¿Hacia dónde se orienta el capitalismo mundial?

En la era de la globalización es impensable estudiar los países individualmente. En la actualidad, la categoría país sirve de poco en sí misma para entender qué sucede en cualquier territorio. Por ello, en primer lugar, queremos bosquejar brevemente cuáles son las tendencias que parecen regir la evolución actual del capitalismo global para, partiendo de ellas, intentar detectar las tendencias específicas del capitalismo en el Estado español.

En 2016 se presenta una economía global sometida a diversas tendencias, algunas de ellas bastante contradictorias. En conjunto, la mayoría de comentaristas consideran que ya se ha salido de la crisis del 2008 (aunque en algunos países es más difícil aceptar esta afirmación), a pesar de que disminuyen significativamente las tasas de crecimiento en los países emergentes, principalmente en China y Brasil, y son abundantes los temores a que surja una nueva recesión. Son profusos los indicios que apuntan a una etapa de turbulencias, incertidumbres, e inestabilidad económica, bajan los precios de las principales materias primas, disminuyen las transacciones internacionales, caen las bolsas, la corrupción campa incontroladamente a sus aires, mientras que, al mismo tiempo, se recupera la actividad económica y los beneficios de los grandes capitales. Aumenta la desigualdad y el número de pobres por millones, alcanzando cifras nunca vistas, mientras a su vez crece el número de milmillonarios y las grandísimas fortunas; es copiosísima la retórica acerca de la preocupación por los derechos humanos y la libertad individual y, sin embargo, siguen proliferando las guerras de baja intensidad, la violencia se expande con toda su capacidad de destrucción de seres humanos. El dominio de la mayoría de las poblaciones por una minoría de poderosos se acentúa sin cesar. Incluso las grandes instituciones internacionales, en su ponderado lenguaje, muestran su confusión: “El G20 no descarta ninguna opción que permita impulsar el débil crecimiento mundial, pero tampoco aporta una respuesta concreta para lograr tal fin…La recuperación global continúa, pero sigue siendo desigual y se queda corta de nuestra ambición de un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado”.1

Aparentemente pudiera pensarse que el capitalismo está en crisis, pero, al mismo tiempo se puede percibir que el espíritu depredador del capitalismo como sistema, como ideología y conjunto de mecanismos de poder parece más firme, consolidado y potente que nunca, y sus intereses de clase se mantienen, nítidos y pujantes. No existe en el sistema global una oposición potente al mismo, aunque cada vez una parte mayor de las poblaciones sufren de su dominio y hay más iniciativas aisladas intentando contrarrestar su hegemonía. Por ello es posible también sostener que es su modelo de acumulación (o crisis dentro del neoliberalismo) el que padece fuertes turbulencias, alteraciones que aprovecha el sistema para eliminar los poderes más débiles y, al mismo tiempo, debilitar la capacidad de resistencia y los elementos de bienestar conseguidos por la lucha histórica de la clase trabajadora. Habrá que esperar a ver por qué cauces se desarrollan los acontecimientos, pero parece claro que no es tanto el capitalismo el que está en crisis sino en una fase de búsqueda en la que intensificar su poder sobre las clases trabajadoras y populares, así como de un nuevo orden de gobierno mundial en el que las ganancias se repartan todavía entre menos propietarios de bancos y empresas. Mientras no lo paremos, el capitalismo sigue rescatando sus instituciones emblemáticas y hundiendo en la miseria a las poblaciones.2 Y como señala Samir Amín, para poder mantener su poder en los países tanto del Norte como del Sur, el capitalismo planetario “se ve obligado a combatir [reestructurar la función de] los estados, de las naciones, y a los trabajadores del mundo”.3

Se están produciendo fuertes cambios en el capitalismo, pero estos no alteran ni su esencia, ni sus objetivos ni su ideología. El capitalismo como sistema domina el globo y mantiene su esplendor aunque sus contradicciones coyunturales crezcan. Es seguro que el capitalismo no permanecerá para siempre, como afirmaba Fukuyama, pero también es difícil de aceptar en el corto plazo la idea de S. Zizek, que predice “el final de los tiempos, la crisis terminal del capitalismo”4 planetario. Habrá que luchar mucho, intensa y muy ingeniosamente, y durante largo tiempo, para que esto suceda. En este mundo incierto y turbulento están transcurriendo los primeros años del siglo XXI.

En este espacio global prosigue la concentración del capital y los sectores más dinámicos son regidos por muy pocas corporaciones transnacionales de un inmenso poder y sustanciosos beneficios –Wall Mart, Cargill, Monsanto, Apple, Google, AB InBev (cervezas), ), AOL, Vodafone, Pfizer, y algunas más.

Recuadro 1. Una economía al Servicio del 1%

Oxfam ha analizado 200 empresas, entre ellas las más grandes del mundo y las socias estratégicas del Foro Económico Mundial de Davos, revelando que 9 de cada 10 tienen presencia en paraísos fiscales. En 2012, las empresas multinacionales estadounidenses declararon 80.000 millones de dólares de beneficios en las Bermudas, una cantidad superior a los beneficios que declararon en Japón, China, Alemania y Francia juntas.

En 2014, las empresas farmacéuticas destinaron más de 228 millones de dólares a llevar a cabo actividades de lobby en Washington.

Los datos de la Penn World Table indican que la participación media del trabajo en la renta nacional se ha reducido en 127 países, pasando del 55% en 1990 al 51% en 2011.

Según todas las clasificaciones globales, la concentración de riqueza a nivel mundial sigue su proceso de forma irreversible. “Recientemente, Credit Suisse ha revelado que el 1% más rico de la población mundial acumula más riqueza que el 99% restante… En 2015, sólo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). No hace mucho, en 2010, eran 388 personas… La riqueza en manos de estas 62 personas se ha incrementado en un 45% en apenas cinco años…Mientras tanto, la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se redujo en más de un billón de dólares en el mismo periodo, un desplome del 38%”.5

“El mundo es muy pequeño. Unas veinte, treinta o cincuenta personas de todo el mundo impulsan la industria o el sector en el que interactúo…” (palabras de un alto directivo de una gran empresa multinacional, según A. Baños).6 Los estados y los entes políticos son cada vez instituciones más subordinadas a estos gigantes privados, de modo que la política está cada vez más supeditada a los intereses del capital global. Todas las instituciones de la democracia permanecen vivas y son utilizadas, pero la energía del sistema político y la capacidad de innovación se encuentran en otras esferas.

