social, ya que su incumplimiento del contrato social existente con sus ciudadanos, especialmente de los países centrales, hace que estos dejen de legitimar el régimen de poder existente.

La restauración del capitalismo para salir de una crisis requiere hacer frente a las múltiples consecuencias de sus contradicciones internas. En la etapa de restauración, a las contradicciones propias de su funcionamiento habitual se suman otras nuevas: hay que destruir el capital sobrante para volver a tener la tasa de ganancia suficiente para acumular y rehacer los mecanismos de poder sobre las poblaciones doblemente afectadas por la creciente explotación y por la destrucción productiva.

Los mecanismos restauradores de la tasa de ganancia son recurrentes a lo largo de la historia: aumento de la explotación y nuevas formas de expolio del trabajo y desposesión de propiedades o derechos sobre las formas de producción. En cada momento histórico las formas de esta desposesión han variado, puesto que en cada época y lugar las estructuras jurídicas existentes sobre la propiedad de los medios de producción y la organización concreta de los diversos tipos de trabajo son diferentes.

Lo que es común a todas las restauraciones de la acumulación capitalista es que se producen tres efectos desastrosos para las poblaciones. Primero, la intensificación de la explotación del trabajo. En segundo lugar, la fuerte tendencia a la disminución del consumo de los trabajadores y al deterioro de su calidad de vida, que es una de las consecuencias más importantes, por su intensidad y por afectar a toda la población mundial. Y, tercer efecto, cada vez más demoledor, es el aumento de las personas sobrantes, los excluidos del sistema de producción y consumo, condenados a la miseria.

Desaparecidos los espacios de experiencias basadas en modelos socialistas, que ideológicamente se presentaban como alternativas al capitalismo,1 y abandonados los programas de transformación del sistema por buena parte de los partidos, sindicatos, cooperativas, mutuas y colectivos afines,2 que aún habitan el universo de izquierdas, rotas las estructuras de organización de los mismos y desaparecidos los espacios para la politización de las reivindicaciones, los monopolios generalizados de la globalización capitalista no encuentran resistencias para extender, a escala planetaria, su lógica explotadora sobre los seres humanos y depredadora sobre los recursos naturales.

Al capitalismo planetario se le abre un nuevo panorama en el conflicto mundial capital-trabajo, en el que encuentra la oportunidad de liquidar el viejo modelo de crecimiento con bienestar social para una parte de la población mundial, y a la vez puede orientarse hacia una situación de poder total que le permite reestructurar los espacios geopolíticos y geoeconómicos del planeta sin apenas convocar una oposición organizada. Es decir, advierte el momento en que le conviene “acordar o encontrar de la forma más pacífica” un nuevo “reparto del mundo [mercados] entre las grandes corporaciones multinacionales, acompañada del reparto [territorial] del planeta entre las grandes potencias capitalistas”.3

El sistema se encuentra con una coyuntura única por lo favorable para las fuerzas conservadoras en la historia de la lucha de clases. Las clases dominantes han decidido aprovechar el poderío que le brindan las circunstancias actuales, ya no para integrar el conflicto, como en el último siglo, sino para destruir, domesticándolo, al enemigo de clase. Han pensado que es el momento de re-imponer sus reglas, de recomponer el capitalismo planetario a partir de las propias bases estructurales que lo sustentan.4

Algunos de los “espacios fuertes”5 del planeta ya están experimentando una reestructuración de acuerdo con los diferentes modelos de imperialismo capitalista que en ellos se cruzan, conviven y dominan. Cada uno presenta sus características propias de implantación del nuevo modelo imperialista de acumulación, pero todos confluyen en unas líneas generales.

Con la globalización desencadenada en los años noventa del siglo XX y la crisis económica iniciada en 2007, se han producido en todo el mundo profundos cambios en la economía, la sociedad y en la vida de la ciudadanía.

