Conclusiones

El frenesí que nos impone a muchos el estilo de vida contemporánea, así como el bombardeo informativo constante al que nos vemos sometidos, nos conduce en muchas ocasiones a abordar muchos asuntos mediante un análisis superficial. Nuestra concepción del sistema social y del Estado en el que vivimos no es una excepción. La mayoría de análisis no toman en consideración las características estructurales del sistema y cómo éstas impactan en las condiciones de vida de las poblaciones a las que afectan. Nosotros pretendemos, por el contrario, trabajar en una dirección estructural. El neoliberalismo es la expresión del capitalismo contemporáneo, un capitalismo plenamente asumido como construcción histórica y norma general de la vida, que se puede definir como el conjunto de los discursos, de las prácticas y de los dispositivos que determinan el modo de gobierno global actual, según el principio universal de la competencia. Esta ha seguido una acentuada generalización desde los años setenta del siglo pasado, convirtiéndose en la característica principal del pensamiento que guía las normas de conducta y de la empresa. En este informe se ha pretendido desvelar cómo es el capitalismo actual, concentrándonos principalmente en el devenir de la vida cotidiana.

En el capitalismo actual se perciben dos tendencias contradictorias: por un lado, el capitalismo camina hacia una sociedad más incierta, más inestable, más desigual y más desacomplejadamente explotadora. La palabrería sobre derechos humanos es pura retórica. Por el otro lado, frente a esta apariencia de turbulencias, el capitalismo está más fuerte que nunca, tiene poder para mantenerse en el mundo entero y su ideología ha permeado el sentido común de todas las culturas y territorios.

En esta etapa, el capital no necesita que el Estado se preocupe de proporcionar los servicios esenciales a la fuerza de trabajo. Ello supone que las clases dominantes están cada vez menos dispuestas a pagar impuestos, lo que se traduce, por su influencia política, en sistemas fiscales más regresivos. Además, han convencido a las clases medias e incluso a las clases populares de que no hay que pagar impuestos. Por todo ello, se recaudan menos fondos para políticas sociales y al mismo tiempo se ha persuadido a la población de que no hay dinero para las mismas.

La base de la organización social reside en la forma de producir para satisfacer las necesidades materiales. Desde los primeros compases de la historia del capitalismo, las decisiones que afectan al modelo productivo se han tomado muy lejos de la ciudadanía, respondiendo exclusivamente a las necesidades de acumulación del capital. Nos hallamos en plena transformación del modelo productivo global, pero los núcleos decisorios continúan estando en las mismas manos. Tras adentrarnos en cómo estos cambios han influido en el sistema productivo del Estado español, concluimos que la integración en la UE no ha conllevado un aumento de los sectores industriales con mayor valor añadido, sino que ha conducido a una acelerada desindustrialización del sistema productivo, superior a la de los demás países de nuestro entorno económico. Ello ha supuesto la destrucción de muchos puestos de trabajo y la absorción por limitados centros de decisión oligopólica de las rentabilidades acrecentadas de las cadenas de valor. Asimismo, fruto de unos acentuados planteamientos neoliberales, se observa la ausencia deliberada de la política industrial, que a pesar de una muy débil recuperación en los últimos años, ha conducido principalmente a apoyar la formación y consolidación de los grandes grupos empresariales españoles, surgidos de los procesos de privatización iniciados en el último cuarto del siglo XX, que como principal consecuencia institucional tuvieron que el Estado ha venido prestando un apoyo incondicional a una élite empresarial “nacional” pero perfectamente insertada en el capitalismo global.

En su fase actual, el capitalismo se orienta a una mayor explotación del trabajo, salarios más bajos y una profundización de la precariedad laboral en todas sus esferas. Las personas se ven obligadas a automodelarse e interiorizar los valores del capitalismo para sobrevivir. El neoliberalismo no es sólo una ideología o una política económica, sino que es, ante todo, un modelo de pensamiento que ha devenido en hegemónico y que, en consecuencia, estructura y organiza no sólo la acción de los gobernantes, sino también las mentes y la conducta de los propios gobernados. Tarea a la que contribuyen muy significativamente los medios de comunicación, cómplices activos con un papel privilegiado en la modelación de las mentes individuales y la conformación de las opiniones colectivas.

