Introducción


Crisis, ¿Para quién es una oportunidad?

Uno de los mensajes que se han oído hasta la saciedad en estos tres últimos años ha sido el doble significado del ideograma ‘crisis’ en chino: peligro y oportunidad. En los discursos políticos y económicos dominantes respecto de la crisis (tanto por parte de la prensa, gobierno, intelectuales como patronales y sindicatos) se ha enfatizado el significado de oportunidad por encima del peligro, que es posible para aquellos que sean ‘más listos’ y/o ‘más emprendedores’ crear nuevas ocasiones para salir reforzados. En este informe también nos preguntamos ¿Para quién es un peligro la crisis? ¿Para quién es una oportunidad? Para nosotros las oportunidades no serán principalmente para los ‘más listos’ o ‘emprendedores’ (aunque los haya que se beneficien) y los peligros para aquellos que no reaccionen, sino que las oportunidades y peligros vienen determinados por las relaciones de poder entre personas y colectivos, y éstas están a su vez determinadas por las estructuras económico-políticas que nos ha llevado a la crisis y que dominan las respuestas a ella. En este sentido, antes de responder para quien representa una oportunidad o un peligro la crisis, explicaremos brevemente los procesos económico-políticos que han llevado a la crisis, sus implicaciones para las clases populares y las razones de la crisis.

Integrando la economía española en la globalización neoliberal

Desde principios de los años ochenta, con el proceso de restructuración del sector productivo después de la crisis de los setenta, la llegada al poder del PSOE y la entrada en la entonces Comunidad Económica Europea (ahora Unión Europea), la economía española, como la mayoría de las economías del mundo rico, ha estado gestionada siguiendo las ideas del neoliberalismo que, como es sabido han supuesto la creciente inserción en la economía mundial, la liberalización comercial, la privatización, la desregulación, una dura política antiinflacionaria y un duro ajuste laboral, con un papel secundario del estado en la economía y un reforzamiento de la subordinación del estado a los intereses empresariales. Esta política condujo a que los beneficios empresariales aumentaran mucho, y más especialmente los de los capitales financieros.

A partir de los últimos noventa el país entró en un periodo de fuerte expansión, que suscitó grandes entusiasmos tanto en el interior como en el exterior. El 24 de noviembre de 2008, el presidente del gobierno exponía a un grupo de empresarios norteamericanos que España “es el país que en los últimos 15 años ha tenido mayor capacidad de crecimiento,” superando a Italia en renta per cápita y poniendo el listón en “superar a Francia en tres o cuatro años.”1 Durante tres lustros, “España ha ido bien,” parafraseando a su antecesor. Y en parte es cierto.

Realmente la economía española ha sido una de las economías europeas con tasas más altas de crecimiento, creación de empleo (España es el país que generó más empleo de la UE aunque el paro no bajó de 2 millones de trabajadores) y que ha generado altísimos beneficios empresariales. También, correctamente, un sector de familias –clases medias y élites obreras– ha tenido retribuciones que les han permitido ahorrar e invertir, muchas de ellas comprando pisos y/o valores en Bolsa y obteniendo algunos ingresos por valores mobiliarios. El aumento del precio de los pisos y para aquellas familias que tenían valores en Bolsa, la subida de sus cotizaciones, hacia pensar a bastante gente que era cada vez más rica y le permitía pedir más créditos para la vivienda, incluso para la segunda residencia, bienes durables o viajes, elevando fuertemente el consumo de las familias a costa del endeudamiento.

Todo esto junto a un papel del estado centrado en el crecimiento económico y el creciente reconocimiento de la validez del mercado y la expansión de los grandes intereses privados y situado en un contexto liderado por la integración europea a través de los tratados de Maastricht y Lisboa. Dejando muy en segundo término el desarrollo social del país. En otras palabras, el modelo económico propugnado por las políticas económicas de estos últimos quince años ha estado basado en una ideología que propugnaba y autoconfirmaba (o legitimaba) su razón de ser estrictamente en la necesidad (a toda costa) de crecimiento económico y de impulsar el aumento del beneficio privado.

