Conclusiones

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La solución a la contaminación en Hong Kong - PirapiraPeter
La solución a la contaminación en Hong Kong

PirapiraPeter

Como ya se hacía notar en la introducción, el conjunto de artículos que recogen este informe sintetizan el trabajo desarrollado por el Seminario de Economía Crítica Taifa durante tres años centrado en estudiar la posibilidad de enmarcar dentro del marxismo el análisis de las relaciones entre el hombre y la naturaleza. Además de conseguir despejar la crítica basada en que existía un desencuentro insalvable entre el marxismo y la naturaleza, para nosotras esta reflexión era de especial interés puesto que representaba un desafío a una caja de herramientas analítica, la marxista, que nos resulta sumamente sugerente y productiva para la comprensión y el análisis del resto de fenómenos sociales. En un momento como el actual, donde los problemas ambientales ocupan un lugar destacado del debate político y social, era necesario para nosotras poder validar hasta donde un enfoque teórico como el marxista resultaba adecuado para enfrentar el reto de la comprensión de tales fenómenos ecológicos. Pensamos que con este resumen de nuestro trabajo situamos de forma clara los distintos elementos teóricos que nos permiten afirmar la validez del marxismo como marco teórico desde donde construir un análisis centrado en el diagnóstico de las consecuencias globales del desarrollo del capitalismo, en este caso centrado en la consideración de los problemas ecológicos. Esperamos que, a través de los artículos aquí contenidos, podamos ofrecer bastantes pistas útiles a aquellas personas inquietas que deseen introducirse en el análisis de la relaciones entre la humanidad y la naturaleza, tomando al marxismo como marco teórico de de estudio.

El trabajo aquí recogido ofrece algunos argumentos sólidos que nos permiten afirmar que existe un hilo conductor evidente y demostrable entre el pensamiento y la obra de Marx y Engels y la comprensión de la naturaleza. Un vínculo que nace del propio carácter materialista de la obra de estos autores y se engarza tanto en la tradición de este pensamiento a nivel histórico como en las distintas derivadas que, en distintos campos de la ciencia, ha tenido este enfoque filosófico.

Del mismo modo, y vinculado con el punto anterior, ha resultado para nosotros sumamente interesante constatar las posibilidades que, partiendo de la obra de Marx y Engels , y recogiendo las aportaciones de otros autores que supieron reconocer el papel de la naturaleza en la obra de aquellos, nos ofrece el marco teórico del marxismo para hacer frente a os desafíos tanto teóricos como materiales que nos plantea el desarrollo actual del capitalismo. En esta dirección resulta de gran utilidad tomar en consideración para nuestros análisis de la naturaleza el permanente carácter dialéctico y coevolutivo con el que tanto Marx, como Engels, así como muchos de los marxistas que les sucedieron dotan el contenido de sus estudios. En definitiva, lo que hemos sido capaces de percibir, durante este tiempo de estudio y reflexión, es la existencia de una visión materialista profunda que vincula el materialismo, en su relación con la existencia productiva, con las condiciones físico-naturales de la realidad (incluido el reino de los sentidos) y en rigor con el mundo natural en general. En palabras de J. Bellamy Foster, sólo de este modo es posible abordar de verdad temas tan fundamentales como la vida y la muerte, la reproducción, la dependencia de la biosfera etc.

Cabe señalar que el vacío teórico, que en buena medida ha actuado como acicate de nuestro intento de situar el marxismo como una teoría capaz de hacer frente a los retos que el capitalismo, en términos ecológicos, nos plantea, ha sido el resultado de distintos elementos de los cuales los marxistas tampoco están exentos de responsabilidad. Tal y como señala Bellamy Foster, “El marxismo crítico occidental (junto con gran parte de la filosofía y la ciencia social contemporáneas) se ha definido por su rechazo del crudo positivismo decimonónico, que trataba de transferir una visión del mundo mecanicista y reduccionista de la existencia social. Sin embargo, al rechazar el mecanicismo, pensadores de las ciencias humanas, incluidos los marxistas, rechazaban cada vez más el materialismo y el realismo, y adoptaban el punto de vista de que el mundo social estaba construido en la totalidad de sus relaciones por la práctica humana (incluidos, en especial, aquellos aspectos de la naturaleza que afectaban al mundo social), con lo que simplemente negaban los objetos del conocimiento intransitivos (objetos del conocimiento que son naturales y que existen con independencia de los seres humanos y las construcciones sociales). (…) Dentro del marxismo, esto representaba un giro en un sentido idealista. En particular, solía argumentarse, en oposición a Engels, que la dialéctica solamente estaba relacionada con la praxis y, por tanto con el mundo social humano”1.