El sector público se vacía y los servicios sociales se debilitan o desaparecen. Se ha consolidado un proceso de desposesión de cualquier bien público y de cualquier actividad o servicio desarrollado por el sector público. En este proceso se han producido también unas políticas privatizadoras muy concentradas a favor de grandes grupos económicos, que les han permitido controlar los resortes más importantes de la economía de los países, incluyendo los mecanismos de reproducción social. Igualmente, se ha reforzado la connivencia de los poderes económicos con los principales grupos políticos con capacidad de acceder al gobierno, para asegurar el control sobre el proceso político, hasta el punto de expulsar de contenidos sociales y participativos las democracias representativas. Como resultado se ha producido una pérdida considerable de los derechos de la ciudadanía y de las conquistas de ciertos niveles de bienestar que se habían logrado después de décadas de luchas sociales.

Se ha recorrido a gran velocidad la senda que conduce hacia la desposesión de aquellos ámbitos públicos que habían permanecido relativamente inalterados, culminando así el tránsito de un cierto modelo de bienestar con algunos aspectos de contrato social a otro donde impera cada vez más la provisión privada, con un contrato mercantil sobre cualquier faceta de la vida. Se ha profundizado en el menoscabo de los derechos sociales que garantizaban públicamente los servicios de salud y de educación, así como unas rentas para jubilación, desempleo o situaciones de pobreza. Así se fue desarrollando una tendencia paulatina de captura privada por la vía de la dualidad público-privada en su organización y su gestión, que a la larga se está convirtiendo en una desposesión absoluta mediante la preeminencia de lo privado y la privatización de lo público. Al calor de la ofensiva ideológica contra todos los derechos sociales y contra los mecanismos de redistribución progresista, se ha ido avanzando en políticas de abandono de la corresponsabilidad pública y solidaridad mutua, abundando en la tendencia a la individualización para que los ciudadanos asuman privadamente los riesgos sociales inherentes a la reproducción social. A su vez, se ha continuado fomentando las modelos asistencialistas más cercanos a la caridad como manera de paliar las situaciones más alarmantes que se han producido con el expolio social.

Uno de los aspectos que están generando mayor alarma entre los ciudadanos a causa del desmantelamiento del Estado del bienestar, son sus consecuencias en el sistema público de salud. El debilitamiento premeditado del sistema público de salud se ha acompañado de un acoso mediático para desacreditarlo a la vez que se ofrecía la opción de engrosar la lista de clientes de un seguro privado de salud. Por otra parte, el individuo enfermo está en general frente a una situación que genera impotencia, pasividad y obediencia casi ciega a los dictámenes de los expertos, lo que facilita la mercantilización de la salud.

Poderosos intereses comerciales, gigantescas compañías farmacéuticas y consorcios hospitalarios, constituyen el máximo exponente del capital en el proceso de desposesión sanitaria, que utiliza múltiples estrategias para obtener sus ganancias mil millonarias. En España, se pretende segmentar la asistencia sanitaria, con un sector privado que atienda a las clases altas y medias-altas y estableciendo una nueva beneficencia para los sectores de asalariados con menor poder adquisitivo, parados y pensionistas. Todos estos procesos se desarrollan con la complicidad de poderosos organismos internacionales.

En el sector eléctrico, el gran poder del oligopolio eléctrico privado de UNESA ha propiciado que la tarifa eléctrica, que era un instrumento público de redistribución, aparentemente concebido para asegurar que todos los ciudadanos tuvieran acceso a la electricidad en igualdad de condiciones y precio, se ha convertido en un instrumento mediante el cual se transfieren recursos desde la población hacia los propietarios de las empresas eléctricas. En este proceso, paulatinamente, se ha generado un mecanismo estable de desposesión, el llamado déficit de tarifa, que en última instancia significa que la ciudadanía y las empresas de este país, no sólo debemos pagar una abusivo importe a través de la factura de la electricidad, sino que hemos contraído una deuda con las eléctricas. Este es el origen de la pobreza energética y de que el ya maltrecho sector productivo español tenga que hacer frente a unos costes energéticos superiores a los de sus competidores. Los beneficiaros últimos de todo ello son los accionistas de las eléctricas, en muchos casos fondos de inversión domiciliados en el extranjero, que buscando la alta tasa de rentabilidad de las empresas eléctricas españolas han contribuido al empobrecimiento del país y a la venta de nuestro patrimonio natural.

