Dónde se trabaja: el sistema productivo

Número de empresas

En el Estado español se computan 2.942.000 empresas8. Como en los otros países industrializados, la industria va perdiendo peso – en 2004 sólo suponía el 18% del empleo y el 17% del valor añadido – y ya es minoritaria en el número de empresas. Más del 50% de ellas se dedican a los servicios. Si a éstas se suman las empresas dedicadas al comercio, el sector servicios, agrupa al 78% de las mismas.

Pero este número de empresas está hinchado estadísticamente. Del número total, la mitad no tiene ningún asalariado, es decir no son empresas propiamente dichas, sino artesanos y trabajadores autónomos (entre el 17-18% del total de trabajadores son autónomos).

Del total de empresas computadas, el 50% no tiene ningún asalariado

Durante 2003 el número de pequeñas empresas (uno o dos trabajadores) ha aumentado en un 8%. Las empresas de más de 10 trabajadores sólo son el 10% del total; las de más de 20 sólo el 2,6% (78.593 empresas en 2003). Sólo hay 78 empresas con más de 5.000 empleados. En el capitalismo actual son éstas las empresas más importantes, de capital privado, grandes, sociedades anónimas, y en muchos casos con una parte importante de capital extranjero. De éstas, más de la mitad se dedican a negociar con bienes que responden a la demanda interna y no a la exterior: comercio al por menor (grandes superficies comerciales), bancos y compañías de seguros, actividades de colocación del personal, sanitarias o de limpieza. Operan en sectores con una estructura oligopolística.

Empleo

Una gran parte de los asalariados en el Estado español trabaja en empresas pequeñas.

Sin embargo las grandes empresas generan poco empleo y una gran parte de los asalariados trabaja en las empresas pequeñas. En total las empresas de más de 200 empleados deben representar en torno a una tercera parte del empleo. El empleo en las empresas cotizadas en bolsa ha crecido sólo el 0,49% de media en 2003 y corresponde, sobre todo, a las empresas inmobiliarias y de la construcción. Esta última representa el 20% de toda la nueva ocupación, que podría superar el 25% si añadimos los incrementos indirectos. Disminuyen los puestos de trabajo en los sectores financiero, aguas, electricidad, petróleo, gas y minas.

Cataluña es una de las regiones más afectada por el ajuste industrial donde a segundo semestre de 2004 se habían perdido 73.500 empleos, la cifra más alta del Estado español. Sin duda ello es debido a su mayor estructura industrial que la de otras regiones, pero eso no hace disminuir la importancia negativa de la perdida de empleo para los trabajadores.

Propiedad

En el Estado español muchas de las grandes empresas tienen participación extranjera en su capital (total o parcial), siendo en los últimos años los servicios los mayores receptores de la inversión externa. La inversión extranjera es dueña del 35% del mercado bursátil yresponsable de la mitad de su volumen de negocio. A pesar de ello, la inversión directa extranjera que llega al Estado español está cayendo desde el 2000, y disminuyó el año pasado en un 46,9%.

La propiedad de las grandes empresas está interrelacionada: y unas participan en el accionariado de otras. Además, se está produciendo un gran movimiento de concentración empresarial por medio de fusiones y adquisiciones. Éstas crecieron un 13% durante 2003 – 34.400 millones de dólares para sólo 500 transacciones – y un 52% en 2004 – 58.300 millones de $ para 567 transacciones. Sobre todo en sectores de telecomunicaciones, medios de información, bancario, construcción e inmobiliario. El 60% de estas operaciones se hizo entre empresas de capital español, correspondiendo el otro 40% a fusiones o adquisiciones de empresas en las que una es nacional y la otra extranjera.

Las grandes empresas controlan la vida económica, pero cada vez más utilizan fórmulas de organización en red que hace que no aparezcan como tan grandes y ocultan su verdadero poder. Las grandes compañías van generando redes de ‘empresas satélites’ que actúan como sus proveedoras, permitiéndoles la subcontratación y la externalización de parte de los procesos productivos, trasladando riesgos pero manteniendo el control.

El primer grupo industrial español es La Caixa, que es al mismo tiempo la tercera entidad bancaria española y primer grupo bursátil de España, poniendo de relieve la articulación entre el capital financiero y el industrial con el dominio del primero.