La gestión y el seguimiento de las políticas que se proponen en las instituciones democráticas son sustituidos por organismos burocráticos. Las grandes empresas tienen capacidad para imponer las directrices de política económica que les convienen (regulaciones desfavorables al empleo, al medio ambiente, proteccionistas, TTIP, etc.). No se trata de que se debilite la presencia del Estado, pues el capital va a necesitar más que nunca sus ayudas directas, para rescatar a sus élites nacionales y a sus grandes empresas, así como su apoyo para intensificar la explotación de los trabajadores y dar bastante más peso a la función de represión para controlar las poblaciones. Un ejemplo claro del papel del Estado respecto a la represión de las clases populares lo tenemos en Wall-Mart, una de las mayores empresas del mundo, que “niega sin disimulo uno de los derechos humanos proclamados por las Naciones Unidas: la libertad de asociación. Sus más de novecientos mil empleados tienen prohibida la afiliación a cualquier sindicato… [Sin embargo], el fundador, Sam Walton, recibió en 1992, la Medalla de la Libertad, una de las más altas condecoraciones de los Estados Unidos”.7 En aras de una omnipresente competitividad y estabilidad, se acepta de forma generalizada que las sociedades han de estar sometidas a los mercados, a los grandes intereses financieros (bancos y aseguradoras) y a las agencias de calificación. Un nuevo gran hermano vela por la productividad, competitividad y estabilidad mundial.

El presunto matrimonio democracia-mercado que iba a suponer el fin de la historia se hace imposible en momentos de necesidad de recomponer el sistema con niveles mucho más bajos de producción. Ahora la ‘democracia’ se permite para imponer gobiernos no votados y cambios exprés de constituciones. El mercado no tolera la democracia.

Bajo estos tribunos/tecnoburócratas8 amparados por el mito de la supuesta neutralidad de los técnicos, se imponen e intensifican nuevas funciones para el Estado. Por una parte, los grandes profetas del neoliberalismo –no intervención– corrigen la ortodoxia del mercado y piden, incluso exigen los rescates, salvando a los poderosos que hunden el mundo. El FMI, el FED (Sistema Federal de bancos centrales de Estados Unidos) y el Banco Central Europeo (BCE) rescatan al capital financiero y a los capitalistas financieros del mundo occidental. El neoliberalismo no sirve para controlar el riesgo. Por otra parte, el Estado se convierte en agente directo de la desposesión a través de la política económica basada en la austeridad, los ajustes y los recortes de los derechos sociales. Y para controlar las resistencias se expande el sistema policial, el sistema judicial, el sistema carcelario/ penal, el sistema militar y un sistema fiscal con capacidad para recaudar desde la población los impuestos necesarios para todo ello. Para lo que les conviene se olvidan totalmente del neoliberalismo aunque lo utilizan con ardor en todo lo referente a los derechos sociales.

Marx/Engels ya afirmaban que “el gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”.9 Pero no son sólo los autores críticos quienes lo señalan sino que también Adam Smith, el padre de la economía como disciplina, señalaba: “el gobierno civil, en tanto que tiene como objetivo la seguridad de la propiedad, es, en realidad, instituido para defender a los ricos contra los pobres, o bien aquellos que tienen alguna propiedad contra los que no tienen nada”.10 Mientras tanto, la corrupción está presente en todos los ámbitos y funciona como el aceite que lubrica el sistema.

En el ámbito económico se está asistiendo a una clara crisis de sobreproducción, es decir, que el capitalismo global produce mucho más de lo que puede vender a unas poblaciones con salarios decrecientes. Crisis que no está siendo realmente abordada. En lo que va de siglo, la producción aumentó fuertemente en muchos productos, y ahora no encuentran ventas suficientes. Por ejemplo, respecto a la producción de acero, que es una industria básica en todo el mundo “…el problema para la industria europea se llama China. En los pasados 15 años, la producción mundial de nuevo acero aumentó un 105%,…

En 2000 China era responsable del 3% de la producción mundial, ahora genera más de la mitad. Han barrido a todos los productores extranjeros del país y han invadido mercados, están empujando a todos los productores a salir a competir a un mundo globalizado… Según la Comisión Europea, el exceso de producción en el continente europeo fue de 80 millones de toneladas métricas en 2014 frente a una demanda de 149 millones de toneladas”.11 Pero, al mismo tiempo, China, a pesar de una previsión de crecimiento del 6,5-7%, quiere también eliminar el exceso de capacidad en sectores como el cemento o el cristal y estima que la reconversión de sus sectores del carbón y el acero costará al menos 1,8 millones de puestos de trabajo. Y así en un gran número de sectores. Se concentra la propiedad y se pretende disminuir la producción y reducir la capacidad instalada.

Estamos sumidos en “su salida” de la crisis, que se traduce en un proceso de destrucción selectiva y premeditada de la capacidad productiva: se destruyen sectores concretos de la producción, se cierran empresas, disminuye la producción, se eliminan puestos de trabajo.12 Por ejemplo, las acerías europeas han perdido el 20% de sus trabajadores en los últimos ocho años: 85.000 personas en datos de la patronal Eurofer … “El gobierno de la provincia de Hebei, que representa un cuarto de la producción ordinaria de acero de China, ha asegurado que recortará 60 millones de toneladas métricas de capacidad hacia 2017 y que prohibirá cualquier proyecto nuevo…”.13 La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que en 2014 había más de 201 millones de personas desempleadas en todo el mundo, lo cual supone un incremento de más de 31 millones de personas desde el comienzo de la crisis económica.14 Los ritmos de crecimiento de los intercambios mundiales disminuyen del 7,5% entre 1995 y 2007 al 3,5% entre 2012 y 2014 y China ya no parece ser la fábrica del mundo y empieza a mirar a su mercado interno. Los afectados están siendo países enteros en los que se ha condenado a la miseria a sus clases populares, pequeñas empresas y autónomos, que han desaparecido. Los rescates de la troika a los países en quiebra –Grecia, Portugal, Irlanda, España y Chipre–, son parte de estos mecanismos de destrucción productiva y sometimiento, y de recomposición de las fronteras del mundo productivo, viéndose, además, expulsados del primer mundo. Mientras, las empresas más grandes recuperan la actividad y los beneficios, absorbiendo en el proceso a las medianas y pequeñas empresas, y aumenta el número de millonarios y milmillonarios con un inmenso poder económico y político.

