Breve introducción a las teorías de la crisis

Introducción

El término crisis puede tener distintos significados y aplicaciones. Por lo que se refiere a la economía, uno de los significados posibles del término se referirá a ‘Una situación caracterizada por un conjunto de fallos generalizados en las relaciones económicas y políticas de la reproducción capitalista’. Esta definición es poco explicativa y resulta excesivamente neutra pues no nos informa ni nos explica de qué tipo de fallos estamos hablando ni de cómo se originan dichos fallos. En el momento de explicar de qué fallos hablamos y como se originan estos deberemos abandonar la neutralidad dado que nuestra interpretación de la crisis dependerá de cuál sea nuestra interpretación del funcionamiento de la sociedad y por tanto de la economía.

¿De qué tipo de fallos estamos hablando?

Podemos definir el Capital como un proceso, como un valor en movimiento que experimenta una expansión continuada por medio de la producción de plusvalía. Este proceso se compone en distintas relaciones sociales que se encuentran resumidas en la fórmula D-M-D’; D’ ha de ser mayor que D (D’>D).

En conjunto esta expresión nos indica que para funcionar correctamente el capital invertido siempre debe obtener beneficios. Se debe destacar que la relación fundamental que da lugar a la expansión capitalista es la relación de subordinación entre la clase propietaria de los medios de producción, los capitalistas, y la de los trabajadores, caracterizados por el hecho de que sólo disponen de la capacidad de vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario para poder subsistir.

Marx define la realización del capital en términos del movimiento exitoso de éste a través de cada una de las distintas fases que ya se han comentado. Para que el ciclo de reproducción del capital funcione de forma satisfactoria, el capital en forma de dinero (D), debe realizarse comprando materias primas, fuerza de trabajo y la maquinaria para desarrollar el proceso productivo. El conjunto de toda esta inversión capitalista debe realizarse a través de su combinación y consiguiente conversión en mercancías que deberán dirigirse al mercado. Finalmente, las mercancías (M) deben realizarse transformándose en dinero a través de la venta mercantil (D’). Esta realización en cada fase no se consigue de manera automática por varias razones, entre ellas resulta fundamentalmente porque las fases de circulación de las distintas formas de capital (dinero, capital productivo, mercancías) se encuentran separadas en el tiempo y en el espacio.

Cuando hablamos de fallos en el funcionamiento del capitalismo, y por tanto hablamos de crisis, estamos hablando de la ruptura de este ciclo de expansión capitalista. Esto es lo que podríamos llamar crisis de realización. De forma gráfica podemos visualizar el capital como el agua de un río que debe fluir hacia la consecución de beneficios. Así, hablaremos de crisis cuando el capital se encuentra estancado. El capital puede estancarse en forma de dinero en el momento en que las perspectivas de la economía son tales que los inversores prefieren guardarse el dinero antes que invertirlo pues piensan que no obtendrán el nivel de beneficio esperado. El capital también puede estancarse en forma de dinero cuando no encuentra las materias primas adecuadas en las que materializarse. El estancamiento también se produces, en las otras fases, por ejemplo cuando existe maquinaria que no se está usando a pleno rendimiento, cuando existen trabajadores en paro. Inventarios excesivos, también encontramos capital estancado cuando existen mercancías que no se pueden vender porque, a un determinado nivel de precios, no encuentran comprador. En todos estos momentos podemos considerar que el capital se encuentre en crisis.

Cuadro 1. Las crisis del capital

Cuadro 1. Las crisis del capital

Dejemos que sea el mismo Marx el que nos explique esta idea:

“Cuando el proceso de producción se estanca y el proceso de trabajo se restringe y, en parte, se paraliza totalmente, se destruye el capital real.

La maquinaria que no se usa no es capital. El trabajo que no se explota representa producción perdida. Las materias primas que quedan ociosas no son capital. Los edificios que quedan sin usar (al igual que la maquinaria recién construida) o que quedan sin acabar, las mercancías que se pudren en los almacenes, todo esto es destrucción de capital…

Las condiciones de producción existentes no actúan, no entran en acción realmente como condiciones de producción. Su valor de uso y su valor de cambio se van al diablo. Pero, en segundo lugar, destrucción de capital por las crisis significa depreciación del volumen de valor. Gran parte del valor nominal de la sociedad, o sea del valor de cambio del capital existente, ha quedado destruido para siempre.” (Teorías de la plusvalía. II, pp. 456-457).