Consideramos que en la actualidad el capitalismo, debido a sus necesidades económicas -recuperación de la tasa de ganancia-, sus necesidades políticas -recuperar el poder para las oligarquías del sistema- y sus necesidades ideológicas -mantener el status de dominación de las ideas-, además de la explotación del trabajo, que es la base primaria y fundamental de su sistema, requiere profundizar su absorción de la riqueza en todos los ámbitos y de todas las formas posibles. Ello conduce a una nueva etapa en la que se intensifica la absorción de la renta y la riqueza de la población por medios distintos al trabajo, formas a las que siguiendo las ideas de Marx respecto a la acumulación primitiva, D. Harvey ha denominado de desposesión.6

Este autor considera que lo que está en la base de lo que él va a denominar desposesión parte del análisis de Marx de la acumulación primitiva “una mirada más atenta de la descripción que hace Marx de la acumulación originaria revela un rango amplio de procesos. Estos incluyen la mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión forzosa de las poblaciones campesinas; la conversión de diversas formas de derechos de propiedad –común, colectiva, estatal, etc.– en derechos de propiedad exclusivos; la supresión del derecho a los bienes comunes; la transformación de la fuerza de trabajo en mercancía y la supresión de formas de producción y consumo alternativas; los procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de activos, incluyendo los recursos naturales; la monetización de los intercambios y la recaudación de impuestos, particularmente de la tierra; el tráfico de esclavos; y la usura, la deuda pública y, finalmente, el sistema de crédito. El Estado, con su monopolio de la violencia y sus definiciones de legalidad, juega un rol crucial al respaldar y promover estos procesos”.7

El término, según Harvey, define los cambios neoliberales producidos en los países occidentales desde los años 1970 hasta la actualidad y que están guiados por cuatro prácticas, principalmente: la privatización, la financiarización, la gestión y manipulación de las crisis y redistribuciones estatales de la renta. Los cambios se manifiestan, entre otros, en la privatización de empresas y servicios públicos, que tienen su raíz en la privatización de la propiedad comunal.

Esta descripción es muy general y, sin intentar limitarla, para los objetivos de este trabajo nosotros quisiéramos encuadrarla en un ámbito más acotado y a la vez más amplio, entendiendo por desposesión no sólo la mercantilización de ámbitos hasta ahora cerrados al mercado, sino la mercantilización de todos los ámbitos de la vida, incluidos los aspectos personales e intelectuales. Consideramos que la desposesión va todavía más allá, pues ahora es necesario pagar por la provisión del servicio o bien así como por las deudas ilegítimas contraídas por quienes proveen dichos productos o bienes –por ejemplo, en la electricidad no sólo hay que pagar el importe de la que se ha consumido sino el déficit de tarifa (ver capítulo 10).

Bajo nuestro prisma, además de la existencia de la explotación del trabajo asalariado y de otras diferentes formas de trabajo, observamos que una vez que el trabajador ha obtenido su sueldo existen múltiples formas de expolio de la parte del excedente que ha logrado retener. Por medio de los intereses a los créditos (hipotecas, principalmente), los precios de los productos necesarios para su vida, determinados tipos de impuestos, la necesidad de tener que pagar por lo que han sido los servicios públicos –salud, educación, vivienda, asistencia social, cultura–, y otros muchos aspectos, el capital consigue absorber de nuevo parte de la plusvalía que había ido a los salarios al mismo tiempo que va usurpando los bienes naturales. Lo que se está expoliando son condiciones más o menos indirectas sobre el trabajo actual o sobre el trabajo futuro (créditos que hay que devolver más adelante) y el poder de clase para defender esas condiciones. Estas formas de apropiación de la riqueza existente no dependen directamente de la explotación del trabajo asalariado, no se realizan en el ámbito de la producción, sino que el sistema recupera la plusvalía que los trabajadores habían logrado retener para ellos por medio de la circulación, el comercio, la reproducción de la fuerza de trabajo, el pago de la deuda e incluso por medio de algunos servicios proporcionados por el Estado.

Precisemos que la preocupación por la desposesión y sus diversas formas en la actualidad no supone en ningún momento olvidarnos de que la explotación del trabajo asalariado es el eje central del análisis del sistema capitalista. Lo que pretendemos en esta ocasión es poner el acento en otras formas de apropiación debido a que con frecuencia son tratadas como elementos accidentales del capitalismo, cuando en nuestra interpretación constituyen parte integrante y estructural de este sistema. Los dos aspectos de la acumulación –trabajo asalariado y elementos externos a este– están “orgánicamente vinculados” y “la evolución histórica del capitalismo sólo puede ser comprendida si los estudiamos conjuntamente” (Harvey). Se trata de ampliar la percepción del dominio del capital sobre el trabajo y las poblaciones y no de sustituir el eje central constituido por la explotación del trabajo asalariado.8