España parecía que iba bien, pero también es cierto que España ha ido mal, que el crecimiento económico vivido en el país no ha afectado a todos por igual y que sus bases han sido débiles. El crecimiento se ha concentrado en la construcción, el turismo, el automóvil y las industrias agroalimentarias (modelo real actual) y en una docena de grandes compañías de infraestructura y servicios, siendo el conjunto poco competitivo frente al exterior. Su crecimiento se ha basado en fuertes concesiones de crédito con tipos de interés muy bajos. A nivel empresarial, esto ha supuesto empresas endeudándose vigorosamente para financiar su expansión, mientras que a nivel de ciudadanía, estos tipos de interés bajos conjuntamente con hipotecas a largo plazo han conllevado a una fuerte subida de precios y expansión del mercado inmobiliario, bajo la creencia que podrían revender las viviendas cuando quisiesen a un precio más alto. A su vez, el endeudamiento familiar y el efecto riqueza creado por el mercado inmobiliario han conllevado a una demanda fuerte de consumo. El resultado, una economía con un sector exterior con muchas importaciones lo que supone una balanza comercial cada vez más negativa (importamos mucho más de lo que exportamos) y endeudamiento externo creciente para financiar el ritmo de consumo nacional.

En este marco de bonanza económica y alto consumo privado, sin embargo, el capital no cejó en su empeño de extraer más plusvalía de los trabajadores. Favorecido por la correlación de fuerzas existente, de gran debilidad de las fuerzas populares y los trabajadores, las empresas van a intentar avanzar en su estrategia para capturar beneficios en el frente del trabajo, destacando:

  • a) el reducido o nulo aumento de los salarios durante todo el periodo de bonanza, sosteniéndose el consumo principalmente por el aumento de la población trabajadora, especialmente con la incorporación creciente de la mujer al mercado de trabajo, por lo que muchas familias tienen mayores ingresos, por los ingresos no salariales de las familias medias y las facilidades de crédito.
  • b) su afán en convertir el trabajo en un coste variable (sólo se paga estrictamente el trabajo que se utiliza) frente al carácter más de coste estable, si no fijo, que había tenido en épocas anteriores; el trabajo en precario con contratos de hasta veinte minutos de duración, los trabajadores con contratos de obra, por tiempo determinado y aún sin contrato (sobre todo inmigrantes) crecían fuertemente, pero como había trabajo se aguantaba sin protestar, 2
  • c) su interés en destruir la negociación colectiva y avanzar hacia los convenios de empresa e incluso contratos individuales que, por lo menos en el contexto español, hace que las conquistas de los trabajadores sean menores y más difíciles de conseguir, por lo que, obviamente favorecen a los empresarios; y
  • d) la vuelta a prácticas duras respecto a las condiciones de trabajo –jornada de trabajo, horarios, horas extraordinarias impagadas, condiciones de salud e higiene–, lo que conjuntamente vuelve a resucitar condiciones de extracción de plusvalía absoluta que se consideraban ya superadas;
  • e) la contención del gasto en servicios sociales –educación, salud, pensiones, asistencia social– sometidos, además, a un intenso proceso de privatización;
  • f) se generaliza a las actividades económicas y relaciones políticas el fenómeno de la corrupción, característica sistémica que no había aflorado tan descaradamente hasta esta época.

Y si éstas son las consecuencias del modelo de crecimiento durante la última década, durante el primer semestre de 2007 comienza a sentirse la crisis inmobiliaria. Primero, en términos estrictos del estado español los precios de los pisos habían alcanzado tal nivel que las compras disminuían y empezaban a aparecer algunos indicadores de morosidad. Mucha gente decía ‘esto no puede seguir así’. Pero seguía. Y, como se explica en el Informe TAIFA no 6, la génesis de la crisis iba avanzando en el fondo de la dinámica de la economía.

El estallido de la crisis

En el otoño de 2007 estalla la crisis inmobiliaria-financiera en Estados Unidos; se transmite rapidísimamente a todos los países ricos, especialmente a los de la Unión Europea.

Se congela totalmente el crédito y a partir de marzo de 2008 con la caída del banco Lehman Brothers el mundo entero se encuentra inmerso en una crisis financiera de gran intensidad. La crisis financiera desemboca rápidamente en una crisis económica, con su secuela de falta de demanda y, sobre todo, de destrucción de empleo. Lo que deteriora todavía más la demanda y se entra en un penoso círculo vicioso.

En el estado español esta crisis es todavía más grave. Aunque en el sistema financiero del estado español hasta ahora no se han producido fuertes hundimientos de instituciones financieras, por ejemplo como en Inglaterra, la banca y las cajas de ahorros fuertemente comprometidas en el sector inmobiliario y endeudadas con el exterior congelaron totalmente el crédito. Y debido a la limitación del sistema productivo español y al peso que en el mismo había adquirido el sector construcción-inmobiliario la falta de crédito condujo a una fuerte caída de la demanda, sobre todo de pisos, con el consiguiente deterioro del sector inmobiliario y el comienzo de significativas cifras de paro. Se freno también la demanda de bienes durables, entre estos especialmente del automóvil. Mientras el turismo se debilitaba debido a la crisis en Europa. La caída de la demanda y la congelación del crédito, llevó a un rapidísimo deterioro de la situación de las empresas y a la todavía más rápida destrucción de empleo, ya que España es uno de los países en los que el empleo sube y baja con más intensidad dependiendo de la coyuntura a corto plazo, ya que la primera medida que los empresarios de este país toman cuando tienen cualquier tipo de problemas es eliminar puestos de trabajo. El paro crece como la espuma. La conjunción de los factores externos, con la débil orientación y los problemas de la economía interna han llevado a la economía española a una profunda crisis económica, de la que va a ser muy difícil y largo salir.