Debemos destacar que una característica de la naturaleza de la producción capitalista es la de verse expuesta constantemente a una diversidad importante de “perturbaciones” generadas externa y internamente por el propio modelo. Pero estas “perturbaciones” sólo ocasionalmente hacen que estalle una crisis y se bloquee el proceso de expansión del capital. Mientras el sistema goce de buena salud se recupera rápidamente ante estas situaciones; en el momento en que la situación es más delicada las posibilidades que sobrevenga una crisis aumentan.

El capitalismo se basa en una red social compleja e interdependiente, la reproducción de la cual exige un patrón preciso de complementariedad entre distintas actividades productivas que son desarrolladas por centenares de miles de capitalistas individuales a los que sólo interesa su beneficio respectivo. Es una estructura de clases en la que la existencia y permanencia de la clase capitalista necesita de la existencia y permanencia de la clase trabajadora. De este modo vemos que el capitalismo representa una sociedad necesariamente cooperativa que, no obstante, enfrenta de manera permanente a unos contra otros: capitalistas contra trabajadores, capitalistas contra capitalistas e incluso trabajadores contra trabajadores. Llegados a este punto resulta que la pregunta pertinente que deberíamos formularnos no es por que razones el capitalismo debería desintegrarse sino, al contrario, como es posible que continúe operando.

Teniendo en cuanta el punto anterior tenemos que cualquier explicación de cuáles son los mecanismos adecuados para la reproducción del sistema representa al mismo tiempo (implícita o explícitamente) una respuesta sobre cómo y por qué puede suceder la no reproducción, es decir, la crisis.

En la historia del pensamiento económico podemos distinguir tres grandes líneas básicas de análisis en torno a la reproducción capitalista:

  1. El capitalismo es capaz de reproducirse a si mismo de manera perpetua. El sistema no tiene crisis, las crisis las ocasionan los factores externos. Es la posiciona de los economistas clásicos partidarios del laissez faire y de la ley de Say según la que “toda oferta crea su propia demanda” y por tanto es imposible el exceso de producción.
  2. El Capitalismo bien dirigido (a través de la acción del Estado), puede sobrevivir para siempre. Las crisis se superan con la acción del Estado a través de la llamada “política anticíclica”. Esta es la posición keynesiana.
  3. A pesar de que el capitalismo sea capaz de auto expandirse, el proceso de acumulación es un proceso contradictorio que de manera sucesiva entra en crisis hasta llegar a un momento en que las contradicciones inherentes al sistema pondrán en tela de juicio su capacidad de reproducción. Esta línea de pensamiento es la sostenida por el marxismo.

Veamos con un poco más de detalle los argumentos de cada una de estas interpretaciones.

El capitalismo visto como un sistema que se autoreproduce a sí mismo de manera automática

Esta es la idea que ha dominado, desde sus orígenes, en la teoría económica burguesa. Ha evolucionado desde los origines de la teoría de “la mano invisible” hasta las modernas teorías de la oferta pasando por el equilibrio general.

El capitalismo se presenta como el conjunto de normas sociales que permiten la libre expresión de los inevitable e intrínsecos impulsos humanos (avaricia, egoísmo, competencia…). Representa la solución institucional óptima al eterno conflicto natural. La idea es que el capitalismo, sin ningún tipo de intervención externa, se reproducirá eternamente a sí mismo. Cada persona busca exclusivamente satisfacer su interés particular, pero el conjunto de las acciones dirigidas a favor del interés particular, según estos economistas nos conducirá al bienestar colectivo. Esto es lo que se conoce como la “mano invisible”.

A pesar de la supuesta acción de este presupuesto se producen las crisis. ¿Cómo las explican? En principio las crisis no tendrían porqué producirse dado que, para estos autores, según la ley de Say, siempre existirá demanda para todo aquello que se produzca. Si suceden las crisis es porqué existen factores externos que las provocan: naturales (manchas solares, malas cosechas), de naturaleza humana (errores provocados por el intervencionismo político, ciclos psicológicos de optimismo y pesimismo, guerras, revoluciones). Así pues el funcionamiento capitalista no es el responsable de la crisis, ésta debe atribuirse a factores externos que actúan desestabilizando el funcionamiento automático del capitalismo.