Las confrontaciones entre países con economías muy competitivas les lleva a estar inmersos en una guerra de divisas –no sólo entre el dólar y el euro sino también con el yen y las monedas china e india (reminbi, yuan y rupia) y el rand sudafricano– y a todo tipo de medidas proteccionistas más o menos camufladas, mientras se amplían los mecanismos desreguladores de la competencia, -negociaciones entre la UE y Canadá –CETA–, entre la UE y Estados Unidos –TTIP– y los proyectos de intensificarla –TISA–, la difusión de las tecnologías de la información y la comunicación, la voluntad de los gobiernos de los países pobres de integrarse en los circuitos económicos mundiales, la de las empresas transnacionales (ETN) de penetrar en nuevos mercados solventes, la de los inversores financieros en lograr mayores rendimientos… Sin embargo, al mismo tiempo, la globalización se tambalea en algunos aspectos –por ejemplo, por la repatriación de las empresas de los países centrales que se expandieron en los países periféricos hacia sus países centrales de origen. La explosión del proceso de producción de las ETN sufre del aumento del coste del trabajo en los países emergentes, de la necesidad de reacciones muy rápidas, de la de proximidad a los consumidores, de los cambios en las modas y la evolución de los aspectos ecológicos. Las inversiones internacionales se reducen, así como el comercio mundial y las actividades internacionales de la banca. “Los flujos de capital ahora se están reinvirtiendo, tornándose negativos por primera vez desde 2006 y superando, en el año 2015, un nivel de salidas netas desde los países en desarrollo del orden de los 600.000 millones, más de una cuarta parte de los flujos de entrada que recibieron durante los seis años anteriores… Habrá grandes efectos de reacción en la cadena en la economía real, incluyendo daños graves a las perspectivas de crecimiento de los países en desarrollo”.15 Parece que el futuro del capitalismo no apunta exclusivamente a la globalización, sino que oscila entre las tendencias a aumentarla y a disminuirla. En el Recuadro 2 recogemos, como ejemplo, un artículo que incluye datos que muestran cómo el sector textil de Estados Unidos, que se había deslocalizado casi completamente hacia Asia, vuelve a su territorio de origen.

Recuadro 2. Se reactivan los empleos textiles en Estados Unidos

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Zhu Shanqing, dueño de una fábrica de hilo en Hangzhou en la provincia china de Zhejiang, batalla con el alza en los costos de mano de obra, energía y terrenos. Zhu forma parte de un creciente grupo de fabricantes asiáticos de textiles que están instalando su producción en el sudeste de EE.UU. para ahorrar dinero a medida que los salarios, la energía y otros costos aumentan en su mercado local. Su empresa, Keer Group Co., ha decidido invertir US$218 millones para construir una fábrica cerca de la ciudad de Charlotte, en Carolina del Norte. La nueva planta pagará la mitad de lo que pagaba por la electricidad en China y recibirá el apoyo del gobierno local, indica. Keer espera crear al menos 500 empleos. Hay otra ventaja. Conforme los costos siguen aumentando en China, Keer puede enviar hilo a fabricantes en Centroamérica, que, a diferencia de empresas en China, pueden exportar prendas terminadas libre de impuestos a EE.UU.

El traslado de la compañía de Zhu y otras probablemente no resucitará la otrora pujante industria textil del sur de EE.UU. Sin embargo, ilustra la forma en que los cambios en el comercio global están creando ventajas para el sector manufacturero estadounidense. Zhu, de la empresa Keer, indicó que los impuestos estadounidenses fueron un factor en su decisión de establecerse en EE.UU. para poder aprovechar a los fabricantes de ropa centroamericanos, y no depender únicamente de una China cada vez más cara. El empresario afirmó que en Hangzhou –una de las ciudades más acaudaladas de China– los precios de los terrenos industriales se han disparado, lo que ha dificultado la expansión. La industria textil de China se encuentra plagada por el exceso de capacidad, lo que ha disminuido los márgenes, y los gobiernos locales son renuentes a vender tierras a productores.

En octubre, ShriVallabh Pittie Group, con sede en Mumbai, anunció que construiría una planta de hilo de US$70 millones en la zona rural de Sylvania, en el estado de Georgia, aportando 250 empleos. La empresa quiere evitar pagar aranceles estadounidenses y obtener energía “barata, abundante y fiable”, que es crucial para la producción de hilo pero que sigue siendo inconstante en India, apuntó Zulfiqar. Ramzan, vicepresidente para el desarrollo internacional. El hilado de fibras se lleva a cabo 24 horas al día, siete días a la semana, durante casi todo el año, y cualquier interrupción en el suministro eléctrico puede causar grandes retrasos y desperdicios, señaló el ejecutivo. ShriVallabh Pittie Group planea financiar su planta con créditos con tasas de interés mucho menores a las que recibiría en India, además de otros beneficios tributarios locales, indicó Ramzan. El hilo que se produzca en la nueva planta en Georgia será enviado a fábricas en América Latina que lo convertirán en ropa que luego será exportada a EE.UU. libre de impuestos, anotó. “Ha sido una barrera al acceso”, dice Ramzan sobre los aranceles estadounidenses. “Siendo una empresa india, es necesario intentar hacerlo todo por 12% o 15% menos para sacar una ganancia. Ahora ya no tendremos que hacer eso”.

En septiembre, la china JN Fibers Inc. decidió construir una planta de US$45 millones en Carolina del Sur que transforma botellas de plástico en fibras de poliéster que se usan para rellenar almohadas y muebles. Se prevé que esta inversión cree 318 empleos. Representantes de desarrollo de proyectos en Carolina del Sur y Georgia dicen que este año los han contactado más fabricantes asiáticos de textiles.

Los impuestos al hilo e indumentaria importados han existido por décadas en EE.UU. Pero los acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte crearon varias zonas francas entre el país y sus socios. Por años, los fabricantes de ropa en Asia simplemente absorbieron los impuestos ya que los costos de producción y transporte eran muy bajos. Ahora están reevaluando esa práctica.

Los costos en ascenso han hecho que sea más caro producir hilo en China que en EE.UU., indica Brian Hamilton, quien escribió la disertación para su doctorado de la Escuela de Textiles de la Universidad Estatal de Carolina del Norte sobre la industria textil global. Hamilton descubrió que en 2003, producir un kilo de hilo en EE.UU. costaba US$2,86 mientras que en China costaba US$2,76. Para 2010, el costo en EE.UU. era de US$3,45 mientras que en China había subido a US$4,13. Producir en EE.UU. era más barato que en Brasil, Turquía y Corea del Sur.

Las nuevas inversiones suman sólo unos cuantos empleos a una industrial textil que a fines de los años 90 estuvo a punto de desaparecer, conforme muchas plantas cerraron o se trasladaron al exterior en busca de mano de obra más barata. En noviembre, 114.900 personas trabajaban en plantas textiles en EE.UU., un descenso considerable comparado a 1993, cuando 477.300 personas estaban empleadas por el sector, según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU.

En estos acuerdos, EE.UU. impuso un requisito que indica que los textiles importados de países socios deben estar hechos con materiales producidos por completo ya sea en esos países o en EE.UU. De no ser así, enfrentan aranceles, normalmente de entre 5% y 6% por el hilo, de 10% a 12% por la tela y desde 15% hasta 20% por ropa terminada, según el National Council of Textile Organizations, un grupo de la industria textil en EE.UU.