Aunque ya no se puede hacer referencia a las empresas públicas en el Estado como una situación actual, pues han sido privatizadas casi en su totalidad, por lo menos hay que mencionar el proceso de privatización al que han dado lugar. Ya no quedan más que unas muy pocas empresas públicas en condiciones especiales. Residuos de otra era. Todo aquello que podía constituir un negocio rentable para el erario público ha pasado ya a manos privadas en condiciones muy favorables para éstas. Y, lo que es más grave, todo aquello que podía constituir el eje de una política industrial activa. Los dirigentes políticos del Estado desde la transición han hecho la opción de seguir fielmente las prescripciones del FMI y la UE y han optado por dejar exclusivamente en manos del capital privado la suerte del sistema productivo español.

Beneficios

Los beneficios de las empresas están aumentando fuertemente. En 2003 las empresas cotizadas en bolsa tuvieron un aumento de beneficios de un 19%. Las que cotizan para el IBEX multiplicaron por 5 su rentabilidad respecto a 2002. La mayoría de las empresas, el 66,7% dice haber aumentado su beneficio en el segundo semestre de 2004, mientras que sólo son el 14,3% las empresas que dicen haberlos disminuido. No es sorprendente la evaluación que los negocios hacen de la evolución de la economía española:

“El Sr. Zapatero y su equipo han heredado una economía que funciona tan bien que sólo pueden disfrutarla o destruirla”

The Economist Survey of Spain, June 26 2004

Todos los datos hasta fines de 2004 señalan un importante incremento de beneficios en las grandes empresas españolas

Los sectores en los que más empresas aumentan sus beneficios son construcción, finanzas y seguros, seguidos de las mayoristas. Y son las empresas más grandes las que presentan mejores resultados. La Caixa ganó un 16,5% más; los beneficios de las empresas no financieras aumentaron en un 18,6% (record desde que se en un 17%  en 2003; Iberia gana un 52,1% más, Telefónica ha ganado un 5,1% más que el año anterior, las constructoras un 23% más… así sucesivamente.

La dinámica productiva

Los enormes beneficios empresariales, o van al sector financiero o se invierten en el exterior, pero contribuyen muy poco a aumentar la capacidad de generar riqueza del país.

A pesar de estos sustanciales beneficios, durante 2003 la inversión empresarial como formación bruta de capital fijo aumentó sólo en un 3,2% respecto al año anterior. Los datos hasta Septiembre señalan que este año tampoco aumentarán y se han tenido que revisar las previsiones a la baja para llegar al 2,2% para los bienes de equipo y al 3,3% en el total. Asimismo, de la inversión total, sólo el 52,4% es privada (el resto es pública) frente una media europea del 65%. En la misma dirección señalan los gastos en investigación y desarrollo (I+D) en el Estado que son muy bajos (1,03% del PIB frente a 2% en la media de la UE).

Además, “desde 1995 se observa una modificación de la estructura inversora del país. En la FBCF destaca la construcción que mantiene siempre el peso más importante. Ya en el 2003 la construcción acaparó el 59,4% de la inversión en capital, mientras los bienes de equipamiento recibían el 23,9% y el 16,6% restante se destinaba a otros productos. De esta manera se observa un sesgo inversor en detrimento de los bienes de equipo, tan importantes para la mejora del aparato productivo del país. El crecimiento de la renta y el empleo de los últimos años se asienta, en gran parte, sobre la inversión en construcción’’9 La participación de la construcción en el PIB pasó del 11,7% en 1997 al 15,7% en 2004.

Evolución de la productividad y los salarios.

Gráfico 7: Evolución de la productividad y los salarios.

No es extraño, por tanto, que las empresas ni siquiera sean eficientes en sus propios términos y en consecuencia el crecimiento del país sea bajo. La baja inversión tiene como resultado que la productividad por trabajador y por hora trabajada sea baja también: para una media de la UE de 100 el Estado español tenía casi 103 en 1991 de productividad por empleado (Ver Productividad en Glosario para matizar este punto) y ha bajado a 99,8 en el 2003, estimándose de 99,5 en 2004. Respecto a la productividad por hora, pasa de 104,2 en 1993 respecto a la UE a 101,4 en 2003. En el Gráfico 7 se puede observar también como disminuyen la productividad y los costes salariales al mismo tiempo. Muy probablemente el disponer de trabajo barato hace que los empresarios no se preocupen por aumentar la productividad de sus trabajadores mediante inversiones que incorporen nuevas tecnologías.