Cuadro 2. Reproducción del capitalismo. según los clásicos

Cuadro 2. Reproducción del capitalismo. según los clásicos

Es importante destacar que este tipo de explicaciones de la crisis son las que actualmente se están planteando como las razones fundamentales de la crisis actual. Según los economistas que ocupan la mayor parte del tiempo en los distintos medios de comunicación, la crisis actual se ha producido porque no se ha sabido gestionar adecuadamente el riesgo. Así pues nos encontramos ante un factor externo, el control del riesgo, como elemento que genera la crisis. También se argumenta que los responsables de la crisis son los banqueros avariciosos que ha actuado sin escrúpulos. Nuevamente un factor externo. En ningún momento se contempla, según estos planteamientos, la posibilidad de que sea el mismo funcionamiento del capitalismo el que engendra las crisis, siempre son elementos de fuera del sistema los que están detrás de la crisis. Vemos por tanto como en la base de las teorías actuales sobre la crisis es la misma que tenían algunos economistas clásicos hace más de ciento cincuenta años.

El ciclo económico

El hecho de que, a pesar de las explicaciones anteriores, las crisis se continuaran produciendo y que resultara difícil atribuirlas a las manchas solares o a los biorritmos de los consumidores hizo que la economía ortodoxa introdujera el concepto del “ciclo económico” para explicar las crisis. Se conoce como “ciclo económico” a las fluctuaciones regulares de la actividad económica. Distinguimos diferentes fases del ciclo, con características específicas que se van produciendo de manera sucesiva.

Un “ciclo económico” será aquel período de tiempo en el que tras una fase de expansión se produce una disminución en el ritmo de acumulación. A esta situación, que desemboca en una crisis, le sigue un período de recesión, la cual toca fondo en un determinado momento de depresión. A partir de este momento se inicia de nuevo la expansión económica. Este proceso puede visualizarse gráficamente como un movimiento ondulado.

Cuadro 3. El ciclo económico.

Cuadro 3. El ciclo económico.

Cada una de las distintas fases del ciclo económico tiene características bien definidas:

  • La recesión: es la fase de disminución de la actividad económica en la que se reduce el consumo y se incrementan las existencias de las empresas. Éstas reaccionan disminuyendo la producción, lo que provoca un descenso de la ocupación. Disminuyen los beneficios, se reduce la inversión y esto puede conllevar a que se pare el ritmo de crecimiento económico.
  • La depresión: es el momento en que la recesión toca fondo. En algún momento de la recesión (que puede durar mucho tiempo) empiezan a recuperarse las variables económicas. La recuperación puede conseguirse a través de mecanismos automáticos (por el agotamiento del stock de capital existente que obliga a su reposición, o por la posibilidad de renovarlo aplicando técnicas más rentables). O gracias a la acción de las políticas económicas del estado capaces de recuperar la demanda o establecer mejores condiciones para la inversión y los benéficos.
  • La expansión: Es un proceso de crecimiento de la economía. La demanda se recupera y aumentan las rentas distribuidas lo que posibilita la nueva inversión y la creación de mayor riqueza. A partir de un determinado momento, los incrementos sucesivos de la producción, de la inversión y del consumo dejan de crecer, lo que lleva a la economía a una situación de crisis.
  • La crisis: se reduce el consumo, las empresas disminuyen la producción y se inicia de nuevo el tránsito hacia la recesión económica.

Desde la perspectiva del ciclo económico el sistema se continua entendiendo de manera autorregulada, pero ahora se considera que la regulación es cíclica, no uniforme. Diversos factores internos al funcionamiento del sistema generan los ciclos autorregulados. Debe quedar claro que en la teoría ortodoxa un ciclo no es una crisis. De esta forma, la naturaleza cíclica del proceso de ajuste no representa ningún límite a la capacidad de reproducirse del sistema.

LA TRADICIÓN KEYNESIANA

El crack del 29 representó un golpe casi mortal a las teorías de la regulación automática del capitalismo; resultaba inexplicable que el sistema no mostrara ningún indicio de retorno a su equilibrio normal (el paro en los EE.UU., diez años después de la crisis todavía afectaba a diez millones de personas). La hegemonía teórica del Laissez Faire fue sustituida por la teoría keynesiana.