Es sabido, también, que el capital financiero se ha convertido en hegemónico, lo que significa que buena parte de la transformación de los espacios económico-políticos del mundo estarán, en el corto plazo, inicialmente conformados por los intereses de los poderes financieros. De acuerdo con los datos del Banco de Pagos Internacionales, “la cantidad de dinero ficticio, creado financieramente, supera más de diez veces el número de bienes y servicios que se pueden comprar en este mundo. [Además], este dinero financiero crece de manera exponencial”.17 No entraremos aquí a tratar del problema de la deuda, que ha sido estudiado en el Informe 8 de Taifa, La estrategia del capital, pero no podemos dejar de señalar que una poderosa clase económica poseedora de grandes masas de capital ficticio utilizó el viejo mecanismo de deuda para esclavizar sectores enteros en lugares alejados.

De aquí que nos interese detectar hacia dónde pretenden ir los imperios financieros para entender las transformaciones que inducen en las economías reales. Entre ellas: una, la estructura de propiedad de las empresas multinacionales productoras de bienes y servicios, que está compuesta, en gran medida, por los créditos y las inversiones que realiza el sector financiero en las mismas. Es decir, las entidades financieras son propietarias de una buena parte de los pasivos de las empresas de la economía real o dominan sustancialmente a través de sus créditos, por lo que pueden tener una fuerte incidencia en la economía productiva. Tras la crisis de 2008, dada la supremacía del capital financiero el colapso creciente del crédito a la industria actúa como modelo de destrucción selectiva del ámbito industrial.
Entonces, al frenar la producción real, que es la única fuente de nuevo valor, conduce a la imposibilidad de mantener los flujos que alimentan la succión financiera (los beneficios). Dado que el capitalismo financiero está imponiendo un ritmo bajo, o de decrecimiento, a la economía productiva, en algún punto esta habrá de tener un punto de inflexión hacia una senda de desarrollo positivo; esta ‘austeridad’ en la economía real no puede tener como objetivo el hundimiento total del sector del capitalismo productivo. Pero, ¿dónde y con qué modelo se sitúa el punto de recuperación?

En el ámbito social han disminuido sustancialmente las regulaciones públicas relacionadas con los aspectos laborales o ecológicos, aproximándose al modelo totalmente desregulado de zonas francas implantado en países con economías pobres. Los salarios, el empleo, los derechos laborales, las condiciones de trabajo, la cesta de consumo básico, están siendo atacados en todo el planeta, para disminuir el coste por hora de trabajo y ser más competitivos. Ninguna regulación de entrada en la contratación de mano de obra (temporalidad total, eliminación del salario mínimo); ninguna regulación durante el tiempo de trabajo (jornada ilimitada, libre flexibilidad/ movilidad, bajos salarios, sin antigüedad, sin aportaciones a la Seguridad social, sin representatividad sindical ni derecho de huelga, condiciones de trabajo y ambientales decididas por la empresa, etc.); y sin ninguna regulación de salida (despido libre y gratuito, anulación del contrato obligatorio de empleo). También, un gran número de asalariados son convertidos jurídicamente en trabajadores autónomos que son trocados contra su voluntad en responsables a todos los efectos de su suerte jurídica, económica y social, lo que facilita en alto grado su “flexibilidad” y sometimiento a las exigencias de sus ”patronos-contratadores”. Y esto está sucediendo no sólo respecto a las clases populares, sino también y con bastante intensidad a las clases medias, que ven deteriorarse su situación, de modo que el viejo contrato de rentas keynesiano que con las clases medias generaban un colchón que hacía de freno al descontento de millones de desposeídos, dado que estas no tienen una cultura de clase y mucho menos una cultura de resistencia al capitalismo, experimentan ahora la agresividad de un sistema que no duda en recortar sus prebendas. Lo que hará que buena parte de sus componentes vaya asumiendo la miseria que el capitalismo les tiene reservada.

Recuadro 3. El control del capital financiero sobre el productivo

El mecanismo que actúa para el encadenamiento destructivo es el siguiente: en un contexto de intensa competencia y fuertes créditos, el capital productivo tiene que disminuir los precios medios para sobrevivir, lo que lleva a menudo a una mecanización creciente, y a la imposibilidad de vender con beneficios, lo que supone a su vez la incapacidad de devolver los intereses y, todavía más, de pagar la deuda, lo que refuerza el control del capital financiero sobre el capital productivo.
Otra, es sabido que el capitalismo necesita la producción y realización de plusvalías en el medio y largo plazo como base de la acumulación de riqueza no ficticia. A medida que se abandonan los estímulos a la expansión como política a escala global, el pagar la deuda adquiere preeminencia frente al aumento del consumo.

El mantra de la inevitable “competitividad” no conduce sólo al paro y la precariedad laboral sino que también se producen diversas reorganizaciones en el personal productivo: geográfica, funcional y generacional; de modo que regiones enteras, profesiones respetables y ciertas edades laborales quedan descartadas, generándose así espacios económicos y sociales desérticos en los corazones de los países industrializados. Por ejemplo, respecto al ámbito laboral, ni los jóvenes encuentran su primer empleo, ni mucho menos los mayores de cincuenta años lo conservan o logran un nuevo empleo.

“El capitalismo planetario ha convertido las empresas de las burguesías nacionales en grandes empresas multinacionales, en monopolios generalizados. Las masas de obreros concentrados en las fábricas de estos consorcios serán ahora sometidas a una organización y disciplina autoritaria, sin ninguna regulación que las proteja. No son sólo esclavos de la burguesía y del estado burgués, sino que están todos los días y a todas horas, bajo el yugo esclavizador de las exigencias de la creación y apropiación de la riqueza. Y este despotismo es tanto más mezquino, más odioso, más indignante, cuanta mayor es la franqueza, con que proclama que no tiene otro fin que el lucro”.18 Parece que fue escrito ayer.

Aumenta la desigualdad y la pobreza. Ya se ha dicho que actualmente, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante de las personas del planeta, y “desde el inicio del presente siglo, la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50% de esa “nueva riqueza” ha ido a parar a los bolsillos del 1% más rico”.19 Para el capitalismo no son personas sino “recursos obsolescentes”, cuyo costo absoluto merma la parte del capital en los beneficios globales. Crece la población y la expansión geográfica del capitalismo, a la par que la implementación de nuevas tecnologías en el ámbito productivo ha provocado una ampliación notoria de las filas del ejército de reserva mundial, intensificando enormemente la competencia por un empleo entre los trabajadores de todo el mundo. El paro y la precariedad laboral están alcanzando tales niveles que incluso muchas organizaciones de izquierda consideran que el empleo asalariado y la explotación que encierra sea un valor en sí mismo,20) un valor a reivindicar con uñas y dientes (más empleo, más explotación); “tanto P. Lafargue como O. Wilde se hubieran sentido horrorizados de haberse dado cuenta que, pasado cierto tiempo, el trabajo manual mismo se convertiría en ideología de los partidos socialistas y comunistas, [como de los sindicatos] que se dedicaron [y aún se dedican] a glorificarlo en lugar de abolirlo”.21 Toda concepción del trabajo asalariado como alienante y explotador del ser humano ha desaparecido con ayuda de las propias asociaciones tradicionales de trabajadores.