Del conjunto de los elementos teóricos con los que nos hemos dotado a través de toda esta reflexión debemos destacar seguramente la noción de “metabolismo” y la de la “fractura metabólica” como unas de las que más posibilidades nos ofrecen para introducirlas en nuestros análisis futuros. Así pues, tal y como se trata de forma amplia en distintos artículos del trabajo, la capacidad de transformar el entorno natural, y de que este opere de forma crucial en las transformaciones sociales, nos sitúa ante el reto de comprender como el trabajo, y su despliegue productivo en el capitalismo, se convierten en centrales para entender el impacto del capitalismo en los ecosistemas naturales, y a su vez, las modificaciones que las relaciones sociales capitalistas imprimen en los ecosistemas se convierten en una variable endógena del desarrollo de nuestras sociedades. Así pues el cambio climático, la desertización y deforestación, la contaminación de los ríos y mares etc. se convierten en fenómenos que no podemos desligar de las propias relaciones de producción y de reproducción del capitalismo, de la misma forma que debemos entender como este cambio en el sustrato productivo que representa la naturaleza afecta y interfiere el conjunto de las relaciones sociales propias del capitalismo y per ende de la vida de las personas en nuestras sociedades. Incluso debemos ir más allá y hacer frente al reto que nos plantea J Bellamy Foster cuando nos dice que, “A pesar de los grandes avances producidos en el pensamiento ecológico dentro de la política económica marxista y del redescubrimiento de gran parte de la argumentación de Marx, el tema de la relación de la concepción materialista de la naturaleza con la concepción materialista de la historia (es decir, de la alienación del trabajo con la alienación con respecto de la naturaleza) apenas se ha ampliado en estos debates. La barrera establecida por la crítica filosófica dominante de la “dialéctica de la naturaleza” sigue siendo hegemónica dentro de la propia teoría social marxista; hasta tal punto que toda indagación creativa en esta dirección parece quedar bloqueada desde el comienzo. (Una excepción a este respecto la constituyen la obra de ecofeministas socialistas, tales como Ariel Salleh y Mary Mellor, con sus nociones de la “naturaleza encarnada”). Con harta frecuencia, los socialistas ambientalistas se centran simplemente en la economía capitalista, y consideran los problemas ecológicos unilateralmente, desde el punto de vista de sus efectos sobre la economía capitalista, en vez de centrarse en el problema mayor del “destino de la tierra” y sus especies.(…) A este respecto se hace necesaria una teoría de la ecología como proceso de cambio que incluya la contingencia y la coevolución, si es que queremos no sólo entender el mundo, sino cambiarlo de acuerdo con las necesidades de la libertad humana y de la sostenibilidad ecológica. “Lo que importa no es si modificamos a la naturaleza o no . Dicen Haila y Levins – sino como y con que finalidad lo hacemos. Lo que importa es si ha de dominarse la naturaleza unilateralmente para fines humanos estrechos, o si , en una sociedad de productores asociados, la alienación de los seres humanos en relación con la naturaleza y entre sí deja de ser la condición previa de toda existencia humana, o se reconoce lo que en rigor es: el extrañamiento respecto a todo lo que es humano”2.

Así pues en este trabajo se bosqueja lo que para nosotras ha sido descubrimiento sumamente sugerente. No sólo es posible hilvanar desde la Grecia antigua hasta Marx y Engels un hilo conductor que nunca dejo a de lado a la naturaleza en sus elaboraciones teóricas sino que, a partir del momento en el que se desarrolla la especialización científica, es posible entretejer vínculos claros y precisos entre una conjunto distinto de disciplinas (la biología, la economía, la antropología, la ecología, la química,) que tienen en el carácter coevolutivo y dialéctico de la naturaleza su rótula de engarce, su común denominador. Así podemos decir que nosotras empezábamos nuestro estudio intentando encontrar el rastro ecológico en Marx, y lo que hemos descubierto es un universo teórico con una potencialidad, que de momento se nos presenta insondable, de posibilidades distintas para abordar los vínculos de la humanidad con la naturaleza.