El peligro de las oportunidades

No nos planteamos presentar alternativas en este informe, ni poner fecha a la salida de la crisis. Tampoco presentar un análisis teórico de la crisis actual, que se puede encontrar en el Informe TAIFA No 6, al que remitimos a todo lector que desee ahondar en el mismo.

Lo que pretendemos es ilustrar el impacto de esta crisis en la población del estado español, y especialmente en el bienestar integral de sus clases populares. Es obvio que en este trabajo no es posible tratar en detalle todos los aspectos de la crisis actual. Tampoco queremos entrar en la evolución de la economía española en un periodo más largo, por ejemplo desde la transición o desde los años noventa, pues es una tarea que desbordaría el objetivo de este trabajo y está parcialmente hecha. Lo que nos proponemos es menos ambicioso pero nos parece también importante.

Pretendemos concentrarnos y reflejar las consecuencias principales de la crisis en la dinámica de la economía y el bienestar de la población entre el verano de 2007, cuando se inicia la crisis financiera, y el 2010. Por supuesto ello tiene lugar dentro de las tendencias de más largo plazo que se dibujan en la economía y la sociedad, que son las que estamos intentando reflejar brevemente en esta Introducción, pero en este Informe queremos limitarnos a analizar que ha sucedido en los dos últimos años y medio, como periodo de mayor impacto de la crisis. Sabemos también que los efectos continuarán por un plazo más largo, pero nos parece útil proporcionar esta primera información.

Por ello, nos centramos en el impacto de la crisis en los siguientes aspectos:

  • primero, en la estructura productiva y financiera, donde comprobaremos como la crisis ha deteriorado el sistema productivo español, y más que generar el punto de partida para un nuevo modelo económico más justo y eficiente parece asentar el poder de los grandes capitales en la débil economía española;
  • segundo, en el mercado laboral donde las consecuencias han sido el altísimo nivel de paro y una mayor precariedad, y presentar una oportunidad para que el capital profundice todavía más en la reforma neoliberal del mercado de trabajo;
  • tercero, en las políticas económicas, que se han tomado para enfrentar estos problemas, que además de ser profusas y erráticas, parecen orientadas a privilegiar el rescate de los más poderosos y ricos en vez de garantizar el desarrollo de las clases populares;
  • cuarto, en el deterioro de las condiciones de vida y en el aumento de la desigualdad que el modelo de crecimiento español supone y que la crisis ha profundizado;
  • finalmente, analizaremos las resistencias que se han manifestado o se han dejado de manifestar a la crisis, antes de terminar con unas breves conclusiones que resumen las principales ideas integradas en el Informe.

Nota metodológica

Debido a que escribimos en un tiempo muy próximo al que han acaecido los hechos, la dificultad de disponer de material estadístico es mucho más acentuado que habitualmente, pues los datos estadísticos sistemáticos se presentan con un retraso mayor que el de este Informe. Por ello, nos vemos obligados a basar este trabajo con un mayor recurso a los materiales de la prensa cotidiana de lo que es habitual en nuestros Informes. Nos ha parecido que, en esta ocasión, la precisión en los datos es menos importante que presentar las tendencias de la economía y sus consecuencias que los datos menos sistemáticos pero más próximos nos permiten. Asimismo, hay que tener en cuenta que la situación de la economía y las políticas que se están estableciendo están cambiando rápida y permanentemente, por lo que es posible que en algunos puntos puedan aparecer algunos datos y aspectos contradictorios entre sí, fruto de las propias incoherencias que se están produciendo. También es muy posible que durante el tiempo necesario para editar este Informe, se publiquen algunos datos que alteren, presumimos que ligeramente, los datos aquí utilizados. Esperamos que los lectores tengan estos aspectos en cuenta en sus lecturas.

Notas

1. Recogido de A. B. Nieto,”Zapatero quiere superar la renta per cápita de Francia en tres años,” en Cinco Días, 25/09/2008

2. Algún día habrá que analizar porque se aceptaban estas condiciones.