El modelo de desarrollo

Si tratamos de considerar conjuntamente la evolución de la economía del Estado podemos definir algunos rasgos básicos del modelo de crecimiento que la misma presenta:

  • Deja en manos de la iniciativa privada la marcha de la economía – es lo que llaman ‘mercado’- y sitúa la actuación pública, la política económica, en función de lo que es conveniente para ésta. Ello no significa que la actuación pública no es necesaria o importante, sino que se subordina a las necesidades o los deseos de los grandes agentes económicos.
  • Estos grandes agentes económicos están formados por capitales internacionalizados – es decir la combinación de grandes capitales internacionales y de los grandes capitales del Estado – que, conjuntamente conforman la economía española. Entre estos grandes capitales son los capitales financieros los más poderosos, pero también las grandes empresas transnacionales ostentan mucho poder. Las medianas y pequeñas empresas en las que es mayoría el capital nacional y el empleo son subordinadas a los intereses de estas grandes empresas. La estructura productiva depende cada vez más de decisiones que se toman en el exterior y va concentrándose más en algunos sectores muy dependientes. Hay, además, industrias con problemas importantes: Izar, el textil, el exceso de la construcción, …
  • El modelo de política económica que estas grandes empresas favorecen y sigue la política de las administraciones públicas (central y CC.AA.) es un modelo denominado de competitividad global, que se quiere apoyar en las exportaciones para crecer y exige la posibilidad de negociar en mercancías y capitales en todo el mundo sin ningún control. En el caso de España, sin embargo, el crecimiento no se debe tanto a las exportaciones sino a la demanda interna, que puede fallar si los salarios siguen deteriorándose y el endeudamiento alcanza niveles insostenibles. Sin embargo sí nos afectan las importaciones que sustituyen las ventas de las empresas autóctonas y crean el fuerte déficit que presenta la Balanza de pagos, que hace vulnerable la economía española.
  • Por el contrario, el modelo exige el estrecho control de la inflación para no dañar los intereses de los capitales financieros y favorecer las exportaciones. En España se ha logrado contener la tendencia a la alta inflación que era habitual, pero aunque ahora presenta tasas bajas, todavía son más altas que el resto de países con los que comerciamos. Ello deteriora la competitividad en la que se apoya este modelo, si bien le permite crecer más que el resto de muchos de los países de la UE. El esfuerzo por contener la inflación frena el crecimiento y aumenta el paro.
  • Observando la política social del Estado español – salario mínimo, gasto en servicios sociales, calidad de los servicios, evolución de las pensiones -, se concluye que es la mínima posible para legitimar y mantener su poder ante sus respectivos votantes. Se observa muy poco esfuerzo por mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población. Los capitales privados han absorbido ya todas las empresas públicas y ahora están tratando de absorber los servicios sociales, como salud, educación, pensiones y la RENFE. El Estado español no sólo es uno de los países de la UE que menos gasta en servicios sociales, sino que está siendo muy activo en impulsar la privatización de los servicios sociales.
  • El Estado español ha ido accediendo a los deseos de las empresas del país en cuanto a la regulación laboral facilitando lo que llaman ‘la flexibilización’ del trabajo, que en realidad es la precarización, la temporalidad del mismo, la austeridad salarial y, en general, a la subordinación del mundo del trabajo a los intereses de las empresas. En esta tarea ha logrado en muchas ocasiones la cooperación de los sindicatos mayoritarios que parecen participar de la misma visión económica dominante.
    Si los salarios no crecen, el endeudamiento continúa, las exportaciones crecen poco y las importaciones crecen más, siendo difícil que la economía crezca y genere puestos de trabajo suficientes para que su población tenga empleos estables y salarios satisfactorios, lo que pone en peligro la capacidad de reproducir el esquema económico y supone una amenaza importante para el bienestar de la población. Asimismo la regulación fiscal ha ido dirigida a favorecer a las empresas y a las rentas más altas a expensas de un aumento considerable de tributación indirecta.

En una palabra, el modelo de crecimiento de la economía española está regido por las orientaciones del modelo neoliberal de competitividad global. Este modelo le está permitiendo cierta tasa de crecimiento y de nivel de vida para su población, pero presenta también problemas en sus propios términos que llevan a pensar que puede disminuir el crecimiento con todos los problemas de paro, ajuste salarial y penuria pública que ello conlleva, que si fuese analizada por otros indicadores quizá no parecería ir tan bien. Pero, y sobretodo, este modelo tiene consecuencias muy distintas para los distintos grupos sociales, lo que señala la existencia de distintas ‘Españas’: