El ecologicismo

Prologuillo / Definición

Son mayoría los autores que, desde la Economía Ecológica1 (EE), reflexionan sobre los temas ecológicos atribuyendo las catástrofes naturales que se dan en el planeta, no a las empresas y bancos (nacionales y multinacionales), sino al comportamiento ignorante y egoísta del ser humano: hambrunas, pandemias, guerras, pobreza, sobreproducción y sobrepoblación, sequías e inundaciones, polución y cambio climático, agotamiento de recursos naturales y exceso de residuos no reciclables, etc., todo debido a la irresponsabilidad de la especie humana. Es decir, según estos ensayistas, somos las personas, los seres humanos, los principales responsables sobre quienes cargan y descargan la culpa y la condena de todos estos desastres que alarman a las poblaciones y afectan al planeta.

Enlarge

Golfo de Bohai - Greenpeace China
Golfo de Bohai - Greenpeace China

Greenpeace China

En estos análisis, llama la atención la poca relación que se establece entre el sistema económico existente con las causas de estos ‘desastres que amenazan al planeta’: es decir, como sistema económico y social, el capitalismo no parece que tenga alguna responsabilidad en todo ello, ni siquiera que exista. La mayoría de los autores de la EE utilizan más bien expresiones sustitutivas como la economía existente, la sociedad desarrollista, la sociedad del despilfarro o consumista, el mundo actual, etc. Es decir, emplean una serie amplia de expresiones que permiten ocultar la verdadera naturaleza depredadora de los recursos naturales, así como explotadora de personas, del capitalismo. Estos autores actúan de encubridores de la barbarie del sistema, lo que con tanto ahínco denunciaba Rosa Luxemburgo.

Asímismo, en aquellos temas en los que la EE debe aportar una explicación teórica, como con la producción y el consumo, los costos ambientales y la fiscalidad, el crecimiento, la distribución de la riqueza, etc., los ecologistas y los ambientalistas apelan mayoritariamente a la aplicación de las teorías neoclásicas. También llama la atención la ausencia de reflexiones citando a aquellos autores que, críticos con el sistema capitalista, han desarrollado extensas teorías de cómo (mal) funciona el sistema. Este vacío provoca otros, como la ausencia del poder que ejerce la propiedad privada sobre las políticas del Estado, sobre las decisiones de lo que, cómo, con qué y en dónde se produce, y que se consume; la ausencia de clases y su consabido potencial conflictivo, que es sustituido por las categorías de ricos y pobres; la ausencia de teorías como la del valor trabajo y la explotación, que es sustituida por el impacto de la huella ecológica, el desequilibrio entrópico, etc. Apenas aparecen referencias a las aportaciones de los autores y teorías críticas con el sistema.

Para resumir este sencillo prólogo, “en una palabra, en estos tiempos en los que domina el capitalismo postmodernista, han aparecido unos espíritus que han sustituido palabras como alienación por imaginario; proletarios por náufragos; imperialismo por deuda ecológica y deuda externa; la explotación ha desaparecido de la globalización y el neoliberalismo; se despenaliza a las clases propietarias responsables de la ingente cifra de datos e informes que se utilizan para demostrar estas amenazas y desequilibrios del sistema, mientras se culpabiliza a las personas explotadas, a los que padecen la pobreza, a las migraciones de seres humanos, a los no propietarios, con expresiones tales como que es la “acción humana”, en fin, la evidencia de que no son las empresas capitalistas sino los “humanos” los que son responsables de todas la amenazas catastrofistas que mencionan. Es decir, la acusación se ha convertido en ley, en un karma, que es repetida en todos los recuentos que hacen los autores formados dentro de la doctrina ecologicista, que sostiene que la escasez o la depredación de los recursos ecológicos no se debe a sus propietarios, los capitalistas, sino a la irresponsabilidad de los trabajadores, los pobres, los infortunados, los desahuciados, los hambrientos, los ‘descamisados’, etc.”. (J.Iglesias Fernández, 2009)

En una frase. Parece que pueden tener razón los que han considerado que el ecologismo es la nueva moral del capitalismo (Comité invisible, 2009). Particularmente, en este artículo denominaremos ‘ecologicistas’, a quienes asumen esa reiterada interpretación de que el ser humano, y no el capitalismo, es el responsable del discurso catastrofista que se desprende del ecologismo y el ambientalismo. Y si, como aquí se postula, la ineficacia e irresponsabilidad es del capitalismo, llamo ecologicismo a esa deliberada ausencia de no contrastar los hechos que se denuncian con otros paradigmas teóricos, como el marxismo y el anarquismo2. Ahora bien, tal reprobación no puede hacerse sin previamente aportar los argumentos que explican estas actitudes clasificadas como ecologicistas.

En este trabajo se pretende como objetivo principal revisar los planteamientos ecologistas dominantes, destacar sus aportaciones y subrayar sus limitaciones, y reinterpretarlas a la luz del paradigma marxista que nos parece uno de los análisis que mejor explica el capitalismo y sus consecuencias.

Vivimos un tiempo de profecías, que anuncian catástrofes

Históricamente, parece que el ser humano está sometido a padecer la amenaza de múltiples profecías, originadas desde el ámbito religioso3, el científico4, o últimamente, el ecológico, (Greenpeace. Octubre 2009. J. Pérez. FA. Frías González. J Sempere y E. Tello. 2007) todas ellas relacionadas con la destrucción del planeta5. Cierto que puede haber y hay excesos, como el uso excesivo y abuso de algunos recursos y la generación incontrolada de residuos, que el sistema capitalista en general, y las empresas multinacionales en particular, pueden convertir en una amenaza para la Tierra, pero la preocupación por tales principios termodinámicos y ambientales no debe llevarnos a concluir que el fin del mundo está a la vuelta de la esquina, y con él, la desaparición del ser humano6. Aunque como afirmaba Bertrand Russell, “podemos aprender a prolongar la vida de los hombres mucho más de lo que hoy parece posible, pero, si hay alguna verdad en la física moderna, y más particularmente en la segunda ley de la termodinámica7, es que no podemos esperar que la especie humana dure eternamente” (Bertrand Russell. 2010,156), otros autores matizan esta posición. Así, a su paso por Barcelona, James Lovelock matizaba esta afirmación del filósofo inglés: “los efectos del cambio climático pueden ser catastróficos para la humanidad, pero confía en que el planeta sabrá recuperarse”. Y además, desvincula a los seres humanos de cualquier negligencia y señala con el dedo directamente al capitalismo: “dejemos de sentirnos culpables. Los empresarios de la revolución industrial no querían destruir la Tierra: solo ganar más dinero. Los primeros organismos en hacer la fotosíntesis inundaron el planeta de oxígeno, que entonces era un veneno. Pero la Tierra se adaptó y ahora es un gas básico para la vida”.(J. Lovelock. El Periódico.com. 14/9/2010).

El propio Nicholas Georgescu-Roegen, en un texto que no aparece en los tremendistas exhortos de los ecologicistas dice que “la íntima conexión existente entre la Ley de la Entropía y el proceso económico tampoco nos ayuda a gestionar una economía determinada. En mi opinión, lo que hace es mucho más importante: al mejorar y ampliar nuestra comprensión del proceso económico, puede enseñar a todo aquel dispuesto a prestar atención cuáles son los mejores objetivos de la economía humana, [añadiendo, poco después], que sería totalmente absurdo pensar que el proceso económico existe solamente para producir desechos. La conclusión irrefutable de todo ello es que el verdadero producto de ese proceso es un flujo inmaterial, el placer de vivir”. (N. Georgescu-Roegen.1996, 63-64). Con lo que parece válido considerar que, mientras no se extinga como especie, el ser humano debe seguir aspirando a que su sobrevivencia sobre el planeta sea lo más placentera posible.

Reflexión que se aleja de ese habitual enfrentamiento entre antropocentrismo y ecocentrismo (o biocentrismo), así como de distraernos con el falso dilema humanidad contra naturaleza, o los límites del crecimiento, que en muchos sentidos, el pensamiento verde quiere convertir en el foco principal de atención. Por el contrario, debemos recordar que, nada menos que en 1661, John Evelyn no estaba tan obcecado como algunos modernos ambientalistas verdes, para no darse cuenta y denunciar que “los “prodigiosos estragos” que se estaban provocando en los bosques ingleses eran como consecuencia de las demandas de la construcción naval, las fábricas de vidrio, los hornos siderúrgicos, y otras industrias”( John Evelyn. Citado en J. Bellamy Foster.2004, 77). Es decir, el mayor defensor de la conservación en la Inglaterra del siglo XVII, hacía responsables a los propietarios de los recursos naturales y al capital productivo, y no culpabilizaba a los desposeídos seres humanos de su época. Todas estas opiniones y argumentos nos llevan a insistir que lo que hay que poner en el centro de los desastres humanos y ecológicos es al propio capitalismo, que lo que hay que culpabilizar y responsabilizar es al sistema económico, no asignarlo genéricamente ‘a la humanidad’.

En pocas frases, ya tenemos tres opiniones sobre las que reflexionar: el planeta tiene capacidad intrínseca para regenerarse, la especie humana no es eterna, y los seres humanos no somos responsables de las catástrofes ambientales sino que lo es el capitalismo. Por tanto, ¿cuánto hay de verdad, mentira o error, en todas estas profecías o estimaciones?8

Capitalismo y naturaleza

Desvinculadas las personas, liberadas de la ignominia de ser la causa de los desastres ecológicos (cualquier día también nos acusan de ser responsables de la basura espacial), ya podemos dirigir y centrar el foco de la reflexión hacia el capitalismo. En tanto que sistema social, Marta Harnecker nos explica como es y actúa: “podemos decir que la propiedad privada capitalista de los medios de producción, que en sus comienzos fue puramente formal, se va transformando así en una propiedad real. Es en ese momento, dice Marx, cuando el modo de producción capitalista se consolida sobre sus propias bases y es la lógica económica en busca de una creciente ganancia la que impulsa su reproducción ampliada [crecimiento ilimitado] sin que necesariamente se necesiten medidas extra económicas para obligar al trabajador a someterse al dominio del capital, como lo fue en sus etapas previas”. (Harnecker.2012) También Robert Kurz alerta de otro peligro, u error, muy repetido en el paradigma de la EE, y relacionado con el estadio en que se encuentra el capitalismo. Según opina este filósofo, “La gestión capitalista de la crisis y el reduccionismo ecológico podrían entrar en una alianza perversa, que conduciría a negar la barrera económica y, en nombre de la crisis ecológica, predicar a las masas empobrecidas y en la miseria una ideología de “renuncia social”. Contra esto, debemos sostener que la crisis, la crítica y la superación de la estructura capitalista tienen prioridad, porque la destrucción de la naturaleza es una consecuencia, no la causa de la barrera interior de ese sistema”. R. Kurz. Sin permiso, 5/7/2012). Quizá debido a su bagaje de sindicalista, Joaquín Nieto no duda en señalar como precisamente el “capitalismo tiende a alterar gravemente el equilibrio medioambiental, tanto por su propia necesidad de acumulación constante, como por el móvil que orienta sus opciones de producción y consumo, que no es otro que la búsqueda del beneficio privado en el menor tiempo posible, sin medir las consecuencias globales ni en el largo plazo. [Por tanto], no asistimos sólo a una crisis ecológica, sino que asociada a ella estamos viviendo una crisis socio-ambiental. El modelo de desarrollo típicamente capitalista es el responsable de esta crisis, irresoluble sin un cambio de modelo”. (J.Nieto. “Ecología y sindicalismo”, En AA.VV. 1995,153154). Recogiendo el espíritu de Sacristán, E. Tello señala que ‘Para un marxismo ecológico, libre de las ataduras hegelianas, la primera tarea es asegurarse que todavía puede establecerse una humanidad justa en una tierra vivible’ (Tello, 2016)

Como advierten Fred Magdoff y John Bellamy Foster, “ha llegado el momento de que aquellos preocupados por el destino de la Tierra enfrenten los hechos: no sólo la grave realidad del cambio climático sino también la acuciante necesidad de un cambio en el sistema social”. (F.Magdoff y J.Bellamy Foster.2010).

Marxismo y ecologismo

Diversos autores nos encaminan en la línea de la posibilidad de un encuentro entre las preocupaciones por la naturaleza –ecologismo– y el paradigma marxista, líneas alejadas del ecologicismo que practican los autores ambientalistas y ecologistas que hemos señalado.

Empezando por el propio Marx, cuya interpretación veremos con más detalle en los artículos que siguen en este trabajo, pero que podemos anticipar la dinámica capitalista puede describirse como sujeta a las leyes de la naturaleza y a los límites impuestos por la naturaleza vis-a-vis cualquier actividad humana. Esta es la razón por la cual Marx concluye que “el trabajo no es, pues, la fuente única y exclusiva de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es, como lo ha dicho William Petty, el padre de la riqueza, y la tierra la madre (Marx, 1986: 10, Tomo I)”.

Y “el hombre vive de la naturaleza, que quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el cual debe mantenerse en proceso continuo para no morir. Que la vida física y espiritual del hombre está ligada con la naturaleza no tiene otro sentido que el de que la naturaleza está vinculada consigo misma, pues el hombre es una parte de la naturaleza”.( K.Marx, 1980, 111). Esto no quita para recordar lo que resalta Engels del ser humano: “la diferencia esencial entre las sociedades humanas y las de animales [o grupo de plantas] consiste en que [unos y otras], en el mejor de los casos, recogen [o dan frutos], mientras que los hombres producen”.(F, Engels.1875, 12-17).
Pero existen también muchos autores actuales que reconocen las posibilidades de este encuentro entre marxismo y ecologismo. Además de los que constituyen el núcleo de este Dossier, se pueden citar por ejemplo:

Elmar Altvater señala que no hay tanta desvinculación entre el paradigma marxista y la economía ecológica, como ciertos ecologistas se empeñan y pretende mostrar las aseveraciones marxistas sobre las relaciones sociales del hombre con la naturaleza, [y que] pueden ser empleadas para una mejor comprensión de los problemas ecológicos contemporáneos. (Elmar Altvater)

Otros autores que asumen las catástrofes ecológicas que amenazan al planeta, como son “el cambio climático, la extinción de especies y la alteración del ciclo del nitrógeno, y que ya han cruzado los límites, resaltan que todo esto puede parecer completamente abrumador”, pero ponen el capitalismo en el centro de atención y responsabilidad. “¿Cómo hemos de hacer frente a todas estas crisis ecológica global / catástrofe que nos amenaza a cada paso? Aquí es importante entender que todas estas divisiones en el sistema planetario se derivan de los procesos asociados con nuestro sistema de producción global, es decir, el capitalismo. Si estamos preparados para llevar a cabo una transformación radical de nuestro sistema de producción –para alejarse del business as usual– entonces todavía hay tiempo para cambiar las cosas, aunque el tiempo que queda para actuar se agota rápidamente. [Lo que nos lleva a advertir que] hay una contradicción directa y creciente entre el capitalismo y el medio ambiente, una contradicción que se vuelve más y más evidente a medida que el tamaño de la economía capitalista comienza a rivalizar con los procesos básicos biogeoquímicos del planeta. Naomi Klein (Klein. 2007) ha caracterizado justamente la edad en que vivimos como “capitalismo del desastre”, debido a su doble crisis económica y ecológica –y debido a la explotación [que realizan] los cada vez más ricos, lo que significa que esto a ellos les permite prosperar en medio de la destrucción cada vez mayor”. (J.Foster Bellamy). Para David Harvey, “Hay que pensar qué es lo que realmente necesitamos para tener una buena vida, y muchas de las cosas que pensamos del consumo son una locura; es dilapidar recursos, naturales y humanos. Hay que pensar cómo hacemos en el largo plazo para que la humanidad pueda vivir dignamente, tener vivienda, salud, alimento, logrando una vida estable y razonable”. ( D.Harvey)

Otro de estos ensayos podemos encontrarlo en la novela Ecotopía (1975), de Ernest Callenbach9 , quien diseñará un modelo social, una sociedad organizada de forma ecológica y basada en un cierto comunismo libertario, que contemple evitar la degradación del medio ambiente que padece la humanidad, con la posibilidad de volver a una forma de vida más de acorde con la naturaleza. Y hay otros muchos.

¿El peligro de la sobrepoblación?

Esto nos lleva a incluir una cuña de aviso sobre el peligro que supone el tema del impacto de la sobrepoblación y los límites ambientales, aspecto filo malthusiano recurrente en las preocupaciones de los ecologicistas, de que la explosión demográfica constituye una amenaza para el planeta. Las opiniones, los cálculos y las medidas son muy diversas. Entre ellas podemos encontrar recomendaciones, sin duda extremas, que resuenan a exterminio de la raza humana como solución, tales como enumera una asociación: “se debe lograr su establecimiento legal y una amplia aplicación de nuevas reglas. Esencialmente consistirían en aportar incentivos reales a quienes decidan ni procrear o tener como máximo un hijo, y fuertes desincentivos y ‘castigos’ económicos y desprestigios hacia quienes opten por familias más numerosas […] Aquí las palabras o etapas clave son: educar, orientar, legislar, reglamentar, tener que actuar, deber actuar, motivar, premiar, estimular, desincentivar, y más radicales, estrictas e intensas, en caso de que los problemas prosigan y las anteriores no resulten o sean lentas en actuar. Aquí las palabras clave son: obligar y castigar”. Protesta y Acción. http:// antisobpob.webs.com/) Sin embargo, contra esta actitud y avisos, leemos como el Instituto Nacional de Estudios Demográficos de Francia señala que la tendencia de la población mundial es a disminuir. En su último informe planetario indica que “se ha pasado del record de un aumento anual del 2,02% de 1972 al 1,14% del 2010, debido a la caída general de la fecundidad, si bien con marcadas diferencias regionales. […] Más de la mitad de la población mundial tiene unos niveles de fecundidad que no garantizan el reemplazo generacional. […] Hay ya demógrafos que pronostican que en este siglo puede llegar el año en el que la población mundial disminuya, lo que generaría un nuevo alarmismo, el de la despoblación”. Y en el mismo artículo, Julio Pérez Díaz sostiene que el debate y la preocupación debe centrarse en el impacto: “el asunto no es si vamos a hundir el planeta, de si vamos a caber 9.000 0 15.000 millones. La cuestión está en lo que se hace. La riqueza ha crecido mucho más rápido que la población, pero hay una tremenda desigualdad en la distribución. Hay gente que se muere de hambre”. (Anxo Lugilde.29/7/2011). Y ello a pesar que el relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Olivier de Schutter, afirma que “hay comida suficiente para terminar con la hambruna […] Ahora mismo hay comida suficiente. La hambruna no es sólo una cuestión de que tengamos que producir más, sino de que esos productos estén bien repartidos y de que la gente tenga la capacidad adquisitiva para comprar los alimentos” (En http://369357/). Un manifiesto elaborado por unos 200 representantes de ONGs incluso cuantifica el coste de acabar con el hambre mundial: “el hambre en el mundo acabaría con destinar apenas un 1% de lo aportado por los gobiernos a rescatar a los bancos en la actual crisis financiera”. (Encuento…mayo del 2010). Por otro lado, también aparecen opiniones más positivas, fruto de los estudios de la nueva cartografía con el apoyo de las nuevas tecnologías, que permite descubrir yacimientos de gas y petróleo hasta ahora desconocidos, y que revolucionarán la economía de las energías. Señalan que “EE UU asegurará su suministro de petróleo para los próximos cien años, y en el 2020 tendrá una total autonomía energética, además de exportar gas licuado al resto del mundo y principalmente a Europa”. (Ll.Bassets. 3/1/2016).

Concluyendo, parece que al paradigma ecologicista no le importan tanto los seres humanos sino el planeta (interpretación fetichista del empleo de los recursos), mientras que para el paradigma marxista, el planeta no es más que la casa donde vive el hombre, por ahora10, actualmente un planeta invadido por el capitalismo, un sistema que tanto destroza al ser humano como los recursos naturales indispensables para la sobrevivencia de la humanidad.11 Sin embargo, algunos ecologistas no esconden cual es su preocupación señalando que: “como uno de los principales focos de atención por parte de las diversas propuestas de la EE ha sido el interés por los flujos de materia y energía. [Y añaden], el principio de la conservación de la materia y la energía ha sido la base de un buen número de importantes contribuciones. La premisa fue primero hecha explícita en el contexto de un modelo de equilibrio general por Ayres y Kneese (1969) y después por Mäler (1974), pero también aparece destacado en los modelos lineales que desarrollaron después de 1966 (Cumberland 1966, Víctor 1972, Georgescu-Roegen 1977). Todo ello refleja la premisa que un sistema físico cerrado debe satisfacer la conservación de la condición material, y de aquí que el crecimiento económico necesario aumenta la extracción de los recursos ambientales y el volumen de los residuos depositados en el ambiente”. (R. Constanza. P.49) Podría interpretarse que en la base de las sociedades clasistas y, en especial, del capitalismo, el único mandamiento importante es el de que ‘Jamás atentarás contra la propiedad privada’

Tampoco parece que le preocupa mucho el capitalismo a una organización como la think tank Post Carbon Institute, centrada y dedicada a realizar análisis y proveer información sobre el cambio climático, la escasez de energías, el sobre consumo, y otros temas relacionados con la sostenibilidad y el impulso de una resistencia social en el muy largo plazo, o lejano futuro.12

Por el contrario, desde nuestro nivel de compromiso, todos estos aspectos comentados obligan no sólo a respetar el entorno natural, sino a interpretar que para su mantenimiento y desarrollo es necesario eliminar la tiranía del capitalismo, que tanto daño hace al planeta y explota y aliena a los hombres que lo habitamos. Como señala Mijaíl Bakunin, para los poderosos, las poblaciones somos históricamente una materia sufriente,(M. Bakunin, 1997) no unos seres que debemos aspirar a ser felices. Felicidad que, según la ética de Epicuro, “abogaba por la [sencilla] satisfacción de las necesidades del [ser humano] en este mundo, basada en la oportuna búsqueda del placer y en la evitación del dolor”(J. Bellamy Foster, ob.cit. 69)

Una vez más, hay que insistir que el capitalismo también existe

Antes de centrarnos en el diseño de un modelo de sociedad comunal como alternativa al capitalismo debemos dejar claro que apoyamos muchas de las luchas y denuncias actuales que hacen personas, asociaciones y colectivos de la forma tan degradante que tiene el sistema al utilizar los recursos naturales e humanos que emplea en la búsqueda del beneficio. Pero debemos así mismo añadir que se habla de que este ‘modelo de desarrollo’ es muy nefasto, a menudo sin atreverse a mencionar cuál es. Es más, tampoco nos parece acertado que el destinario de estas luchas y denuncias no sea el capitalismo sino más bien y preferentemente la humanidad, o el ciudadano (en su calidad de consumidor), al que encima se le responsabiliza casi exclusivamente de tales desastres (cambio climático, deforestación y destrucción de los ecosistemas hídricos, el agotamiento de los combustibles fósiles, la agricultura industrializada, la producción de agrocombustibles, etc.). Los ejemplos abundan: no se puede caer en la inconsistencia de decir que “una pequeña parte de la humanidad controla a la gran mayoría” para después escribir 39 páginas y preguntarle al ciudadano “si consume o devora […] si sabe cuánto planeta necesita para mantener el modo de vida o los hábitos” [que tiene], y que acabe recomendándole que, “si decide consumir, escoja la opción con menores impactos sociales y ambientales negativos”. (Verdegaia, 2008) Dicho todo de forma tan ingenua como si la producción, la distribución, la financiación, el intercambio, la gestión, la propiedad privada de tales recursos y mercancías que consumimos la mayoría de mortales, no estuviese en manos de entidades privadas (o públicas al servicio de estas), que tienen todo el poder para condicionar lo que ese ciudadano al que se interpela puede comprar y lo que puede consumir, y, dependiendo donde nazca, hasta de la enfermedad que se va a morir. Tampoco se pueden escribir 126 páginas sobre la doble deuda sin mencionar al sistema económico13, mucho menos dictar una sentencia, como las que acostumbra a pronunciar el Tribunal Internacional de los Pueblos, sin condenar claramente al capitalismo. Porque acusar, responsabilizar y encontrar culpables a “los estados, los gobernantes, las personas y las instituciones públicas (BM, FMI y OMC) y privadas (empresas multinacionales y bancarias), del despojo sistemático de los pueblos, generando un alto costo de vidas humanas y la destrucción de la capacidad productiva y la calidad de vida de las gentes, con el aumento de la pobreza, la mortalidad infantil, la exclusión social y los graves daños económicos y al medio ambiente”14, para acabar pidiendo a esos mismos gobiernos y entidades culpables que solucionen tales latrocinios. No se atreven a condenar sino que se quedan en la más simple amonestación.

Extraño e inquietante silencio

Llama la atención este extraño mutismo, en el sentido que la mayoría de los ecologicistas, sugieren:

  • Miles de programas a los gobiernos, a las entidades internacionales, y a las empresas y bancos responsables de lo que critican, tanto para conseguir energías limpias, racionalización del uso del agua, respetar la naturaleza, frenar las deforestaciones y las emisiones de CO2, con sus impactos en el cambio climático, la biodiversidad, etc.
  • Miles de medidas a la población sobre un consumo responsable, el decrecimiento, la financiación de proyectos y el intercambio de mercancías de una manera justa, apoyo a cooperativas de producción, consumo y ahorro, la permacultura, la soberanía alimentaria, la agricultura ecológica en huertos urbanos y rurales, transporte que apenas contamine, bancos de semillas, evitar el uso de embalajes industriales, practicar el reciclaje (residuos cero),
  • Amén de iniciar y recomendar actividades a los ya convencidos militantes para frecuentar los mercados de artesanía y trueque, bancos del tiempo, y un largo etcétera.
    Digo que, desde el ecologicismo o propuestas afines, se sugieren o recomiendan medidas, planes, programas y proyectos, cuando lo más directo y determinante sería reclamar y defender por lo menos el control directo de todas aquellas compañías que depredan la naturaleza y son un enemigo contra el planeta.

Ecologismo negacionista posmoderno

Insisto en que encuentro un silencio extraño cuando desde estas asociaciones y autores se denuncia a una serie de empresas bien conocidas como la Bayer, Beech Aircraft Corporation, Cargill, Danone, Dupont, Elf, Endesa, Entel Chile, Gazprom, General Electric, General Motors, Halliburton, IBM, Inditex, Monsanto, Nestlé, Nissan, Pemex, Repsol-YPF, Shell, Texaco, y otras cientos a añadir, de lo perverso de su actuación y el latrocinio que cometen, pero no proponen, un claro ataque a la propiedad privada. A lo más, lo que dicen es que, “en la audiencia del Parlamento Europeo, se harán también propuestas para crear un nuevo marco normativo internacional vinculante para acabar con la impunidad en la que operan las empresas transnacionales”. O cuando “la Red Birregional Enlazando Alternativas ha invitado como orador, entre otros, a François Houtart, actual Premio de la UNESCO “Mandajeet Singh para la Promoción de la Tolerancia y la No Violencia”, quien presidió la Sesión del Tribunal Permanente de los Pueblos sobre “Empresas transnacionales y políticas neoliberales europeas en América Latina y Caribe” en Lima, Perú en ocasión de la Cumbre UE-ALC en 2008”, pero se negaron a aceptar que en la sentencia de este Tribunal, apareciese un condena explícita al capitalismo como sistema ni a la idea de la expropiación y el control de las mismas por parte de aquellos pueblos. No se ataca al sistema, tampoco la propiedad de las empresas, sino que lo que se cuestiona es como las compañías deciden unilateralmente la utilización de los recursos productivos, especialmente cuando estos son nocivos para la primera naturaleza. Por tanto, no se ataca la raíz del problema que causa la deuda externa, la deuda ecológica, o los mencionados atentados contra la naturaleza, no digamos ya la explotación de los seres humanos, ni se plantea la abolición de esas unidades tan destructivas sino que, al contrario, se reconvierten en activos positivos respetuosos con la naturaleza y con la actividad creativa de las personas.

Últimamente parece que arrecia la puesta en activo de un lenguaje postpolítico posmoderno, que se dedica a convertir los adjetivos negativos con que el análisis crítico interpreta e interpela las actividades del sistema (explotación, dominio, injusticia, relaciones y lucha de clases, imperialismo, etc.) y los va sustituyendo por adjetivos aplicados de forma positiva (ético, justo, solidario, social, responsable, sostenible, etc.) que consiguen negar, u ocultar, o pacificar, o silenciar las represiones que se dan en tales relaciones sistémicas capitalistas.(Slavoj Zizek. 2010). Es decir, bajo estos adjetivos, se pueden “esconder las apariencias de discursos falsamente “progresistas” y cuya verdadera esencia es la de perpetuar el control, la dominación y la explotación” dentro del sistema (S. Zizek, 2010). De hecho, un ejemplo de este ecologismo negacionista posmoderno lo encontramos en una respuesta que nos deja aterrados, cuando leemos manifestaciones que niegan la existencia del capitalismo, o se contradicen y se resisten a aceptar la abolición del propio sistema: “el capitalismo como sistema, como ‘modo de producción’ es una creación de la mente, útil para comprender una realidad compleja, pero peligrosa si consideramos el concepto de manera fetichista. Actualmente, el conjunto de empresas, las administraciones y los hogares participan de la lógica capitalista, porque ésta es la de los actores dominantes de la sociedad moderna y ha colonizado las mentalidades. La eliminación de los capitalistas, la prohibición de la propiedad privada de los bienes de producción, la abolición de las relaciones salariales o de la moneda abocarían a la sociedad a un caos, y sólo serían posibles a costa de un terrorismo masivo. Y, por otro lado, esto no bastaría para abolir el imaginario capitalista”15. La reacción a estos “discursos falsamente progresistas” se entiende que sea no menos contundente: “la construcción de los imaginarios es producto de siglos. Pretender esperar a cambiarlos supondría siglos. Es decir, lo que propones es un proceso aún más lento que el reformismo. De hecho tu afirmación anterior lo que trasluce es tu oposición al socialismo en todas sus variantes, del anarquismo al comunismo autoritario. Esa frase sería propia de la ultraderecha. Del resto, queda muy bonito lo que dices, pero nada más, es una mera especulación, mezcla de ilusión y buen rollismo, que solo sirve de facto para distraer, disgregar fuerzas y reforzar al sistema capitalista y patriarcal”16.

Es decir, nos cuesta entender las razones de esta ocultación del capitalismo, que suena a complicidad con el mismo, por qué se habla y escribe cómo si el sistema no existiese ni impusiese su lógica sobre el planeta. Si no queremos constatar la existencia del capitalismo, con su lógica de apropiación, para la que no cuenta la armonía sino la destrucción de la primera naturaleza y la explotación de la segunda naturaleza, (M. Bookchin, 1999) de muy poco va a valer que se hagan muy buenos diagnósticos de los hechos, e incluso condenas morales de las instituciones, o recomendaciones a las mismas. Así entendemos que sólo se hable y se propongan remedios a estos males (humanos y medioambientales), como “usar el gas en lugar de la electricidad, o forestar el Sahara, o producir bajo normas más limpias”, (C. Candelaresi, 2009) sin que aparezcan propuestas de transformación del sistema en su totalidad. Lo que no existe no se puede transformar. Sin embargo, aquí sí que cabe recordar más que nunca la tan citada frase de Marx: “los filósofos hasta ahora han interpretado el mundo de diferentes maneras. Se trata al contrario de transformarla”.(K.Marx, La ideología alemana)

De todas maneras, tanto las opiniones incoherentes y extemporáneas del ecologismo negacionista, como su disimulo o tolerancia, no deben ofuscarnos en el desarrollo de nuestro proyecto antisistema. Por lo que, muchas de las propuestas antes citadas, debemos considerarlas en sí mismas previamente antes de aceptarlas o rechazarlas, y no dejarnos influir por el adjetivo añadido que conllevan. Esto no quiere decir que, al analizar y valorar el contenido de algunos de estos proyectos (no todos)17, no se pueda llegar a considerarlos como instrumentos válidos a ser incluidos en los procesos transformadores de la sociedad, pero nunca como alternativas en sí mismas al capitalismo. Por el carácter parcial y no holístico de lo que proponen, tampoco se puede construir a partir de ellas una matriz que sirva de espacio sobre el que engendrar una sociedad anticapitalista y anti jerárquica, y menos de tipo comunal.

Colofón

Terrible conclusión. Si la ruina y el final del mundo están a la vuelta de la esquina, como anuncian los agoreros (religiosos, científicos, ecologistas), va a ser un hecho frustrante para los anticapitalistas que sean las condiciones ambientales las que acaben con el capitalismo. Siglos luchando por muchos pensadores y activistas contra las sociedades absolutistas y explotadoras para que el sistema
desaparezca aniquilado por sus propias contradicciones, agotado debido a este final tan mecánico que declaran…
¡El ecologicismo es una moral risible, pero dañina con el ser humano!

Bibliografía

  1. No ignoramos las importantes diferencias que existen entre la Economía ambiental –basada en la economía convencional– y la Economía Ecológica, que trata de elaborar su propio paradigma. No obstante, para abreviar y porque en el tema que trata este artículo comparten una gran parte de su planteamiento los recogemos bajo la misma denominación. []
  2. Incluso en algunos pensadores ecologistas se puede percibir una cierta histeria antimarxista que orienta a la economía ecológica a ser ecologicista, a no plantearse la existencia de algo tan evidente como es el capitalismo. []
  3. El diluvio universal, el Apocalipsis, las plagas de Egipto, la Parusía, etc. []
  4. “Cuando las estrellas envejecen y alcanzan su fase de gigante roja, sufren una expansión enorme que puede fácilmente alcanzar a sus planetas más cercanos, absorbiéndolos. Esto mismo le sucederá al Sol. Mercurio y Venus desaparecerán en la hinchada capa externa del Sol, mientras que Marte seguramente sobrevivirá. El destino de la Tierra está menos claro porque su posición está justo en el límite. Lo más probable, según se cree, es que la Tierra no sobreviva a la expansión del Sol como estrella gigante roja, pero esto no es seguro”. En Científicos predicen cual podría ser el fin del planeta Tierra. En http://www.rincondelmisterio.com/cientificos-predicen-cual-podria-ser-el-fin-del-planeta-tierra/ []
  5. Según el Calendario Maya, el final del mundo estaba estimado que sería el 21-23 diciembre del 2012. []
  6. Esta sería una manera de razonar más propia del campo del esoterismo (lo confuso, lo oscuro, lo turbio, lo ininteligible). []
  7. Este principio establece la imposibilidad de convertir completamente toda la energía de un tipo en otro sin pérdidas, sin degradación. []
  8. Uno de los importantes hitos lo marcó la publicación del informe al Club de Roma, Meadows y otros (1972), aunque más que hablar de los límites del crecimiento, o de los límites del planeta, habría de reflexionar sobre los límites del capitalismo. []
  9. En 1980 escribiría otra novela: Ecotopía emergente. []
  10. Quién puede pronosticar que ocurrirá en la relación hombre-naturaleza de aquí a 50, 100, 200 años, con el capitalismo determinando el control de la misma. []
  11. Más que hablar de los límites del crecimiento, o de los límites del planeta, habría que hablar de los límites del capitalismo. []
  12. La Post Carbon promueve el concepto de relocalización como estrategia para construir respuesta comunitaria basada en la producción local de alimentos, energía y mercancías, así como el desarrollo de monedas locales, gestión y cultura. En http://en.wikipedia. org/wiki/Post_Carbon_Institute []
  13. En ¿Quién debe a Quién?, sólo uno de los autores (J. Martínez Alier y A. Oliveres) menciona una vez de pasada la existencia de “la globalización de la economía capitalista”. Pág. 61. Público 2010. []
  14. Anexo en ¿Quién debe a Quién? Trabajo citado. []
  15. Respuesta a la crítica de Miguel Amorós al decrecimiento. En http://www.decrecimiento.info/2009/05/ respuesta-la-critica-de-miguel-amoros.html []
  16. En http://www.decrecimiento.info/2009/05/respuesta-la-critica-de-miguel-amoros.html []
  17. Debidamente reestructuradas, lo que si pueden estas propuestas es servir de instrumentos en los procesos transformadores. Pero son los autores de las mismas los que están obligados a reconvertirlas en instrumentos anticapitalistas. []