Keynes atacó la ley de Say, la noción de que la oferta crea su propia demanda porque era esta creencia la que llevaba a la conclusión de que el capitalismo tendía a utilizar, de manera automática, la fuerza de trabajo y los factores productivos disponibles. Para Keynes, el factor decisivo que marcaba el nivel de actividad a corto plazo era la demanda. La demanda está formada por la demanda de consumo (de los trabajadores y los capitalistas) y la demanda de los medios de producción (inversión) que realizan los capitalistas para el funcionamiento de sus empresas. Como los trabajadores demandan por el importe de sus salarios, es el gasto de inversión planeado por los capitalistas el que se convierte en el elemento fundamental del sistema. Este nivel de inversión depende fundamentalmente de las expectativas de beneficio, de esto se desprenden dos conclusiones:

  1. Las expectativas son sumamente volátiles y por tanto es muy probable que la reproducción capitalista resulte errática.
  2. Dentro del capitalismo no existe no existe ningún mecanismo automático que impulse a los capitalistas a planear la cantidad de inversión necesaria para conseguir la plena ocupación. O sea que el sistema se equilibra por sí mismo pero su equilibrio no excluye que se generen paro e inflación
    persistentes.

Aceptando que no existía ningún mecanismo automático que hiciera del capitalismo un sistema libre de crisis, los keynesianos vieron en el estado el mecanismo que conseguiría la utopía del Laissez Faire. Si el estado cumplía su función de regulación de la economía, manipularía la demanda agregada1 para mantener a la economía próxima al nivel de pleno empleo, con poca o ninguna inflación. De este modo es al estado a quién corresponde eliminar las fluctuaciones económicas.

Las teorías marxistas de la crisis

La teoría marxista siempre ha tenido presente la crisis como un tema central de estudio. De hecho la concepción metodológica propia del marxismo, el materialismo histórico, conlleva que no se pueda plantear el capitalismo como un hecho inmutable que perdurará eternamente. Por tanto desde esta perspectiva se debe poder analizar cuales podrían ser los mecanismos y las situaciones que generan la crisis en el capitalismo y asimismo la eventual desaparición de éste como sistema rector de la sociedad.

Tal y como ya se ha señalado al inicio del texto, desde la perspectiva marxista se concibe al capitalismo como un sistema incapaz de reproducirse a sí mismo de manera permanente. Al contrario, se plantea que la propia dinámica capitalista es contradictoria y este hecho es el que esta en la base de la generación de la crisis. Así pues, desde la perspectiva marxista las crisis en el capitalismo son inevitables. Es importante tener presente por tanto que desde esta posición teórica el capitalismo no podrá superar nunca la crisis, únicamente podrá conseguir encontrar algunas fórmulas políticas, económicas y sociales que le permitan aplazar la crisis para más adelante. Debemos tener presente que la imposibilidad de superar sus propias contradicciones supondrán que cada vez la crisis se presente de manera más violenta.

Se debe señalar también que desde el análisis marxista además de inevitables las crisis son también necesarias para el funcionamiento sano del capitalismo. Esto es así tomando en cuenta la perspectiva del saneamiento que comportan. Las crisis representan la destrucción de todas aquellas actividades que no son lo suficientemente rentables para garantizar su supervivencia en el seno de la sociedad. Podríamos decir que en el capitalismo opera una suerte de darwinismo social que hace que sólo las empresas más fuertes (y más rentables) subsistan.

Tal y como veremos a continuación las explicaciones que se han dado a las crisis desde la teoría marxista son diversas y se podrían resumir en tres grandes explicaciones: las que se basan en el subconsumo, en las desproporcionalidades y en la tendencia al decrecimiento de la tasa de beneficio. La controversia sobre cual de las tres interpretaciones es la adecuada para explicar las crisis ha sido y continua siendo importante, de hecho ha ocupado un lugar central en el debate marxista de los últimos 150 años. Fruto de la calidad y de la intensidad del debate nos resulta difícil decidir cual es la interpretación correcta. Lo que si es cierto es que cada una de las interpretaciones de la crisis nos aporta elementos teóricos que nos pueden resultar útiles para interpretar lo que sucede en la realidad. La crisis actual es un buen ejemplo que nos sirve para demostrar como desde las distintas interpretaciones marxistas alrededor de la crisis se pueden encontrar esos elementos teóricos que nos ayudan a entender mejor que está pasando en nuestra sociedad.