Por otra parte, se desmantela totalmente la universalidad de los derechos de los que disfrutaba la población occidental con el Estado del bienestar: la cultura y la educación públicas ya hace tiempo que se han convertido en bienes mercantiles que rinden beneficio monetario e ideológico al sistema, mientras que la previsión frente las contingencias humanas como la pobreza,22 la enfermedad, el analfabetismo, el desamparo social, son reducidas al mínimo o quedarán sujetas a medidas asistenciales que puedan organizarse en y desde las asociaciones caritativas del sector privado. Este es precisamente el ámbito preferente en el que los recortes presupuestarios se están concentrando con mayor dureza para la población. El ámbito público da paso a lo privado, la acción social del Estado se diluye a favor de la actividad del mercado o de la caridad. Por tanto, quien tenga poder adquisitivo sobrevivirá, y quien no contribuirá a reducir la tasa de crecimiento vegetativo. Como ya señalaban Marx/Engels en 1848, se trata de volver a imponer a los trabajadores que lo “que cobren no sea más que el valor de los medios de subsistencia indispensable para vivir y perpetuar su linaje”.23

Pero esto no es nada nuevo. F. Engels ya denunciaba hace más de un siglo la falta de interés del capitalismo por el bienestar de las poblaciones: “(el capitalismo)no persigue otro fin en realidad que el de enriquecerse por vuestro trabajo, mientras pueda vender el producto del mismo, y de dejaros morir de hambre, desde el momento en que ya no pueda sacar más provecho de este comercio indirecto de carne humana. […] Si (el proletario) tiene la suerte de encontrar trabajo, es decir; si la burguesía le concede la gracia de enriquecerse a su costa obtiene un salario que apenas es suficiente para sobrevivir; si no encuentra trabajo, puede robar, si no teme a la policía, o bien morir de hambre y aquí también la policía cuidará que muera de hambre de manera tranquila, sin causar daño alguno a la burguesía”.24

La Unión Europea

En este contexto global es necesario volver la mirada hacia la Unión Europea (UE), segundo de los espacios centrales del mundo, la rica región en la que estamos situados. A pesar de ser todavía un espacio económico de innegable poder, la UE se encuentra en una situación de decadencia frente a su principal competidor, Estados Unidos, pero también frente al resto del mundo. Mientras Estados Unidos se ha recuperado de la crisis con un crecimiento en torno al 2% anual y que China normaliza el fortísimo crecimiento del último decenio en torno al actual del 7%, la potencia europea se arrastra, no consigue reencontrar el camino del crecimiento y presenta sólo un 1,4% en 2014, lastrada por su corazón, la zona euro, que no se ha recuperado verdaderamente desde la crisis del 2008, con un modestísimo crecimiento del 0,9% en 2014. Si ha mejorado algo en 2015 es merced a los efectos combinados de la caída del precio del petróleo y un euro devaluado. El paro se mantiene elevado en torno al 10%,25 y cuando este disminuye, es en detrimento de la calidad de los empleos. El coste del trabajo desciende en la inmensa mayoría de los países de la Unión.

Recuadro 4. La tentación del “dumping social”

El coste total del trabajo (incluyendo los salarios y las cargas) varían entre menos de 4 euros la hora en Bulgaria, a más de 40 euros en Dinamarca. Si los capitales se desplazan más bien del oeste hacia el este de Europa, para aprovechar de una mano de obra barata, muchos trabajadores del este hacen el camino inverso y van a emplearse al oeste. El status de trabajador ”detaché” es una de las formas de esta movilidad. 1,34 (millones?) de trabajadores tenían esta calificación en 2013, un aumento del 27% respecto a 2010. Estos trabajadores deben ser pagados según el salario del país que les recibe, pero las cotizaciones sociales y patronales se pagan en el país de origen.

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Gráfico 2. Tasa de paro  2015 en la UE.
Gráfico 2. Tasa de paro 2015 en la UE. Fuente: Eurostat

Fuente: Eurostat

Alemania y el Reino Unido están casi en pleno empleo. Grecia y España son los que muestran tasas de paro extremadamente elevadas, aunque se anuncia una disminución. Sin embargo, esto no debe hacer olvidar que la disminución del paro puede ir asociada con una degradación de la calidad del empleo. Tras la creación de puestos de trabajo (cientos de miles en España y en el Reino Unido en 2015) se esconde el aumento del trabajo precario.

Este sistema, que tiene numerosos fallos, aumenta el dumping social en Europa, ya que es muy tentador para las empresas aprovecharse de las considerables diferencias en los costes de trabajo entre los países europeos. Y para los estados, en particular los del este de la Unión, disminuyen las cotizaciones sociales.

Las autoridades europeas han optado por la austeridad frente a la deuda, restringiendo su demanda y su capacidad de inversión, tornando todavía más negativo su porvenir.

El espacio europeo de acumulación tiene muchas dificultades para superar los retos de un contexto mundial de restauración del sistema. Uno de los problemas más importantes del espacio europeo consiste en las distintas estructuras productivas y las diversas necesidades de los países miembros que, sin embargo, no han desarrollado un sistema político que pueda compensar algunos de los principales desequilibrios (como sucede en Estados Unidos, por ejemplo). No se puede ignorar el impacto de las desigualdades internas europeas que se convierten en confrontaciones destructivas.

La aparición de importantes límites en la economía productiva provoca profundos cambios en las relaciones capital-trabajo, pero también impactos significativos sobre los diferentes ámbitos de configuración internacional. Dado que la economía global se encuentra en una situación de sobreproducción, es necesario paralizar primero y destruir después partes importantes de la capacidad instalada, lo que provoca intereses contradictorios y confrontaciones entre colectivos que cuentan con diferentes niveles de poder dentro de sus áreas geográficas. Es importante analizar los agentes y estructuras de poder en cada país y no limitarse sólo a la consideración de los mismos como unidades homogéneas.

Los países centrales que controlan el poder en la UE se enfrentan a problemas importantes pues tienen que conjugar distintos efectos: la única salida de su capacidad productiva sobredimensionada es la creciente exportación, pero dada su condición de exportadores tienen que mantener sus mercados y su producción industrial en un entorno de caída y competencia creciente, en un contexto mundial de guerra de divisas y de aparición de medidas proteccionistas.