Se ha escrito mucho sobre estos aspectos desde diversos puntos de vista, pero en Taifa nos parece que no se está prestando la suficiente atención a las características que presenta la economía y la sociedad en la segunda década (el primer cuarto) del siglo XXI y a las consecuencias que esta dinámica tiene en la vida cotidiana de la gente normal. Se encuentran abundantes análisis de coyuntura sobre la evolución socio-económica –¿se sale o no de la crisis?–, pero no nos parece que se le preste suficiente atención a los elementos estructurales del sistema y cómo estos afectan a la ciudadanía, especialmente a los grupos más vulnerables. Por ello, en este informe, nos proponemos explorar las líneas principales de la evolución del sistema económico en la segunda década del siglo XXI en sus elementos estructurales y, principalmente, las consecuencias en la vida de la ciudadanía de a pie respecto a cómo se está produciendo esta desposesión/reestructuración. La idea es intentar entender de qué manera la vida cotidiana es afectada por el conjunto de relaciones reales de producción, legales, políticas e ideológicas que configuran la esencia del capitalismo en general y más concretamente en su fase actual de “restauración” después de una gran crisis. Centramos nuestro análisis en el Estado español, dentro del marco de la dinámica mundial, principalmente desde el punto de vista de las clases populares.

No es un trabajo exhaustivo, en el sentido de que no pretende tratar de todos los aspectos que abarca la intensificación de la desposesión, el expolio de la vida cotidiana en la actualidad, pues sería un informe demasiado extenso. Hemos seleccionado para esta presentación aquellos elementos que nos parecen importantes en la actualidad y en los que las posibilidades de análisis de los miembros del Seminari Taifa nos permiten. Quedan, sin duda, otros muchos elementos por abordar. El trabajo se divide en tres partes: partiendo de que el sistema capitalista mundial constituye ya una unidad económica, aunque diferenciada en distintos ámbitos, presentamos una breve perspectiva de la probable evolución de la economía mundial y europea, que constituye el marco en el que hay que situar la economía española. En la segunda parte consideramos algunos de los mecanismos significativos que configuran la esencia de las estrategias del capitalismo actual, para en la tercera parte comentar las consecuencias más importantes de esta situación y sus posibles vías de evolución.

  1. Apenas colean algunas experiencias históricas, como Cuba o Corea del Norte; o alguna declaración de intenciones, como Venezuela. Poco más. []
  2. Asociaciones sin ánimo de lucro: ONGs, organizaciones religiosas, fundaciones, etc. Grupos (Carta al banquero CAB, Res Pública Global, etc.,) que todavía proponen un planeta más humano, parar el neoliberalismo, un sistema educativo mejor, explotación digna, etc., sin modificar el capitalismo, el gran sistema que domina al resto de sistemas. []
  3. Néstor Kohan y Claudia Korol, El capitalismo como sistema mundial en expansión. []
  4. Ya a finales de los 80, varios economistas (Aglietta, Boyer, Lipietz, Mistral) avanzaban la idea de un capitalismo planetario expresado en “un sistema global de acumulación”, o en “áreas estratégicas y regímenes internacionales de acumulación”, o en un “régimen monetario internacional que se establece alrededor de una moneda única”, etc. En Seminari d’economia crítica Taifa, Crítica a la economía ortodoxa. Universidad Autónoma de Barcelona, 2004. []
  5. América del Norte (EEUU, Canadá, México), Brasil, China, Europa, India, Japón, Rusia, y espacios menores, como los ocupados por países productores de petróleo. []
  6. Para un tratamiento detallado de este concepto véase: David Harvey, El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión. Socialist Register, 2004. []
  7. David Harvey, El nuevo imperialismo. Akal, 2004. []
  8. Taifa está realizando actualmente un esfuerzo por integrar en su visión del capitalismo diversas formas de dominio de la sociedad por el capital, como la apropiación de la naturaleza, la naturaleza de la reproducción del trabajo y la desposesión en la que centramos este trabajo, y esperamos publicar un dossier sobre algunos de estos aspectos próximamente. Sin embargo, estamos de acuerdo con Christian Laval y Pierre Dardot cuando alertan del peligro de centrar el análisis excesivamente en el concepto de desposesión: “les plantea un serio problema de fondo: la analogía con la expropiación [desposesión] de los comunes conduce a enfatizar el aspecto del robo y del pillaje a expensas del análisis clásico de la explotación de trabajo asalariado”. Es decir, por sí misma, la desposesión no contiene fundamentos teóricos suficientes para sustituir la teoría de la explotación del trabajo asalariado. A lo sumo puede completarla. Cristian Laval y Pierre Dardot, Común: Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI, p. 148. Gedisa, 2015. []