De forma más concreta y en la relación precisa entre el marxismo y su capacidad para enfrentarse a los retos de los problemas ambientales, resulta interesante el debate que plantea el estudio de las tesis de J O’Connor. Este autor, pionero en el intento de utilizar el enfoque marxista para el análisis de los temas ecológicos, plantea, tal y como se recoge en el presente trabajo, una serie de elementos teóricos, sobre todo los contenidos en lo que él llama la segunda contradicción del capitalismo, que le permiten no sólo lanzar una teoría sobre como la crisis ecológica conlleva también la crisis para el capitalismo, sino que también le posibilitan plantear la tesis de la necesidad de proponer un “nuevo” sujeto social transformador que aúne los movimientos políticos sociales propios del conflicto entre el capital y el trabajo con los movimientos ecologistas. Como se puede comprobar en la parte final del artículo referido a este tema, la aportación de O’Connor no está exenta de crítica por parte de aquellos autores que la consideran una aportación funcionalista, mecanicista y incapaz de engarzar con el verdadero carácter dialéctico y coevolucionista que plantean tanto Marx como Engels, y que respondería mucho más al enfoque teórico transdiciplinario pergeñado en los párrafos anteriores. No obstante, tal y como ya se plantea en el artículo sobre este tema, la aportación de O’Connor sí resulta sugerente en tanto nos permite articular una explicación capaz de presentar de forma coherente y pedagógica, como el despliegue del capitalismo influye en el deterioro ecológico, y como esta realidad tiene consecuencias determinantes para la propia evolución del capitalismo.

También en este espacio de reflexión crítica y, ya a la luz de las posibilidades que nos propone el marxismo como instrumento analítico, el trabajo incluye también en algunos de sus artículos, aspectos críticos con el tratamiento que, desde determinados enfoques ecologistas, se da a las crisis ecológica y sobre todo a sus responsables. Sin menospreciar en absoluto la capacidad de este espacio de pensamiento y acción ecologista para abrir debates y aportar elementos de movilización social destacables, si que se constata en distintas partes de nuestro trabajo, la incapacidad de muchos de los enfoques ecologistas existentes de conectar los problemas ambientales con las relaciones sociales propias del capitalismo ante su necesidad permanente de reproducción ampliada. Esta debilidad, a nuestro entender, dificulta la capacidad crítica de estos enfoques y les sitúa ante una posibilidad, para nosotros absolutamente desechable, de plantear posibles soluciones a los problemas ambientales sin plantear abiertamente la necesidad de superar (destruir) el capitalismo. En este sentido nos parece mucho más adecuada para enfrentar los retos que ,tanto a nivel social como ecológico, nos propone el capitalismo el planteamiento de Bellamy Foster: “Dicho muy escuetamente, mi argumento es que una revolución ecológica digna de ese nombre solamente puede ocurrir como parte de una más amplia revolución social, e insistiré, una revolución socialista. Tal revolución, si ha de generar las condiciones de igualdad, sustentabilidad y libertad humana dignas de una genuina Gran Transición, necesariamente extraerá su mayor ímpetu de las luchas de las poblaciones trabajadoras y de las comunidades en el fondo de la jerarquía global capitalista. Y demandaría, como insistió Marx, que los productores asociados regulen racionalmente la relación metabólica humana con la naturaleza. Y se vería la riqueza y el desarrollo humano en términos radicalmente diferentes que en la sociedad capitalista3.

  1. BELLAMY FOSTER, JOHN, ‘La ecología de Marx’. El viejo Topo, 2000.
    80 []
  2. op. cit. []
  3. BELLAMY FOSTER, J. Estamos en medio de una crisis ambiental global de tal enormidad que la red de la vida en todo el planeta se ve amenazada, y con ello, el futuro de la civilización. Kaos en la red. []