Dentro de los países exportadores se produce un enfrentamiento importante entre las empresas que exportan y las empresas que producen para la demanda interna. Diferentes medidas tomadas por los gobiernos para favorecer las exportaciones y la balanza comercial basadas sobre todo en los recortes salariales y sociales son a costa de la calidad de vida de una parte muy importante del país y destruyen la demanda de las empresas cuyos productos están sólo dirigidos al mercado interno. Se tensan las contradicciones de un sistema que necesita la acumulación y expansión constante con la actual pandemia de la austeridad. Estas medidas pueden mejorar los beneficios de las empresas exportadoras y el nivel de vida de sus propietarios pero aumentan la explotación de las mayorías.

No hay que olvidar, tampoco, que algunos países de las periferias europeas (sur y este) que han perdido una gran parte de su capacidad productiva nacional presentan una gran dependencia de la producción exterior, grandes desproporciones en las balanzas comerciales que de alguna manera se deben limitar y niveles de deuda impagables.

“Europa deviene el epicentro de la crisis del capitalismo globalizado. Una crisis profunda y multiforme, convulsa, previsiblemente prolongada y de incierto desenlace: crisis económica, social, ecológica, político-institucional, crisis de civilización…El sueño de un espacio compartido de derechos y progreso vuela en pedazos, dinamitado por la voracidad de los mercados financieros”.26

No todos los problemas de la UE son económicos. La desafección de sus pueblos por las instituciones y la organización política es patente, tanto para con la propia UE –bajísimo porcentaje de votos en las elecciones europeas, aparición de partidos antieuropeos–, como en los distintos países: fuerte crecimiento de partidos de extrema derecha en varios países, propuestas de abandono de la Unión. Además de tensiones muy importantes entre los países centrales que dominan la Unión y sus periferias, tanto del este –antiguos países del Pacto de Varsovia–, como de la periferia sur (países mediterráneos e Irlanda). La confianza respecto a la validez de la Unión está en sus niveles históricos más bajos. Cada vez más, se confirma que la UE no es más que un gran mercado y dista mucho de ser un espacio solidario (ver Taifa, Informe 10, Desentrañando la Unión Europea).

Tampoco se puede ignorar la importancia de las crecientes migraciones a la zona. No sólo las de fines de 2015 y principios de 2016 motivadas por las guerras en el Medio Oriente, sino lo que se adivina como una corriente permanente ante la miseria de tantos y tantos pueblos del mundo. A pesar de los escandalosos esfuerzos de prácticamente todos los países europeos por evitarlas –parecía que Alemania iba a ser una excepción pero ya ha cambiado de rumbo y empezado a frenar enérgicamente la inmigración– está claro que ”Europa” no está dispuesta a hacerse cargo ni siquiera de parte de la responsabilidad que le corresponde en la pobreza de los continentes que le rodean. Da vergüenza ser europeos. La cifra de 230 millones de migrantes en el mundo de los cuales 71 millones vienen a Europa y de 22.000 muertos en el Mediterráneo desde el año 2.000 muestra la dimensión de este fenómeno.27 Pero no será fácil frenar la desesperación de la gente ante la violencia y la pobreza que, cada vez más, va a exigir con más tenacidad sus responsabilidades al continente.

Gráfico 5. PIB por habitante y transferencias comunitarias en 2014. PIB por habitante en euros. Separación entre la media regional más débil y la más fuerte y la media nacional; transferencias comunitarias por habitante en euros; Transferencias comunitarias en relación con el gasto público nacional. Fuente: Alternatives Economiques. Hors-serie 106, octubre 2015.

Ante esta situación incierta, inestable, plena de turbulencias y camino de la decadencia, la UE no parece capaz de una acción política unitaria y favorable a las poblaciones, sino que refuerza sus exigencias de austeridad en todos los países y más en los más vulnerables. La gestión de la crisis griega es uno de los episodios más espectaculares y más recientes al respecto. A través de sus instituciones centrales –la Troika, aunque quieran cambiarle de nombre ahora, formada por las autoridades de la UE (Comisión Europea), el BCE y el FMI– exige a los estados nacionales la implementación de durísimas medidas de austeridad, ajuste y recortes que deterioran todavía más la situación de los más decaídos, en un intento de forzar todavía más la rendición total y el sometimiento incondicional de los estados miembros. La troika que supervisa la economía griega “ha pedido al Gobierno de Atenas que flexibilice las relaciones laborales con diversas medidas, entre ellas exige, aumentar la semana laboral a seis días y reducir el descanso mínimo entre turnos de trabajo a once horas, además de eliminar las restricciones a los cambios de turno de mañana y de tarde según las necesidades del empresario, así como reducir a la mitad la indemnización por despido y el plazo del que dispone el empresario para notificar la rescisión del contrato”.28 Medidas que reducen muy fuertemente la soberanía de los estados que, aunque quisieran, que no es frecuente, se encuentran inermes para llevar a cabo una política económica favorable a sus poblaciones, que se muestran favorables a los intereses de las oligarquías de los países centrales intensificando las medidas de freno a la actividad económica y opresión económica y social para la mayoría de las capas populares y los trabajadores en todos los países, y con mayor intensidad en aquellos más débiles. Especialmente en estos últimos, las poblaciones ven deteriorarse fuertemente sus condiciones de vida, incluso las clases medias que están experimentando un deterioro significativo en las mismas.

A pesar de estas medidas la UE se encuentra cada vez con más problemas y el debatido tema de la validez del euro para gestionar su espacio y la permanencia de muchos países en la Moneda Única se generaliza. A juicio de Amin, “la zona euro ha entrado en una crisis previsible que amenaza su existencia, y el proyecto europeo se desmorona”.29 No se muestra menos contundente S. Dahan: “La ciudadanía europea asiste atónita cuando constata cómo “las instituciones representativas”, parlamentos y gobiernos, no son sino teatros de sombras. La democracia política ha sido literalmente secuestrada por los consejos de administración de poderosos bancos y multinacionales. En medio de una desestabilización creciente, precipitando países enteros a la ruina y ahondando en todos las desigualdades sociales, Europa ve resurgir sus viejos demonios”.30

En las condiciones de declive actual, temor a una reaparición de la crisis y la ausencia de enérgicas resistencias, no parece que la UE pueda volver a la senda de un crecimiento con condiciones de vida aceptables para la mayoría de la población. La desigualdad entre países y entre las clases sociales y las personas en cada uno de ellos, así como la pobreza, se generalizan e intensifican como características estructurales. Unos pocos países centrales parecen capaces de mantenerse prósperos y mejorar sus condiciones, aunque también en ellos parece que la desigualdad y la pobreza son crecientes, pero en los países europeos periféricos el capitalismo parece cada vez más duro con la ciudadanía y orientado a intensificar su dominio en todos los ámbitos.