El capitalismo visto como un sistema incapaz de ampliarse a sí mismo. las teorías del subconsumo

Desde sus orígenes la imagen del capitalismo armónico proyectada por la “mano invisible” ha convivido con otra noción igualmente antigua de un capitalismo incapaz de perpetuar infinitamente su proceso de crecimiento. En el mejor de los casos se afirma desde esta posición teórica, las fuerzas internas del sistema pueden reproducirlo a un cierto nivel de manera estacionaria, con el peligro de degeneración que esto supone para el capitalismo. La competencia sitúa a todos contra todos pero como, según esta posición teórica, no se genera crecimiento nadie puede ganar a no ser que algún otro salga perdiendo.

La teoría ortodoxa siempre ha insistido en que el objetivo fundamental de toda la producción capitalista es producir para el consumo: lo que no se consume en un cierto momento se vuelve a canalizar hacia la producción con la finalidad de proveer el consumo del futuro. El consumo manda. Según la teoría del subconsumo esta realidad se convierte en un arma para criticar al capitalismo:

La producción capitalista no responde a las necesidades si no al poder de compra (a la demanda “efectiva”, o sea, a la demanda apoyada con dinero). La propia naturaleza del capitalismo es tal que resulta incapaz de generar suficiente demanda efectiva para asegurar la acumulación porque no se puede vender todo lo que se produce. La propia dinámica del sistema lo conduce hacia el estancamiento.

El “gap” de la demanda. ¿Por qué razón el sistema no genera suficiente demanda efectiva?

Partimos de la idea que el producto de una sociedad se distribuye entre los trabajadores y los capitalistas. De las ventas de todas las empresas, tenemos que cierta cantidad de dinero se reserva para reemplazar los bienes de producción gastados durante el proceso productivo. El resto del ingreso, ingreso neto, se divide entre los salarios y las ganancias de los capitalistas. Este ingreso neto es la fuente de demanda efectiva de los bienes y servicios producidos en una sociedad.

El problema básico es que de manera general se puede considerar que los trabajadores gastan todo su salario2. Con él, compran una parte de los bienes y servicios producidos para cubrir su consumo. Los trabajadores no pueden comprar toda la producción destinada a la venta porque producen más de lo que se les paga por el salario (de hecho su consumo siempre determina lo que podríamos denominar como “una escasez de demanda”). Las dimensiones de esta diferencia entre o producido para la venta y lo demandado por los trabajadores dependerá de cual sea la participación de los salarios de los trabajadores en el reparto del ingreso neto. Así pues, para asegurar que toda la producción dirigida a la venta se acabe vendiendo es necesario que los capitalistas gasten su parte del ingreso, el beneficio, comprando parte de los productos. El hecho es que los capitalistas no gastan toda su parte de beneficios en consumir bienes y servicios sino que destinan una parte a la inversión en bienes de equipo y en emplear trabajadores para poder continuar produciendo más, de manera más eficiente y ser competitivos en el futuro. De este modo una parte de lo que socialmente se ha producido no va al consumo sino a la inversión. Pero como ya hemos visto que es imposible que el consumo continúe siempre vendiendo todo lo que se produce, las inversiones no continuarán indefinidamente, lo que supone que en algún momento se frenarán las inversiones y se parará la reproducción del sistema. El sistema capitalista ha generado su propia crisis.

Así pues, lo que tenemos es que la propia dinámica del capitalismo provoca que los capitalistas deban invertir para poder subsistir y paguen los menores salarios posibles a sus trabajadores, lo que provoca que una parte de los bienes y servicios producidos no pueda venderse. Este problema cada vez será más grave pues los capitalistas, fruto de su creciente inversión, dispondrán de tecnología más y más productiva con lo que el problema del subconsumo se agravará.

No obstante podemos apreciar fácilmente que la historia del capitalismo, lejos de presentar un sistema estancado nos muestra que el capitalismo, más allá de los ciclos, ha gozado de importantes momentos de expansión y crecimiento. Este aspecto representa una contradicción importante para la teoría del subconsumo que pretende mostrarnos un capitalismo con una tendencia permanente al estancamiento. Las teorías basadas en el subconsumo resuelven este problema planteando que el capitalismo necesita de manera necesaria alguna fuente externa de demanda efectiva para continuar creciendo, una fuente ajena a su propio funcionamiento.