Los fenómenos mencionados hasta aquí ponen de manifiesto cómo ha cambiado la vida de la gente, su tiempo, su trabajo y cuáles son las principales carencias ¿Por qué no se da un estallido del conflicto social? Con la crisis, se está dando un trasvase enorme de costes y responsabilidades de la esfera productiva y mercantil, donde el capital está salvando sus beneficios, hacia otras esferas, especialmente la doméstica. La falta de oportunidades de empleo y la necesidad de vivir en lugares más baratos ha generado una oleada de emigrantes que abandonan el Estado español. Para muchos de los que emigran, las condiciones que les esperan no son ni mucho menos excelentes, pero las implicaciones de permanecer en el Estado español, en términos de calidad de vida, a nivel de salud y desarrollo humano, son sencillamente nefastas. Hemos tratado de poner de relieve las estrategias de subsistencia de la población mediante otros tipos de recursos, servicios, trabajos, intercambios y producciones que quedan al margen de la economía formal, lo que nos permite percibir cómo la economía doméstica se nutre de una enorme cantidad de trabajo no mercantil que en su gran mayoría está realizado por mujeres. Incorporamos también toda una serie de prácticas que no obedecen a la lógica de la propiedad privada y que están criminalizadas, legisladas como delitos o faltas en leyes y reglamentos. En realidad, la crisis está desestructurando las formas de vida de una forma muy grave y dificultando enormemente el desarrollo personal y social de las personas, generalizando un discurso que pretende animarnos a salir de la crisis con esfuerzo, empeño y buena predisposición –siempre en clave individualista-, como si dependiera de nosotras mismas, a solas, salir adelante. Sin embargo, cuando se sufren graves privaciones económicas, el apoyo mutuo, la cooperación y la solidaridad están guiando algunas de las estrategias de reorganización social y económica de la gente afectada por la crisis, recurriendo a la desobediencia a la propiedad privada y el aprovechamiento de lo común e integrándolas en la vida cotidiana (por ejemplo, las viviendas ocupadas). La propia lucha y la implicación activa en las redes son procesos pueden llegar a transformar la conciencia y la participación de las estrategias de supervivencia en formas de transformación social. Resumiendo, la subsistencia se desenvuelve entre la familia, la caridad y la solidaridad.

Un elemento especialmente grave a destacar en este contexto es la reorientación de la provisión de servicios públicos hacia las instituciones privadas de caridad, usando fórmulas low cost, convirtiendo así los derechos a los servicios sociales en suministros privados por parte de personas e instituciones caritativas, con frecuencia financiados por lo menos parcialmente con fondos públicos, sometidos a criterios de ‘concesión’ en ocasiones muy arbitrarios y poco explícitos. Aumentan sin cesar los excluidos del sistema (sin esperanza) y el tercer sector –“industria del rescate”– ocupa un lugar de intervención clave tras el abandono de los servicios municipales y la degradación urbana, que han dado lugar a una gran fragmentación del tejido social y el asociativo.

La resistencia de las clases populares a la subordinación al capital se manifiesta de muy diversas formas que dan testimonio de que en amplias capas sociales permanece el ansia de una sociedad distinta al capitalismo. Es fundamental no olvidar que pese a que en ocasiones su poder pueda resultar inconmensurable, el sistema no es indestructible y puede ser transformado. Es preciso trabajar por un doble objetivo global: luchar día a día por mejorar la vida cotidiana de las clases populares y a la vez no perder de vista un horizonte caracterizado por la extinción del sistema capitalista y su transformación en un sistema justo y armónico.