Es obvio que toda esta dinámica económica y política tiene consecuencias muy importantes para la ciudadanía. Estos significativos cambios en el capitalismo conllevan la necesidad de adaptar las ideas y la justificación de la renovada estrategia. Es curioso, sin embargo, que la ideología económica oficial de los centros de pensamiento institucionales y de los poderosos (universidades, grupos de asesoramiento), en la crisis de 2008 no han cambiado su pensamiento, al contrario de como había sucedido en crisis anteriores, aunque sí han modificado sus prácticas al recabar exigentemente el apoyo de los estados. Aunque podría pensarse que las ideologías existentes, neoliberales, austríacas, conservadoras con sus viejos elementos de análisis no son capaces de adaptarse a los recortes, a los rescates y a la gran depresión existente, se diría que al poder no le conviene cambiar de ideas, ya que le vienen muy bien. En ausencia de elementos ideológicos que sirvan para la legitimación de los nuevos modelos de explotación y desposesión, se recurre a los atávicos: el miedo y la represión.

Hay que preguntarse también a quién favorecen principalmente estos cambios. Ya hemos anticipado en los comentarios anteriores a quien benefician estas estrategias, pero puede ser útil todavía mencionar un mecanismo del que no hemos hecho amplia referencia: la deuda pública. La deuda sirve para trasladar riqueza de las capas populares a las más ricas dado que son estas últimas, y sus poderosas organizaciones como los fondos de pensiones y de inversión, SICAVS, etc, los que compran la deuda; cuyos intereses y cuando se produce el repago de parte de la deuda, son pagados por los impuestos que en su mayor parte satisfacen las clases populares. Tenemos aquí un sencillo mecanismo de deuda-transferencia de riqueza.

Pero no es un tema sólo económico –que ya sería bastante– sino que también se reconfigura el poder político bajo el mecanismo histórico de expolio mediante el endeudamiento de las clases populares: los poderosos, que son los que se nutren del excedente del trabajo de las personas, dan crédito a la población para que consuman aquello que acaban de producir; a medida que el mecanismo de explotación crece o se mantiene el deudor cada vez requiere de más crédito, el acreedor cada vez posee más poder para apropiarse del trabajo futuro, la desigualdad es creciente, la deuda aumenta hasta hacerse impagable y el poder se concentra en menos manos. En este momento ya hay personajes con un tal poder que podrían tener a una gran parte de la humanidad construyendo su pirámide.

Otra parte muy importante de la estrategia del capital apoyándose en el argumento de la crisis de 2008 es el intento de eliminar gradualmente lo que se conoce como Estado del bienestar. Con un doble objetivo: por una parte disminuir el gasto social colectivo y la presencia del sector público en la distribución del producto social, y por otra, favorecer el establecimiento de la iniciativa privada en el ámbito de los derechos sociales para que se puedan generar interesantes negocios destinados a las familias que dispongan de los recursos para ello. Una manera diáfana de desposeer a la población de derechos sociales logrados tras arduas luchas, y al mismo tiempo, de absorber los fondos que las familias puedan tener para cubrir los aspectos que tienen que satisfacerse necesariamente con una organización colectiva, como lo son los de salud, educación, pensiones y asistencia social. Esto es patente, en todas las políticas mundiales se tiende a un retroceso en cuanto la asistencia de la población y más acentuadamente de los excluidos, los sobrantes para el capital.

Mientras el Estado va abandonando deliberada y paulatinamente sus obligaciones sociales, va trasladando a las instituciones de caridad el cubrir las mismas para aquellos que no disponen de medios privados para hacerlo. En los últimos años se está asistiendo a una gran ampliación del papel de las instituciones de caridad, lo que conocemos como ONGs, (Cáritas, Cruz Roja y muchas otras), junto a una multitud de iniciativas para lograr fondos de la ciudadanía de buena voluntad –maratones, conciertos, festivales, campañas televisivas, donaciones–, que jurídicamente son privadas pero que en parte obtienen también fondos del sector público y que aceptan la responsabilidad de cubrir necesidades que debiera cubrir aquél. Bajo los dobles intereses del Estado, que abandona sus responsabilidades sociales, y los de unas instituciones privadas –ONGs–, que se valen de la solidaridad popular ante las graves carencias económicas y sociales de la población más vulnerable para ampliar su papel y su justificación en la sociedad, convirtiéndose en factorías asistenciales, se genera un desarrollo de instituciones que no sólo conduce a una provisión de mínimos derechos sociales a bajo coste (low cost) sino que anulan el potencial de contestación de la población afectada. No hay que ser muy radical para observar, “como si de nuevos lazaretos u hospitales para pobres se tratara, los cuidados paliativos de la nueva pobreza se derivan hacia las grandes factorías de la caridad. Parece que quedarse sin trabajo, sin casa o no llegar a fin de mes es cosa de Cáritas, de la Cruz Roja o de los bancos de alimentos. Algo ajeno al cuerpo social, cosa de privados, en muchos casos de la parroquia, que poco o nada tiene que ver con el Estado y las Administraciones Públicas”.31

Esta sustitución de los derechos públicos por la voluntad de la caridad privada, conlleva graves consecuencias: entre otras, colaboran a que desaparezca del imaginario colectivo la idea de un estado del bienestar construido a lo largo de en los últimos ochenta años como elemento fundamental en las propias entrañas del sector público; ayudan a que estos elementos encadenados eliminen sutilmente la idea del sentido colectivo y de apoyo mutuo, de lo público como algo positivo, a favor de potenciar la caridad privada, retrotrayéndonos a otros tiempos y reforzando el papel de bomberos sociales de estas organizaciones. Rol que comienza a ser admitido abiertamente por algunas personas buenas del tercer sector: “tras mucho años de experiencia como mosén en barrios humildes de Barcelona, el párroco J.Q. confirma que la situación [está llegando a su límite]: “hay dos diques de contención sin los cuales habría barricadas en las calles: la familia y la solidaridad representada en servicios como el de Cáritas””.32 Esto hace que alguna voz desde dentro de estas organizaciones denuncie el papel que realizan y reclame un cambio profundo en las mismas: “la enorme profusión de ONG, dedicadas a los mismos fines que han venido compitiendo por obtener los escasos recursos públicos existentes, ha facilitado su progresiva fragmentación, al tiempo que ha troceado cada vez más las demandas de los sujetos a los que se han dirigido para captar mayores volúmenes de recursos. Con ello, buena parte de las ONG optaron más por una estrategia de captar y gestionar cada vez más recursos, en lugar de ensanchar su base social, ofrecer cauces nuevos de participación e intervención efectiva y aumentar su capacidad crítica frente a las instituciones y la sociedad misma. La consecuencia de todo ello ha sido que buena parte de las ONG
en España han avanzado sobre bases organizativas muy débiles, mientras alimentaban una elevada dependencia económica de las instituciones públicas, sacrificando a cambio muchos de sus cimientos ideológicos esenciales para tratar de adaptarse a las exigencias instrumentales de las instituciones que les financiaban. Podemos decir que, a medida que las ONG se han extendido, han aparecido intervenciones cada vez más indiscriminadas, tanto desde el punto de vista operacional como desde la semántica ideológica que han aplicado, llegando en ocasiones a generar una doble dinámica, de despolitización de la esfera privada (anulando con ello su potencial de contestación) para privatizar la esfera pública (transfiriendo competencias y recursos de los Estados –y con ello del conjunto de la sociedad– al capital privado). Solo así puede entenderse que hayan aparecido casos de corrupción tan profundos protagonizados incluso por algún responsable político, como el “caso Blasco” en la Comunidad Valenciana, que son la epítome de un modelo de corrupción capilar que ha llegado a pervertir hasta extremos insospechados todo el caudal y la energía social e institucional que las ONG han acumulado durante años en nuestra sociedad, llegando a triturar los valores más nobles con los que estas organizaciones desempeñan su labor, para crear una maquinaria muy poderosa de captación, blanqueo y apropiación de dinero de las ONG de desarrollo”.33