Algunos autores marxistas pensaron que la solución al problema del subconsumo exigía la existencia de consumidores fuera de la sociedad capitalista, que de forma continua, absorbieran la producción excedente. De esta forma, el comercio entre las esferas capitalista y no capitalista constituye una necesidad primordial para la historia del capitalismo. De este argumento se deriva que el Imperialismo, y los conflictos que de el se derivaron, surgiría de la lucha entre las naciones capitalistas por las distintas fuentes de demanda efectiva existentes a nivel mundial. Pero a medida que el capitalismo se implanta en todo el mundo las áreas geográficas no capitalistas disminuyen, lo que provoca que las crisis sean más inevitables y más frecuentes.

La explicación de la crisis a través del subconsumo parece una explicación teórica bastante sugerente para entender algunas de las cosas que están pasando en la actualidad. La dinámica basada en la obtención del máximo beneficio para los capitalistas ha representado en los últimos años una disminución importante de los salarios reales de los trabajadores. Debemos tener presente que los salarios son un elemento clave para asegurar la absorción de la producción capitalista. Debido a la contracción salarial la absorción de la producción sólo se ha podido realizar por medio del crédito, que amplia la capacidad de consumo presente a costa de los ingresos que se obtendrán en el futuro. En el momento en que las personas que se habían endeudado no han podido hacer frente sus pagos y los bancos han dejado de proporcionar crédito, una parte importante de las mercancías (automóviles, vivienda, electrodomésticos etc..) han dejado de consumirse y se ha desencadenado la crisis.

Las crisis vinculadas a la proporcionalidad

Existen algunos autores que han atribuido las crisis a la falta de equilibrio entre la producción de los distintos sectores de la economía. Es lo que se conoce como crisis de proporcionalidad. Con el objetivo de enunciar el argumento explicativo de este tipo de crisis utilizaremos el esquema de Marx para modelizar la economía según el tipo de bienes que se producen. Marx utiliza un esquema que se basa en la división de la economía en dos grandes sectores: Sector II, el que produce bienes de consumo y servicios de primera necesidad para los trabajadores (llamados también bienes salario) y artículos de lujo, y el sector I, que produce bienes de producción (bienes de equipo y maquinaria) y materias primas.

Según este enfoque, para que la economía funcione de manera equilibrada es necesario que el sector que produce bienes de producción produzca exactamente la cantidad de medios de producción necesarios para satisfacer las necesidades de todos los productores, tanto de los productores de maquinaria y materias primas como de los productores de los bienes de consumo. El sector que produce bienes de consumo debe producir exactamente la cantidad de bienes necesarios para todo el consumo: tanto para mantener la fuerza de trabajo según su nivel de vida normal y satisfacer las necesidades y los deseos de consumo de la burguesía. En el momento en que el sector de bienes de producción (sector 1) produzca más maquinaria de la que se requiere para producir existirá un excedente de bienes de equipo. Y en el momento en que el sector de bienes de consumo (sector II) produzca por encima de lo que se puede consumir también existirá un exceso, en este caso, de bienes de consumo. Porque no se mantienen las proporciones adecuadas entre los dos sectores. En estas situaciones en las que uno de los sectores está produciendo por encima de lo que seria necesario para mantener el crecimiento equilibrado de los dos sectores se producirá la crisis.

La teoría de la tasa decreciente de ganancia

El sistema capitalista esta motivado por la búsqueda del beneficio para el capital, lo que conduce a la creciente acumulación capitalista. Pero, según Marx, el propio proceso de acumulación tiende a reducir la rentabilidad de manera progresiva. El capital se encuentra preso de una importante contradicción interna. El proceso necesario para incrementar sus niveles de beneficio se convierte, a largo plazo, en la fuente que lo hará decrecer. Este hecho es el que se conoce como la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
El argumento de la teoría de la tasa decreciente de ganancia.
Para tratar el tema de la tasa de beneficio del capitalismo debemos enfrentarnos a dos cuestiones fundamentales:

  1. ¿Cuál es la base del beneficio y que es lo que determina su nivel?
  2. ¿Cómo desarrolla el capitalismo esta base y que efectos tiene sobre él?

Para responder a la primera pregunta, Marx parte del proceso de trabajo. Durante el proceso de trabajo, los trabajadores utilizan instrumentos de trabajo (planta y equipos) para transformar las materias primas en productos acabados. El tiempo de trabajo total requerido para la producción está, por tanto, compuesto de dos partes:

  • Primera, el tiempo de trabajo incorporado en los medios de producción empleados. O sea el tiempo de trabajo que ha sido necesario utilizar para producirlos en el pasado. Marx llama a esta parte “Capital Constante” (c) por el hecho de que su valor se traslada íntegramente, sin variaciones, al producto final.
  • Segunda, el tiempo de trabajo gastado por los obreros en el propio proceso de trabajo. Este es el que Marx llama “trabajo vivo” (L). Este trabajo vivo está compuesto de dos partes, una corresponde a la cantidad de horas de trabajo (valor trabajo) que serían necesarias para producir todo aquello que consumen los trabajadores (v), lo que consideramos salarios en términos monetarios, y, la otra parte, corresponde al valor trabajo del excedente o plusvalía (p) generado por los trabajadores y del cual se apoderan los empresarios gracias a su derecho de propiedad sobre los medios de producción. Marx llama tasa de explotación a la relación entre p y v (p/v).

Es importante ver que la masa de plusvalía (p) y la tasa de explotación (p/v), se pueden incrementar de dos formas.

  1. Directamente, incrementando la jornada de trabajo total con lo que se incrementa el excedente de forma directa. Aumenta p
  2. Indirectamente, reduciendo el trabajo necesario para reproducir la fuerza de trabajo (v), de manera que una mayor proporción de la jornada de trabajo se destine a la producción de plusvalía. Este método implica que o bien se reducen los salarios reales de los trabajadores o bien se incrementa su productividad (o sea que con menos tiempo de trabajo produzcan la misma cantidad de producto, con lo que serán necesarios menos recursos para reproducir su fuerza de trabajo). Disminuye v.
Cuadro 4. Incremento de plusvalía.

Cuadro 4. Incremento de plusvalía.

Los capitalistas, para quienes lo verdaderamente decisivo es su tasa de beneficio, invierten capital en la compra de medios de producción y materia primas (c) y en la compra de fuerza de trabajo (v), con la intención de conseguir el máximo excedente (p). El nivel del excedente conseguido (p) en comparación con su inversión total (c+v) es la medida de la ganancia, de su éxito como capitalistas. Así tenemos que la proporción p/(c+v), llamada tasa de ganancia, es la que regula la evolución del capitalismo. Aquí es donde interviene la paradoja.

Los propietarios del capital buscan constantemente todos los métodos para incrementar la tasa de explotación, de esto depende su supervivencia. Pero con el tiempo, la fuerza creciente de la clase trabajadora ha limitado los intentos de alargar la jornada de trabajo o reducir de manera significativa los salarios reales para aumentar la plusvalía p3. Así pues el incremento de la productividad se ha convertido en el método más importante para elevar la tasa de explotación. Con el objetivo de enfrentar la competencia y reducir sus costes al máximo los capitalistas intentan extraer el máximo rendimiento de sus trabajadores, por este motivo siempre están dispuestos a incorporar tecnología nueva que garantice la máxima producción por trabajador. Esto introduce a los capitalistas en la espiral de conseguir siempre la tecnología más productiva posible con el objetivo de poder producir más barato que sus competidores.

Esta incorporación de cada vez más maquinaria provoca que se incremente el valor del capital constante usado en el proceso productivo (c). Este hecho, si la tasa de plusvalía no se incrementa de manera proporcional, provoca que la tasa de beneficio (p/(c+v)), decrezca como consecuencia del progreso tecnológico. Esta es la idea que Marx quiere señalar cuando nos habla de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia: Lo paradójico del capitalismo es que los mismos medios por los que consigue incrementar la tasa de explotación (p/v) se convierten en una rémora para la tasa de beneficios.

Las tasas de beneficio decrecientes lleva a una competencia feroz entre los capitalistas (nacionales e internacionales) por los mercados, las materias primas y la fuerza de trabajo barata. A medida que los capitales más débiles son eliminados, la concentración y la centralización económicas, o sea el monopolio se incrementa. Además cada vez se convierte en más necesario para los capitalistas presionar a la baja los niveles salariales, ya sea directamente o mediante la mecanización, o por medio de la importación de fuerza de trabajo barata y la exportación de capital hacia los países mas pobres (o las dos cosas a la vez).