El gobierno actual de Cataluña, con el objetivo de aumentar la competitividad empresarial, ha estimado que habrá de invertir a lo largo de la legislatura actual entre 2.015-2.600 millones de euros (sin incluir las obras del metro), habiendo presupuestado 456 millones para 2005. Aunque no está mal que el gobierno coopere en la mejora de la competitividad, no hay que invirtiendo sus beneficios en la construcción o en operaciones financieras, bastantes de ellas de índole especulativa.

Tampoco son empresas innovadoras: En un reciente informe se afirma que el 70% de las empresas españolas no son innovadoras y la innovación empresarial en España está en el lugar 20 de una clasificación de 34 países.

Tampoco sorprende que las empresas vayan perdiendo cuota de mercado internacional (las exportaciones crecen menos que las importaciones) desde 2002 y sobre todo en 2004. Debido a ello el déficit comercial ha aumentado en un 26,4% en 2004. Los competidores de las empresas españolas están invirtiendo mucho dinero y esfuerzos por mejorar su productividad mientras que los empresarios españoles parece que han optado por inversiones más especulativas o en el exterior.

Los empresarios españoles ni siquiera cubren su función de empresarios capitalistas eficientes, salvo en un punto en el que presentan una gran excelencia y es en la obtención de altos beneficios. Si no los obtienen por su eficiencia quiere decir que lo logran a través de apretar las tuercas con fuerza en el mercado laboral.

Las grandes empresas de manufacturas españolas, por lo menos algunas, parece que han optado también por otra estrategia. En 2003 y 2004 han estado utilizando amenazas a la deslocalización durante la negociación de los convenios. Estrategia que parece va a ser ahora incluso impulsada por el gobierno tripartito.

Deslocalizaciones y el textil: El textil es una industria que está perdiendo empleos desde hace muchos años – sólo entre 2002 y 2004 ha perdido el 24,6% de una plantilla que ya había sido muy reducida en años anteriores – y la patronal española cree que perderá 14.000 más a partir de que en el 31 de diciembre de 2004 se acabe un acuerdo que había para reducir las importaciones. Ahora es el propio gobierno el que va a estimular – con un plan de 14 millones de euros en 2005 – a los empresarios del textil a que se deslocalicen y trasladen a países con menores salarios aquellas partes de su proceso productivo que requieren más trabajo intensivo: ‘fomentar las actividades de mayor productividad y valor añadido y deslocalizar/subcontratar las fases de producción más intensivas en trabajo’. (El País, 6/12/2004).

Será que el gobierno, consciente de que “Países como el Estado español, que han apostado todo por competir mediante bajos sueldos, lo van a tener muy difícil ante la nueva competencia de Europa del Este y de Asia” (La Vanguardia 3/3/04) va a intentar la huída hacía adelante y reforzar la deslocalización. Se diría que es una estrategia extraña a menos que lo que se intenta es que las empresas mantengan sus beneficios, aunque ello suponga la perdida de puestos de trabajo en el país.

No es necesario añadir que las deslocalizaciones preocupan mucho a los trabajadores. No sólo por la pérdida de puestos de trabajo que suponen sino también porque lleva a aceptar condiciones laborales deterioradas y degradantes, como una total flexibilidad laboral, la reducción de salarios o el aumento de la jornada de trabajo.

Producción y viabilidad ecológica10

Entre 1955 y 2000, los Requerimientos Totales de Materiales (RTM, es decir la suma conjunta de los requerimientos directos, o flujos de energía, materiales y biomasa que se incorporan a la cadena de valor económico, por compraventa – metales combustibles fósiles, productos agropecuarios – y de los requerimientos ocultos, que no forman parte de la mercancía finalmente vendida pero que es necesario remover para su obtención) han experimentado un crecimiento notable, pasando de 267 millones de toneladas en 1955 (10 Tm/hab) a 1.508 millones en 2000 (37 Tm/hab), sin incluir la erosión ni el agua. Este incremento en más de 5 veces en los materiales utilizados ha corrido parejo al del PIB a coste de los factores, superando con creces el propio crecimiento de la población. Especialmente espectacular ha sido el ritmo de extracción y utilización total de recursos abióticos o no renovables (energéticos, minerales y productos de cantera). En términos globales, dicha extracción se multiplicó por más de 12 veces entre 1955-2000, doblando al crecimiento del PIB a coste de los factores. La importancia que para la economía española ha asumido el sector de la construcción (tanto de nueva vivienda como de infraestructuras) se ha traducido en un uso descomunal de recursos naturales (sobretodo no renovables) pues cada nuevo edificio ha venido exigiendo por término medio 3,5 t/m2 de materiales, y cada metro cuadrado de carretera demanda 1,9 t/m2.

En lo que concierne al origen de dichos recursos, mientras que en 1955 el 95% se localizaban en el interior de las fronteras cuarenta años más tarde ese porcentaje se había reducido en treinta puntos, situándose en el 65%; circunstancia que pone de relieve el creciente peso de los flujos de recursos naturales procedentes de otros territorios. España, a partir de los años 60 dejó de ser abastecedora neta de recursos naturales al resto del mundo para convertirse en importadora neta de materias primeras, siguiendo el patrón marcado por los países “ricos” en sus relaciones con el resto del mundo, al sufragar su déficit físico mediante una relación de intercambio favorable, aunque sin conseguir equilibrar por completo su balanza comercial por esta vía. En los años 90 los ingresos por tonelada exportada casi doblaban a los pagos realizados por cada tonelada que entraba en nuestro territorio, y aun así no fue suficiente para equilibrar en términos monetarios un comercio físicamente tan deficitario.

Así, en contra de lo que se tiende a pensar, la modificación en las pautas productivas de la economía española hacia el mayor peso de los servicios no ha conllevado una menor intensidad relativa y absoluta en la utilización de recursos naturales. Al contrario, España se consolida en el ámbito internacional como uno de los mayores depredadores de recursos naturales del planeta. A mediados de los 90, España presentaba una intensidad material per cápita muy similar a Japón, tercera potencia mundial, situándose en unos requerimientos totales por encima de las 30 tm/hab. Ha sido España el protagonista del mayor incremento en la utilización de RTM directos y ocultos desde mediados de los setenta en comparación con las principales economías industriales.

Por no mencionar los aspectos referidos a la contaminación, la ineficiencia en el uso de la energía y del agua, los vertidos industriales no identificados, y otros elementos que ponen de relieve la escasa sensibilidad en los dirigentes económicos y políticos por los aspectos ecológicos.

En suma, los crecientes requerimientos materiales del desarrollo de la economía española, con el uso intensivo y ineficiente de estos, así como el creciente impacto externo del modelo económico, denotan la inviabilidad ecológica del modelo de desarrollo español.

Que tenemos: Una economía con un sector industrial que se está debilitando y un sector servicios que excepto en la banca y lel gran comercio es de escasa modernidad. Por un lado unas empresas cada vez más pequeñas, con poca inversión en investigación y desarrollo. Por otro lado grandes empresas que obtienen altos beneficios pero no hacen crecer ni la capacidad de producir del país ni el empleo. Una economía que esta perdiendo cada vez más cuota de mercado internacional. Una producción que se está centrando en los bienes que no tienen competencia con el exterior o un par de sectores exportadores unicamente. Un abanico salarial cada vez más amplio. Y un crecimiento que se basa en la buena salud del sector de la construcción.
Como estamos funcionando: Grandes empresas que marcan la pauta y controlan a una gran cantidad de empresas satélites a las que han subcontratado partes de sus procesos productivos, eliminando riesgos y cargas sociales de las empresas centrales para traspasarlas a las más pequeñas que asumen las incertidumbres de la demanda y los costes. Sectores determinados que utilizan el sistema de alianzas, fusiones y adquisiciones para eliminar la competencia. Concentración del poder en los gestores de las empresas que mediante un sistema de relaciones en la participación de acciones de otras empresas obtienen un elevado poder de decisión que deja fuera de los mecanismos de poder a los accionistas minoritarios, y permite a los grandes accionistas y los gestores fijar libremente el nivel de sus retribuciones y la política de inversiones empresariales entre las cuales se cuentan las cada vez más frecuentas compras y ventas de las mismas.
A quien beneficia esta situación: A los accionistas que controlan las empresas y a sus gestores que obtienen todo el poder y beneficios y a los inversionistas especulativos que van obteniendo rentas de actividades que no son socialmente productivas, mientras que perjudica a

  • los trabajadores que cada vez pasan a empresas más pequeñas afectando sus derechos y salarios. Y son obligados a producir cada vez más.
  • los trabajadores asalariados que cada vez tienen más precariedad, menores salarios y mayores jornadas de trabajo. Cada vez son más explotados.
  • los trabajadores obligados a hacerse autónomos.
  • al futuro industrial del país ya que lo perdido es difícilmente recuperable.
  • los pequeños empresarios que tienen que asumir los riesgos

Es decir, que los empresarios españoles no están manteniendo la capacidad de producción y competencia del país, a pesar de los muy altos beneficios que están obteniendo.