Ya que es difícil prever la vuelta del Estado en estos ámbitos, parece necesario que la izquierda crítica, además de combatir contra las causas que generan el desastre, valore la necesidad de las urgencias de los damnificados y trabaje por la creación de mecanismos paliativos que a medio y largo plazo sean transformadores, pero en el día a día sirvan para seguir viviendo.

Dentro de esta breve relación de lo que está ocurriendo en el mundo y en particular en la UE, en el resto de este informe queremos revisar lo que está ocurriendo en algunos de sus aspectos concretos en el Estado español y qué características toma. Intentaremos analizar como estas orientaciones globales se reflejan en nuestro territorio particular y, en especial, las consecuencias que esto tiene en la vida cotidiana de la ciudadanía de a pie, tanto en las clases medias como, especialmente, en los trabajadores y las clases populares.

  1. X. Fontdeglòria, Las potencias discrepan en las recetas para reactivar la economía, El País. 28-2-2016. []
  2. Manolo Cañada, Rescatando bancos y desahuciando pobres []
  3. Samir Amin, Europa vista desde el exterior. El Viejo Topo. No 296, septiembre del 2012. []
  4. Slavoj Zizek, Viviendo en el final de los tiempos. Akal, 2012. []
  5. Oxfam-Intermón, Una economía al servicio del 1%, p. 2. Oxfam, 2016 []
  6. Antonio Baños Boncompain, Posteconomía. Hacia un capitalismo feudal, p 122-126. Los libros del lince, 2012. []
  7. “Los trabajadores de McDonald’s son tan desechables como la comida que sirven: los pica la misma máquina. Tampoco ellos tienen el derecho de sindicalizarse. En Malasia, donde los sindicatos obreros todavía existen y actúan, las empresas Intel, Motorola, Texas Instruments y Hewlett Packard lograron evitar esa molestia. El gobierno de Malasia declaró union free/libre de sindicatos, el sector electrónico. Tampoco tenían ninguna posibilidad de agremiarse las ciento noventa obreras que murieron quemadas en Tailandia, en 1993, en el galpón trancado por fuera donde fabricaban los muñecos de Sesame Street, Bart Simpson y Los Muppets”. Eduardo Galeano, Los derechos de los trabajadores: ¿un tema para arqueólogos? []
  8. Anthony Burgess considera que “estas personas se dedican a la política, o ejercen altos cargos de funcionarios, por la razón negativa de que tienen escaso talento para cualquier otra cosa, y la razón positiva de que el poder siempre es apetecible”. La condición mecánica. El País, 27-10-2012. []
  9. Karl Marx y Friedrich Engels, El manifiesto comunista,p. 41. Fundación Estudios Socialistas F. Engels, 1997. []
  10. Jean Dellemotte, “Adam Smith, défenseur du prolétariat”. L’Economie politique n° 067, julio 2015. []
  11. M. Fernández, Europa ya no es de acero. El País. 21-22016 []
  12. Lo que muestra claramente que el pretender resolverlo por medio de mejorar la formación de los trabajadores y el I+D+i es sólo una salida retórica y falsa en último término. []
  13. M. Fernández, Europa ya no es de acero. El País. 21-22016 []
  14. OIT, Perspectivas laborales y sociales en el mundo, tendencias 2015. []
  15. Joseph E. Stiglitz, Medidas contra la fuga de capitales. El País, 28-2-2016 []
  16. C. McWhirter y D. McMahon, Se reactivan los empleos textiles en Estados Unidos. The Wall Street Journal, 25-12-2013. []
  17. “El dinero total ficticio era de 707 billones de dólares, mientras que el PIB del planeta era de 63 billones en junio del 2011”. Antonio Baños Boncompain, Posteconomía. Hacia un capitalismo feudal, p. 117. Los libros del lince, 2012. []
  18. Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto comunista, p. 46. Fundación Estudios Socialistas F. Engels, 1997. []
  19. Intermón-Oxfam, enero 2016, Una economía al servicio del 1%, p. 2. Oxfam, 2016 []
  20. Olvidándose de la primera tesis de la propuesta de la Asociación Internacional de Trabajadores, que señala inequívocamente: “la abolición del salario que paga el capitalista al obrero, puesto que este salario no es otra cosa que la forma contemporánea de la esclavitud” (1864 []
  21. Owen Hatherly, Por qué trabajamos tanto si es el siglo XXI? []
  22. La tasa de riesgo de pobreza aumentó en los tres últimos años. Según datos de Eurostat, a finales de 2010 había más de 82 millones de pobres en la Unión Europea. []
  23. Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto comunista, p. 46. Fundación Estudios Socialistas F. Engels, 1997. []
  24. Friedrich Engels, Las condiciones de la clase obrera en Inglaterra []
  25. Dadas las cifras del Estado español, este porcentaje parece bajo, pero si pensamos que estamos en una de las regiones más ricas del mundo se puede percibir su alta dimensión. []
  26. Sylviane Dahan, Sadocapitalismo, p, 9. En Richard Poulin y Patrick Vassot, Sexo, capitalismo y crítica del valor. Dones D’Enllaç, 2012. []
  27. Datos de la Organización Internacional de las migraciones, publicado en Alternatives Economiques, Hors-serie, No. 106, p. 68. []
  28. La troika pide al gobierno griego ampliar a seis días la semana laboral La Vanguardia, 3-9-2012. []
  29. Samir Amin, Europa vista desde el exterior. El Viejo Topo. No 296, septiembre del 2012. []
  30. Sylviane Dahan, Sadocapitalismo, p, 9. En Richard Poulin y Patrick Vassot, Sexo, capitalismo y crítica del valor. Dones D’Enllaç, 2012. []
  31. Peru Erroreta, La nueva pobreza. []
  32. C. Blanchar, Crece la Barcelona pobre. El País, 6-1- 2013. []
  33. Peru Erroreta, La nueva pobreza. []