Podríamos plantearnos el hecho de que si el excedente (p) se incrementara proporcionalmente (o más) al incremento de (c), la tasa de beneficio, p/(c+v), no tendría porque bajar. Marx en general sostiene que la tasa de explotación puede incrementarse únicamente a una tasa decreciente porque cada vez son necesarias mayores cantidades de capital fijo (c) para conseguir incrementar los beneficios. Se debe añadir a esto, la creciente dificultad para exprimir la fuerza de trabajo, el nivel de la lucha de clases y la necesidad de mantener un nivel de consumo mínimo de la clase trabajadora, como elementos que ejercen una influencia restrictiva sobre la tasa de explotación. Además el impacto de los cambios en la tasa de explotación sobre la tasa de beneficio es cada vez menor a medida que se incrementa la introducción de maquinaria, es decir aumenta más c, en el proceso productivo4.

Conclusión: La incorporación creciente del capital se refleja en una relación creciente c / L, por tanto, en una relación decreciente L / c

Debemos tener presente que cuando hablamos de la tasa decreciente de ganancia, no hablamos de una ley sino de una tendencia. Esta claro que los capitalistas reaccionaran ante la caída de la tasa de ganancia intentando mantenerla o en su caso que vuelva a incrementarse. Como:

  • Con medidas directas para incrementar el rendimiento del trabajo (reorganización del trabajo, incremento de los ritmos, disminución del tiempo de descanso…)
  • A través del Estado conseguirán una legislación favorable a sus intereses (flexibilización de la jornada de trabajo, reducción del coste de despido, subvenciones a la contratación, reducción de las cotizaciones a la seguridad social…)

Es decir, que en el capitalismo asistimos permanentemente a una tensión entre la tendencia decreciente de la tasa de beneficios y los intentos de los capitalistas por recuperarla. Cuando esto último no sea posible estallará la crisis.

Al difundirse la crisis, ya hemos dicho que los capitalistas más débiles y los menos eficientes serán eliminados, y los más fuertes tendrán la posibilidad de comprar los activos de los débiles a bajo coste. Con el incremento del paro derivado del decrecimiento en la actividad económica provocada por la crisis, la posición de fuerza de los trabajadores en la sociedad se debilita. Esta situación llevará a la clase trabajadora a aceptar peores condiciones salariales y laborales en general.

Los salarios reales tendrán a reducirse por la presión empresarial y el proceso de trabajo tenderá intensificarse con lo que se incrementará la explotación. Todos esos factores serán de vital importancia en el proceso de recomposición de la tasa de beneficio. De esta forma vemos como cada crisis prepara las condiciones para su recuperación a la vez que sienta las bases para la crisis siguiente.

Resulta muy complicado prever el momento en que estallará una crisis en el capitalismo, dado que existen muchos factores que pueden retardar o acelerar los efectos de la tasa decreciente de beneficio. En este sentido, la lucha de clases se convierte en decisiva. Mostrar la necesidad de las crisis dentro del capitalismo significa mostrar la necesidad, tanto de prepararse anticipadamente para estos períodos objetivamente revolucionarios como de captar el momento de su posible estallido. En esta dirección resulta esclarecedor el siguiente párrafo donde el marxista polaco Henryk Grossman establece una relación imprescindible entre la teoría y la práctica:

“… por debilitado que esté, ningún sistema económico se hundirá por sí mismo de manera automática. Es necesario derribarlo. El análisis teórico de las tendencias objetivas que llevan a la parálisis del sistema sirve para descubrir sus puntos débiles. El cambio sólo será posible mediante la operación activa de los factores subjetivos”.

Notas

1. La demanda agregada representa la cantidad de bienes y servicios que las empresas, el estado y las personas de un determinado país desean y pueden consumir para un determinado nivel de precios.

2. Si ahorran algo, este ahorro nunca es muy elevado y se puede considerar que es para gastarlo más adelante.

3. Aunque en los últimos años está tendencia se está invirtiendo a causa del neoliberalismo, en una consideración histórica de largo plazo los horarios de trabajo se han reducido y los salarios reales han aumentado. No obstante, es importante entender que la tendencia decreciente de la rentabilidad no está provocada por los elevados niveles de salarios, si bien es cierto que el incremento de los salarios puede agudizarla. Esto significa que las crisis periódicas que suceden en el capitalismo no pueden atribuirse a las demandas o a la posible resistencia de la fuerza de trabajo. De manera consecuente, Marx señala que la tarea del proletariado no sólo consiste en resistir al capital sino que, fundamentalmente, consiste en derribarlo.

4. Como c aumenta mucho la tasa de explotación p/v tendría que aumentar muy fuertemente para compensar el aumento de c.

Bibliografia

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